La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

14 de abril de 2009

La Primera Internacional y la República

Congreso obrero, Barcelona, 1870, La Ilustración de Madrid, 12 de julio de 1870

La Asamblea Democrática Republicana Federal se dirigió el 12 de junio de 1871 al Consejo de la sección española de la Internacional al objeto de que los representantes de la FRE asistiesen y fuesen oídos por la Comisión encargada de redactar un proyecto de bases económico-sociales que sería defendido por el Partido Republicano Federal. Desde el Consejo internacionalista se les respondió que se rechazaba acudir a esa Comisión porque el objetivo de los republicanos sólo era mejorar las difíciles condiciones de vida y de trabajo del proletariado hispano, confiando además en que un proyecto o una ley bastarían para solucionar el problema. Los internacionales respondían que ellos no sólo aspiraban a mejorar la realidad cotidiana de la clase obrera sino a construir la sociedad sin clases, una meta más ambiciosa que delimita desde entonces a los republicanos, que todo lo esperan del cambio de régimen político, y a los revolucionarios, que sólo confían en la revolución social.

En contestación a la atenta comunicación que la Comisión de la Asamblea republicana federal nos ha dirigido con fecha 12 del corriente, contestamos:
Que agradecemos el hecho y el objeto que la motiva, pero que no podemos aprovechar su invitación por las razones que nos apresuramos a consignar.
Nuestra aspiración no es la que esa Comisión manifiesta: la vuestra, según declaráis, se limita a "estudiar los medios de mejorar las condiciones de las clases jornaleras y redactar un proyecto de bases económico-sociales".
Empezaremos manifestando que no está en el círculo de nuestras atribuciones resolver por nosotros cuestiones que todos los afiliados tienen el deber y el derecho de estudiar en el seno de sus respectivas Secciones, estando destinados los Congresos obreros, así universales como regionales y de oficios, a aceptar o rechazar lo que crean oportuno, según convenga a los intereses de la Asociación, y en esos Congresos se puede discutir y estudiar la aplicación de todo lo que se considere útil y conducente a realizar la completa emancipación de todas las clases.
Nosotros no podríamos llevar al seno de la Comisión más que nuestras ideas particulares, en ningún caso comparables a las generales de la clase trabajadora, expresadas por todas las Secciones, así locales como de oficios, por conducto de los delegados a quienes aquellas se dignen confiar la honra de representarlas.
Sólo como particulares nos sería permitido aceptar; pero a esto se oponen las siguientes consideraciones:
Que salvando anticipadamente la honrada intención que anima a todos los que se proponen la formación de esas bases económico-sociales, tenemos nuestra opinión respecto a todo aquello que tiende a determinar previamente la marcha y constitución de la sociedad, determinación que nosotros consideramos imposible sin incurrir en la falta grave, por sus consecuencias, de levantar un muro nuevo, que, ya que no pueda detener, trastorne y dificulte la tranquila cuando majestuosa marcha del progreso. Esta consideración nace de la seguridad que tenemos de que aun siendo, como no dudamos que serán, los hombres más revolucionarios los que tienen ese sagrado y difícil encargo, no podrán dar cima a su obra sin constituir lo que juzguen más conveniente, y que en tal concepto han de procurar imponer, hallándose por el solo hecho de su convencimiento inutilizados para aceptar fácilmente lo que por ser el fruto de mayor suma de inteligencias, y por inspirarles menos simpatías como a padres o autores, venga a modificar y tal vez a mejorar lo que ellos hicieron, por no conocer indudablemente nada mejor.
Comprendemos que creyeseis que existía la necesidad de formular una aspiración; pero nosotros la tenemos formulada ya: no es la de esa Comisión, pero es buena como ella. La de esa Comisión consiste en "Mejorar las condiciones de las clases jornaleras". La nuestra es "Destruir las clases, o sea realizar la completa emancipación económico-social de todos los individuos de ambos sexos".
También creemos que existe la necesidad de estudiar y aplicar los medios de realizar nuestra aspiración, y a esa agradable tarea nos consagramos con verdadero placer, y sin cesar, diferenciándonos de esa Comisión sólo en el método; pues que nosotros, con la aspiración como único norte, discutimos, aceptamos y rechazamos todo lo que consideramos discutible, aceptable y rechazable; pero sin aceptar ni rechazar nada en la cuestión de medios con el carácter de ley impuesta, sino solamente con el de reforma que se impone sólo por la fuerza de su conveniencia.
Hemos creído de nuestro deber exponer estas ligeras razones que no dudamos tendrán en consideración, no obstante su brevedad, para lo cual confiamos en que con su notable ilustración sabrán sacar de ellas todo el fondo que nuestro deseo no alcanza a manifestar, por la carencia de tiempo y principalmente por la más sensible aún de la facilidad en la manera de expresar nuestro pensamiento; por todo lo que abrigamos la esperanza de que no os dejéis arrastrar por sospechas que son impropias de caracteres elevados y que haréis justicia a nuestros honrados propósitos, que hoy al desearos salud y emancipación social, nos permiten despedirnos de los individuos que componen esa Comisión a los gritos sagrados de ¡Viva la Humanidad! ¡Viva el Progreso! ¡Viva la Asociación Internacional de los Trabajadores!
Madrid, 23 de junio de 1871. Por A. y N. del C., el secretario Francisco Mora.