La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

10 de noviembre de 2008

¿Es rica o pobre la provincia de Guadalajara?

Maquinaria de la mina de oro de La Nava de Jadraque, foto de Modesto Bargalló (Archivo La Alcarria Obrera)

Una de las polémicas más tramposas en las que se vieron envueltos los habitantes de Guadalajara desde las últimas décadas del siglo XIX fue la que pretendía establecer si la provincia alcarreña reunía condiciones naturales para asentar su prosperidad o si, por el contrario, estaba condenada a la pobreza por carecer de recursos suficientes para su progreso material, como si la acción humana no fuese capaz de crear fuentes de riqueza propias y abundantes y como si la industria no hubiese superado a la agricultura como motor de la economía. En El Atalaya de Guadalajara se abrió un debate público durante el otoño de 1889 en el que expusieron su opinión Antonio Pareja Serrada, Diego García Martínez y otros vecinos de la provincia. Ofrecemos el artículo del briocense Blas Cobeño y Barragán, uno de los más interesantes, que se publicó en el número correspondiente al 1 de septiembre de 1889.

Con el acierto que le caracteriza y con la galanura de estilo propios de un tan distinguido escritor, el Sr. D. Antonio Pareja y Serrada, ha planteado una tesis de verdadera, de capitalísima importancia para la provincia, y la que en nuestro concepto, si algo provechoso ha de hacerse, es de indispensable necesidad resolver á priori.
Hace el Sr. Pareja un llamamiento á todos los hijos de la provincia, para que prestemos nuestro concurso al tema por él planteado, y contándonos en el número de las que se honran con haber nacido en ella, nos apresuramos a responder a su invitación, y aunque insignificante por ser nuestro, a prestar de buena fe nuestro concurso a la obra común, desde las columnas de El Atalaya, por más que hace ya mucho tiempo que a la obra de la regeneración de la provincia venimos prestando preferente atención en las de nuestro periódico, la Revista de Montes y Plantíos, y público y notorio es que el hacerlo nos ha ocasionado no pocos disgustos y sinsabores que soportamos sin pesar, y hasta los veríamos con gusto, si debido a ellos conseguimos perfeccionar algunos detalles de la Administración provincial.
¿Cuáles son los elementos necesarios para que un pueblo o una región pueda considerarse rica?
Para que así pueda conceptuársela, basta, a nuestro entender, con que produzca lo suficiente a las necesidades de la vida de sus habitantes y a las exigencias de la civilización y el progreso de los tiempos.
No es indispensable para que una región pueda considerarse como rica, que la producción de su suelo abrace todos y cada uno de los productos necesarios para la vida, bastando solamente que posea uno cualquiera de los ramos en que la riqueza está dividida, para que, con los rendimientos que de este obtenga, le basten y aún le sobren para proporcionarse cómodamente aquellos productos, adquiriéndolos en las localidades o regiones que se produzcan de mejor calidad y a precios más económicos.
Obstinarse en producir dentro de una región todo lo necesario para atender a las necesidades de la vida de sus moradores, es un error económico y como tal de resultados funestísimos; desde que no solamente hace que sean improductivos o poco menos los capitales y el trabajo que a estas producciones se dedican, sino que además hace que no tome el incremento y desarrollo necesario la palanca más potente de las modernas sociedades: el comercio.
Fuera de toda duda está hoy, que el comercio es el agente más poderoso, el auxiliar más eficaz de la civilización y del progreso humano; por lo tanto, cuantas medidas se tomen para favorecerlo y contribuir a su mayor desarrollo, han de merecer la aprobación de los amantes de la riqueza y bienestar nacional.
Las condiciones topográficas de nuestra provincia, hacen que una buena parte de su territorio no sea a propósito para ser dedicada al cultivo agrario, lo que a nuestro entender, si hoy dada la sobriedad de sus hijos, puede bastar la producción agrícola para atender el consumo, esto ha de ser insuficiente el día que todos coman pan de trigo, cosa que por desgracia hoy no sucede, por lo que entendemos que aun no saliendo de la provincia los granos que hoy salen, consumiéndose en ella todo el trigo que se produce, el día que como antes decimos, todos sus habitantes coman pan de trigo, habrá necesidad de importar un buen número de hectolitros.
¿Es susceptible de producir más cereales que los que hoy se producen?
No ponemos en duda que mejorando el cultivo, empleando y aplicando todas las manifestaciones de la ciencia, los cultivos podrían mejorar en algo y en algo también aumentar la producción actual; pero en nuestra opinión nunca llegará á producir en este ramo lo necesario para atender las necesidades del consumo, dado por supuesto el hecho que antes decíamos.
Si exceptuamos algunas vegas, el resto de la Alcarria propiamente dicha es un terreno pedregoso, de costosísima labor y de muy insignificantes rendimientos. La producción de trigo en la sierra y en sus estrechas vegas es escasa y no merece la pena de tomarla en consideración, puesto que á duras penas puede conseguirse que entre aquellos terrenos pizarrosas, se produzca algún centeno; quedándonos únicamente la campiña, á la que propiamente podemos llamar el granero de la provincia; pero por más que seamos los primeros en reconocer la fertilidad de su suelo, no basta, ni bastará, aun cuando se introduzcan los adelantos todos, para atender a las necesidades del consumo, el día que coman pan de trigo todos los habitantes de la provincia. Pero el que pensemos con desapasionamiento y rindiendo culto á la verdad como debe hacerse siempre que se trata de estudiar los medios de vida que cuenta una provincia para el desenvolvimiento de su riqueza, que no es la producción de cereales, lo que más se debe extender al procurar poner los medios para sacar á la provincia del estado de postración en que yace, no es que aconsejemos que se abandone esta fuente de riqueza en aquellos terrenos que sean propios para desarrollarla, lo único que aconsejamos, es que en la inmensa mayoría de las tierras que hoy están dedicadas á la producción de cereales y que, como antes decimos, no remuneran ni el trabajo ni los gastos que el cultivo trae aparejados de suyo, se dediquen á otra clase de producción que esté en más armonía con el clima y las condiciones topográficas del país.
Somos partidarios incondicionales del progreso; creemos que todo cuanto por impulsarle se haga, es semilla que al fin y al cabo produce óptimos frutos; pero al mismo tiempo, no somos refractarios sistemáticos de las cosas tradicionales y particularmente, cuando estas se refieren á las producciones de cada uno de los países; en este punto, aceptamos la tradición, procurando siempre auxiliarla con los adelantos enseñadas por la ciencia y comprobados por las experiencias. Bajo este punto de vista, entendemos que la Alcarria tiene dos producciones a las que no pueden hacerla competencia las similares del resto de la nación: la miel y las nueces; mas no se crea que opinamos que a esta producción deben concretarse todos los esfuerzos de su agricultura, por más que, a nuestro entender, son dos fuentes de producción que deben ser miradas con preferencia.
Esto no obstante, rindiendo culto a los modernos adelantos, es nuestra opinión que las tierras altas y las laderas de las cerros que tanto abundan en la provincia, deben destinarse al cultivo de la vid, puesto que su terreno reúne las condiciones más a propósito para dar un excelente y abundante fruto.
Podríamos poner como razonamiento de nuestra opinión, el incremento que de pocos años á esta parte ha tomado el comercio de exportación de vinos; pero prescindiendo de este punto importantísimo, tenemos en nuestro apoyo la circunstancia de lo ruinoso que el cultivo de cereales resulta en estos terrenos y además, el que estando la Alcarria, tan inmediata á la capital de la nación, solo necesitaría cuidar un poco la elaboración de sus vinos para que estos pudieran presentarse en el mercado en tan buenas condiciones y de tan buena calidad como se presentan los de la Rioja, que por cierto se van poco a poco acreditando entre los verdaderos inteligentes.
Ya estamos oyendo decir que para llevar adelante la transformación que en el cultivo de la tierra proponemos, ante todo hace falta disponer de capital y que nuestros agricultores, están atravesando igual crisis que atraviesan los del resto de la nación, cosa que nosotros conocemos perfectamente; lo que no importa, para que la reforma se vaya realizando paulatinamente y sobre todo, para que se procure elaborar con sujeción á los adelantos introducidos en la viticultura, los caldos que resulten de las viñas que hoy existen; además de esto, nuestra medida no es nueva ni mucho menos, puesto que hace tiempo que nuestros labradores están transformando el cultivo como lo prueba el buen número de hectáreas de viña que se han plantado de pocos años á esta parte; así, pues, hecho lo principal, no creemos que sea difícil de realizar lo secundario, ó sea la buena elaboración de los vinos.
Por manera, que nos encontramos ya con cuatro productos, á los que con buen resultado pueden dedicarse nuestros agricultores; pero ¿bastan por sí solos estas producciones para llevar el bienestar á los habitantes de la provincia?
La tarea que hemos emprendido, es demasiado grande para poder concretarla en el artículo de un periódico; por lo tanto, la contestación á la pregunta que dejamos formulada en el anterior párrafo, así como el estudio de cada una de las ramas de producción que la provincia abriga en su suelo; serán objeto de estudio en sucesivos artículos.