La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

17 de mayo de 2011

La Unión Socialista de Trabajadores

La clase obrera alavesa tuvo un destacado protagonismo durante la Transición, como se puso trágicamente de manifiesto el 3 de marzo de 1976. Un sindicalismo autónomo y combativo que logró que los trotskistas, sobre todo de la Corriente Militante, se hiciesen temporalmente con el control de la UGT alavesa hacia 1982. Este éxito del "entrismo" trotskista fue también la mejor muestra de las limitaciones de esta línea de actuación: en 1983 la UGT se deshizo de la dirección y de buena parte de sus afiliados alaveses, prefiriendo mantener el control de un muy mermado sindicato aún a costa de perder a un número significativo de sus afiliados, que se organizaron en la Unión Socialista de Trabajadores, un proyecto sindical muy breve que volvió a la UGT en abril de 1990. Queda aquí un testimonio de sus ideas y propuestas en este llamamiento a la Huelga General, que se materializó en todo el país el 14 de diciembre de 1989.
Documento de la UST, Vitoria, 1989 (Archivo La Alcarria Obrera)

La lucha del transporte, la sanidad, la minería (con la huelga general de Asturias), la construcción, los aceros, Reinosa y tantas más, tienen todas un eje común: la necesidad de quebrar la intransigencia patronal en la negociación colectiva y de rechazar la política social y económica del Gobierno, especialmente la aplicación de nuevos planes antiobreros de reconversión y el aplazamiento de los Fondos de Promoción de Empleo.
Pero si algo han puesto de manifiesto estas luchas es la absoluta necesidad de extenderlas, de coordinarlas y de dotarlas de una dirección y objetivos comunes a través de una Huelga General de 24 horas que sea el inicio de una lucha conjunta para modificar la actual situación.
La política de pactos sociales, basada en reducir nuestros salarios, ha fracasado. Los capitalistas sólo invierten para obtener beneficios y en la actual situación de crisis, con una infrautilización de la capacidad productiva superior al 20y 30%, y en algunos sectores más, no necesitan producir más sino producir más barato. Por eso dedican el dinero a evadirlo, a especular con él y lo poco que invierten a sustituir mano de obra por nuevas máquinas que sustituyan trabajadores.
BENEFICIOS RÁPIDOS
Durante años la voluntad y el trabajo de la clase obrera ha suplido la incompetencia, la corrupción y b falta de planificación e inversiones de la burguesía de este país. Siempre acostumbrados a beneficios rápidos y fáciles, al amparo del Estado, siguen pretendiendo ahora, bajo un Gobierno socialista, seguir igual, exigiendo más ayudas a las exportaciones, reducción de cuotas a la Seguridad Social, reducción de impuestos, despidos más baratos, salarios más bajos y mayores ritmos productivos.
Por ello, después de años en que los beneficios de empresarios y banqueros han crecido de una forma espectacular, es una vergüenza y un engaño que la patronal y el Gobierno socialista quieran convencernos, un año más, que es necesario congelar los salarios en un 50% para crear empleo o ser más competitivos en Europa.
Por primera vez en mucho tiempo hemos visto a Camacho y Redondo criticando juntos la política de Solchaga, y acusándolo de colaborar con la patronal, pero hay que preguntarse: ¿Cómo es posible que un Gobierno socialista con un enorme apoyo esté llevando una política contra nuestros intereses?
La respuesta es importante. El sistema capitalista se basa en la acumulación permanente de beneficios, y en la actual situación de crisis estos beneficios sólo pueden mantenerse atacando el nivel de vida de los trabajadores. Por eso el sector socialdemócrata del PSOE, que controla el Gobierno y que considera el sistema capitalista como el menos malo, aparece en la vida diaria al lado de empresarios y banqueros.
REDUCCIÓN DE GASTOS SOCIALES
La reducción de los gastos sociales, las presiones para disminuir nuestros salarios y la reconversión basada en enviar al paro a miles de obreros constituye la política de la burguesía a nivel internacional, y está provocando una ola de paro y miseria. En la medida en que no empobrecemos y disminuye nuestro nivel de vida podemos comprar menos y por tanto es necesario producir menos, agravándose así la situación.
Los capitalistas son en estos momentos un obstáculo para el crecimiento de la riqueza y las fuerzas productivas, como lo demuestra el que todas las maravillas de la ciencia y la técnica, la microelectrónica y la robótica, se conviertan en sus manos en más paro y miseria para la mayoría de la población.
Por eso, no se trata que el Gobierno aplique una política de mayor o menor gasto público. Se trata de comprender que sólo concentrando en nuestras manos los recursos económicos de la sociedad y planificándolos en beneficio de la inmensa mayoría de la misma podremos sentar las bases para una solución estable y duradera de nuestros problemas. Y ello sólo es posible con la defensa de un programa socialista que incluya la nacionalización de la banca, la tierra y los monopolios, sin indemnización salvo casos de necesidad comprobada, y bajo el control de los trabajadores.
En esta perspectiva cada lucha debe ser un medio y no un fin. Para elevar el nivel de conciencia, el nivel de unidad, el nivel de organización, porque sólo así la lucha por defender el poder adquisitivo y mejorar el nivel de vida, para defender el empleo sustituyendo cada jubilado por un nuevo contratado, para reducir la jornada de trabajo hasta 35 horas semanales e incrementar las inversiones en vivienda, sanidad o educación, cobran un verdadero sentido.
DECLARACIONES DE SOLCHAGA
Las reiteradas declaraciones de Solchaga increpando a los empresarios para que no cedan a las presiones de la calle en el sentido que "la conflictividad no es tan importante como se quiere hacer ver ", en una situación en que en tan sólo dos meses se han superado las jornadas de lucha de todo el año anterior, demuestra cuán prepotentes y alejados de la realidad viven en los ministerios, encerrados en su despachos.
Los trabajadores debemos exigir que se supere la división que existe entre UGT y CCOO, con movilizaciones diferentes como se vio en la minería, o con la concentración de delegados en Madrid el día 2 UGT y el 3 CCOO. Se debe superar de una vez esta situación.
VOLUNTAD DE LUCHA
Las direcciones de UGT y CCOO tienen la obligación de intentar ponerse de acuerdo en estos momentos con el fin de llevar adelante un plan de movilizaciones que refuerce, cohesione y dirija toda la voluntad de luchar que existe en el movimiento obrero. Y si los dirigentes no abordan ya esta tarea, los delegados, los trabajadores en las fábricas debemos hacerla posible. Coordinando los comités de huelga en cada sector, en cada provincia, en todo el Estado. Así podremos demostrar la fuerza de la clase obrera y será posible hacer ceder al Gobierno y a la patronal. La lucha de los estudiantes ha demostrado en la práctica que golpeando todos juntos, en todo el Estado y al mismo tiempo, podemos vencer.
Todos los sectores que están en estos momentos en lucha por la reconversión o por la negociación colectiva tenemos el mismo obstáculo, la actitud intransigente de la patronal y la política económica y social del Gobierno.

PLATAFORMA REIVINDICATIVA
Por la unidad en la acción en todo el movimiento obrero.
Readmisión inmediata de los trabajadores de los FPE.
Ningún despedido. Reducción de la jornada laboral a 35 horas y de la edad de jubilación a 60 años, sustituyendo un jubilado por un nuevo contratado.
Incremento de los salarios de un 8% como mínimo.
Modificación de la política económica y social del Gobierno.
Dimisión de Solchaga y Barrionuevo.

QUÉ ES LA UST
La Unión Socialista de Trabajadores nace a partir de la disolución de la UGT de Álava en 1983 por el sector socialdemócrata del PSOE que encabezan Solchaga y Boyer, por oponerse a la política de pactos sociales y por defender un auténtico programa socialista El carácter representativo conseguido en las elecciones sindicales, con 253 delegados, y especialmente en el sector del metal que agrupa al grueso de los trabajadores de la provincia y en el que hemos logrado ser la tercera fuerza sindical, nos ha permitido en Álava coordinar conflictos y avanzar en la unidad de acción de las organizaciones obreras.
Nuestra presencia activa en las movilizaciones de la clase obrera en el conjunto del Estado responde a la necesidad de avanzar en la unidad de acción en todo el movimiento obrero en el conjunto del Estado, en torno a las reivindicaciones comunes al conjunto de los trabajadores.

10 de mayo de 2011

Violencia doméstica en 1904

El 29 de diciembre de 1904 se publicaba en el periódico anarquista Tierra y Libertad, en su portada, un artículo de Alfredo Calderón en el que, bajo el título de "La Mujer", se trazaba un negro panorama de la situación de la mujer en la España del cambio de siglo, criticando a la más rancia burguesía católica y a la más progresista burguesía liberal por el abandono que padecía la mujer, la mitad de la población como recordaba su autor, adormecida por la religión y alejada de las preocupaciones de los legisladores. Ofrecía Alfredo Calderón como mejor prueba de la poca consideración de la mujer, la muerte repetida de tantas víctimas femeninas, inmoladas por esos nuevos galanes despechados. Sorprende la actualidad del artículo, más de cien años después, y la profundidad de su análisis, lejos de las vulgaridades morbosas y de los esquemas simplistas de la prensa de hoy en día. Es por eso por lo que lo reproducimos.
Barricada defendida por mujeres en La Comuna de París, La Ilustración de Madrid, 30 de junio de 1871
 
La he visto en el Norte, encorvada sobre el surco, labrando el suelo con ansias y afanes de bestia. La he visto en el Mediodía celada, reclusa, esclava de los prejuicios sociales, objeto para su dueño de lujo y sensualidad. En el taller se la oprime y se la seduce. En la fábrica se la explota y apenas se le paga. Se aprovecha su miseria para deshonrarla, y se la menosprecia después. Engañarla vilmente es para el hombre gran victoria de la que se ufana. Más razonable, más dulce, más sumisa, soporta en las clases inferiores de la sociedad toda la pesadumbre de la vida: al padre holgazán, al marido borracho, al hijo díscolo e ingrato. La señorita de nuestra triste burguesía aguarda resignada al varón que ha de asegurar su porvenir librándola de la indigencia. La dama del gran mundo reina en una corte de convención, sobre un trono de talco, ajena a todo lo que eleva y ennoblece la existencia, rodeada de una atmósfera malsana de elegante frivolidad.
¡Y decís que la habéis emancipado! ¡Y aseguráis que el Mesías ha venido también para ella! No, la hora de su emancipación no ha llegado todavía; su Mesías aún está por venir. Vosotros, hombres de fe, ¿que habéis hecho, sino persuadirla de lo irremediable de su servidumbre, hacerla adorar sus cadenas, nutrir sus almas con las creencias destinadas a eternizar su cautiverio? Vosotros, revolucionarios, ocupados en hacer y deshacer constituciones, ¿cómo no habéis pensado en que toda libertad será un fantasma mientras viva en la esclavitud la mitad del género humano?
¡Y luego las matan! Ya se ve, ¡las quieren mucho! En este país ultracatólico y protohidalgo, el asesinato de la mujer se va erigiendo ya en costumbre. Tener novio es, para una mujer del pueblo, peligro mortal. No puede una mujer defender su honor contra las brutales exigencias de un macho imperioso o rechazar las asiduidades de un importuno o cansarse de los galanteos de un imbécil sin gravísimo riesgo de muerte. Para los galanes que ahora se estilan, la dama de sus preferencias está obligada a soportarlos o morir. A esta especie de crímenes pasionales se les llama homicidios por amor… ¡Por amor! ¡Singular amor es ese que no procura el bien del objeto amado sino que le destruye o aniquila! ¡Amor sin generosidad, sin grandeza, sin sacrificio; que no sabe sufrir, ni inmolarse, ni perdonar; pasión de fiera, apetito de bestia, mezcla impura de concupiscencia y soberbia!
Matar es nuestro lema. Matamos por Dios, matamos por el orden, matamos por cariño. ¡Qué especie de raza es esta raza nuestra en la que la religión se hace fanatismo, la política corrupción y hasta el amor, el santo, el divino amor, padre de la vida, se convierte en asesinato!
A. Calderón

10 de abril de 2011

La Asociación Obrera Asambleísta y la OTAN

En marzo de 1986, hace ahora veinticinco años, se celebró en España el referéndum que decidió la integración de nuestro país en la OTAN. La consulta fue, por un lado, el resultado de una larga movilización de la izquierda radical que, durante años, se opuso a la integración militar en Occidente y, por otra parte, fruto de la inexperiencia del PSOE que aún no se había instalado en el cinismo de contradecir sus promesas electorales. A pesar de la transformación de los socialistas, por última vez el PCE y la izquierda radical plantearon una batalla con posibilidades de éxito y que fue, de alguna manera, el canto de cisne de la Transición. En esta lucha participaron todos los grupos y corrientes de la izquierda y, entre todos ellos, hemos escogido la reproducción de un panfleto de uno de los más desconocidos y olvidados: la Asociación Obrera Asambleísta, el pequeño y breve sindicato que el PCE (ml) animó hasta mediados de los años 80.
Pegatina de la AOA, Madrid, 1983 (Archivo La Alcarria Obrera)
 
Llamamiento de la Asociación Obrera Asambleísta
Los países imperialistas, fundamentalmente los Estados Unidos y la Unión Soviética (secundados por sus respectivos bloques militares, la OTAN y el Pacto de Varsovia) tienen bajo su dependencia y dominio gran número de países y en su lucha por arrebatarse y ampliar sus zonas de influencia ponen en peligro la paz entre los pueblos. Este dominio del imperialismo significa para la clase obrera una explotación cada vez mayor una degradación de sus condiciones de trabajo, en beneficio de estos países imperialistas.
Concretamente en España esta actuación del imperialismo se canaliza, entres otras maneras, a través de las compañías multinacionales (fundamentalmente americanas) que dominan sectores enteros de la producción. Grandes compañías como Standard, Talbot, General Motors o General Eléctrica son un claro exponente de la explotación y de la degradación de las condiciones de trabajo, con despidos, regulaciones o aumento salvaje de los ritmos de trabajo.
Especialmente escandaloso resulta que parte importante de la capacidad productiva de las compañías multinacionales se dedica a producir material militar como es el caso de Talbot (del grupo PSA, francés) en cuya factoría de Villaverde el único departamento a tope de producción y con gran número de horas extras es el dedicado a la fabricación y reparación de carros de combate.
La clase obrera se ve afectada, además, por las cuantiosas inversiones necesarias para modernizar las Fuerzas Armadas. Más de dos billones de pesetas del programa de inversiones (FACA, carros, misiles, navíos, etc.) es el gasto que va a recaer sobre nuestras espaldas (aparte los presupuestos anuales ordinarios), y ese dinero debe salir, naturalmente, de alguna parte, por lo que no es de extrañar el recorte de la cuantía de las pensiones (al 65%), la reducción de los fondos destinados al paro y otra serie de recortes a los gastos sociales (en vivienda, sanidad, etc.).
Y esta política de gastos militares y de producción de guerra está orientada a consolidar la presencia de nuestro país en la OTAN, política que el Gobierno del PSOE realiza en contra del sentir de los trabajadores e inclusive en oposición a sus propias promesas electorales. Esta política va unida a la presencia en nuestro suelo de las bases militares americanas desde la firma de los infames pactos de Franco con Estados Unidos en la década de los cincuenta, renovados continuamente hasta la fecha.
Queda claro, pues, que el imperialismo y nuestra permanencia en la OTAN afectan directamente a las condiciones de vida de la clase obrera en España, situación que se reproduce (con las particularidades de cada caso) en todos los países de la OTAN o del Pacto de Varsovia. Por eso cuando algunos plantean que la lucha contra la OTAN, la lucha antiimperialista, es misión de unos determinados colectivos y no debe llevarse al interior de las fábricas y centros de trabajo, la Asociación Obrera Asambleísta afirma que dichas posturas no son sino la negación de la lucha antiimperialista y contra la OTAN desde un punto de vista de clase.
Por todo lo anterior el Comité de Madrid de la Asociación Obrera Asambleísta apoya la creación de comités pro-referéndum en el interior de los centros de trabajo, con la activa presencia de comités de empresa y secciones sindicales, y hace un llamamiento a los sindicalistas de clase de CC.OO y UGT a participar en forma organizada en las movilizaciones anti-OTAN y antiimperialistas que se produzcan en nuestro país.
Llamamos a. los trabajadores a participar en la Marcha a Torrejón que partirá de Canillejas el día 19 por la mañana; formando bloque con la Asociación Antiimperialista de Madrid donde estará nuestro Sindicato.

POR LA INDEPENDENCIA NACIONAL
NI OTAN NI PACTO DE VARSOVIA
REFERÉNDUM CLARO YA
OTAN NO, BASES FUERA
Comité de Madrid de la AOA (15/2/1984)

28 de diciembre de 2010

¡Dios, Patria, Rey!: un manifiesto de 1869

El Sexenio Revolucionario hizo renacer la esperanza de un Carlismo que estaba atravesando una gravísima crisis dinástica y política. Con Isabel II destronada y con un joven pretendiente con carisma, los carlistas pudieron reverdecer antiguos laureles y volvieron a ser refugio de todos aquellos que, como el ministro y amante de la reina Luis González Bravo, no habían estado incómodos en la corte isabelina mientras pudieron defender sus ideas conservadoras y sus intereses particulares. Con la religión como bandera, nutrieron las filas carlistas para instrumentalizar a un pueblo que, en buena parte, aún fiaba en las clases superiores y confiaba ciegamente en la Iglesia Católica. El presente manifiesto, muy poco conocido, resume el ideario del Carlismo en esos primeros momentos, antes de que la evolución política española impulsase una primera renovación ideológica de los carlistas, que se puso en evidencia a partir de 1872.
Recibo de suministros para tropas carlistas, Gorliz, 1873 (Archivo La Alcarria Obrera)

Un solo Dios en el cielo: un solo culto en la tierra. En esta verdad irreplicable se funda la existencia religiosa y política de la nacionalidad española. Romper su unidad católica, conquistada a costa de tanta sangre durante siete siglos, es dar un paso gigantesco, no hacia delante, sino hacia atrás, lo menos hacia la época de Leovigildo. Retroceder hasta el tiempo de los arrianos no parecerá a nadie seguramente un progreso envidiable. España ha conocido ya la pluralidad de cultos, pero antes de ser cristiana por completo.
Volverla a conocer hoy, cuando ni la solicita ni la ha menester, es retroceder, no progresar. Imponérsela al país, es tiranizarle.
Veáse por donde en nombre del progreso se retrocede, y en nombre de la libertad se levanta la más brutal de las tiranías; la tiranía de la conciencia. Dícese: ¿Y por qué se ha de impedir que los extranjeros tengan en España templos propios de su culto? ¡Cómo! ¿Se habla de que el pueblo pide libertad de cultos y se presenta como argumento la conveniencia de los extranjeros? Las leyes de España, ¿se hacen para los españoles o para los extranjeros? Si éstos deben tener derecho a erigir templos no católicos, ¿por qué no han de tenerle también para ejercer los cargos públicos, para ser electores, diputados y ministros? Pues qué, si las leyes españolas exigen a los extranjeros que renieguen de su patria para obtener derechos políticos, ¿no pueden exigir también que los extranjeros abandonen sus sectas para gozar de los derechos religiosos? Ni en Francia, ni en Inglaterra, ni en ninguna parte se ha establecido más que a favor de los nacionales que renegaban de su religión. Cuando un número considerable de españoles deje de ser católico y se afilié a las sectas, entonces podrá haber motivo para tolerarlas. Pero hasta entonces, la pluralidad de cultos, impuesta por el gobierno, será un ataque a los derechos de los españoles, una verdadera traición a la patria, una tiranía insoportable.
¡Y se pide y se sanciona en documentos oficiales, no la tolerancia, sino la libertad de cultos! Entiéndase que se trata de poner a España en iguales condiciones que los Estados Unidos. Entiéndase que se trata de quitar al Estado toda religión, de hacer que prescinda hasta de la existencia de Dios, y un Estado que prescinde de Dios, prescinde de la justicia, de la moral, del bien; prescinde de toda idea elevada, de todo móvil generoso, y llega a hundirse en el embrutecimiento de la adoración a la materia. ¿Qué son los Estados Unidos? ¿Qué es esa nación, modelo de nuestros reformadores extranjerizados? Un inmenso bazar, una gran fábrica, un templo levantado al Dios materia. No es más; y si es otra cosa, muéstrese la historia de su literatura, de sus bellas artes, de sus ciencias morales. Todo pueblo tiene como expresión inmortal de su grandeza, de la elevación de su espíritu, un poema. España, esta nación heroica, tan vilipendiada por sus revolucionarios, posee su Romancero y su Quijote. ¿Dónde está el poema de los Estados Unidos?, ¿dónde sus Velázquez, sus Murillos, sus Juanes, Herreras? ¿Dónde sus Suárez, sus Vives, sus Granadas? Es un país sin arte y sin filosofía; es un país de fabricantes; es un país de materia, no de espíritu. ¡Este modelo nos ofrecen nuestros ardientes patriotas!  En nombre del católico pueblo español, en nombre mismo de la dignidad del entendimiento humano, rechazamos con todas nuestras fuerzas modelos semejantes; y ates que la pérdida de nuestra unidad religiosa, lo preferimos todo, no la pobreza, ¿qué es la pobreza?, la muerte, mil muertes que fuera necesario arrostrar.
El pueblo español ha sentido así siempre, y así continúa abrigando los mismos sentimientos que ayer. El pueblo no ha gritado en ninguna parte ¡Viva la libertad de cultos! Han sido los revolucionarios ilustrados, ha sido el gobierno: el pueblo no ha arrojado a los jesuitas y a las monjas de su seno; ha sido el gobierno; el pueblo no ha arrebatado a las Conferencias de San Vicente de Paúl sus fondos, destinados a los pobres; ha sido el gobierno. Del gobierno ha procedido toda arbitrariedad y toda persecución religiosa. Por eso nosotros, al proclamar la unidad católica como base y fundamento de la sociedad española, combatimos al gobierno, sí, pero haciéndonos eco de los sentimientos populares.
Está tan íntimamente ligada España a esa unidad de creencias, que el día que la perdiera España dejaba de ser fuerte, dejaba de ser España para convertirse en una sucursal mercantil de Francia e Inglaterra, como es hoy Portugal.
Quede, pues, sentado que es imposible transigir en este punto con nadie. Dar a Dios lo que es de Dios, esto es, el culto debido. No hay más que un culto verdadero, como no hay más que un Dios verdadero. La fe heredada de nuestros padres nos impide conceder derechos a dioses falsos. Lo falso no tiene derecho a nada. Esta es nuestra íntima convicción: esta es la convicción del pueblo español.
La segunda palabra de nuestro lema, el segundo grito de nuestro corazón es patria. Después de Dios, la patria; después de nuestra religión, nuestro hogar; después del amor al Ser Supremo, el amor a nuestros hijos, a nuestros padres y a nuestros conciudadanos.
En la tierra de Guzmán el Bueno no ha habido patriotas vocingleros hasta que la raza de los Guzmanes ha desaparecido. El amor a la patria no se manifiesta en destemplados gritos, ni en asesinatos fratricidas, ni en los repartimientos de bienes, ni en el insaciable afán de medrar, ni en sostener nueve ministerios centralizadores que tienen tras de sí un innumerable ejército de empleados holgazanes que se renuevan a cada variación de gobernantes.
Otro es nuestro amor a la patria, y consiste no sólo en sacrificar por ella vida y hacienda, sino en gobernarla conforme a su manera de ser, a sus necesidades verdaderas y a las circunstancias de la época.
¿Cómo se ha gobernado hasta hoy? Dígalo la historia de los siete lustros que acaban de transcurrir. Treinta y cinco años de una inmoralidad escandalosa, confesada por los mismos que a ella han contribuido, hablan más alto que todas las teorías y todas las elucubraciones políticas.
Respecto del orden material, dígase si hemos gozado de un solo día de paz y sosiego. En unas épocas el motín diario, según confesión de un ministro progresista; en otras el amago constante de la Revolución, la frase eterna ¡se va a armar! ha venido a perturbarnos en nuestras tareas, a paralizar los negocios, a matar a la industria, y lo que es peor, a hacer que la sangre española haya corrido a torrentes, sin más causa que la ambición de algunos hombres, o ese juego feroz de los partidos en el poder, origen de toda discordia y de todo desorden.
El charlatanismo parlamentario ha aniquilado nuestras inteligencias, enervado nuestras fuerzas y agotado nuestra riqueza. La compraventa de hombres, erigida en sistema por ministros, diputados y electores nos ha traído al precipicio y nos puede llevar a inevitable muerte.
En treinta y cinco años de constitucionalismo liberal, España ha vivido en estado de guerra casi la mitad del tiempo, y el resto haciendo caso omiso de la Constitución.
El mantenimiento de una Constitución que no se ha cumplido nunca, ha costado seguro a España más sangre y más dinero que todas las guerras internacionales que ha tenido de dos siglos a esta parte.
Y nótese bien: no es sólo en España donde esto ha sucedido; en todos los países constitucionales, o se prescinde absolutamente de la Constitución escrita, como acontece en Francia y en Prusia, o se vive en un perpetuo desorden, en una vergonzosa anarquía, como acontece en Italia, donde tampoco la Constitución es absolutamente respetada.
No se nos cite a Inglaterra en contrario; es un país excepcional, enclavado en las tradiciones de la Edad Media, con su feudalismo y todo; es un país gobernado por el sistema oligárquico, que no se parece en nada a nuestro moderno constitucionalismo. ¡Ojalá que la España católica pudiera ser regida más por la costumbre que por la ley escrita, como lo es la Inglaterra protestante!
Es pues inútil, y será funesto, porque así lo demuestra la experiencia, volver a hacer alardes de un ridículo constitucionalismo parlamentario, que ni garantiza la libertad de los pueblos, ni sirve más que para encender la discordia intestina y agotar los recursos morales y materiales del país.
Y es cosa indudable que los pueblos tienen derecho a ser libres, no oficial y teóricamente, sino de hecho.
La libertad, esa gran palabra de que tanto se abusa, no debe ser escrita en las Constituciones; sino practicada en la esencia social: no ha de ser letra muerta, sino obra viva, condición práctica.
¿Y quién que ame a su patria no ha de amar la libertad? ¡Mal haya los pueblos que engendran tiranos! ¡Mal haya reyes o gobiernos que, como Luis XIV, dicen “El Estado soy yo”! No y mil veces no.
EL Estado no es el rey; el rey es sólo una parte del Estado; es la representación viva de la autoridad; es el centro del Estado, pero no es el Estado, como el centro del círculo no es el círculo.
Pero, ¿es libertad esa vocinglería populachera que blasfema de Dios; que pide el reparto de los bienes del prójimo; que asesina a ciudadanos indefensos; que quema el Concordato, un tratado internacional, a los pies mismos del Nuncio de la Santa Sede? ¿Cuándo ha sido libertad el robo, el despojo, el asesinato, la profanación? Nunca: los mismos diarios liberales de España, ahora que gozan del poder, han dicho que no debe libertad para el mal. ¡Y no ha mucho la pedían para esos mismos asesinos y repartidores de bienes que hoy la usan conforme ellos la entienden! Y cuenta que los tales diarios llaman mal a la defensa de la religión cristiana, que prefieren esclavizar y aniquilar, si eso fuera posible.
Debe España ser libre, tiene derecho a serlo, y lo desea; lo desea con ansia, porque desde que la libertad está en boca de todo el mundo, la libertad ha dejado de estar en nuestras instituciones.
Pero, ¿cómo será libre España? ¿Volviendo al sistema que la Revolución ha devorado, o resucitando añejos regalismos y monarquías que digan: El Estado soy yo? Ni lo uno, ni lo otro. España, para ser libre, necesita, primero de todo, un gobierno esencialmente descentralizador. Expliquémonos.
Carlos I de España, matando las Comunidades de Castilla, y Felipe II, quitando a Aragón sus fueros, inauguraron una política centralizadora que había de ser funesta para la administración de aquellos reinos. Lo decimos sin inconveniente y sin temor: no vamos a resucitar lo pasado; vamos a echar los cimientos para lo porvenir. Lo pasado lo recibimos a beneficio de inventario, como una herencia de donde hay mucho bueno que recoger y mucho malo que rechazar. Rechazamos pues, francamente, el centralismo de la monarquía absoluta. Tal vez Carlos I y Felipe II fueron movidos por un interés superior al interés de la administración; pero, sea de esto lo que quiera, el hecho es que política y administrativamente hicieron mal, y mal hicieron también sus sucesores en continuar con semejante sistema.
¿Ha descentralizado más que el absolutismo el gobierno parlamentario? No: ha centralizado más; ha dado vida a nueve ministerios, centros absolutos de toda la administración, focos de interminables expedientes, vientres hidrópicos donde yace aniquilada la vitalidad del país.
No hay remedio, pues es necesario dar a las provincias y al municipio la libertad que han menester para administrarse a sí mismos; es necesario devolver a las provincias sus fueros y franquicias, admirable conjunto de las libertades patrias.
Independencia e inviolabilidad de la familia, de la familia brotando el municipio, del municipio la provincia, de la provincia el Estado; tal es la armonía de nuestro sistema.
La provincia, el municipio y la familia tienen sus intereses propios y derecho a administrárselos libremente sin mutua colisión. Los intereses generales del país deben ser representados en Cortes, o Estamentos o Estados Generales, que expondrán al gobierno superior las necesidades de la patria, los recursos con que cuenta y la manera de aprovecharlos.
A esto se reduce en breves palabras todo nuestro sistema de administración. Con él se sofocan ambiciones desmedidas e infundadas, se salva la Hacienda, porque se economizan ministerios y empleados; se da impulso a la riqueza pública, fomentando en primer lugar la agricultura, base de la prosperidad material, y se concede al pueblo toda la libertad a que tiene derecho y toda su influencia en el gobierno del Estado.
En cuanto a la parte moral, sólo una palabra tenemos que decir: dentro del respeto debido a la unidad católica, libertad absoluta de enseñanza, de imprenta y de asociación. Enseñe y aprenda el que quiera, lo que quiera y como quiera. Escríbase y discútase acerca de todo lo que se refiere al orden moral y material de los pueblos. Excítese la actividad intelectual; asóciense los hombres para discurrir, para orar y para explotar la riqueza de la tierra. ¿Puede otorgarse más omnímoda, más sincera y más fecunda libertad a los pueblos? ¿Mereceremos después de esto ser motejados con esos ridículos motes que inventa el liberalismo vergonzante?
No; ¡paso a la libertad de España! ¡Paso a la libertad de los hombres de bien!
Inútil es que hablemos de la autoridad como principio esencial y natural de toda sociedad. No escribimos un libro: escribimos un breve bosquejo de nuestro sistema político, simbolizado en el grito nacional de ¡Dios, Patria, Rey!
Que España deje de ser monárquica es punto menos que imposible por hoy.
Todas las tradiciones, todas las glorias de este país están unidas a la monarquía.
El carácter español se ha distinguido siempre por su independencia, en primer lugar, y en segundo por su amor y su veneración al rey, representante supremo de la autoridad.
Sólo un destronamiento ha habido en España, verificado, si no por el impulso, al menos por la indiferencia popular.
Ese destronamiento ha sido el de doña Isabel II de Borbón: ¡el único monarca que en España ha reinado y no ha gobernado! Este fenómeno es digno de estudio, y lo abandonamos a la ilustrada consideración de nuestros lectores.
El Rey, depositario del poder sumo, representante de la fuerza pública y ordenador general de la sociedad política, reina y gobierna por derecho y por naturaleza. Digámoslo mejor: reina por naturaleza y gobierna por deber.
Monarca que reina y no gobierna no es monarca; es un ridículo espantajo, que sólo sirve de juguete a las ambiciones y los caprichos de los ministros.
El Rey reina y gobierna, pero ¿cómo gobierna? No tiemblen los que se asustan del absolutismo. No somos absolutistas. El Rey gobierna entre dos límites insuperables; por cima de sí tiene la justicia de Dios; por bajo de sí las libertades, fueros y franquicias inviolables de los pueblos.
El Rey no administra en realidad; los pueblos se administran solos; el rey dirige, encamina, arregla y mantiene el orden general, siendo más bien el padre que el rey de su pueblo.
No admitimos el derecho de insurrección. Pero sabemos nosotros, y los reyes no ignoran, que cuando faltan la justicia divina o atentan a las libertades legítimas de los pueblos, se exponen a perder la corona, si es que con la corona no pierden también la cabeza.
No temamos pues, la tiranía de un rey. Los reyes son tiranos cuando el pueblo los engendra.
Los pueblos honrados son libres siempre, porque espantan a los déspotas. Si el pueblo español tiene seguridad de su honradez, abra los brazos a un rey que lleva sobre su frente el sello de la legitimidad, y en su corazón un amor profundo a su patria, aumentado y nutrido por la amargura de un destierro impuesto por la usurpación.
Carlos VII de España, aleccionado en la desgracia y conocedor de las necesidades de la patria, es el rey que debe y puede, y quiere darnos el gobierno que la patria necesita.
El emblema del derecho es también emblema de los principios que acabamos de exponer.
Sabe la época en que vive, y sabe también que el rey y el pueblo, estrechamente unidos para evitar la injerencia de esos reyezuelos espurios que tratan de arrebatar al monarca su soberanía y de chupar la sangre al pueblo, pueden alcanzar para nuestra patria la gloria de marchar, como en otro tiempo, a la cabeza de todas las naciones del mundo, con la santa enseña de ¡Dios, Patria y Rey!
¡Viva la unidad católica!
¡Vivan las libertades patrias!
¡Viva Carlos VII!

27 de diciembre de 2010

El plan absolutista del cura de Tamajón

Matías Vinuesa era el sacerdote del pueblo alcarreño de Tamajón en los primeros años del siglo XIX. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se hizo célebre por haberle sido descubierto un plan exhaustivo, pero fantasioso, para reintroducir el absolutismo en España por medio de un golpe de Estado palaciego, para el que creía contar con el apoyo del rey Fernando VII, del infante Don Carlos y del duque del Infantado. Más allá de las posibilidades reales de triunfo de un plan como éste, y de la capacidad del cura de un pueblo de Guadalajara para cambiar por sí solo el curso de la Historia de España, el proyecto del párroco de Tamajón tiene el interés de mostrar con toda claridad el sustrato religioso del absolutismo hispano y cómo la alianza entre el Altar y el Trono no pasaba de ser una plena subordinación del segundo ante el primero. Reproducimos lo esencial de aquel proyecto, que costó al autor su vida.
Periódico satírico mejicano de 1864 con la cabecera de El Cura de Tamajón (Archivo UNAM)

Plan para conseguir nuestra libertad
Este plan solo deberá saberlo S. M., el serenísimo señor infante D. Carlos, el excelentísimo señor duque del Infantado, y el marqués de Castelar. El secreto y el silencio son el alma de las grandes empresas.
La noche que se ha de verificar este plan hará llamar S. M. á los ministros, al capitán general y al Consejo de Estado, y estando ya prevenida, entrará una partida de Guardias de Corps, dirigida por el señor infante D. Carlos, haciendo que salga S. M. de la pieza en que estén todos reunidos, en la que quedarán custodiados. En seguida pasará al cuartel de Guardias el mismo señor infante, y mandará arrestar a los Guardias poco afectos al rey. El duque del Infantado debe ir aquella misma noche a Leganés, a ponerse al frente del batallón de Guardias que hay allí, llevando en su compañía a uno de los jefes de dicho cuerpo. A la hora de las doce de la noche, deberá salir de allí aquel batallón, y a las dos, poco más, deberá entrar en esta Corte. El regimiento del Príncipe, cuyo coronel debe estar en buen sentido, se pondrá de acuerdo con el duque del Infantado, y a las tres de la mañana saldrán tropas a ocupar las puertas principales de la Corte.
A las cinco y media deberán empezar la tropa y el pueblo a gritar: viva la Religión, viva el Rey y la Patria, y muera la Constitución. Aquel día deberá arrancarse la lapida, y se pondrá una gran guardia para defenderla, con el objeto de que no se mueva algún tumulto al arrastrarla. En seguida saldrán el mismo ayuntamiento constitucional y la diputación provincial en procesión, y llevará la Constitución para que en este acto público sea quemada por manos del verdugo. Se cerrarán las puertas de Madrid, excepto las de Atocha y Fuencarral, para que no salga nadie, aunque se dejará entrar a los que vengan. Se deberá tener formada una lista de los sujetos que se haga ánimo de prender, y los dueños de las casas donde estén deberán salir responsables. Luego que esto se verifique, deberán salir las tropas a las provincias con un manifiesto para que obren de acuerdo con ellas. Se mandará que todas las armas de los cívicos las lleven a las casas de ayuntamiento, y se prohibirá la reunión de muchos hombres en un punto. Estarán nombradas las autoridades para que empiecen a obrar inmediatamente, y los presos de consideración serán conducidos, por de pronto, al castillo de Villaviciosa con una escolta respetable.
Ventajas de este plan.
1 La sencillez y poca complicación de él.
2 Que únicamente lo deberán saber cuatro o cinco personas a lo más.
3 Mayor proporción para el secreto y el sigilo, que es lo que ha faltado hasta ahora, y por esto no han tenido efecto las tentativas hechas hasta aquí.
4 El que se puede nombrar para la ejecución de este plan las personas más adictas al rey y a la buena cansa.
5 Que S. M. hará ver que tiene espíritu para arrostrar los peligros.
6 No quedará el rey obligado a muchas personas, estando en plena libertad para obrar como le parezca.
7 Dar un testimonio a toda la nación y a la Europa entera, de que la dinastía de los Borbones es digna de empuñar el cetro.
8 Impedir que los enemigos traten tal vez de realizar el plan de acabar con la familia real y con todos los demás que sostienen sus derechos.
Inconvenientes de este plan.
1 El temor que es consiguiente a una empresa como esta, de que peligre la vida de Su Majestad y demás personas que han de realizarlo;
2 La poca gente con que se cuenta al efecto y luego la desconfianza en algunos sujetos.
A lo primero digo, que en circunstancias extraordinarias, consta en las historias haberlas tomado varios emperadores y generales. Por otra parte, el peligro de perder la vida tomando las medidas indicadas, es muy remoto, y el perecer a manos de los constitucionales es casi cierto.
Además, de que ocupados los puestos principales por las tropas con que contamos para la empresa, las demás de la guarnición se estarán en sus cuarteles y quedarán puramente pasivas, pues también temerán muchos de los oficiales el salir con ellas y contra todo el pueblo.
El tercer inconveniente, que consiste en que este plan se descubra antes de tiempo, es el menor, porque contándose para él con pocas personas, no hay que recelar que los enemigos lo sepan y tomen precauciones para impedirlo; por fin, las preciosas vidas de S. M. y del señor Infante don Carlos peligran, como también la del Infantado; así, pues, no queda otro arbitrio que arrostrar los peligros y llevarlo a efecto, poniendo nuestra confianza en Dios, porque el remedio de estos males con el auxilio de tropas extranjeras, es muy aventurado.
Medidas que deberían tomarse luego que se verifique.
1 Se volverán las cosas al ser y estado que tenían el 6 de marzo de este año;
2 Convendrá indicar en la proclama que se haga, que además de la celebración de Cortes por estamentos, debe también celebrarse un concilio nacional, para .que así como en las primeras se han de arreglar los asuntos gubernativos, económicos y políticos, se arreglaran los eclesiásticos por el segundo;
3 Todos los empleos deberán proveerse interinamente, para dejar lugar á premiar con ellos a los que se averigüe después que son adictos a la buena causa;
4 Convendrá dar la orden para que los cabildos corran con la administración del noveno y escusado;
5 Se circulará una orden a todos los arzobispos y obispos para que en tres días festivos se den gracias a Dios por el éxito dichoso de esta empresa
6 Se harán rogativas públicas para desagraviar a Jesucristo por tantos sacrilegios como se han cometido en este tiempo;
7 Se encargará a los obispos y párrocos que velen sobre la sana moral, y que tomen las medidas convenientes para que no se propaguen los malos principios;
8 Se rebajará desde luego por punto general la tercera parte de la contribución general por ahora;
9 Convendrá que las personas que estén encargadas de cooperar a este plan, estén alerta algunas noches;
10 Se nombrarán las personas convenientes que se encarguen de dirigir la opinión pública por medio de un periódico;
11 Se concederá un escudo de honor a todas las tropas que concurran para tan gloriosa empresa con el premio correspondiente, y se ofrecerá además licenciarlas para el tiempo que parezca conveniente;
12 Se mandará que los estudiantes gocen de los fueros que han gozado antes de ahora, y se les había quitado por la facción democrática;
13 Convendrá mandar que todos los que no estén empleados en la corte salgan de ella y se vele mucho su conducta donde quiera que fijen su residencia;
14 Siendo muy interesante que en Mallorca haya un obispo de toda confianza, será menester ver si convendrá que vuelva allí el actual;
15 También se deberá disponer, por los medios que parezcan convenientes, que el señor arzobispo de Toledo nombre otro auxiliar en lugar del actual, y lo mismo deberá hacerse con el vicario eclesiástico y demás de su dependencia;
16 Los canónigos actuales de San Isidro deberán quedar despojados como se supone;
17 Todos los que han dado pruebas de su exaltación de ideas, deberán quedar sin empleos;
18 Debe aconsejarse a Su Majestad que en orden a los criados de su servicio, se renueve la mayor parte, y lo mismo puede aconsejarse a los señores Infantes.
19 Todos los que se hayan alistado en concepto de cívicos, continuarán sirviendo por ocho años en la milicia, y el que quiera libertarse de este servicio satisfará 20.000 reales;
20 Para evitar gastos, se procurará, que las fiestas e iluminaciones que se hagan por este suceso, tanto en las provincias como en la corte, sean muy moderadas, pues ni la nación ni los particulares están para gastos;
21 Se tomarán todas las medidas convenientes para que no salgan de la nación los liberales, de los cuales se harán tres clases; los de la primera deberán sufrir la pena capital corno reos de lesa majestad; los de la segunda serán desterrados ó condenados a castillos y conventos, y los de la tercera serán indultados para mezclar la justicia can la indulgencia y clemencia;
22 Será muy conveniente que el obispo de Ceuta forme una memoria que sirva como de apéndice a la «Apología del altar y del trono» y es de todo punto necesario que se ponga en las universidades un estudio de derecho natural y político, para lo que podría bastar por ahora la obra, intitulada Voz de la naturaleza. Con esto se podrían fijar las ideas equivocadas del día en esta materia, y se evitaría que este estudio se hiciese por libros extranjeros que abundan de falsas máximas. Convendría también que por cuenta de la nación se impriman a la mayor brevedad las obras siguientes: Voz de la naturaleza, Apología del altar y del trono, las Cartas del P. Rancio, y la Pastoral de Mallorca. Que se nombre en esta corte una persona que tenga el encargo de rever los informes que vengan de las respectivas provincias, y ninguna pretensión podrá ser despachada sin que el memorial pase a esta persona y ponga un signo que está ya convenido para graduar el mérito de los pretendientes.
Son incalculables las ventajas de este plan; S. M. asegura por este medio su conciencia, y los nombramientos no pueden recaer sino en personas fieles. Los políticos atribuyen al acierto que tuvo Felipe II en escoger buenos ministros y empleados la prosperidad de su reinado.
Puesto que el ilustrísimo señor obispo auxiliar, acompañado del ayuntamiento de esta corte, condujo la Constitución como en triunfo público, deberá el mismo, con los mismos que componían el ayuntamiento, sacar la Constitución de la casa consistorial, y conducirla a la plaza pública para que sea quemada por mano del verdugo, y la lápida será hecha pedazos por el mismo.
Puesto que los comerciantes han sido los principales en promover las ideas de la facción democrática, se les podrá obligar a que entreguen algunos millones por vía de impuesto forzoso, para emplearlos en el socorro de los pobres y otros objetos de beneficencia. Lo mismo deberá hacerse con los impresores y libreros por las ganancias extraordinarias que han tenido en este tiempo.
Igual medida se tomará con los grandes que han mostrado su adhesión al sistema constitucional.
Se mandará que los monjes vuelvan a sus monasterios, y las justicias les entregarán los efectos y bienes que les pertenecen.
Todos los oficiales del ejército, de quienes no se tenga confianza, se licenciarán y enviarán a pueblos pequeños, permitiendo a los que tengan familia y hacienda se vayan a sus casas, pero obligando a todos que aprendan la religión.
Se continuarán las obras de la plaza de Oriente, ya por ornato necesario a la inmediación de palacio, como para dar ocupación a los jornaleros de esta Corte; y en el sitio destinado para teatro se levantará una iglesia con la advocación de la Concepción, y se construirán casas a su rededor para habitación del señor patriarca y de los capellanes de honor.
Sería muy conveniente que se hiciese venir a esta corte al señor obispo de Ceuta.
NOTA. Con los afrancesados se tomarán las providencias correspondientes.