La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

12 de marzo de 2010

La provincia de Guadalajara en 1863

En el año 1863 el Gobernador Civil de la provincia de Guadalajara elaboró un extenso informe sobre la situación de las comarcas guadalajareñas, en el que se incluía un amplio estudio de Manuel Risueño, jefe de la sección de Fomento en la provincia alcarreña, que no se limitaba a describir la situación sino que también hacía un análisis de las causas próximas y remotas de la evidente postración económica de Guadalajara, que empezaba a mostrar sus primeros síntomas. Bajo el epígrafe de la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio se reproducía el texto que ahora insertamos; pocas veces se han mostrado con tanta claridad las deficiencias y las propuestas de la élite liberal para nuestra provincia.
Prospecto de la fábrica Las Mercedes, de Mondéjar, 1896 (Archivo La Alcarria Obrera)

Agricultura.
La provincia de Guadalajara se halla enclavada en la hoya del Tajo, que forman la pendiente septentrional de la cordillera Oretana, la meridional de la Carpetovetónica y la Mesa central. Su exposición S. O., considerados los grandes grupos que corren de N. a O., o sean las sierras de Cuenca, Albarracín, Molina y Sigüenza, le proporcionan un clima saludable, con invierno poco sensible, atmósfera suave en la parte superior, y templada en la inferior. La surcan varios ríos y multitud de arroyos y pequeñas corrientes; la atraviesa la línea férrea de Madrid a Zaragoza: cuenta muchas y buenas carreteras en explotación; se construyen otras, y distan sus límites de la Corte 41 kilómetros. Con tales condiciones climatológico-topográficas, la facilidad en los arrastres de sus productos, y la inmediación a un mercado que los demanda con avidez, fácil es comprender que su porvenir, su bienestar, debe buscarlo en la agricultura.
Y sin embargo, esta parte importantísima de la gestión humana; la sin rival considerada como contribuyente a la riqueza pública, cuando como en nuestra nación puede disponer de un clima medio, benéfico de suyo, y un suelo feraz y privilegiado, deja mucho que desear en esta provincia; sin que por esto niegue su progresivo aunque lento desarrollo, común a la generalidad del país.
La estacionaria rutina en las prácticas agrarias, hija natural, consecuencia lógica del miedo que engendra la ignorancia y que se traduce siempre en oposición a lo desconocido, tiene por punto general, postrada la agricultura en este país; por más que propietarios entendidos y celosos del bien, ensayen y traten de propagar los adelantos que la ciencia aconseja. No hay medio de separar al labrador de su fatal sistema, y todos los esfuerzos se estrellan contra la tenaz resistencia de la gran masa agricultora, que en su amor fanático e injustificado a todo lo antiguo, no se presta siquiera por curiosidad a sencillas operaciones, a ensayos reducidos, que en nada o en pequeña parte podrían dañar sus intereses con un éxito contrario, ya que se negara a penetrar en la razón de ser de las cosas que se le aconsejan.
Aquí no se comprende el benéfico influjo de una buena e inalterable rotación en las cosechas; se desprecian los abonos; porque despreciar es no hacer uso de otros que de los de naturaleza animal cuando los hay, sin procurar su aumento ni mejora por medio de manipulaciones y mezclas que, al multiplicar su potencia fertilizante, y al encontrarlos el agricultor en las mejores condiciones para su uso, compensarían su escasez y retribuirían superabundantemente el pequeño gasto o el insignificante trabajo empleados en su preparación. Las labores se hacen mal e inoportunamente en la generalidad de los casos, y los arados y demás útiles de labranza con su imperfección, pues serán tal vez fieles modelos de los importados por los árabes, a que se agrega la indiferencia en la selección de las semillas, vienen a constituir, en mi juicio, las verdaderas causas en que debe estudiarse el mezquino producto de las cosechas.
Se explicaría bien la no adquisición de máquinas probadas ya, y por consiguiente de indudable éxito, en la escasez de capitales con que luchan nuestros pequeños propietarios y colonos; pero en esta provincia, salvas honrosas excepciones, resulta probado que es una verdadera repulsión la que se tiene a su empleo. La celosa Diputación Provincial, y la no menos digna Junta de Agricultura, Industria y Comercio, pusiéronse de acuerdo sobre el medio de proteger la agricultura, destruyendo el pretexto vulgar de que no pueden adquirirse instrumentos por el labrador en razón a su elevado precio. Al efecto votó la primera y puso a disposición de la segunda crecidas sumas, que fueron empleadas, dado su perfecto criterio, en las máquinas de más urgente y sencilla aplicación en la localidad. Cuéntanse entre ellas varias clases de arados, dos aventadores o limpia granos, rastrillos y dos segadoras: están constantemente a disposición del público. ¡Nadie las usa! Y no porque dejen de conocerse sus efectos, puesto que la Junta repite sus pruebas, en las que no hace poco con oponer una constancia sin límites a las contrariedades que se le proporcionan, sino por el espíritu de preocupación a que está sometido el trabajo de la tierra.
Si V. E. se fija bien en estas desaliñadas e imperitas observaciones, hijas siquiera de la experiencia, comprenderá lo trascendental que sería para la riqueza de la nación el planteamiento de una mejora reclamada ha tiempo por la opinión, y que el Gobierno en su alta previsión no tiene olvidada. Aludo al establecimiento de la enseñanza agrícola en las provincias de una manera regular y ordenada. No son a mi entender necesarias escuelas profesionales en donde se curse con toda extensión la materia y sus ciencias auxiliares; porque esto, a más de dispendioso para el erario, contribuiría tan solo a formar una carrera especial de difícil ejercicio, y a que en todo caso puede responder la Escuela Central de Aranjuez; sino institutos prácticos, granjas modelos, donde el hijo del labrador aprendiera a surcar la tierra, métodos de cultivo, preparación de abonos naturales, confección de los artificiales, arboricultura, empleo de máquinas, crianza de animales domésticos, etc., etc., y en donde los agricultores todos encontraran un museo permanente que resolviera sus dudas, ya que no se les diera también el carácter de depósitos para proveerse de animales, plantas y semillas.
También reclama la agricultura de una manera imperiosa, un cuerpo de guardería apto y organizado; sin él hoy, vese la propiedad expuesta a continuas invasiones de personas y ganados, que la hacen retraer de los cultivos especiales a que con ventaja pudiera dedicarse, principalmente al arbolado frutal que ensaya un pueblo con el mejor éxito. Si la Guardia rural llega a crearse, desaparecerá este mal y con él otro mayor, cual es la desmoralización en que vienen a caer los pueblos acostumbrados al merodeo de la propiedad ajena. En su lugar me ocuparé con más detenimiento de esta parte de la administración.
De las producciones naturales de la provincia, solo los cereales tienen verdadera importancia en su conjunto. Aunque no de la mejor calidad, sostienen la competencia en los mercados y surten algunas fábricas de harinas: sus sobrantes, después de cubierto el consumo, son de bastante cuantía.
El vino, que no se cosecha en todos los partidos, ni es bueno, ni cubre el consumo; sin embargo, hay que hacer mención de dos especialidades; el torrontés que se recolecta en la capital, y el blanco de la campiña alta, los cuales, si se produjeran con abundancia y su elaboración se perfeccionase, llegarían a ser para los puntos productores su principal ramo de riqueza. Los efectos del oidium tukeri, han hecho reducir las cosechas en los últimos años; pero en el que acaba de finar, proporcionó la Junta de Agricultura a cada zona vinícola algunos fuelles azufradores con sus porta-azufre y la flor de este mineral necesaria, y se han ejecutado experimentos con arreglo a las indicaciones y reglas del señor Blanco Fernández. No puede juzgarse de la operación en tan corto tiempo, aunque sí pronosticar su bondad en vista de las observaciones hechas. Es de esperar que el interés particular estimulado de esta suerte, salga de su indolencia y en los años vinientes se azufren las viñas enfermas.
Aunque en todos los partidos bajos vegeta el olivo, solo los de Pastrana y Sacedón pueden ofrecer verdadera cosecha de aceite: no basta sin embargo la producción de la provincia a sus necesidades, y se importa mucho. Perfecta sazón en el fruto al tiempo de cogerlo y más esmero en los detalles de elaboración, pudieran dar a este líquido la calidad que le falta para competir con otros. Es de censurar también el fatal sistema de poda que se sigue con grave daño de los árboles y de su producción.
Los frutales, considerados como entidades individuales en huertas y jardines de recreo, son comunes en toda la provincia. La única y verdadera zona en que debe estudiarse este particular cultivo, es el término de Jadraque. Pobre de suelo este pueblo, supo desde antiguo sacar partido de las abundantes aguas del Henares, que corre cerca de sus muros, e hizo de la arboricultura su especialidad. Pingües siempre sus productos en este ramo, lo son mucho, desde que la apertura de la vía férrea le ofreció el seguro mercado de la Corte, para sus abundantes y exquisitas frutas; y no mucho que se note por tanto, desarrollo progresivo en la cantidad y calidad de las mismas.
Otros frutos corno legumbres, tubérculos alimenticios, verduras, etc. que también se cultivan en la provincia, carecen de importancia cuantitativa.
Industria.
Fuera de la minera, a que dedicaré su período propio y alguna otra fabril, que siguiendo el orden que me he impuesto debo tratar al ocuparme del aprovechamiento de aguas, nada de notable ofrece la industria de esta provincia. Algunos hilados y tejidos de lana de clase ordinaria, chocolates, jabón, materiales de construcción, y manufacturas destinadas al uso doméstico, todo dentro de los límites del consumo, he aquí el verdadero cuadro. La misma razón que aboga en favor de la agricultura, es decir, la proximidad de la provincia a la Corte, y su facilidad en comunicarse con ella, refluye en perjuicio de la industria, toda vez que el gran mercado de Madrid, proporciona los objetos de mejor calidad y con una economía de precio considerable
Comercio.
El de granos con Madrid que hacen generalmente los especuladores, el interior entre sus productores y las fábricas de harinas, el de exportación a que estas dedican sus polvos, y el de carnes y lanas con mercaderes ambulantes, resumen la importancia verdaderamente comercial de la provincia. Todo lo demás se reduce a unos pocos establecimientos fijos de géneros importados, sin progreso y dudoso porvenir, que tampoco pueden rivalizar con la oferta exuberante de la Corte.
Se ha formado por la sección de comercio de la Junta de Agricultura la matrícula de comerciantes, encargada por Real orden de 10 de octubre de 1862, publicándose en el Boletín Oficial, pero es casi seguro que las personas dedicadas al tráfico y figuran en ella, dejarán de acogerse a los beneficios de la legislación especial que rige al comercio.
Próximo el planteamiento del sistema métrico-decimal de pesas y medidas, desaparecerán con el actual las dificultades que ocasionan a las transacciones la diferencia de tipos que se advierte en algunas localidades, por más que la medida general en la provincia sea la castellana. Se han recibido de la comisión permanente encargada de esta reforma y distribuido a los pueblos cabezas de partido judicial sus respectivas colecciones, y se ha consignado en los presupuestos municipales de los restantes la suma mandada con destino a la adquisición de las suyas.
Cría caballar.
Dos solas paradas públicas funcionaron en la provincia, en la temporada del año último. La una con 2 caballos y 2 garañones, y la otra con 2 de los primeros y 3 de los últimos; después de someterse a la intervención administrativa y recibir sus dueños las patentes oportunas de autorización. Aunque es escaso al número de yeguas de vientre, parece insuficiente el de sementales presentados y aprobados; siendo de notar por otra parte, que en el partido que mas yeguas destinadas a la Cría cuenta, no existe ningún establecimiento de monta autorizado; lo cual induce a sospechar clandestinidad en este servicio que me propongo vigilar en la próxima estación a fin de hacerle adquirir todas las condiciones de legalidad que puedan faltarle. La tendencia casi general en los criadores a producir individuos de naturaleza híbrida, más aceptables para su empleo en las labores del campo y el acarreo, entiendo que pudiera contrarrestarse destinando al partido de Molina un pequeño depósito de caballos padres del Estado, que funcionando gratuitamente, estimulara el interés particular, e hiciera adquirir gusto para obtener animales de esta especie.
Guardería rural.
Confundida y amalgamada esta institución con la forestal en razón a los cortos recursos de los pueblos para mantenerlas separadas como sería conveniente, y es de ley, dejo para cuando hable de la segunda a que la rural se halla subordinada, poner de manifiesto los defectos de la municipal o encargada permanentemente de la custodia de la propiedad común y particular, en las demarcaciones administrativas de los pueblos; sin hacer mención por su insignificancia y carácter particular, de la temporera ó que solo ejerce su acción sobre frutos determinados, como uvas, aceitunas, etc., en períodos también de antemano convenidos, y que aprovechan los propietarios colectivamente, por las pocas garantías que aquella les ofrece.
Existen sin perjuicio bastantes guardas particulares jurados, de ocupación constante, cuyo nombramiento se ejecuta estrictamente con arreglo a las prescripciones del reglamento de 8 de noviembre de 1849, único vigente, especialmente en los cotos redondos y en los montes que han pasado a dominio particular en virtud de las leyes desamortizadoras; pero esta es una carga a la propiedad que disminuirá considerablemente a la creación de la Guardia rural, y encargarse de la custodia de los campos en su totalidad, sin atender a la pertenencia de las fincas.
Minas.
El aspecto general de este ramo de riqueza, se presenta en decadencia si se recuerda el entusiasmo febril, vertiginoso, que el sólo nombre de Hiendelaencina producía hace algunos años en los mineros. Como que tenía mucho de ficticio tan extraordinario movimiento, es consiguiente y natural el período de reacción porque atraviesa la industria, sometida hoy sin embargo a mejores y más estables condiciones. Ya no hay ilusos que sin calculo de ningún género y solo seducidos por el charlatanismo de los que hacían de la emisión de acciones de minas y la constitución de sociedades, una especulación lucrativa, impongan sus capitales en esta clase de empresas: los verdaderos mineros amaestrados en su oficio y los agiotistas tratados con desdén por los escarmentados, son dos hechos en la historia minera del país determinantes del verdadero objeto de la industria; que solo en el trabajo y en el empleo de sumas considerables, puede encontrar la riqueza que en vano trató de adquirir por medio de operaciones bursátiles. Así que, hoy no se hacen registros para abandonarlos tan luego como deje de haber incautos que proporcionen una prima más o menos crecida, por la simple transferencia de un derecho eventual o ilusorio, sino por el contrario, el registro o la investigación, vienen precedidos de una sociedad constituida y dispuesta a ciertos sacrificios de dinero, que desde luego prestan garantía y abonan la buena fe de los industriales.
Esta situación más natural y los recientes ricos descubrimientos en la mina Industriosa del término de Hiendelaencina, que explota la sociedad “Quién pensará”; a la par que el aumento progresivo de vías de comunicación, en estudio unas y otras acordadas, principal elemento con que debe favorecerse su desarrollo, alentarán indudablemente el abatido espíritu minero y podrá llegar a ser lo que debe esta fuente inagotable de positiva riqueza; porque lo cierto es, que aun hay que hacer mucho en esta materia, para arrancar á la tierra sus escondidos é indubitados tesoros. No es solo el término de Hiendelaencina y sus colindantes con su filón ó filones argentíferos los que ofrecen seguro resultado al industrial laborioso y entendido. Los vastos criaderos de mineral ferruginoso del partido de Molina, reputados por los inteligentes como inmejorables en calidad; los carbones de Retiendas y otros puntos inmediatos, que aunque no reconocidos para juzgar de su cuantía, sábese lo bastante para apreciarlos como de primera clase; el gran depósito de turba que se está explorando en la jurisdicción de Mandayona y otros, descubierto ya por el cauce del río de la Cabrera en más de una legua de longitud, y las canteras de alabastro y pizarra negra de Cogolludo, Atienza, etc., requieren estudio; porque sin género alguno de duda, pueden llegar a ser un elemento fecundo de utilidades y progreso industrial.
La fabricación metalúrgica, compañera inseparable de la explotación minera, no puede menos de seguir la suerte de ésta y ser a la vez influida por las mismas causas: por eso no extraña verla arrastrar una existencia lánguida y penosa como a su hermana, unidas como han de estarlo por la comunidad de sus aspiraciones e intereses. Otra circunstancia poderosa agrava el estado de la fabricación. La escasez de leñas aumenta cada día, y por consiguiente su precio sube en proporción a la carencia de combustible; los montes públicos de que antes se surtían las fundiciones, reducidos hoy considerablemente por virtud de la desamortización civil, no pueden llenar su demanda agotados como se encuentran por las talas de tiempos anteriores y los daños de que son blanco en la actualidad, inextinguibles por las fatales condiciones del personal a que está encomendada su custodia. Todos estos incidentes que han venido aglomerándose sobre los de orden general causantes de la decadencia minera, pueden explicar perfectamente la cuantiosa exportación que en el día se verifica al extranjero de mineral en bruto, y que antes se beneficiaba en la localidad; señal clara y evidente de que este medio adoptado reporta mas utilidades a las empresas, de lo cual se sigue que las fábricas nacionales no pueden competir con las extranjeras. Otra cosa sería, si regularizada la explotación del carbón mineral, que no está lejos, y multiplicados los medios de acarreo de este combustible, se introdujera su uso en las operaciones.
Más autorizado que yo el distinguido ingeniero jefe del distrito, tratará con extensión y más ilustrada conciencia materia tan interesante al escribir la Memoria que anualmente dirige al Gobierno.
Montes.
Sabida es la inapreciable riqueza forestal que encierra esta provincia. Muchos y buenos pinares; robledales sin cuento, formando unos zonas de monte hueco, y los más otras de bajo u aprovechable en cortos turnos, y por último, encinares seculares unos y otros bajos, forman, con algunas variedades además, raras y por lo tanto de escasa importancia, la selva de la misma. En estado de venta todos los montes poblados de encina, pasaron ya a dominio particular la mayor parle de ellos; y como a los restantes les aguarda la misma suerte, la administración limita su acción protectora el conservar cuantos aun permanecen bajo su tutela y a decretar en los mismos disfrutes necesarios a su fomento y futuros rendimientos.
Los pinares y robledales exceptuados de la desamortización, destinados a cumplir en lo sucesivo una misión alta y grandiosa como agentes más inmediatos y directos para conservar -en las mejores condiciones el clima y el suelo, y responder por otra parte a las exigencias de la construcción civil y naval, contristan el ánimo al contemplar su deplorable situación. Objeto constante hasta hace pocos años de dañadas miras, principalmente en la época de nuestra desastrosa guerra civil, y teatro permanente de operaciones imperitas ó furtivas, solo se ve en ellos el efecto desastroso de la tala y la destrucción; ¡fue una lucha sin tregua entre la naturaleza y el hombre de la que gracias a su fecundidad salió vencedora la primera! Por fortuna el gran crimen no pudo consumarse, la profecía de Humboldt no se realizará, y la patria debe gratitud al Gobierno, que, previéndola, puso coto e impidió calamidades sin cuento. La instalación de la escuela de Villaviciosa de Odón y la distribución de sus ingenieros en las provincias, son acontecimientos tan trascendentales en la historia forestal del país, que sin fijarse en la serie de consecuencias que llevan consigo, basta conocer que iniciaron la regeneración de nuestros montes, para apreciarlos debidamente, Sensible es, que lo reducido del personal facultativo, no permita hoy el desarrollo debido, en el servicio de que están encargados; pero es bastante que su ciencia intervenga en las operaciones, con la garantía de acierto que lleva consigo, para que sin impaciencia esperemos del tiempo la solución del problema. Pero no es esto todo; existe un mal que urge corregir y que todo el celo de los ingenieros de montes y de la administración se estrella contra él. ¿De qué servirían los trabajos científicos? ¿De qué la repoblación? ¿De qué la clasificación? ¿De qué la ordenación, cuando la mano del dañador vendría inmediatamente a destruir los mejores cálculos? Guardar los montes, pues, es su primera e ineludible necesidad. Dada una buena guardería, la tregua para lo demás no daña; sin ella y siguiendo las cosas como se hallan, será imposible cuando se quiera el remedio.
Los guardas mayores que en la mayor parte de las provincias del reino tienen asignados sus sueldos en los presupuestos provinciales, cobran aquí directamente y previo repartimiento, de los pueblos que forman sus respectivas comarcas; esto, como es obvio, establece en ellos cierta dependencia de los mismos, y concluye por cohibir sus funciones con grave daño del servicio; corto su sueldo además y satisfecho únicamente cuando viene el apremio de medidas coercitivas, que el gobierno de provincia se ve obligado a prodigar antes que abandonar esta parte de sus deberes, caen en la indiferencia, ya que no en la tentación; convirtiéndose por esta serie de lógicas consecuencias, de agentes custodios de la propiedad forestal, en entes inútiles ó perjudiciales a la misma.
A los guardas de pelotón, gradación intermedia entre los mayores y locales, encargados de cortas circunscripciones, o agrupamientos de pueblos que no pueden costear cada uno su guarda especial, son aplicables todas y cada una de las razones citadas, militando respecto de unos como de otros idénticas causas, que necesariamente han de producir iguales efectos.
Y por último, los guardas locales, rurales a la vez como se dijo antes, mal retribuidos también y con una superficie a su cargo mayor de la que razonablemente pueden vigilar, debe suponerse que si no dañadores, serán encubridores de quien por medio del cohecho procure separarlos de su deber.
Tal estado bien merece llamar la atención del Gobierno.
Se han cursado en el año anterior 454 expedientes generales para utilizar productos de los montes, comprendiéndose en los mismos 194 cortas de maderas, carboneos y leñas; 25 disfrutes de las rodadas o muertas a que tienen derecho algunos vecindarios, 51 aprovechamientos de incendios, árboles derribados por los vientos y procedentes de cortas fraudulentas, 46 de bellotera y 309 concesiones de pastos.
También se siguieron y ultimaron diferentes diligencias de denuncias, fallándose unas gubernativamente con arreglo a las facultades concedidas a los gobernadores, y otras por razón de su mayor cuantía, fueron remitidas a los juzgados de primera instancia.
Ganadería.
Dicho se está, que siendo la provincia rica en montes y abundante por tanto de excelentes pastos, debe ser este ramo uno de los principales. No lo es, sin embargo, tanto como debiera. Atenidos hoy los ganados exclusivamente para su manutención a las yerbas del campo, es crecidísimo el número de cabezas, especialmente lanares, que el rigor del invierno hace sucumbir, supuesta la necesidad de sacarlos diariamente de los rediles para procurarles alimento, que en vano buscan los animales, muchas veces, en un suelo cubierto de nieve. Cuando un buen sistema combinado de estabulación y pastoreo, trayendo consigo el cultivo de prados artificiales y la recolección de forrajes para el mal tiempo, sustituya al actual, no hay duda que la ganadería proporcionará pingues utilidades.
Calculando aproximadamente, según los apuntes que tengo a la vista, la provincia cuenta 700.000 cabezas de toda clase de ganados, que se descomponen de la manera siguiente.
Vacuno: 12.000. Caballar: 4.000. Mular, en que entra la recría de lechares, de que varios pueblos hacen una granjería: 26.000. Asnal: 15.000. Lanar, con excepción del trashumante y trasterminante: 550.000. Cabrío: 70.000. De cerda: 19.000. Total: 696.000
El número de lanar, como dejo indicado, pudiera duplicarse, abandonando la práctica de apasto constante a la intemperie, y ensayando el sistema mixto, que tan buenos resultados ofrece en el extranjero. ¡Lástima que los ganaderos no miren mejor por sus intereses! porque las carnes y las lanas de este país, son muy apreciadas.
Servidumbres Pecuarias.
Borradas y oscurecidas muchas vías de esta clase a causa de intrusiones y roturaciones indebidas, tanto en ellas como en descansaderos, abrevaderos, etc., y también por haber pasado a dominio particular muchos montes y terrenos gravados, se están siguiendo los expedientes para su aclaración y deslinde en toda la provincia; evitando de esta suerte multitud de reclamaciones y garantizando para lo sucesivo los derechos de la ganadería.
Caminos de hierro.
Construido el de Madrid a Zaragoza con laudable premura, que impulsara el deseo de proporcionar al país lo antes posible los beneficios que su apertura al tránsito debía traer consigo, no instruyó la empresa concesionaria con el esmero debido los expedientes de expropiación, relativamente a los terrenos de propiedad particular que tuvo que ocupar en las secciones comprendidas dentro de la provincia que me cabe el honor de mandar. Esta circunstancia, dio motivo a gran número de reclamaciones de los propietarios expropiados, que el gobierno de provincia siente cierto embarazo para tramitar y resolver en justicia, por la carencia de datos y antecedentes que se observa en la sección de Fomento respecto de expropiaciones del ferrocarril, y tiene que apelar siempre en estas cuestiones a la buena fe de la compañía, acreditada en más de una ocasión, para ilustrarse sobre ellas. Pero permítaseme con este motivo alguna reflexión sobre la manera de interpretar la ley en este punto. En mi juicio, el derecho concedido a las empresas, de subrogarse en los del Estado para los efectos de la expropiación forzosa, no supone la nulidad de la acción administrativa, ni puede negar su intervención en actos derivados de las leyes, que está encargada de hacer cumplir. Si estos principios se hubiesen tenido presentes; si los expedientes hubieran pasado por el gobierno, no tendría necesidad hoy para entender en las reclamaciones pendientes, de mendigar de la empresa documentos que le niega bajo el pretexto de que son sus títulos de propiedad, a pesar de las órdenes terminantes de ese Ministerio, para su exhibición.
Resiéntense de las mismas faltas varios aprovechamientos de aguas hechos por la compañía, sin los trámites y requisitos prevenidos en la legislación vigente; pero estos, cooperando razonable la dirección de la misma, a la rigidez con que el gobierno de provincia desea tratar estos asuntos, que pueden afectar intereses respetables, se hallan todos en vía de legalización.
Alguna dificultad produjo también la escasez de pasos al través de la vía para uso de personas y ganados; pero resueltas recientemente las pretensiones atendibles, es de esperar que el aumento ordenado en aquellos y los demás que la experiencia legitime, irán satisfaciendo las verdaderas necesidades de los pueblos.
Por lo demás, tanto el servicio facultativo, como el comercial de la línea, se van regularizando á medida que el tiempo y el estudio remueven obstáculos propios de toda explotación naciente.
El ferrocarril entra en la provincia con su kilómetro 41, Y sale de ella en el 155, recorriendo por consiguiente en su territorio 112 kilómetros. En esta longitud contiene 10 estaciones y 50 pasos a nivel propiamente dichos, a más de 25 puentes que por su disposición y circunstancias del terreno, prestan también el servicio de pasos inferiores autorizados.

4 de marzo de 2010

Manifestación antinuclear en Guadalajara en 1977

La provincia de Guadalajara fue condenada a recibir la primera Central Nuclear española, instalada en Zorita de los Canes en 1968. Calladamente al principio, y abiertamente desde 1976, la oposición a esta instalación y al uso de la energía nuclear se fue haciendo visible en pueblos y ciudades. Salvando la persecución del aparato del Estado, rompiendo la censura unánime de los medios de comunicación de la provincia, por encima del silencio cómplice del PSOE y del PCE, de CCOO y de UGT, los ecologistas pioneros de DALMA y los sectores más combativos de la izquierda marxista y autogestionaria, aunque minoritarios sostuvieron una lucha desigual. El 18 de diciembre de 1977 se celebró una primera manifestación antinuclear en Guadalajara, duramente reprimida por la policía y boicoteada por esa izquierda reformista. Sirva esta crónica publicada en la revista Bicicleta como recuerdo de esa lucha y de esos pioneros y como prueba de lo poco modélica que fue nuestra Transición.

 Primer panfleto antinuclear de Guadalajara, 1976 (Archivo La Alcarria Obrera)

Botes de humo contra los ecologistas en Guadalajara
El pasado día 18 se celebró, en Guadalajara, una concentración antinuclear, como punto culminante de la marcha antinuclear convocada por la Federación del Movimiento Ecologista.
Como todo el mundo sabe, el problema nuclear en nuestra provincia es alarmante: contamos con la central de Zorita de los Canes y, ahora, quieren poner otra en Trillo además de un Depósito de Materiales Contaminados que nadie sabe si no será un cementerio radioactivo, también en Zorita. Por otro lado se explota ya una mina de uranio en Mazarete, que parece tener alguna importancia, dada la visita que realizó el Ministro de Industria hace algunos días.
La marcha debía haber sido una fiesta. Así lo esperábamos todos. Empezó a las 10, del día 17, en Alcalá de Henares, y sus componentes la emprendieron como pudieron, ya que la Guardia Civil les disolvió e intentó cerrarles el paso. El recorrido comprendía: Camarma, Valdeavero, Torrejón del Rey, Valdeaveruelo, Valbueno y Guadalajara. En Valdeaveruelo se hizo noche; bueno, la hicieron los que llegaron, y no todos, ya que nosotros, advertidos desde Guadalajara de la posible interrupción de la marcha, les fuimos trayendo, por la noche, en una furgoneta.
El día 18, desde primeras horas de la mañana, la ciudad apareció sitiada: controles en la ruta, policías en las esquinas de las calles principales, jeeps en las plazas, etc. Esto nunca se había visto en Guadalajara. Tuvo que ser en una concentración pacífica donde nuestra ciudad conociera a los polis del casco, escudo y porras largas, además de las balas de goma y los botes de humo.
Aún así, pudimos tener tres cuartos de hora de fiesta ecológica en la plaza del Jardinillo, donde nos fuimos juntando y sentando hasta 400 personas. Como fondo dos pancartas de Ateneos Libertarios de Madrid, y el Neptuno de la fuente con un cartel en el tridente y una máscara de calavera en la cara.
Pero duró poco. Pronto vinieron tres jeeps que a los tres toques de sirena atacaron violentamente, hasta el punto de que hubo manifestantes que se tiraron por el muro que recorre un lado de la plaza.
Desde entonces todo fueron saltos, carreras y palos: primero en el Jardinillo, después en Santo Domingo, lugar donde los jubilados de la ciudad toman el sol y se montan sus tertulias, donde se vieron los primeros botes de humo.
La dureza de las Fuerzas de Orden Público fue inusitada. Nosotros sólo empleamos dureza en el barrio del Alamín, donde fuimos acorralados.
Hubo varios detenidos, de los que sólo cuatro pasarían por comisaría: tres compañeros no violentos de Madrid, que se quedaron sentados en la primera disolución y otro de Trillo que también se quedó. A los demás (hasta 13) les sacudieron en los jeeps y les soltaron. También desalojaron (las Fuerzas de Orden) algunos bares del centro y uno de un barrio de las afueras. En uno de ellos (Jovi) se liaron con una chica de 14 años a la que dejaron molida ante el estupor y los gritos de la gente.
Los grupos venidos de Madrid estaban asustados y esperaban los palos en cualquier parte. Preguntaban constantemente a la gente si eran de Guadalajara para no despegarse de nosotros. La policía se aprovechó bien de esta circunstancia.
El pueblo de Guadalajara ya tiene tema de conversación para semanas. Toda la gente habla de lo mismo; de que las nucleares son nocivas a pesar de lo que nos digan los capitalistas, que son los que más ganancias sacan de la tajada. La gente empieza a comprender que la presencia de la policía es ya una provocación.
Es de destacar, también, la postura de un militante del PCE que negó el refugio en su local a un manifestante que fue reprimido duramente por la policía en la misma puerta de su sede.
Respecto al señor gobernador, del que se dice que es socialdemócrata, mejor no hablar. Lo que le aconsejamos es que no haga más profecías, ya que las que hizo días atrás en la prensa local no fueron muy afortunadas. Se dio el caso de que cuando fueron tres compañeros al Gobierno Civil a interesarse por los detenidos, el gobernador, que había creído que eran del PCE e iba a recibirles, se negó a ello cuando se enteró que eran simples ecologistas. Este hombre niega toda representatividad a todo lo que no sea partido o sindicato de partido. Además, está emprendiendo una caza de brujas contra todo lo que se sale de lo normal: ecologistas, anarquistas, libertarios, pasotas, etc., y por ende contra todo lo que huele a libertad.

27 de febrero de 2010

Rudolf Rocker y la refundación de la AIT

Rudolf Rocker fue un anarquista alemán que destacó por su análisis de las diferencias ideológicas entre el anarquismo y el totalitarismo, especialmente el de raíz marxista, y por sus críticas a los bolcheviques que, en su opinión, habían desnaturalizado la Revolución Rusa de 1917 y vaciado de contenido emancipador a los soviets. Su biografía recorre los hechos históricos más importantes de la primera mitad del siglo XX y fue editada en varios tomos, hoy difíciles de encontrar en castellano. Uno de los acontecimientos en los que Rocker tuvo un evidente protagonismo fue la refundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, la AIT, que se declaraba heredera de la Primera Internacional y que aún hoy agrupa a los sindicatos revolucionarios del mundo. Su congreso constituyente se celebró en Berlín el 16 de junio de 1922 y de él da cuenta Rocker en su libro de memorias Revolución y regresión. Copiamos a continuación sus palabras.
Delegados al congreso de refundación de la AIT, Berlín, 1922
 
Nunca hubo una época en la que se haya hablado tanto de socialismo como en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial; pero jamás hubo un tiempo asimismo en que el socialismo haya sido tan cruelmente malentendido y desfigurado como entonces. En cualquier asamblea obrera a que se concurriese, se estaba seguro de oír hablar siempre de dos cosas: del socialismo y del frente único del proletariado. Sin embargo, parecía que cuanto más se hablaba de esas cosas, tanto mayor era la confusión espiritual. Lo que se entendía entonces por socialismo en Alemania, y también en la mayor parte de los otros países, era la estatalización de toda la economía y de todas las necesidades sociales, una interpretación por la que fue estimulada la llamada dictadura del proletariado en Rusia en una medida como jamás lo había sido antes.
La consigna vacía del frente único del proletariado, que en aquellos años tuvo una influencia tan nefasta, constituía una frase utilizada por todos sin discriminación, pero sólo para combatir de un modo despiadado a las otras tendencias y anatematizarlas como traidoras. Justamente cuanto más se hablaba del recurso maravilloso del frente único del proletariado, un fanatismo incurable destruía toda ligazón interna entre los trabajadores y conducía a un creciente resquebrajamiento del movimiento socialista, lo que paralizó sus fuerzas naturales y le privó de todas las capacidades para entrar en la lucha en favor de un porvenir mejor.
Cundo nos dispusimos a fundar la AIT, no lo hicimos porque quisiéramos integrar simplemente las asociaciones internacionales ya existentes en un nuevo armazón, sino porque estábamos fuertemente convencidos de que había todo un abismo entre nuestras concepciones sobre la esencia del socialismo y las concepciones, tanto del ala derecha como del ala izquierda, del movimiento socialista de entonces. Y esa distancia no podía ser cubierta por ninguna de las consignas huecas elaboradas para el consumo mental en gran escala. Ante todo nos dábamos cuenta de que la realización del socialismo no podía ser alcanzada nunca por la estatalización de la economía y que sólo se imponía así a los seres humanos un yugo mayor, que desarrollaba hasta el último extremo los defectos y las insuficiencias del orden social presente y ponía fin a toda libertad personal. Si hubiésemos tenido en este aspecto alguna duda, el experimento ruso habría tenido que suprimirla fundamentalmente.
En aquel período agitado en que había tantos valores en juego, en que se podía ganar algo, pero también perder mucho, lo que nos importaba ante todo era mostrar a los trabajadores un camino viable, que pudiera aproximarnos realmente al socialismo, que para nosotros sólo era imaginable como una cooperación de libertad personal y de asociación solidaria. Pero semejante estado era posible solamente si la sociedad no continuaba siendo resquebrajada por contradicciones hostiles de intereses de castas, de clases y de estratos hacia dentro y hacia fuera, sino creando una verdadera comunidad que hiciera accesibles, a todos, los productos del trabajo humano. Reconocíamos que el socialismo no podía ser alcanzado por la conquista del poder político ni podía ser logrado por medio de decretos y reglamentaciones del Estado.
Mas ante todo queríamos llevar a los trabajadores la conciencia de que el socialismo es más que un simple problema de estómago; es la encarnación viviente de una cultura social superior que abarca todas las ramas de la vida social y sólo puede ser logrado por una cooperación orgánica del pueblo laborioso de la ciudad y del campo. No porque fuésemos de opinión que los trabajadores son por naturaleza seres humanos mejores y más accesibles a las ideas de la justicia social que las otras capas de la población, sino porque, mediante su actividad creadora, son como el eje de la sociedad entera y la reaniman todos los días. Queríamos mostrar a los productores que la lucha por la liberación social no es una pugna por el poder, sino una acción por la conquista de los establecimientos industriales y agrícolas, una nueva formación de la vida social sobre la base del trabajo cooperativo y una justa distribución de los productos del trabajo. Por eso hemos intentado explicarles que el fortalecimiento del poder hasta lo inconmensurable no constituía un objetivo digno de ser aspirado por el socialismo, sino más bien la abolición de todas las aspiraciones políticas de dominio en la vida social. Pues la sociedad estará siempre esclavizada mientras un poder externo, de cualquier clase que sea, perturbe su círculo vital y encadene su actividad creadora, aun cuando ese poder trate de ocultar sus verdaderos objetivos bajo el escudo de la dictadura del proletariado.
El socialismo sólo puede prosperar en una asociación de comunidades federativamente integradas, que asegure a cada grupo de población su libre derecho de codeterminación y resuelva todos los asuntos públicos en base a los convenios libremente adoptados y a la colaboración solidaria, pues ése es el único camino que permite respetar las condiciones locales, sin violentar los intereses colectivos.

21 de febrero de 2010

Cien años del Instituto de Guadalajara

En noviembre de 1937 el Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara celebró su primer Centenario; si en 1837 abrió sus puertas en una España agitada por una guerra civil (la Primera Guerra Carlista), que llevó el conflicto bélico a las puertas de la ciudad, un siglo después conmemoraba su fundación en medio del fragor de las batallas de una Guerra Civil que, seis meses atrás, había llegado a amenazar la capital. A pesar de las penurias y dificultades, que interrumpieron la vida académica del centro en ese curso de 1936-1937, la comunidad escolar decidió celebrar el Centenario de su Instituto como prueba de esperanza en el futuro. Un librito de Gabriel María Vergara Martín, uno de los más longevos y de los mejores catedráticos del centro, servía como testimonio de este feliz acontecimiento. Reproducimos aquí el texto del folleto, a falta de los Apéndices, del profesor Vergara.
Portada del librito de Gabriel María Vergara, Guadalajara, 1937 (Archivo La Alcarria Obrera)
 
Por Real orden de 27 de septiembre de 1837 se creó el Instituto de Guadalajara por iniciativa del entonces Jefe Político de la provincia, D. Pedro Gómez de la Serna, con el decidido apoyo de las Corporaciones populares arriacenses, siendo uno de los primeros Centros de enseñanza de esta clase que se establecieron en España.
Se celebró la apertura del nuevo Instituto el 30 de noviembre de 1837, cuando nuestro país estaba ensangrentado por la enconada guerra civil sostenida entre carlistas e isabelinos, inaugurándose sus estudios en el local del ex convento de San Juan de Dios, situado en la calle de este nombre, acudiendo a ellos los catorce alumnos que se habían matriculado hasta aquella fecha, y para contribuir al sostenimiento del mismo, el Regente del Reino dispuso, el 13 de mayo de 1841, que se le concediesen las rentas de la suprimida Universidad de Sigüenza, y poco después, por un Real Decreto del citado año, se reconoció la existencia definitiva del Instituto de esta capital; pero como el número de sus alumnos continuaba siendo escaso, por Real decreto del 4 de septiembre de 1850 fue suprimido, lo mismo que se suprimieron, por igual razón, otros de diferentes localidades de la Península.
A excitación de la Diputación provincial y del Ayuntamiento de Guadalajara que comprendieron lo necesario que era existiese en la capital un Centro de cultura de esta clase, fue restablecido el Instituto, con carácter provisional, por Real orden de 21 de noviembre de 1855, acordándose que continuara de un modo definitivo como Instituto de segunda clase el 31 de enero de 1857.
En esta segunda época de la existencia del Instituto empezó a aumentar el número de sus alumnos, y desde el ex convento de San Juan de Dios fue trasladado al edificio que ocuparon en la calle de Santa Clara (hoy del Teniente Figueroa) las monjas de la Piedad, convento que fundó a principios del siglo XVI Dª Brianda de Mendoza y Luna, en cuyo edificio, andando el tiempo, tuvieron también acomodo las oficinas y dependencias de la Diputación provincial, la Cárcel, el Museo de Pinturas y la Biblioteca provincial.
El 30 de noviembre de 1887 celebró el Instituto, a propuesta del Claustro de Profesores, un Certamen científico, literario y artístico para solemnizar el quincuagésimo aniversario de su inauguración.
Aumentaron las necesidades del Instituto con el aumento de su matrícula, con la ampliación de sus gabinetes de material científico y la creación de nuevas enseñanzas, en tanto que la Diputación provincial y la Cárcel fueron trasladadas a edificios construidos a propósito para sus respectivos fines, quedando los locales del ex convento de la Piedad en su totalidad para el Instituto, el Museo de Pinturas y la Biblioteca provincial ; pero era preciso hacer obras con carácter definitivo para que el Instituto quedase debidamente instalado y atendidas las necesidades de la enseñanza y los servicios y dependencias del mismo con arreglo a las exigencias de la vida moderna, y en septiembre de 1902, siendo ministro de Instrucción pública y Bellas Artes D. Álvaro Figueroa y Torres, empezaron las obras de reparación y ampliación de los locales que ocupaba el Instituto de Guadalajara con arreglo al proyecto del arquitecto D. Ricardo Velázquez, aprobado por el Ministerio de Instrucción pública.
Los cuadros que formaban el Museo de Pinturas fueron trasladados al palacio de la Diputación provincial, y el Instituto y la Biblioteca se instalaron provisionalmente en el ex convento de San Juan de Dios, donde estuvo la Escuela Normal de Maestros que se había incorporado al Instituto al convertirse éste en general y técnico, como los demás de España, con arreglo al nuevo plan de estudios de estos Centros de enseñanza que se había publicado por aquel entonces.
Por cuenta el Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes se hicieron en el viejo ex convento de San Juan de Dios las obras de consolidación necesarias para el nuevo destino que se le daba y las reformas indispensables para establecer las clases, gabinetes de material científico y las dependencias del Instituto, que permaneció allí hasta que hechas las obras más importantes en el ex convento de la Piedad, volvió a él de un modo definitivo, sin terminar por completo la reforma y ampliación del edificio, en el que a medida que ha pasado el tiempo se han hecho varias modificaciones para conseguir que el Instituto pueda atender al cumplimiento de sus fines culturales.
Era el propósito del Claustro de Catedráticos del Instituto de Guadalajara celebrar con varios actos públicos el primer centenario de la fundación de este Centro de enseñanza; pero en las circunstancias actuales la atención de todos está fija en la guerra que se desarrolla en España entre fascistas y antifascistas, y no puede intentarse con éxito la conmemoración que el Profesorado de este Instituto proyectaba, en la forma que se había trazado, para que revistiese la mayor solemnidad.
Sin embargo, tampoco debe dejarse pasar en silencio la fecha del 30 de noviembre de 1937 en que se cumple un siglo desde que empezó a funcionar el hoy Instituto Nacional de Segunda enseñanza de esta capital, y como recuerdo de ella sus actuales Catedráticos acordaron publicar un homenaje a la memoria de los alumnos que más se distinguieron en este Centro en los distintos cursos académicos transcurridos desde su inauguración hasta el día.
Nuestro deseo hubiera sido incluir en este homenaje a todos aquellos discípulos de esta Casa, que, después de estudiar en ella con gran aprovechamiento la Segunda enseñanza, se destacaron en el cultivo de las letras, las ciencias, las artes, etc., y constituyeron al engrandecimiento de la Patria; pero su enumeración sería muy extensa por haber pasado por sus aulas muchos que más tarde brillaron como médicos, abogados, militares, artistas, investigadores científicos, en fin, logrando justo renombre en las diferentes esferas de la actividad humana, y por otra parte no nos ha sido posible encontrar datos biográficos de todos ellos, y aunque con sentimiento, porque para el Instituto todos sus discípulos son acreedores a que se les recuerde con el mismo cariño, se ha de limitar este recuerdo a recoger las noticias que se han podido hallar de poco más de una veintena de ellos, bien entendido que de haber podido encontrar datos de los demás, el deseo del Instituto hubiera sido que en este trabajo se reunieran los nombres de todos los alumnos que han contribuido a aumentar su reputación.
Por orden alfabético del primer apellido se insertan a continuación los datos biográficos que se han podido reunir de los alumnos más aventajados de este Centro, a los que en representación de los demás tributa este homenaje el Instituto de Guadalajara al celebrar el primer centenario de su fundación.

Atienza Baltueña (Román)
Natural de Valfermoso de las Monjas (provincia de Guadalajara); se matriculó en el Instituto el curso de 1838 a 1839, y ganó el curso con la calificación de Notablemente aprovechado, y después estudió en Madrid la carrera de Medicina y Cirugía, en la que se doctoró leyendo un discurso en el que trató de la Influencia que la Filosofía ha ejercido en la Medicina, trabajo que imprimió en 1850.
Se estableció en Guadalajara, donde ejerció con gran éxito su profesión; fue elegido alcalde de su Ayuntamiento, y durante su estancia al frente de la alcaldía llevó a cabo muchas reformas urbanas, entre las que figuran una nueva conducción de aguas potables, la mejora de los paseos públicos, la construcción del lavadero de San Roque y la reorganización del servicio contra incendios; fue también varias veces diputado provincial, y a su iniciativa se debió la construcción del palacio donde está instalada actualmente la Diputación provincial de Guadalajara.
Don Román Atienza, además de médico notable, fue buen orador, publicista muy estimado; hombre de acendradas ideas religiosas, bondadoso y muy amante de los pobres, Figuró entre los fundadores del Ateneo científico, literario y artístico de esta ciudad, y por sus méritos y servicios fue nombrado comendador de las órdenes de Carlos III y de Isabel la Católica y se le otorgó la Cruz de Beneficencia. Murió Atienza en Guadalajara el 20 de julio de 1890, y el Ayuntamiento, para honrar su memoria, puso su nombre a la antigua plaza de la Cruz Verde de esta capital.
Barberán y Tros de Ilarduya (Mariano)
Nació en Guadalajara el 14 de octubre de 1895; estudió en este Instituto con gran aprovechamiento los tres primeros cursos del Bachillerato; en 1910 ingresó en la Academia de Ingenieros del Ejército, y después de conseguir el grado de teniente, en 1918 pasó a la Aviación Militar, donde obtuvo los títulos de piloto y de observador.
Como aviador desarrolló constantemente una labor destacada, distinguiéndose de modo extraordinario por su brillante actuación durante la guerra de Marruecos, lo que le valió ser recompensado con la Medalla Militar, y más tarde, por sus trabajos de profesor en la Escuela de Observadores de Cuatro Vientos y por sus servicios como director de la misma, el Gobierno le nombró caballero de la Orden de Isabel la Católica.
Colaboró en el proyecto del vuelo del Plus Ultra a la América Meridional, pero por circunstancias fortuitas no tomó parte en su realización; después, con el teniente Collar, hizo Barberán el vuelo directo a la Habana desde el Aeródromo de Tablada (Sevilla), el 10 de junio de 1933, y desde la capital de Cuba emprendieron de nuevo el vuelo para ir a Méjico; pero no consiguieron llegar al término de su viaje, porque desaparecieron con el aparato que conducían, sin que se lograra poder encontrar rastros de ellos no obstante las grandes pesquisas que se hicieron para buscarlos.
Fue D. Mariano Barberán uno de los aviadores españoles más cultos, estudiosos y entusiastas; escribió varias obras sobre Aviación y fue considerado como una autoridad en todo lo relacionado con la navegación aérea.
Bris y Sánchez (José María)
Natural de Usanos (provincia de Guadalajara); estudió el Bachillerato en este Instituto, destacándose entre sus alumnos, por lo que figuró en el Cuadro de Honor durante los cursos de 1865 a 66, 1866 a 67 y 1867 a 68; hizo los ejercicios para obtener el grado de Bachiller el l.' de julio de 1870, y después pasó a Madrid, donde por su propio esfuerzo logró envidiable posición social, ocupando entre otros puestos importantes el de Consejero de Instrucción pública, cargo que desempeñó en 1896, en el que cesó el año siguiente.
Bris (Luis María)
Estudió el Bachillerato en este Instituto, y la carrera de Medicina en la Universidad de Madrid; concluidos sus estudios médicos fue nombrado titular de San Clemente (provincia de Cuenca), e inspector municipal de Sanidad; tornó parte en el Segundo Congreso, de Sanidad Municipal celebrado en Zaragoza en mayo de 1930, en el que presentó una ponencia acerca de La fiebre de Malta, que se imprimió en Zaragoza el citado año.
Camino y Nesi (José)
Cursó los estudios de Segunda enseñanza en este Instituto, donde obtuvo el grado de Bachiller el 30 de marzo de 1909; ingresó después, por oposición, en el cuerpo de Telégrafos, y se distinguió como escritor y exquisito poeta.
Catalina García (Juan)
Natural de esta provincia, en cuyo Instituto estudió el Bachillerato; en Madrid continuó ampliando sus conocimientos y entró en el Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, siendo luego catedrático de Arqueología y Ordenación de museos en la Escuela de Diplomática; fue individuo de número de la Academia de la Historia y cronista de la provincia de Guadalajara.
Escribió, entre otras obras, Ensayo de una tipografía complutense, premiada por la Biblioteca Nacional en el concurso de 1887; El libro de Guadalajara y la Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara y bibliografía de la misma hasta el siglo XIX, premiada por la Biblioteca Nacional en el concurso de 1897; también publicó, en el Memorial Histórico Español, Las relaciones de pueblos que pertenecían a la provincia de Guadalajara, con notas y aumentos que él redactó
Falleció Juan Catalina García en Madrid el 18 de enero de 1911, y el Ayuntamiento de Guadalajara, para perpetuar su memoria, puso su nombre al antiguo callejón de la Piedad, de esta ciudad.
Contreras (Bibiano)
Nació en Bujarrabal (provincia de Guadalajara) el 2 de diciembre de 1832; se matriculó por primera vez en este Instituto el curso de 1841 a 1842 y estudió en él la Segunda enseñanza, y después se trasladó a Madrid, donde cursó Medicina, licenciándose en esta Facultad el año 1853.
Concluida su carrera regresó Contreras a la provincia de Guadalajara; fue médico de las minas de Hiendelaencina y alcalde de esta localidad; residió varios años en Brihuega, y por conveniencia de su profesión se trasladó a Jadraque, donde ejerció el cargo de médico, y reunió una colección de antigüedades y curiosidades alcarreñas.
En 1885, cuando el cólera hizo tantos estragos en España, Contreras luchó contra la epidemia asistiendo solícitamente a los invadidos en Jadraque, y allí murió a principios los del siglo actual. Perteneció a varias corporaciones científicas nacionales y extranjeras, y entre otros trabajos publicó, en 1905, El país de la plata. Apuntes históricos del descubrimiento de la mina Santa Cecilia, sita en Hiendelaencina; también escribió Apuntes para una Memoria sobre hidrografía de la provincia de Guadalajara.
Fernández Iparraguirre (Francisco)
Nació en Guadalajara el 22 de enero de 1852; a los diez años ingresó en este Instituto, donde estudió el Bachillerato con notable aplicación, figurando cuatro cursos en el Cuadro de Honor. Pasó después a Madrid, donde cursó la carrera de Farmacia, obteniendo la licenciatura en esta Facultad a los diez y ocho años de edad, y se doctoró en ella; estudió la carrera de Maestro Normal y la enseñanza de sordos, mudos y ciegos, y ganó, por oposición, una cátedra de Lengua francesa, alcanzando el número 1 entre 120 opositores, y fue propuesto, por unanimidad, para la cátedra de esta asignatura, que estaba vacante en el Instituto de Guadalajara, que ya venía desempeñando interinamente desde el mes de noviembre de 1880.
El Dr. Fernández Iparraguirre estudió la flora de esta localidad, y formó una Colección de plantas espontáneas en los alrededores de Guadalajara, que presentó y fue premiada en la Exposición provincia] celebrada en esta capital el año 1876; representó, a sus expensas, a la clase farmacéutica española en el VI Congreso Internacional Farmacéutico reunido en Bruselas el año 1885, del que fue nombrado vicepresidente, y al que presentó una Memoria titulada Causas y remedios del menosprecio con que se mira en todas partes a la clase farmacéutica.
También se dedicó con entusiasmo a los estudios gramaticales, publicando, entre otras obras, Concepto general del verbo y explicación racional del mecanismo de su conjugación; Método racional de la Lengua francesa (en dos volúmenes); Conjugación en las seis lenguas neolatinas, y en colaboración con el Sr. Escriche publicó algunos trabajos y artículos científicos.
Además fue infatigable propagandista del Volapük o lengua universal, que inventó Schleyer; publicó una Gramática de Volapük, un Diccionario Volapük-Español y una revista internacional titulada Volapük, que se unió con la del Ateneo Caracense al fusionarse esta sociedad con el Centro Volapükista Español, que había fundado Fernández Iparraguirre con D. Nicolás de Ugarte el año 1886.
Varias sociedades científicas y artísticas nacionales y extranjeras contaron entre sus miembros al doctor Fernández Iparraguirre, que falleció en esta capital el 8 de mayo de 1889, a los treinta y siete años de edad. El Ayuntamiento de Guadalajara, como homenaje a los méritos de tan insigne hijo de esta ciudad, puso su nombre al que hasta entonces se llamaba Paseo de las Cruces, uno de los más concurridos de la población.
Fernández Navarro (Lucas)
Nació en Guadalajara el 3 de enero de 1869, y heredó la afición a las ciencias de su padre, D. Inocente Fernández Abás, catedrático de Matemáticas de este Instituto, en el que el joven Lucas estudió el Bachillerato con tal aprovechamiento que figuró en el Cuadro de Honor cuatro cursos por haberse destacado en diferentes asignaturas; después en Madrid siguió la carrera de Ciencias, en la que se doctoró, y poco más tarde obtuvo, por oposición, la cátedra de Historia Natural del Instituto de Linares; también logró, por oposición, la cátedra de esta asignatura, que estaba vacante, en el Instituto de Almería, y en 1902 la de Cristalografía en la Universidad Central, a la que se acumuló, en 1911, la de Mineralogía descriptiva,
Fernández Navarro fue también profesor de la Escuela de Altos Estudios del Ateneo de Madrid, donde explicó cursos de Geografía física de la Península Hispánica y de otras interesantes materias; en el mismo Ateneo presidió la Sección de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas.
En 1922 asistió como delegado del Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes al XIII Congreso Geológico Internacional celebrado en Bruselas; formó parte de numerosas comisiones y exploraciones en España y en el extranjero; fue miembro de diversas corporaciones científicas y fue elegido individuo de número de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en abril de 1923, de cuya plaza tomó posesión en 1925, leyendo un notable discurso, en el que rechazó toda posibilidad científica de la existencia de la Atlántida. Discurso que fue contestado, en nombre de la Academia, por D. Ignacio Bolívar.
Fernández Navarro recorrió minuciosamente el archipiélago canario, pasando el verano de 1917 en la zona del Teide, a 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar. Aplicado también a estudios hidrográficos dirigió la construcción de los pozos artesianos de Melilla, y además formó parte de una expedición científica que reconoció gran parte del territorio de la zona del protectorado español en Marruecos. El 31 de octubre de l930 falleció repentinamente en Madrid Lucas Fernández Navarro, habiendo dedicado su existencia por entero al estudio, al trabajo y a las investigaciones científicas, dejando más de doscientas publicaciones de diferentes clases.
Fuente y Herrera (Federico de la)
Nació en Bilbao el año 1866; era hijo de D. José Julio de la Fuente, catedrático de Geografía e Historia de aquel Instituto, desde el que pasó a prestar sus servicios al de Guadalajara, donde Federico figuró entre los alumnos de Segunda enseñanza de este Centro, mereciendo por su aplicación ser incluido en el Cuadro de Honor en varias asignaturas durante los cursos de 1878 a 79, 1879 a 80 y 1880 a 81, y en este último curso se le concedió el premio extraordinario en la Sección de Letras del grado de Bachiller. Pasó después a Madrid, en cuya Universidad siguió las carreras de Derecho y Ciencias; en 1895 fue nombrado, por elección, Consejero de Instrucción pública; después ganó, por oposición, una cátedra en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, y llegó a ser director de la Escuela Superior de Trabajo de la capital de España.
Fuente y Herrera (Ramón de la)
Hermano del anterior; nació en Bilbao el año 1871 y cursó gran parte del Bachillerato en el Instituto de Guadalajara; después ingresó en la Escuela Naval Militar, cuyos estudios siguió con especial aprovechamiento; permaneció largos años en la Armada, donde prestó servicios de gran importancia, llegando a obtener el grado de contraalmirante. Publicó una Historia de la Marina española, premiada en un concurso para libros de texto de la Escuela Naval Militar, y un Tratado de Geografía Universal, obra declarada, previo concurso, de texto para las oposiciones a ingreso en la Escuela Naval Militar, de utilidad para la Marina, por Real orden de 26 de diciembre de 1921, y de texto para el ingreso en la Academia de Artillería de la Armada, por Real orden de 14 de agosto de 1922.
Hernando y Espinosa (Benito)
Nació en Cañizar (provincia de Guadalajara); estudió con gran aprovechamiento el Bachillerato en este Instituto, y en la Universidad de Madrid las Facultades de Medicina y Ciencias. Antes de cumplir los veintiséis años de edad ganó, por oposición, la cátedra de Terapéutica de la Universidad de Granada, y en 1887 fue nombrado catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, cargo que desempeñó hasta el año 1908, que se jubiló, y se retiró a vivir a Guadalajara, donde falleció el 24 de julio de 1916.
Fue el Dr. Hernando individuo de número de la Academia de Medicina, insigne médico, notable escritor, hombre de gran erudición y suma bondad. El Ayuntamiento de Guadalajara, para perpetuar su recuerdo, el 15 de abril de 1917 puso el nombre de Benito Hernando a la calle que hasta entonces se llamaba del Museo, en esta capital.
Jiménez González (Cayetano)
Nació en Guadalajara el año 1843; estudió el Bachillerato en este Instituto, y siguió la carrera eclesiástica en el Seminario Conciliar de Toledo, y terminada ésta fue nombrado capellán del Hospital civil de Guadalajara, cargo que desempeñó hasta el año 1869, en que marchó a la República Argentina, con objeto de emplear su actividad en trabajos más en consonancia con su temperamento emprendedor.
En 1887 se hallaba Cayetano Jiménez en la ciudad de Rosario dirigiendo un importante establecimiento literario, y desde allí, para contribuir a la celebración del 50 aniversario de la fundación del Instituto alcarreño, envió un premio de mil reales para el estudiante más aplicado y más falto de recursos del Instituto, premio que se repartió entre tres alumnos estudiosos y necesitados.
Con su trabajo honrado y constante logró Jiménez González labrarse una posición independiente, y por sus muchos merecimientos consiguió escalar puestos elevados de la Administración de aquella República, y hasta pocos años antes de su fallecimiento, ocurrido hace siete lustros, desempeñó una Dirección general en el Ministerio de Gracia y justicia. En Buenos Aires subsiste el recuerdo de tan ilustre alcarreño, que sin contar con más apoyo que el de su privilegiado entendimiento logró ser una de las figuras más salientes de la capital de la República Argentina.
Layna Serrano (Francisco)
Nació en Luzón (provincia de Guadalajara) el 27 de junio de 1893; cursó el Bachillerato en este Instituto, y Medicina en la Universidad Central. Apenas concluyó sus estudios facultativos se dedicó con afán a las enfermedades de garganta, nariz y oídos, en cuya curación no tardó en adquirir gran prestigio.
Entusiasta el Dr. Layna de las investigaciones históricas, empleó en ellas el tiempo que le dejaba libre el ejercicio de su profesión, y publicó, entre otras obras, El monasterio de Ovila, interesante estudio acerca de este convento español expatriado; Los Castillos de Guadalajara y La arquitectura románica en la provincia de Guadalajara, etc.
En mayo de 1934 la Diputación provincial de Guadalajara le nombró cronista de la provincia; las Academias de la Historia y de Bellas Artes le eligieron su correspondiente; el Ministerio de Instrucción pública le nombró delegado de Bellas Artes en la provincia de Guadalajara, y el Museo del Pueblo Español le designó como su delegado en la misma.
Mayoral y Medina (Miguel)
Natural de Guadalajara, en cuyo Instituto se matriculó el curso de 1842 a 1843, y, después de estudiar en este Centro el Bachillerato, cursó en Madrid la carrera de Medicina, y concluida ésta se trasladó a Guadalajara, donde se distinguió como médico y publicista. En 1892 fundó, con Alfonso Martín, Marcelino Villanueva e Inés Cordavias, el semanario literario y de noticias titulado Flores y Abejas, que se publicó hasta fines de julio de 1936, y fue el periódico más popular de cuantos han visto la luz pública en Guadalajara.
Mayoral fue alcalde-presidente del Ayuntamiento de esta capital, y médico titular de los Baños de Arnedillo (provincia de Logroño), donde falleció, y sus restos mortales fueron trasladados a Guadalajara. Al morir legó su biblioteca al Instituto de esta población, y sus manuscritos, referentes a la historia de la provincia, al Ayuntamiento de su ciudad natal, el cual, para perpetuar su memoria, dio el nombre de Miguel Mayoral a la antigua Cuesta del Reloj.
Pareja Serrada (Antonio)
Natural de Brihuega (provincia de Guadalajara); estudió en el Instituto de la capital de la Alcarria, y en él obtuvo el título de Bachiller el 4 de octubre de 1861. Fue periodista y escritor, distinguiéndose por su afición al estudio de la historia de Guadalajara, por lo que el año 1911, la Diputación provincial le nombró su cronista a la muerte de Juan Catalina García, que desempeñaba este cargo.
Entre otras obras de carácter histórico, Pareja Serrada publicó las siguientes: Diplomática arriacense, La razón de un centenario, Brihuega y su partido, Guadalajara y su partido, etc.
El Ayuntamiento de Brihuega, por acuerdo tomado el 12 de julio de 1924, puso el nombre de Pareja Serrada a una calle de la citada población, y el mismo homenaje le rindió el de Guadalajara, poco después de su fallecimiento, ocurrido en Madrid el 4 de septiembre de 1924, cuando Pareja Serrada tenía ochenta y dos años de edad, siendo su cadáver enterrado en el cementerio de la Almudena de la capital de España.
Sepúlveda y Lucio (Fernando)
Nació en Brihuega el año 1825, y estudió Filosofía en el Instituto de Guadalajara el curso de 1843 a 1844; después siguió en Madrid la carrera de Farmacia, concluyéndola, con gran aprovechamiento, el año 1849, y desde esta fecha hasta- 1851 regentó en Guadalajara la farmacia de D. Melitón Gil, y fue ayudante de la cátedra de Física y Química de la Academia de Ingenieros militares, en la que se le encargó de la instalación y arreglo de los gabinetes de las citadas asignaturas.
Después se estableció en Humanes, y se dedicó al estudio de la botánica de la provincia, ayudado por su hermano José, formando un herbario de ella, que presentó en la Exposición Agrícola de Madrid de 1857. Por este tiempo la Asociación de Ganaderos del Reino premió con 10.000 reales a Fernando Sepúlveda, por haber descubierto un medicamento para curar el mal del bazo del ganado lanar, que dio excelente resultado.
En 1858 se trasladó a Brihuega, donde continuó sus estudios de botánica, que hizo compatibles con los arqueológicos y numismáticos, por lo que el Ayuntamiento briocense le nombró su cronista, y andando el tiempo fue elegido alcalde de Brihuega, cargo que desempeñó muchos años con satisfacción de los vecinos de esta localidad.
Prosiguió con su hermano, ya citado, el estudio de la vegetación de la tierra alcarreña, y en la Exposición provincial de Guadalajara, celebrada el año 1876, presentaron el bosquejo de la flora de esta provincia, que fue premiado con medalla de plata; continuaron este trabajo, completándole, y le presentaron también en la Exposición Farmacéutica que se celebró en Madrid en 1882, obteniendo un gran éxito con él; Fernando Sepúlveda falleció en Brihuega el 10 de junio de 1883, después de dedicar su vida a los estudios científicos.
Sepúlveda y Lucio (José)
Nació en Brihuega el 15 de marzo de 1837; estudió el Bachillerato en el Instituto de Guadalajara, obteniendo las mejores calificaciones en los exámenes; cursó en Madrid la Facultad de Farmacia, obteniendo el grado de Licenciado con nota de sobresaliente. Ejerció la carrera en Humanes durante veintiún años, y al fallecimiento de su hermano Fernando, en 1883, pasó a ocupar su puesto en Brihuega, donde estuvo tres años, y en 1886 se trasladó a Madrid, y allí obtuvo, por concurso, el desempeño de la botica de un patronato benéfico.
En Humanes y en Brihuega instaló estaciones meteorológicas, agregadas al Observatorio Astronómico de Madrid; trabajó en la formación del Diccionario de Farmacia que compuso el Colegio de Farmacéuticos de Madrid, del que fue socio de mérito, y contribuyó con su hermano Fernando a la formación del herbario de la provincia de Guadalajara.
Serrano y Sanz (Manuel)
Nació en Ruguilla (provincia de Guadalajara) el 1 de junio de 1866; estudió el grado de Bachiller en el colegio de las Escuelas Pías de Molina, incorporado al Instituto de Guadalajara, y en el curso de 1880 a 1881 obtuvo el premio en las asignaturas de Historia Natural y de Agricultura Elemental; siguió después con gran aprovechamiento la carrera de Filosofía y Letras, concluida la cual logró, previa oposición, la cátedra de Historia Universal de la Universidad de Zaragoza, que desempeñó hasta que se jubiló, demostrando en ella su mucha erudición.
Incansable investigador, escribió numerosas obras, en las que se destacan sus grandes conocimientos científicos, que le colocan entre los primeros polígrafos de la España actual. En 1924, la Diputación provincial de Guadalajara le nombró cronista de la provincia; la Academia de la Historia le eligió individuo de número de la misma, y murió en Madrid el 6 de noviembre de 1932 sin tomar posesión de dicho puesto. El 23 de julio de 1935 el Ayuntamiento de Sigüenza puso una lápida en la casa en que vivió en esta ciudad Serrano y Sanz, y dio su nombre a la calle donde está situada la citada casa.
Vela y Herranz (Antonio)
Nació en Pardos (provincia de Guadalajara); estudió el Bachillerato en este Instituto, figurando en el Cuadro de Honor el curso de 1878 a 1879 como alumno de Retórica y Poética, de Historia Universal y de Aritmética y Álgebra; en 1879-1880, como alumno de Psicología, Lógica y Ética y de Geometría y Trigonometría; en 1880 a 1881 obtuvo el premio extraordinario en la Sección de Ciencias, y figuró en el Cuadro de Honor en Física y Química, en Fisiología e Higiene, en Historia Natural y en Agricultura Elemental.
Pensionado por la Diputación provincial en atención a sus excepcionales cualidades, hizo los estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, y pronto se distinguió en ella por su clara inteligencia y su intuición científica.
En 1884 ingresó, por oposición, como auxiliar en el Observatorio Astronómico de Madrid, y después de nueva oposición obtuvo el título de astrónomo en 1889. Desempeñó este cargo hasta 1919, año en que pasó a jefe del Establecimiento; en noviembre de 1890 fue nombrado auxiliar de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, y con tal carácter explicó cátedras de casi todas las asignaturas. A propuesta del Claustro de Profesores de la Facultad se le dio la cátedra de Astronomía Física, cátedra que regentó durante diez y nueve años.
El año 1895 obtuvo, por elección, el cargo de Consejero de Instrucción pública, que ocupó tres años, tras de una campaña muy reñida, en que brillaron sus talentos de escritor y polemista vivo e ingenioso. Su labor científica, desarrollada principalmente en el campo de la Astronomía, queda consignada en las publicaciones del Observatorio Astronómico y en las Revistas científicas similares españolas y extranjeras.
Tomó parte Antonio Vela en las expediciones que se mandaron, en 1900 y en 1905, a Plasencia y Burgos respectivamente, para determinar las coordenadas geográficas necesarias en la observación de los eclipses de sol ocurridos en dichos años.
Falleció Vela y Herranz en Madrid el 8 de julio de 1927 a los sesenta y dos años de edad, y con su muerte perdió la ciencia española una figura de gran relieve.
Verda del Vado (Tomás)
Natural de Cabanillas del Campo (provincia de Guadalajara); estudió parte del Bachillerato en este Instituto, e ingresó después en la Academia de Infantería de Toledo, de donde salió con el grado de alférez; tomó parte en la campaña de Marruecos, y murió gloriosamente el 18 de enero de 1922 en el territorio de Larache, en la posición que desde entonces se llama Verda, en honor suyo.

En el homenaje que el Instituto de Guadalajara dedica a sus alumnos más aventajados al celebrar el primer centenario de la fundación de este Centro, no figuran todos los que debían figurar en él, por la dificultad con que se ha tropezado en las circunstancias actuales para reunir algunos datos biográficos de ellos; queden, por tanto, representados todos los que hubiéramos deseado incluir en el presente trabajo por los que aparecen en él, porque a todos alcanza por igual el recuerdo que les tributa el Establecimiento docente de Guadalajara en que cursaron la Segunda enseñanza.
Si se fija la atención en los apuntes biográficos que forman este homenaje se observará que entre los naturales de la provincia de Guadalajara ha tenido y tiene la Medicina insignes cultivadores, conservándose entre ellos la afición a estos estudios, representada en el siglo XVI por el célebre Luis de Lucena, que vivió largos años en Roma, y fue médico del papa Pío V; por Antonio Aguilera, médico del conde de Cifuentes y autor de varias obras de Medicina; por Andrés Alcázar, que escribió seis libros de Cirugía, y, a fines de la citada centuria, D. Francisco Pérez Cascales, que se distinguió como especialista en enfermedades de los niños.
Representa la tradición médica, entre los alcarreños del siglo XVIII, Gaspar Casal, que ejerció con gran éxito la Medicina en Asturias; en el siglo XIX se destaca Juan Creus, eminente cirujano y catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, de la que fue Rector, y en lo que ha transcurrido del siglo actual merecen un recuerdo, como médicos distinguidos, los que fueron discípulos de este Instituto José Palancar y Tejedor, que ha logrado justo renombre ejerciendo la Medicina en Madrid, y Juan Manuel Ortega, médico militar, especializado como oculista.

Como complemento de este homenaje se incluyen dos Apéndices: en el primero figuran los Directores y Catedráticos que ha tenido el Instituto de Guadalajara desde su fundación hasta el día, y en el segundo los que forman el Profesorado de este Centro en la actualidad, para que los que quieran puedan conocer los que con su esfuerzo y amor a la enseñanza han contribuido a que salgan del mismo gran número de alumnos, que son la honra del Establecimiento donde cursaron los estudios de Bachillerato.

14 de febrero de 2010

Reapertura del Instituto de Guadalajara en 1858

El 16 de septiembre de 1858 se celebró la solemne apertura del nuevo curso escolar en el Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara, del que era director el presbítero Manuel Mamerto de las Heras; este acto revestía un carácter muy especial pues se celebraba la recuperación del centro, que había sido el primero de estas características en el España contemporánea, cerrado pocos años atrás por la falta de alumnos. Con ese motivo, Zacarías Acosta y Lozano, que luego fue catedrático de Matemáticas en el Instituto Alfonso X de Murcia, pronunció un interesante discurso que resume perfectamente el espíritu de la época: una fe inquebrantable en la ciencia y en su progreso, confianza ciega en el hombre y su voluntad, certeza de que la ciencia moderna resolvería los males que aún sufría la doliente humanidad... Aquí lo reproducimos íntegro, tal y como se publicó en un librito publicado en 1887 por el Instituto con motivo del cincuentenario de su fundación.
El Instituto de Guadalajara, hoy IES Liceo Caracense (Archivo La Alcarria Obrera)

Señores:
La filosofía nos persuade, y la religión (que vale más que la filosofía) nos enseña, que el hombre es un compuesto de dos elementos esencialmente distintos: el primero la materia, descomponible y frágil; el segundo el espíritu, simplísimo e indestructible. EN ninguna sociedad es desconocido este sublime principio, y en él han de estar basadas todas las leyes que tengan por objeto la conservación, aumento y felicidad de la especie humana.
Pero si todas las leyes (siendo justas) tienden hacia alguno de tan importantes fines, ningunas tienden más directamente ni tienen una influencia más poderosa en la suerte de las naciones, que aquellas que se dirijen a estender y perfeccionar la instrucción pública. A medida que estas leyes son más acertadas, los hombres se mejoran; y bastaría que por espacio de algunos años rigiese en la sociedad más embrutecida y desmoralizada un excelente plan de instrucción pública, para que gradualmente se mejorase y quedase por último convertida en una sociedad ilustrada y benéfica: no de otra suerte si en un estanque de aguas turbias y corrompidas se hace entrar una corriente cristalina y pura, vemos el antes sucio depósito cambiar poco a poco, hasta quedar transformado en limpio y luciente espejo del cielo.
No han faltado sin embargo filósofos (con este nombre se les ha honrado) que consideren la instrucción de los pueblos como perniciosa a su felicidad, y que volviendo atrás la vista suspiren por aquella dichosa edad y siglo dichoso en que el hombre usurpaba su habitación a las fieras y disputaba al jabalí el áspero fruto de la corpulenta encina. Muchos de estos filósofos han deseado de buena fe el bien de sus semejantes; por esta razón son dignos de indulgencia, y aún me atrevería a decir que de aprecio: pues a la verdad, una locura filantrópica, por más que no deje de ser locura, es una locura apreciable.
Mas ¿qué diremos y que concepto formaremos de otros hombres, no llamados filósofos, sino políticos, que viendo en una instrucción franca y leal la más firme garantía de los derechos humanos, y el más fuerte dique contra las avenidas de todo poder, han procurado anular estos saludables efectos, disponiéndola de modo que sea ineficaz para producirlos? Estos hombres ni merecen perdón, ni lástima, ni excusa: conocen el mal, y conociéndole le obran; para ofender a sus semejantes les privan de la defensa; para satisfacer los caprichos de unos pocos, hacen desgraciada a toda una nación.
Afortunadamente, nos hallamos en el caso de no tener que temer ni a las arengas y declamaciones de los unos, ni a las cábalas y maquinaciones de los otros.
Algunas veces, tocándose una cuestión de sumo interés para la humanidad, y recordando los tiempos en que las naciones más civilizadas fueron invadidas por numerosas huestes de feroces guerreros, que hacían desaparecer el saber de la faz de la tierra difundiendo la barbarie, a la manera de un río turbio y desenfrenado convierte en espantoso pantano una fértil y hermosa campiña, he oído preguntar a personas muy instruidas, si estas asoladoras invasiones podrán repetirse, y si nuestros nietos estará condenados a presenciar y sufrir transformación tan horrorosa. Para mí es claro y brillante como la luz del sol que el hombre no puede ya retroceder al embrutecimiento, y que, cualquiera que sea la suerte que por los impenetrables designios de la Providencia le esté destinada, esta se ha de cumplir avanzando siempre en el camino que en el vasto campo de las ciencias al través de tantos siglos y a costa de tantos desvelos y fatigas se ha trazado: no, no es ya posible que las aguerridas y bárbaras huestes de un nuevo Atila eclipsen el vivo resplandor del saber en la moderna Europa. La ciencia es en nuestro siglo la defensa de la sociedad, su guía, su luz, su bien, su esperanza; ella es la palanca poderosa que remueve todos los obstáculos que se oponen a la felicidad del hombre; sin ella la agricultura es un trabajo casi bruto, prácticas rutinarias las artes y un juego de azar el comercio.
Pero acaso, ¿el conocimiento de las importantes verdades que hacen al hombre rey de la creación, es privativo de nuestra época? ¿No se dedicaron los antiguos con un ardor y una sagacidad de que apenas puede darse ejemplo en nuestros días a la investigación y resolución de los más sublimes problemas? ¿Las artes necesitaron de los descubrimientos modernos para brillar en su más alto esplendor? ¿Todos los esfuerzos de la estética moderna han bastado para darnos aquel delicado sentimiento de la belleza, aquel elevado concepto de la sublimidad que transpiran las inimitables producciones de la culta de la sabia, de la inmortal Atenas? Por otra parte, ¿qué prodigio de nuestros días puede compararse al de ver un anciano decrépito rechazar por la sola fuerza de su genio y de sus recursos científicos y mecánicos, toda la potencia romana, y obligar a los enemigos a recurrir a un ardid para poder apoderarse de una ciudad defendida por un solo hombre? Ya comprendéis que os hablo del famoso sitio de Siracusa, sitiada por la armada de Marcelo y defendida por Arquímedes. Tan grande, tan maravillosos fueron los inventos de este hombre, verdaderamente divino, que no pudiendo comprenderlos algunos de los modernos geómetras, y no queriendo confesarse vencidos, tomaron por partido negarlos: otros han sido más justos, esforzándose a demostrar la posibilidad de haber sido el sol reflejado por poderosos espejos ustorios el arma de que se valió Arquímedes para reducir a cenizas muchas de las naves romanas. No puede negarse que todo esto que dejamos apuntado a favor de los antiguos, no es más que una mínima parte de lo mucho que pudiera decirse para apreciar debidamente el alto punto de perfección a que elevaron las artes liberales, las letras y las ciencias. Y a la verdad, los monumentos científicos, artísticos y literarios que de los griegos se conservan, son en el concepto de muchos hombres eminentes, creaciones tan sublimes y acabadas, que no han dejado a las generaciones venideras otra gloria que la que puedan alcanzar acercándose a tan perfectos modelos.
Yo no tributo idolatría, pero si veneración a la sabia antigüedad. Por esta razón no he podido al tratar de los progresos que el saber humano ha hecho en estos últimos siglos, y del grande influjo que estos progresos han tenido en la suerte de la sociedad, desentenderme de pagar el debido tributo de gratitud a los grandes maestros de cuyos aciertos y errores han sacado las sociedades modernas todo el fondo de sus conocimientos.
Ahora, la ventaja que llevan las sociedades modernas a las sociedades antiguas, no consiste en que aquellas posean más ni mayores genios que estas: en mi concepto, ni Bacon vale tanto como Aristóteles, ni Newton vale más que Arquímedes, ni Kant vale tanto como Platón; y en cuanto a esos hombres de talento extraordinario, llamados genios, quizá porque la influencia que ejercen en el destino de sus semejantes es superior a lo que pudiera esperarse de un débil mortal, siempre han sido muy escasos, y tanto más deben serlo cuanto más avance la sociedad hacia ese punto de su perfección que el entendimiento concibe, sino como una realidad, como una idea por lo menos que no está fuera de la circunferencia de los posibles.
La verdadera ventaja que llevan las sociedades modernas a las sociedades antiguas, y el motivo porque hemos afirmado y afirmamos de nuevo que no es posible ya retroceder en el camino de las ciencias, es que estas son en la actualidad el fundamento de todas las operaciones a que podemos recurrir a fin de proporcionarnos todo lo que pueda ser agradable, útil o necesario para nuestra subsistencia. La guerra misma, ya como arma de la ambición, ya como escudo de la justicia, no puede hacerse en nuestros tiempos, sin el poderoso auxilio de las ciencias: estas son en nuestro siglo una imperiosa necesidad de todo el pueblo; el que a ellas renunciase, renunciaría su poder y dignidad y conspiraría contra sí mismo.
De la acción ilimitada que hoy ejercen las numerosas aplicaciones de la ciencia en el bien y prosperidad de las naciones, ha nacido la necesidad de generalizarla: a lo cual ha contribuido poderosamente primero como causa y ahora como medio el arte de la imprenta: y he aquí otra diferencia sumamente notable entre las sociedades antiguas y las sociedades modernas. Pasaron aquellos tiempos en que patrimonio de unos pocos los conocimientos humanos, los envolvían en un lenguaje misterioso y simbólico para hacerlos impenetrables al pueblo. Alejandro escribía a su maestro Aristóteles quejándose de que hubiese publicado una de sus obras, y el filósofo le tranquilizaba contestándole que sólo podían comprenderla los que hubiesen asistido a sus lecciones; ¡ojalá que sólo retrocediendo a tan lejanos siglos pudiésemos hallar ejemplos del más inicuo y perjudicial de todos los monopolios!
Alguna vez afligido el hombre con la consideración de los males que presencia, o herido por la rudeza de los que sufre, y debilitados en él, a causa del mal presente, los sentimientos y razones que debiera sugerirle la historia, suele exagerar los males de la sociedad actual y suspira envidiando la suerte de las que fueron. Mas si preguntásemos al que así se lamenta, si, puesto que está contento de la sociedad en que vive, le bastaría escogerla a su gusto, sin necesidad de detenerse a escoger el individuo que en ella debía de representar, seguramente que esta pregunta le haría volver en sí; y si por ventura le agrada aquel siglo en que la potencia romana pesaba sobre todo el orbe conocido, no elegiría sin duda ser esclavo, sino patricio; y si, acercándose más a nuestros días, se fijase en aquel brillante periodo de nuestra historia cuando la pujante España pudo poner en su envidiado blasón dos hemisferios, escogería ciertamente haber nacido español, pero no indio. Para mí, lo digo con una profunda convicción, con una satisfacción completa, es un hecho que la instrucción se va perfeccionando y difundiendo, y que en consecuencia de esto la condición de la especie humana se va mejorando.
Pero así como una nación no puede ser feliz ni por la aglomeración ni por la igualación de los capitales, pues el primero de estos estremos conduce a una miseria casi general, y en el segundo (suponiendo su posibilidad) en vez de verificarse la igualdad de fortunas, solo podría tener lugar la igualdad de miserias, del mismo modo, la instrucción que reciban sus individuos, si bien general en ciertos puntos, no puede ser una misma para todos. Proporcionar a los individuos que componen la masa general, las luces que indispensablemente necesitan; designar no solo las materias, sino la extensión y orden en que han de estudiarlas los que se dedican a ciertas carreras; crear aquellas enseñanzas que reclame el estado de la nación; escoger los puntos que han de servir como de focos principales para la más cómoda y conveniente propagación de los conocimientos; combinar los estudios de manera que al mismo tiempo se dé impulso a la agricultura y al comercio, no desfallezcan las bellas artes, se dé pábulo a la amena literatura, y no se entibie el amor a la ciencia, es un problema cuya completa solución conduciría a incalculables beneficios. Pero si la importancia de resolver este problema es suma, la dificultad de resolverlo es inmensa, y considerada esta dificultad, no debemos seguramente estar quejosos del estado actual de nuestra enseñanza. Se notan, es cierto, en las leyes de instrucción pública ciertas oscilaciones cuyos inconvenientes no se descuidan algunos en exagerar. Yo convengo en que un plan de estudios perfectos y que siempre rigiese, sería lo mejor que podríamos desear. Pero esto no es posible en el estado presente de nuestra nación; y no puede notarse por otra parte y no es poco consolatorio, que la amplitud de aquellas oscilaciones es bastante reducida, y que en medios de ellas la instrucción va progresando.
Guadalajara ha sentido a su vez los beneficios de las nuevas leyes de instrucción pública, y tanto más debe agradecerlos cuanto que por la posición que muy pronto ocupará puede considerarse como formando parte de la capital del reino. No hace muchos años que un célebre Magistrado, cuyas luces y cuyo amor por los adelantos de su país os son bien conocidos, hizo resonar su voz en este recinto, anunciando a los habitantes de esta capital que quedaba abierto este Instituto, y haciéndoles concebir por ello las más lisonjeras y fundadas esperanzas. Demos en tan solemne momento este recuerdo de gratitud al Excmo. Sr. Don Pedro Gómez de la Serna, el primero que tuvo el placer de anunciaros que se levantaba en Guadalajara un nuevo templo a la instrucción. De la estabilidad y lustre de este Instituto, a los sucesores de tan celosa Autoridad toca la gloria; y yo sé que de esta cabrá no pequeña parte a… no me toca a mi decirlo: ¡dichoso aquel de mis compañeros a quien quepa en suerte espresar el voto de gracias que en este momento nace en mi corazón y espira en mis labios!
Aquí, señores, daría fin a este breve y mal compaginado discurso, si no me punzase el deseo de buscar en la poesía algún desahogo al entusiasmo de que me siento poseído. Esa juventud llena de vida y de esperanza que me escucha, no tanto ama la instrucción por convencimiento como por instinto; siente mucho, y discute poco; más que el interés, la despierta la gloria. Animarla quiero al estudio hablándola en el idioma del corazón. Permítase al que cultiva el árido campo de las matemáticas, coger una flor en el risueño valle de la poesía, para suavizar por un breve espacio siquiera el molesto afán de su penosa tarea;

ODA A LA INSTRUCCIÓN
Mirad aquel que cruza presuroso
Las espantables fieras persiguiendo
De América los bosques, en la mano
El arco poderoso,
Que nunca flechó en vano,
Pronto ya a despedir el dardo horrendo.
Su planta endurecida
Huella segura el pedernal cortante;
En su desnuda piel, al sol curtida,
Los abultados músculos resaltan
El esfuerzo pujante
Del salvaje mostrando, y su fiereza
Se pinta en su semblante
Que colores ridículos esmaltan…