La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

25 de diciembre de 2011

Carta de dimisión al PCE de Ignacio Gallego

Para nadie era un misterio que Ignacio Gallego era el dirigente del PCE que se sentía más cercano ideológicamente a la ortodoxia comunista tradicional y sentimentalmente más unido a la Unión Soviética. A pesar de que se mantuvo leal en las filas del PCE durante la ruptura de Enrique Líster, de quien hizo la crítica oficial en el Comité Central, y de que permaneció ajeno a las tendencias internas prosoviéticas, como la OPI, su incomodidad con el eurocomunismo era un secreto a voces. En 1983 hizo pública una carta, que aquí reproducimos íntegra, en la que se desmarcaba del PCE y pasaba a encabezar un proceso que concluyó con la formación del Partido Comunista (luego Partido Comunista de los Pueblos de España) que acogía a la práctica totalidad de los prosoviéticos, con la significativa ausencia del PCOE de Enrique Líster. Sin embargo, al final, tanto Gallego como Líster volvieron al PCE del que nunca supieron distanciarse.
Pegatina del PC, Madrid, 1984 (Archivo La Alcarria Obrera)

Camaradas:
El objetivo de esta carta es presentar mi dimisión como miembro del Comité Central y del Comité Ejecutivo del PCE.
El motivo de mi decisión, adoptada tras la prolongada reflexión, es estrictamente ideológico. Estoy totalmente en contra de las concepciones ideológicas, políticas y organizativas que la mayoría del Comité Ejecutivo y del Comité Central está defendiendo.
Parto de la convicción, expresada ante el Comité Central, de que el Congreso que estáis preparando, con métodos tan arbitrarios como el impedirnos, a quienes discrepamos, exponer nuestra opinión ante.las organizaciones, no puede ser un Congreso de clarificación ideológica y de unidad de los Comunistas. Respetando la posición a este respecto de otros camaradas, yo no asistiré a ese Congreso.
No quiero participar, ni siquiera desde la oposición, en un proyecto que vacía al PCE de su contenido de clase, de su ideología, de sus principios de organizacn y, en suma, de su misión transformadora y revolucionaria.
Pero quiero dejar claro que si dimito de mis cargos es para seguir estando donde siempre estuve. Un comunista no puede abandonar su responsabilidad ni sus obligaciones revolucionarias. Y yo he tomado la decisión de dimitir por mi condición de comunista.
Mi identificación con los principios del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario, me enfrentan con lo que la mayoría de vosotros denomináis estrategia eurocomunista. Siempre he pensado que aquellos principios son indeclinables para un Partido Comunista. El partido de vanguardia de la clase obrera tiene en ellos su fundamento teórico. El comunismo es, en la formulación original de Marx, la ideología universal de los trabajadores.
Parte esencial del ideal comunista, el internacionalismo proletario es la expresión más alta de la solidaridad entre los trabajadores y los pueblos de todo el mundo. Mis convicciones internacionalistas son inseparables de mi amor a España, a mi tierra, a mi
clase y a mi pueblo.
Sé que, para algunos, estas son "viejas certezas", nostalgias y dogmatismo. Pero sé también que no pocos de los que se distinguieron por su "antidogmatismo" han terminado defendiendo los dogmas de la socialdemocracia. El olvido de los principios revolucionarios conduce inevitablemente a la confusión, al practicismo y, en definitiva, al reformismo envuelto en uno u otro ropaje, según las modas del momento.
¿Qué nos reportó a los comunistas españoles el espectacular abandono del leninismo? ¿Para qué nos sirvieron las reiteradas andanadas dirigidas a los países socialistas? ¿En qué nos ha favorecido negar la existencia de la lucha de clases a nivel internacional? ¿Qué servicio hemos prestado a la causa revolucionaria con nuestra pretensión de abrir una tercera vía entre el capitalismo y el campo socialista? ¿Qué resultado tuvo nuestra política de pactos sociales, si no el debilitar a las Comisiones Obreras? ¿Qué nos ha traído el abandono de nuestra propia identidad?
Es evidente que tales abandonos no aumentaron la influencia del partido. Antes al contrario, la redujeron no sólo entre los trabajadores, sino también entre los intelectuales, profesionales y artistas que en gran número se habían adherido a nuestra causa durante la resistencia antifascista. Por no hablar de otros resultados, hay uno del que alguno de vosotros parecéis haber tomado conciencia, como si despertarais de un largo sueño. Es la pérdida de dos tercios de los militantes. Pero este tardío reconocimiento no servirá de nada mientras no se diga claramente cuáles fueron las causas de esa gran hemorragia que vino acompañada por la expulsión de miles de comunistas.
La verdad es que ni la crisis del partido ni sus consecuencias, entre las que está el fracaso electoral, han sido analizadas con una autocrítica rigurosa y profunda que era absolutamente necesaria para salir de la actual situación. Lo que la mayoría llamáis autocrítica no es más que una operación transformista destinada a presentaros como los salvadores del partido, silenciando que en ningún momento habéis hecho la menor reserva a lo que Santiago Carrillo proponía. Lejos de corregir los errores, lo que estáis haciendo es agravarlos hasta límites inconcebibles. El eurocomunismo nos ha producido un gran daño, pero vuestro proyecto eurorrenovador, de prosperar, significaría la liquidación del Partido Comunista.
Me niego a callar lo que debe' ser conocido por todos los comunistas: las posiciones defendidas por el actual núcleo dirigente en el aspecto ideológico, político y organizativo, son las mismas que intentaron imponer los "renovadores", muchos de los cuales no tardaron en encontrar su puesto en el PSOE. Esas posiciones que, en el fondo, significan una involución desde el leninismo hacia el viejo y desacreditado reformismo socialdemócrata, no tienen nada en común con las ideas comunistas por las que he luchado toda mi vida y por las que pienso seguir luchado en adelante.
Yo siempre estaré al lado de los que luchan por el socialismo y el comunismo. Entre el pragmatismo sin principios y la utopía, optaría por ésta. Pero el socialismo dejó de ser una bella utopía desde que Marx y Engels dotaron a la clase obrera de una teoría científica, no sólo para interpretar la realidad social sino para transformarla. Esa transformación comenzó con la Revolución Socialista de Octubre de 1917 en Rusia, cuyo triunfo habría sido imposible sin la aportación decisiva de Lenin a la teoría marxista.
Con razón los nombres y la obra de Marx y de Lenin son inseparables. El marxismo-leninismo es la base teórica que dio origen a todos los Partidos Comunistas y al movimiento revolucionario de nuestra época.
Estoy del lado de los que comprenden que el capitalismo lleva en sus entrañas no sólo la crisis económica, la injusticia social y la guerra, sino también la inevitabilidad de crisis revolucionaria que, antes o después, se resolverán en favor de los trabajadores, que son la inmensa mayoría, y en contra de la oligarquía financiera y monopolista, en contra del imperialismo. Rechazo, por esa misma convicción, la idea reformista de que "no hay que esperar crisis revolucionarias, que no se producirán". En cuanto a los símbolos, a mí sí me gusta la hoz y el martillo, símbolo del mundo del trabajo y de mi partido. Y la letra de la Internacional que habla de cosas tan "viejas" -y tan presentes- como la explotación, el hambre y el paro, y que nos anuncia el fin de la opresión, no por obra y gracia de "dioses, reyes ni tribunos", sino por el esfuerzo que nosotros mismos realicemos.
Mis convicciones comunistas me obligan a decir no a la actual dirección, no al Congreso de los eurorrenovadores, no a la liquidación del Partido de José Díaz, Pasionaria y miles de mujeres y hombres que dieron su vida en defensa de la libertad.
Me separo de quienes, abiertamente o subrepticiamente, se han planteado como objetivo privar al partido de su ideología revolucionaria, renunciando a las teorías de Marx y de Lenin, arrojando por la borda la historia escrita con el sacrificio de miles de comunistas. Me separo de quienes han renunciado al internacionalismo proletario y a considerarse parte del Movimiento Comunista Internacional. Pero no rompo con el Partido Comunista al que he servido toda mi vida en las funciones y tareas que me ha asignado y al que dedicaré siempre todo mi esfuerzo. Yo no rompo con los militantes comunistas, ni tampoco con los dirigentes que sostienen que el XI Congreso no es un Congreso de unidad de los comunistas ni de clarificación ideológica, aunque no obstante se dispongan a participar en él. En la medida en que todos comprendamos la necesidad de un verdadero Partido Comunista nos volveremos a encontrar.
En el Comité Ejecutivo sostuve que el informe presentado por Gerardo Iglesias al inicio de estos debates, tenía un contenido socialdemócrata, reformista y, por consiguiente, extraño al Partido Comunista. Otros miembros del Comité Ejecutivo rechazaron también ese informe, que finalmente fue aprobado por mayoría. Sin embargo, el informe que se presentó al Comité Central no era ese, sino otro en el que se introdujeron las modificaciones precisas para lograr una mayoría de votos. Pero la prueba de que no se trataba de una rectificación seria, está en que -vulnerando los acuerdos del Comité Ejecutivo y del Comité Central- el informe inicial y las actas completas del debate no han sido publicadas ni dadas a conocer a los miembros del Comité Central.
Semejante arbitrariedad por parte del grupo dirigente, vino acompañada de otra no menos intolerable, consistente en impedir -salvo en contados casos- que una tercera parte de los miembros del Comité Central y del Comité Ejecutivo tengan acceso a las organizaciones del partido, incluso cuando éstas reclaman su presencia.
Los que han acordado proponer la supresión del término disciplina en los Estatutos, intentan mantener amordazados a quienes no están de acuerdo con ellos, en nombre de una disciplina hecha a medida para ese fin.
Asistir al XI Congreso en tales condiciones no sirve, en mi opinión, más que para avalar -con independencia de las posiciones que se mantengan- a una dirección que seguirá aplicando las concepciones que han llevado al partido hacia el desastre. Camaradas y dirigentes del partido que mantienen posiciones comunistas piensan, sin embargo, que es útil participar en el XI Congreso, a sabiendas de las manipulaciones con las que está siendo organizado. Respeto su opinión, pero no puedo compartirla porque pienso que ha llegado la hora de romper con quienes han vuelto la espalda a los principios teóricos, políticos y organizativos que dan coherencia y unidad al Partido Comunista.
El actual núcleo dirigente pone particular interés en personalizar la discusión, colocando a los comunistas ante un falso dilema: o estar con Gerardo Iglesias o estar con Santiago Carrillo. Este falso dilema, propagado por una sistemática campaña de publicidad en la que se puede leer a diario los quilates de un eurocomunismo o de otro, tiende a que los comunistas no piensen en lo que realmente tiene interés. Y lo que realmente tiene interés es enfrentarse de forma decidida a los intentos de conducir al partido por un camino que lleva a su liquidación. Para comprender esto, basta conocer el abecé del marxismo, basta saber que un partido sin ideología y sin disciplina, sin las teorías que le dieron origen y le dan fundamento, aunque siga manteniendo el nombre, pierde de vista su misión histórica y deja de ser un Partido Comunista. En adelante no será capaz de elaborar y aplicar una política al servicio de la clase obrera, con absoluta independencia, sin dar el espectáculo de prometer al gobierno del PSOE un "apoyo crítico" para, al día siguiente, amenazarle con "grandes acciones y movilizaciones generales". Tales bandazos expresan las vacilaciones de quienes han abandonado el marxismo-leninismo y, en consecuencia, carecen de una estrategia revolucionaria coherente.
La política del Partido Comunista debe expresar los intereses de la clase obrera y de los campesinos, de todos los trabajadores, sin estar pendiente de manera constante de los diarios y revistas y del objetivo de la televisión. Esos gustos espectaculares suelen ser útiles para la publicidad de unos dirigentes a quienes parece obsesionarles más su propia imagen que las tareas del partido. Así es posible sonar y disonar, se puede formar parte de "la clase política" y hasta recibir las lisonjas de la alta sociedad. Pero el trato complaciente de los medios de comunicación tiene un alto precio que pagan os millones y medio de parados, los trabajadores y pensionistas que sufren una reducción sistemática de su poder adquisitivo, la juventud empujada a la desesperación, los millones de mujeres y hombres que, voten como voten, necesitan -aunque aun no sean conscientes de ello- un Partido Comunista que les indique como hacer frente a la actual situación y que les ayude a comprender que la causa profunda de sus dificultades está en un régimen social que, incluso habiendo alcanzado altos niveles de desarrollo industrial, tecnológico y científico, es incapaz de asegurar derechos humanos tan vitales como son el derecho al trabajo, a la instrucción, a la salud y a la cultura.
Y hablar claro no significa gesticular con posturas más o menos izquierdistas destinadas a la galería, ni "cantarle las cuarenta al Gobierno", ni adoptar actitudes de un protagonismo que no se corresponde con la realidad. Significa decir clara y llanamente qué somos y qué queremos los comunistas. Significa explicar a millones de mujeres y hombres el programa del partido, con las transformaciones estructurales que son necesarias para crear puestos de trabajo y para que la reconversión industrial no se realice a costa de los trabajadores: la nacionalización de la banca y de los grandes monopolios, la Reforma Agraria Integral que reclaman los obreros agrícolas de Andalucía, Extremadura y otras regiones, la democracia entendida como participación real de las masas en el poder político, el Estado Federal que supere problemas históricos aun no resueltos, y una política exterior de paz e independencia, que acabe con la supeditación de nuestro país a los designios del imperialismo. Un Partido Comunista tiene que decir claramente que la causa profunda de la crisis y de las consecuencias que tiene para los trabajadores, está en el régimen social en que vivimos y ofrecer como salida un proyecto revolucionario que sea una alternativa radical al sistema.
Hay dirigentes que sostienen posiciones a través de las cuales, consciente o inconscientemente, se niega la necesidad del Partido Comunista de España. Y para ello se pretende borrar la historia del Partido que, junto a las demás fuerzas democráticas, defendió heroicamente a la República frente al fascismo nacional e internacional, del Partido que durante cuarenta años de dictadura franquista encabezó la resistencia popular y la lucha por la democracia. Un paso de tanta gravedad no se podía dar sin cierta cautela, que consistió en "enriquecer" la terminología política con el concepto de "partido comunista de corte csico", para afirmar como Gerardo Iglesias a raíz de su ascenso a la Secretaría General: "Seguiremos manteniendo por encima de todo, el proyecto eurocomunista. Si el P.C.E. volviera a posiciones tradicionales, a su corte clásico, y no hay que olvidar que hay voces que nos alientan a ello, yo no sería el Secretario General del Partido ni tal vez militante".
¿Qué entienden por partido de corte clásico los autodenominados renovadores? Entienden evidentemente por partido clásico un partido que se base en las teorías de Marx y de Lenin. Y es ese tipo de partido el que se está negando cuando se parlotea de manera despreciativa y pedante de los partidos de "corte csico". Los llamados renovadores propugnan un tipo de partido diferente, tan "abierto él todos" y tan invertebrado que quepan en él incluso los que niegan la necesidad de la ideología y de la organización comunistas.
Pero ¿qué partido queremos?, ¿un partido comunista u otro tipo de partido? ¿Somos sí o no el partido de la clase obrera? Por extraño que parezca, no todos los que se siguen llamando comunistas responden afirmativamente a esta cuestión. Unas veces se habla de "partido de todos", o dicho de otro modo de partido al servicio de todos, como si no existieran intereses contrapuestos entre clases sociales. Pero a veces se matiza mejor y se sostiene que el PCE es un partido obrero más, ya que los obreros están también en otros partidos. Olvidan que Un partido, aunque tenga en su composición obreros -incluso una mayoría de obreros-, si carece de una teoría revolucionaria, puede ser en el mejor de los casos un partido obrero, pero no es ni puede ser el partido de vanguardia de la clase obrera.
Por otra parte, nos encontramos en una situación curiosa. Los partidos socialdemócratas se hallan organizados en la Internacional Socialista, sin que a nadie se le haya ocurrido discutirles ese derecho. Los partidos liberales y conservadores, entre ellos el encabezado por Fraga Iribarne, proclaman a gritos las virtudes de su internacional. Lo mismo sucede con otras corrientes políticas, sin olvidar las poderosas internacionales espirituales y económicas. Mientras tanto, personas que siguen llamándose comunistas no quieren ni oír hablar del Movimiento Comunista Internacional.
Si centro mi opinión en esta carta casi exclusivamente en la situación del partido no es, obviamente, porque no vea la gravedad de los problemas a los que tenemos que hacer frente. La clase obrera y los trabajadores están sufriendo la acometida despiadada de la oligarquía, cuyos intereses y privilegios están siendo cuidadosamente administrados por el Gobierno del PSOE.
Nuestro país está siendo metido hasta el cuello en la OTAN, con todos los peligros que de ello se desprenden para la propia existencia de nuestro pueblo. España es cada día más dependiente del imperialismo norteamericano. España que, con una política de neutralidad e independencia vería reforzada su seguridad, puede llegar a ser, si los españoles no lo impedimos, uno de los pses más expuestos al aniquilamiento en caso de una guerra nuclear.
Nuestra lucha para sacar a España de la OTAN se inserta en el movimiento de los pueblos de Europa y de todo el mundo por el desarme y la paz. Para impedir que Europa se convierta en una inmensa Hiroshima, hay que frenar la carrera armamentista, hay que impedir la instalación de los misiles norteamericanos en Europa, hay que apoyar la iniciativa de la Unión Soviética de reducir los cohetes, incluidos los suyos, hay que exigir la congelacn de los arsenales nucleares y la renuncia al uso de la fuerza militar para resolver los problemas en litigio.
Se sigue negociando el ingreso de España en la CEE que es, como todos los comunistas saben, la Europa de los monopolios. Y aparte del intolerable chantaje de vincular dicho ingreso a la permanencia en la OTAN, cada día aparece con mayor claridad la voluntad de sacrificar a los sectores más importantes y competitivos de nuestra economía -la agricultura, el sector pesquero, la siderurgia, la industria naval- con tal de entrar en el Mercado Común aunque sea por la puerta de servicio.
Es preciso abrir un debate sobre las consecuencias que la entrada en el Mercado Común puede traer para los trabajadores de nuestro país. A la vez, hay que organizar grandes acciones exigiendo el Referéndum prometido por el PSOE en su programa electoral, para sacar a España de la OTAN. Es necesario también organizar la lucha del movimiento obrero contra la política económica y social del Gobierno. Hay que prestar el apoyo más decidido a la lucha de los obreros agrícolas de Andalucía por la Reforma Agraria Integral. Pero estos objetivos no los puede asumir ni darles una justa solución un partido que no tiene una clara estrategia revolucionaria, una partido que no es capaz de resolver el principal problema que tenemos los comunistas: estamos divididos y esa división no puede ser superada sin eliminar las causas que la han motivado.
En España hay más de 100.000 comunistas que abandonaron el partido o fueron expulsados, entre otras razones, por su identificación con las ideas leninistas y por su simpatía hacia la Unión Soviética y demás países socialistas. Todos sabemos que en Catalunya la mayoa de los comunistas están organizados en el PCC. Otros comunistas están organizados en distintos grupos. La mayor parte están desorganizados, pero dispuestos a volver a un Partido Comunista que les ofrezca la posibilidad de luchar por el ideal de una sociedad sin clases. En estas circunstancias, la principal tarea que debemos imponemos es crear las condiciones para la unidad de todos los comunistas en torno a un programa revolucionario. Para ello hay que recuperar las ideas de Marx y de Lenin y ofrecer a la juventud un ideal por el que vale la pena luchar.
No estoy pensando en un partido viejo y monolítico, porque antes de que se produjera la confusión que nos ha llevado a la actual situación, habíamos dejado de lado el monolitismo. Pero entendiendo bien que, fuera del centralismo democrático no hay más democracia sino indisciplina, fraccionalismo y confusión.
La paciencia revolucionaria es una virtud y los comunistas españoles la hemos demostrado durante mucho tiempo. Pero también la paciencia tiene un límite. Una persona puede esperar una docena de congresos. El Partido Comunista no puede esperar cuando en sus propias filas se combaten las ideas del comunismo. La recuperación del Partido Comunista es la tarea más importante y urgente para todos los comunistas.
Pueden algunos rasgarse las vestiduras y desmelenarse cuando se les acusa de estar liquidando al Partido Comunista. No se rasgue nadie las vestiduras. Que afirmar que el Partido Comunista no debe tener ideología es liquidacionismo. Que decir que no gusta la hoz y el martillo como símbolos, es liquidacionismo. Que decir que la letra de la Internacional no sirve, es liquidacionismo. Que decir que ya no habrá ni en España ni en Europa crisis revolucionaria, es liquidacionismo.
Son ideas expresadas públicamente, y han sido expresadas no por talo cual militante despistado, sino por dirigentes que saben de qué hablan.
Evidentemente, eso no es lo que piensan ni los militantes comunistas, ni una parte de sus dirigentes. Pero tampoco han pensado los comunistas, ni una parte de sus dirigentes, lo que en su nombre se ha dicho del leninismo, abandonado como "una camisa vieja", ni las barbaridades propagadas contra el socialismo, ni tantas otras cosas extrañas a las ideas comunistas. Sin embargo, ahí está lo que se ha hecho y las consecuencias que ha tenido.
Desarmados ideológicamente, muchos han seguido ese proceso de descomposición sin saber qué podían hacer y, por consiguiente, sin reaccionar. Afortunadamente, esa actitud está cambiando. Son muchos los militantes del PCE, e incluso una parte de sus dirigentes que, ante el plan liquidacionista de los renovadores alzan su voz en defensa del verdadero Partido Comunista.
Pero ¿cómo defender al verdadero Partido Comunista? ¿Cómo impedir que el plan liquidacionista, cuidadosamente diseñado, se consume? La historia del Movimiento Comunista, y nuestra propia experiencia nos enseñan que de una situación como la que tenemos no se sale sin una clarificación ideológica. No se sale, desde luego, negándose a buscar las causas de que el partido haya perdido buena parte de su influencia y de su credibilidad. La primera de estas causas reside en el eurocomunismo, cuyo fracaso es tan patente, que aun sus más fervientes defensores se las ven y se las desean para intentar, sin conseguirlo, darle visos de teoría más o menos coherente. La segunda causa, estrechamente vinculada a la primera, está en la vulneración sistemática de los principios de organización del partido.
Es preciso recordar que, desde hace años, la dirección del partido ha teorizado mucho acerca del carácter de "intelectual colectivo del partido", pero ha actuado como si estuviera en posesión de todo el saber, de toda la experiencia y de toda la inteligencia de los comunistas. El centralismo democrático, más que como principio básico de organización, ha sido aplicado de manera que ha prevalecido sistemáticamente la opinión de una persona o de un grupo de personas. Se han celebrado congresos, conferencias, reuniones del Comité Central, etc., pero el papel de los militantes se ha reducido casi exclusivamente a tareas prácticas. Ni han participado antes en la elaboración de la política, ni van a participar ahora en lo que decida el XI Congreso, que, como se ha dicho en una serie de intervenciones pronunciadas en el ComiCentral, no va a ser un Congreso de clarificación ideológica ni de unidad, sino todo lo contrario: un Congreso destinado a legitimar una dirección cuyos propósitos liquidacionistas aparecen expuestos en documentos tan extensos como farragosos que, por supuesto, la inmensa mayoría de los militantes ni los van a leer, ni mucho menos discutir. ¿Cómo van a estudiar los militantes esa avalancha de tesis y de enmiendas? No las van a estudiar y su participación va a consistir, a lo sumo, en votar en favor del eurocomunismo que nos ha llevado a esta situación, o en favor de los que, sin apenas guardar las apariencias, se proponen la liquidación del Partido Comunista.
Es preciso recordar a este respecto todo cuanto dijimos en torno al culto a las personalidades. Es preciso record arlo porque, ante lo que están viendo, son muy numerosos los comunistas que se preguntan atónitos cómo es posible que se haya llegado a esto.
¿Cómo es posible -se preguntan- que se haya producido ese enfrentamiento entre dirigentes que parecían estar absolutamente identificados? La respuesta es obvia. La unidad es sólida cuando tiene un fundamento ideológico sólido. La unidad es quebradiza y aleatoria cuando el culto a la personalidad suple a los principios.
No se trata pues de optar por unas personas o por otras. Se trata de optar por el Partido Comunista, lo que obliga a cada militante a salirse del falso dilema en el que unos y otros pretenden mantenerle. El camino más difícil no es siempre el mejor. En este caso es el peor. Lo más difícil es callar. Pero no es posible callar cuando estamos viendo la operación que se está realizando para privar al Partido de su ideología, condenándolo a imitar al Partido Socialista, con el señuelo de quitar a éste una parte de los votos. En democracia es natural que un partido piense en ganar votos. Pero primero hay que saber para qué se buscan los votos y decir a los trabajadores que los comunistas no separamos la lucha por sus reivindicaciones de la lucha por la transformación social, por una sociedad sin explotadores ni explotados, por una sociedad en la que desaparezca el paro, la incultura y las demás lacras del capitalismo, por una sociedad al servicio de la paz.
Presentar, como se viene haciendo, la crisis interna del PCE cual si se tratara fundamentalmente de un enfrentamiento personal es ignorar, o fingir que se ignora, el sentir y la opinión de la mayoría de los comunistas, hartos de oír cosas con las que no están de acuerdo. Es cierto que un conjunto de personas elevadas a la dirección del partido por Santiago Carrillo, a penas se han visto con los resortes de dirección en sus manos, se han alzado con el Santo y la limosna. Es cierto también que Santiago Carrillo, indignado por la deslealtad de quienes creía sus fieles, no acepta el papel de segundón en el que éstos pretenden confinarle. Pero este enfrentamiento no está en el origen de la crisis que, como todos sabemos, viene de más lejos. El abandono del partido por decenas de miles de afiliados y la expulsión de otros muchos ha tenido como causa fundamental su rechazo de las ideas y prácticas del eurocomunismo. Sobre el papel que lo aguanta todo, es fácil desvirtuar y en muchos aspectos abandonar las enseñanzas de Marx y de Lenin. En la realidad está resultando más difícil, porque, afortunadamente, en España hay muchos comunistas a los que no se les aparta de su camino tan fácilmente como algunos llegaron a pensar.
Quienes, desde dentro y desde fuera, venimos luchando por la recuperación del partido, tenemos motivos para confiar en que el Partido Comunista que la clase obrera y los pueblos de España necesitan, será realidad.
Un Partido Comunista para la época en que vivimos, un partido moderno, pero sin renunciar a sus raíces, un partido en el que los trabajadores participen en las discusiones y en las decisiones sin el complejo de "no saber hablar", un partido en el que los profesionales, artistas e intelectuales aporten sus conocimientos que el capitalismo niega a la inmensa mayoría de los ciudadanos, un partido ni monolítico ni disperso en tendencias y corrientes, unido por sus ideas y por las reglas del centralismo democrático.
¿Un partido abierto a
todos? Ese es un concepto liquidacionista más. El Partido Comunista debe estar abierto a todos los comunistas, a todos los que acepten su programa, sus Estatutos, militen en una de sus organizaciones y paguen sus cotizaciones.
¿Un partido en el que se suprima la disciplina? De ninguna manera, porque sin la disciplina aceptada conscientemente por los comunistas, no hay Partido Comunista. ¿Un partido joven? Indudablemente, el Partido Comunista debe atraerse la parte s consciente y combativa de la juventud, pero esto sólo puede lograrse oponiendo a las injusticias y la podredumbre del capitalismo el ideal revolucionario y la ética comunistas.
Y, para atraer a la juventud, para hacer penetrar nuestras ideas en nuevas gentes, no he creído nunca, -ni tampoco lo creo ahora- que sea preciso marginar a la "vieja guardia". Pienso, por el contrario, que esta marginación ha sido uno de los más graves errores que hemos cometido.
Creo necesario precisar muy especialmente:
Primero: nunca he atentado contra la unidad del partido, ni tampoco lo hago ahora. Quienes rompen la unidad del Partido Comunista son los que, con tal de llevar a la práctica sus proyectos liquidacionistas, no han tenido el menor reparo en mantenerme marginado, impidiéndome incluso visitar organizaciones a las que me unen desde su nacimiento lazos entrañables de amistad y camaradería. Quienes rompen la unidad son los que, negándose a reconocer el fracaso del eurocomunismo, se esfuerzan en seguir imponiendo una estrategia eurocomunista. Quienes rompen la unidad son los que sostienen que el Partido Comunista no debe tener ideología. Quienes rompen la unidad del Partido Comunista son los que aplican formas y métodos de organización que vulneran los principios del centralismo democrático. Quienes rompen la unidad del Partido Comunista son los que preparan un Congreso en el cual las divisiones existentes se van a profundizar aun más. Quienes rompen la unidad del Partido Comunista son los que anteponen la lucha por los puestos de dirección al ideal de los comunistas, la mayoría de los cuales han dejado de militar en espera de que exista un verdadero Partido Comunista.
Mi aspiración más profunda es lograr la unidad de todos los comunistas, superar esta sucesión de crisis, de confrontaciones, de peleas en las alturas, ante las cuales muchos se sienten desconcertados.
Segundo: estoy convencido de que los militantes y muchos de los dirigentes del partido son comunistas sinceros, fieles a las ideas por las que yo he luchado toda mi vida, comunistas junto a los cuales deseo seguir luchando.
Tercero: numerosas organizaciones que conozco y, sin duda, otras a las que no he tenido acceso, pese a la avalancha de ideas extrañas que les han llegado, han seguido funcionando con criterios comunistas, haciendo dos sordos a lo que, en nombre del eurocomunismo, se ha pretendido que aceptaran. Los hombres y las mujeres que están en esas organizaciones tienen razón. Manteniendo con firmeza sus convicciones y ante la situación a que se ha llegado, sabrán decidir por sí mismos, sin dejarse manejar por nadie -y menos por lo que dicen los periódicos, la radio y la televisión- dónde está su puesto, en quien tienen motivos para depositar su confianza.
Frente al propósito de continuar como estábamos, sin analizar autocríticamente las causas de la crisis del PCE, no hay más camino que la unidad de todos los comunistas, sobre la base de un programa revolucionario que responda a las condiciones actuales que se dan en España. Frente a quienes actúan como dueños del partido cual si se tratara de una empresa de su propiedad, no hay más camino que la unidad de todos los comunistas, en torno a las ideas que dieron razón de ser a nuestro partido.
Yo no voy al XI Congreso porque estoy cada vez más convencido de que lo que procede es organizar un Congreso de verdadera clarificación ideológica y de unidad de todos los comunistas.
El que yo adopte la decisión que creo mi deber adoptar, no va a debilitar en lo más mínimo el respeto que me merecen mis camaradas. Por lo que me concierne no me considero ni mejor ni peor que los demás. He sacado unas conclusiones de lo que sucede en el PCE y las expreso, contra viento y marea, a costa de la tranquilidad y comodidad personales. Tengo al menos la ventaja de no necesitar ningún viraje para que se me crea cuando defiendo los principios de Marx y de Lenin y cuando manifiesto mi solidaridad no sólo con la Revolución Socialista de 1917 en Rusia, sino con los grandes logros del socialismo y, en primer lugar, con su defensa consecuente de la paz.
Dispuesto a seguir ese camino, dimito de mis cargos en el Comité Ejecutivo y del Comité Central.
Con saludos comunistas.
Ignacio Gallego

23 de diciembre de 2011

Programa electoral del PSP en 1977

El Partido Socialista Popular fue, junto con los dos sectores del PSOE (histórico y renovado) y el conjunto de organizaciones nacionalistas y regionalistas que convergieron en la Federación de Partidos Socialistas, una de las ramas del socialismo hispano en los años del tardofranquismo y la Transición. Bajo el liderazgo de Enrique Tierno Galván, el "viejo profesor", practicó un socialismo de tipo besteirista, sólidamente marxista en lo teórico y moderado y pragmático en la práctica política. En las elecciones legislativas de 1977, en las que participó en la coalición Unidad Socialista, obtuvo un escaso respaldo electoral, sólo media docena de diputados, pero un fuerte descalabro económico, que forzaron su rápida integración en el PSOE. Reproducimos el Manifiesto y el resumen de su Programa Electoral de 1977, el único comicio al que concurrió el PSP.

  
Propaganda electoral del PSP, Madrid, junio de 1977 (Archivo La Alcarria Obrera) 
 
MANIFIESTO Y PROGRAMA ELECTORAL DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR (P. S. P.)
El Partido Socialista Popular se presenta ante el electorado fiel a una doble exigencia que ha caracterizado toda su vida política y su lucha por la Democracia y el Socialismo: presentar una alternativa de organización social y política y tratar de concretar con el mayor rigor la dirección y las medidas que permitan llegar a ella por la vía democrática y parlamentaria y en respeto absoluto a los derechos de las minorías.
Creemos que es un deber moral y político exponer con la máxima sinceridad cual es el análisis que hacemos de la situación global española y de los temas en que ésta se desglosa. Consideramos indispensable decir a dónde vamos y qué camino elegimos.
II
El modelo de desarrollo económico y el modelo de sociedad propugnado en la Europa capitalista en los años 50 y 60 han agotado sus posibilidades. Tras un crecimiento considerable durante algunos años y en varios países del producto nacional bruto y de la renta nacional, tras la modernización de algunas estructuras industriales, no solamente los índices de crecimiento se han estancado, sino que la inflación y el paro -legal o encubierto- aparecen como síntomas de una crisis, que no es coyuntural, sino que está unida al sistema. Durante los años de la expansión, en Europa no se abordó la reforma de las estructuras sociales.
La empresa, por ejemplo, siguió viviendo en un doble plano en lo que se refiere a la organización. La participación obrera en la Empresa no ha rebasado en los países más avanzados fórmulas cercanas a la cogestión, falsificada por medios sutiles, básicamente porque no se ha impulsado un cambio educativo y una renovación cultural que son el fundamento primero de la participación y luego de la autogestión. La educación sigue siendo en la Europa capitalista elitista, condicionada por el origen social del niño y del joven y destinada, no a liberar al hombre por el saber, sino a proporcionar al sistema económico establecido el personal cualificado que necesita.
Esta subordinación del hombre al sistema económico capitalista ha trastornado su verdadera relación con la naturaleza y con los otros hombres. Las ciudades se deterioran y congestionan. Existe una dictadura de las obligaciones mecánicas cotidianas. Una dictadura sin rostro. Hay un profundo malestar en el ciudadano de la sociedad industrial, un sentirse ajeno al sentido de su trabajo, de su obra, un extrañamiento de los otros hombres.
Esta crisis de civilización significa que ha llegado la hora de iniciar el cambio del sistema económico y social. Las mismas instituciones políticas y económicas en las que el europeo puso su esperanza, tales como la Comunidad Económica Europea, se han convertido en entidades burocráticas, pesadas, carentes de savia política y de un proyecto de futuro para la sociedad, han permitido la penetración de intereses ajenos (las multinacionales) y se han mostrado incapaces de producir alternativas políticas y económicas propias. Europa se acerca a un cambio y este cambio solamente puede producirlo la izquierda porque presenta un modelo alternativo de sociedad y no unos remiendos para sus tremendos desgarrones.
En España nos acercamos al umbral de la vida parlamentaria -con los condicionamientos y tergiversaciones conocidos- en esta hora en que la sociedad industrial europea busca su modelo. Sería una irreparable pérdida que nos vinculásemos con la vida europea escogiendo alternativas que ya han entrado en crisis en Europa. En concreto, que intentásemos una solución derechista y liberal cuando la izquierda se dibuja en la sociedad industrial europea como la única alternativa. Sería aumentar la longitud y la dificultad del camino que vamos a recorrer y enfrentarnos, en el futuro, con tensiones que puede y debe evitar la existencia de una alternativa real y una fuerte representación socialista en el Parlamento.
III
Sin un modelo de sociedad que substituya al actual que consideramos fomenta y cristaliza servidumbres y alienaciones, un partido no puede aspirar a titularse socialista. No se trata de corregir mediante retoques los defectos más sangrantes del capitalismo.
No creemos que el proceso capitalista se autocorrija mediante la admisión y asimilación de las reivindicaciones concretas de las clases que más padecen los efectos del sistema. El socialismo se propone la superación del capitalismo y su sustitución por una forma de organización social en que desaparezca la dominación del hombre por el hombre. Este norte rige toda la estrategia de un partido verdaderamente socialista y es el fin irrenunciable que se propone el Partido Socialista Popular. Pero, fieles a un análisis científico y dialéctico de la vida social y política, los socialistas populares consideramos como aventurerista toda formulación que no tenga en cuenta los datos de una situación histórica concreta, en nuestro caso la del sistema capitalista tardío español, así como la circunstancia de la salida de una dictadura contra-revolucionaria que se ha extendido por cerca de cuarenta años bajo formas y adaptaciones diferentes. La fase por la que atraviesa la sociedad española y la relación de poder, exigen a todo partido socialista genuino huir del conformismo y del mero reformismo, y descartar todo radicalismo retórico que podría tener efectos negativos para el desarrollo de las fuerzas de cambio y de progreso.
El programa electoral que se expone trata, en cada uno de sus capítulos y temas, de marcar cuál es el objetivo que a largo plazo se propone lograr el PSP y a la vez descender a lo concreto: proponer medidas y políticas precisas que corrijan la situación a plazo corto.
Consideramos que no hay incongruencia entre una planificación de objetivos a plazo medio y largo y la adopción de medidas a corto plazo que corrijan los graves defectos y malformaciones de nuestra sociedad, puesto que nuestra profunda convicción democrática se basa en la certeza de que al superar los obstáculos que aprisionan y reducen al ciudadano se irá constituyendo de manera continua e incontenible un verdadero bloque nacional, cuya base se ensanchará hasta el punto en que el interés de la inmensa mayoría coincida con la instauración de un verdadero modelo de organización socialista.
Para el período que se inaugura en la Historia de nuestros pueblos, el modelo que propugnamos es lo que se podría denominar sociedad democrática avanzada, en la que subsistiendo -sin carácter monopolista- instituciones derivadas de la forma de organización capitalista, el proceso de socialización avanza de manera que va encajándose armónicamente en el cuerpo total y llega a ser predominante. Las libertades formales son imprescindibles e inalienables no solamente durante todo este proceso, sino también, y rotundamente, en la sociedad socialista.
Pero este momento de sociedad democrática avanzada está, en nuestro caso, precedida de otro crucial. absolutamente decisivo: el de la restauración de la democracia formal, que, en nuestras circunstancias está condicionada a que las próximas Cortes sean realmente Constituyentes y que en ellas se forme un bloque democrático formado por todos aquellos partidos, -de izquierdas y derechas- que consideren que la estabilidad y progreso del país solamente se puede asegurar mediante una Constitución nueva y democrática y por la derogación de todas las leyes represivas que hemos heredado de la Dictadura.
En este sentido, el P.S.P. ofrece su colaboración, sin reservas, en la formulación de un Pacto o Compromiso Constitucional.
IV
Para la elaboración y cumplimiento de este Pacto o Compromiso Constitucional, para que la situación política sea estable, evitando la recaída en formas autoritarias --que amenazan y amenazarán durante un tiempo a la Democracia- es preciso que la izquierda esté suficientemente representada en el Parlamento y que sea fuerte. Es preciso que la izquierda sanee la vida nacional, en especial en los niveles locales, municipales, provinciales, regionales, etc., para que este saneamiento se extienda a las nacionalidades y a todo el Estado. Para ello es imprescindible que el socialismo se constituya en el eje de la izquierda. Solamente en torno a un socialismo inequívocamente democrático la izquierda ofrecerá al país, primeramente, el correctivo de los intereses de la derecha, y, en su momento, la alternativa de Gobierno. Solamente un socialismo fuerte, radical en sus ideales y responsable en la elección y ejecución de estrategia y táctica, podrá sacar al país de la honda crisis económica y social en que se encuentra. Y de sus crisis de valores. Hemos vivido -nos han obligado a vivir- sobre falsos valores y el despertar es duro, aunque sea inevitable y saludable.
Un socialismo fuerte significa un socialismo unido. Desde su fundación y reiteradamente en el último año, el Partido Socialista Popular se ha esforzado en que se avanzase decididamente hacia la unidad. En nuestro III Congreso, primero que no se celebró en la clandestinidad -en Junio de 1976-, ofrecimos a las otras formaciones socialistas un procedimiento para avanzar hacia la unidad orgánica. Consistía en: 1) cesar todo hostigamiento y polémica inútil; 2) crear un Comité de Enlace que estudiase los temas doctrinales, programáticos y una práctica política en común, incluyendo una alianza electoral si los socialistas íbamos a las elecciones; 3) la celebración cuando se hubiese avanzado en estos temas, de un Congreso de reunificación. Dicha propuesta fue reiterada en carta al P.S.O.E. (r) y a la Federación de Partidos Socialistas, con fecha 7 de Septiembre de 1976. No recibimos respuesta del P.S.O.E. (r). En la reunión celebrada en Lisboa, convocada por el compañero Mario Soares, el 9 de Noviembre de 1976, los representantes del P.S.O.E. (r) rechazaron tales propuestas, en especial el Comité de Enlace y la alianza electoral proponiendo un Congreso de Unificación sin que se estableciera un procedimiento preciso para su preparación. No obstante, el P.S.P. ha agotado todas las instancias y explorado todas las posibilidades. La Permanente del Congreso del P.S.P. en su reunión del 5-6 de Febrero de 1977 reitera la posición unitaria y ofrece una alianza electoral bajo una denominación común «Unión Electoral Socialista». Invocando las resoluciones de su Congreso y Comité Federal, el Ejecutivo del P.S.O.E. rechazó tales propuestas y propuso que los socialistas fueran a las elecciones bajo sus siglas: postura, por otra parte, rectificada respecto al Partido Socialista Catalá.
El P.S.P. se ha esforzado hasta el momento de cerrar las listas por lograr la unidad electoral de todos los socialistas, como primer paso en el proceso de la unidad orgánica que se debe lograr lo antes posible. Así su Presidente Enrique Tierno Galván, apela a los socialistas para que vayan unidos a las elecciones, tras la reunión del Comité Ejecutivo, el 23 de Abril de 1977. Como fruto de estos esfuerzos se ha logrado una alianza electoral con la Federación de Partidos Socialistas (F.P.S.) bajo la denominación de «Unidad Socialista».
Es evidente que la participación en las elecciones en listas separadas disminuirá la representación socialista -de todos los partidos socialistas- en las Cortes a elegir. El P.S.P. se siente libre de esta responsabilidad. Lamenta que actitudes partidistas hegemónicas hayan impedido una alianza socialista. Pero no desespera de que en las Cortes las posiciones de los partidos hermanos se acercarán y terminará por imponerse el buen sentido y el interés del Socialismo como un todo. Para ello es preciso que el P.S.P. que ha demostrado suficientemente su voluntad unitaria, esté debidamente representado. Si los grupos socialistas están equilibrados, la unión se impondrá y con ello se iniciará el camino que conducirá a la alternativa de Gobierno que el Pueblo necesita.
V
Nuestro socialismo es moderno y a la altura de los tiempos, sin rémoras de épocas superadas. Se destina a un país joven y a unas clases trabajadoras de todo tipo. Corresponde a la nueva estructura social del país y responde a su mentalidad y aspiraciones. Pero, si nuestro socialismo es moderno, el P.S.P. no es un recién llegado a las luchas contra la Dictadura y contra la confusión actual. De hecho representamos un esfuerzo y una coherencia política que se extiende sin interrupción desde los años cincuenta. Cuando el socialismo había desaparecido virtualmente del país, debido a la terrible represión sufrida por todas las organizaciones democráticas se aglutina en Salamanca, en torno al Profesor Tierno Galván en 1954, un grupo de profesionales y profesores que replantean la posibilidad del socialismo en el interior. Unidos a antiguos militantes, se crea un grupo claramente socialista que adopta en 1964 el nombre de Frente Socialista Unido Español. Antes, los dirigentes del hoy P.S.P. Enrique Tierno Galván, y Raúl Morodo, fueron detenidos y procesados. En 1965 Tierno será expulsado a perpetuidad de su Cátedra de la Universidad de Salamanca, por haberse solidarizado con el movimiento estudiantil. En 1968 el Frente se estructura como Partido Socialista del Interior, denominación que se abandona en 1974 para evitar susceptibilidades de otros grupos que, ahora sí, empiezan a tener alguna virtualidad dentro del país. Nueva prueba de voluntad de concordia y armonía con todos los socialistas. Desde 1974 el Partido Socialista Popular ha mantenido una militancia creciente. Participa en la creación de la Junta Democrática y más tarde en Coordinación Democrática: sus representantes forman parte de la Comisión de los Diez y está en todas las luchas contra la Dictadura y contra los designios del Gobierno Arias. Esta ejecutoria habla por sí misma. El P.S.P. ha sido uno de los factores más decisivos para forzar una nueva época política de libertad para todos.
Desde estos principios, este análisis del presente y del futuro, con este historial democrático, desde una honradez política sin tacha el Partido Socialista Popular acude al electorado con un programa. Un proyecto concreto, lo que representa un compromiso concreto. Otras formaciones pueden decidir mantenerse en las generalidades, invocar slogans, tratar de despertar el miedo al futuro o arroparse en pasadas glorias. Pero no hay que eludir el compromiso. El pueblo está desorientado tras cuarenta años de secuestro de la información, tras haber perdido, al menos en parte, la capacidad crítica, y, sobre todo, la visión de los problemas generales. Porque se le ha mantenido deliberadamente en la ignorancia. La elección es una ocasión propicia para entablar un gran debate a escala del Estado. Las elecciones son una primera etapa. Están, por otra parte, planteadas en términos de desigualdad. Las fuerzas progresistas están discriminadas desfavorablemente. Pero, es preciso que estas elecciones sirvan para que el pueblo vuelva a participar. Con conocimiento de causa. Con este propósito el P.S.P. somete al electorado y a los pueblos españoles el siguiente programa.
 
ASENTAR LA DEMOCRACIA, REFORMAR EL ESTADO
1. El ordenamiento jurídico constitucional vigente es el residuo de la Dictadura. Se ha promulgado y desarrollado sin participación del pueblo. La Ley de Reforma del Gobierno actual es, por otra parte, esencialmente ambigua puesto que al no incluir cláusula derogatoria no permite conocer qué instituciones del franquismo tienen todavía vigencia. Es necesario, pues, que las nuevas Cortes sean plenamente constituyentes. A este fin, el PSP está dispuesto a concertar con las otras fuerzas democráticas un Pacto Constitucional.
a) La parte orgánica de la nueva Constitución ha de contener claramente el principio de la separación de poderes, con predominio del legislativo, compatible con la estabilidad gubernamental.
b) De mantenerse el bicameralisrno, la segunda Cámara cumplirá las funciones de Cámara de las Nacionalidades y Regiones.
c) El PSP aspiro a que se constituya un Estado regional, en el que las nacionalidades y regiones históricas gocen de autogobierno en la forma de Estatutos. Serán fijadas las competencias que competirán al Estado que es la institución en que se expresa la solidaridad inquebrantable de los pueblos de España y que representa su unidad frente al exterior.
d) Un Tribunal de Garantías Constitucionales entenderá del carácter constitucional de las Leyes y dirimirá las competencias.
e) La parte general de la Constitución incluirá todos los derechos sociales y económicos que corresponden a una sociedad democrática socialmente avanzada.
d) Aparte de las garantías instituidas en la Constitución, los derechos y libertades de los ciudadanos estarán tutelados por un Defensor de los Ciudadanos. Un Controlador intervendrá con funciones de control, en nombre de los ciudadanos, en la Administración económica.
2. La restauración de las libertades exige una amnistía plena e inmediata de todos los delitos de motivación política y de todas las sanciones laborales. Será derogada la ley de Libelo que ha sustituido al control de la antigua Ley de Prensa. Los ciudadanos participarán, como usuarios, en las Corporaciones públicas, independientes del Estado y de los Partidos, que se creen para gestionar la Televisión y la Radio del Estado.
3. El Partido Socialista Popular rechaza terminantemente la idea de que el avance hacia el socialismo exija la instauración de cualquier tipo de dictadura de clase o de partido o bloque de partidos.
4. Es necesario vitalizar y racionalizar la Administración Local, lo cual implica una reforma radical de la Hacienda Local dotándola de medios y sacando a los Ayuntamientos de la penuria en que se encuentran. El PSP urgirá en el Parlamento la aprobación de una Ley de Administración y Régimen Local y la celebración de elecciones locales generales en corto plazo. Sin una vida local vigorosa y democrática no habrá democracia en España.
5. El PSP, partido de trabajadores de todas clases, exige un sindicalismo libre. Para que el sindicato sea libre es necesario: a) la instauración de las libertades democráticas formales de carácter general; b) una amnistía laboral total; c) Disolución de la OSE y devolución de su patrimonio a los trabajadores. El PSP propugna un sindicato libre, unitario, de clase y de masas, reivindicativo, democrático y autónomo. No cree que el sindicato deba ser correa de transmisión de un partido. El partido político y el sindicato son frentes de lucha diversificados frente al sistema capitalista. El sindicato debe ser autogestionario.
6. El PSP entiende la Administración de Justicia como un servicio público y propugna su gratuidad real. Exige la unidad de jurisdicciones y la desaparición de los fueros, de manera que se establezca la igualdad real ante la Ley.
7. El PSP no está imbuido de ningún prejuicio, ni recelo, antimilitarista. Aspira a una defensa nacional eficaz, tecnificada y digna. El oficial profesional es un ciudadano de pleno derecho, manteniéndose el principio de la neutralidad de las Fuerzas Armadas como institución, sus derechos cívicos y políticos no pueden ser menoscabados, puesto que son inalienables, como los de cualquier ciudadano. Se debe definir un Plan de las Fuerzas Armadas y promulgar una Ley de Bases de la Defensa Nacional.
8. El PSP propugna la separación rigurosa entre la Iglesia Católica y el Estado, junto con la admisión de la libertad de creencias. El PSP es un partido aconfesional que respeta escrupulosamente las opciones de sus militantes en materia religiosa.
 
DESARROLLAR LA ECONOMÍA. CAMBIAR LAS ESTRUCTURAS
1. El país se encuentra ante una profunda crisis económica cuya salida exige la cooperación de los partidos políticos y de las fuerzas sociales. Pero, en profundidad, nos encontramos ante el fracaso del modelo de desarrollo iniciado en los años cincuenta y ante la crisis del neocapitalismo europeo. La estabilidad y el progreso del país exigen la creación de un nuevo modelo socioeconómico.
Ofrecer una alternativa socialista es un imperativo irrenunciable para el Partido Socialista Popular (PSP). Es posible alcanzar el socialismo que proponemos a través de la vida democrática, mediante las instituciones parlamentarias y respetando los derechos de las minorías.
2. Ante la situación en que nos encontramos y fieles a nuestros ideales ofrecemos dos programas: uno a corto plazo para salir de la crisis, cooperando al asentamiento de la democracia -que las tensiones económicos podrían poner en peligro- y que necesariamente se basará en el sistema de mercado; y un modelo de alternativa socialista.
a) A corto plazo, es necesario ejecutor un plan de emergencia destinado a combatir los problemas básicos de lo economía española: inflación, paro, boja productividad, desequilibrio de nuestra balanza de pagos. Problemas esenciales que, a su vez, generan otros graves: déficit de demanda en ciertos sectores industriales, exceso de demanda de ciertos productos de consumo, retraimiento del ahorro; carencia de nuevas inversiones, tensiones en el mercado de capitales y clima de desconfianza general.
Es necesario iniciar inmediatamente una enérgica lucha contra el paro mediante una serie de medidos y planes coordinados con programas de obras públicas, desgravación de empresas que crean puestos de trabajo, elevar progresivamente la participación del Estado en el costo de la Seguridad Social -aliviando al pequeño empresario y evitando su retracción ante quienes acuden a contratarse- o seguro de desempleo mejorado y universalizado. etc. Lucha contra la inflación mediante una política monetaria, comercial y fiscal adecuadas; la garantía de los precios de los productos de mayor incidencia; política de gasto público correcta, liberación de los tipos de interés pasivos a corto plazo con el fin de fomentar el ahorro y frenar las inversiones especulativas. (En el programa detallado del partido se establecen 18 puntos concretos que constituyen el embrión de un plan de emergencia).
b) La alternativa socialista del PSP comprende el mantenimiento de un sector privado y un apoyo al empresario medio; la socialización de los grandes medios de producción cuando su estructura concentre excesivamente el poder económico y en consecuencia político y social y represente un alto grado de monopolio. La socialización del crédito se basa más en el análisis de la función de cada crédito y sistema financiero que en la mera propiedad del capital. Las socializaciones se basarán en criterios muy precisos y en un análisis completo del cuadro social y económico. La socialización –municipalización- del suelo urbano y el derecho de tanteo de la comunidad a precios de referencia -no a los precios de especulación- acabarán con la especulación urbana e inmobiliaria con efectos de justicia y con una incidencia complementaria contraria a la inflación y al mal reporto de los recursos financieros.
La reforma de la empresa garantizará los derechos del pequeño accionista frente a las manipulaciones de los gestores anónimos y se basará en una participación del personal de la empresa que conduzca a la futura autogestión.
La planificación de la economía será democrática y descentralizada. Frente a los criterios tecnocráticos del crecimiento sin matizaciones del producto nacional bruto habrá que introducir criterios sociales y humanos en búsqueda de lo que podría denominarse Bienestar Económico Neto.
3. Modificar el sistema económico exige una profunda radical reforma fiscal. El caos fiscal actual incluye: a) Una reducida -en comparación con los países europeos- dimensión del sector público; b) escasa participación del Estado en el pago de la Seguridad Social; c) una centralización fiscal casi absoluta, con la ruina de los Municipios; d) Exceso de impuestos indirectos; e) énfasis del gravamen sobre el producto; alto índice de fraude fiscal; g) pequeño gravamen sobre la renta.
Los fines de una política fiscal correcta son: a) Satisfacción de las necesidades públicas; b) Reestructurar la distribución de la renta en sentido igualitario; e) Favorecer la estabilidad y el desarrollo económico.
El PSP propone: un aumento de la presión fiscal del 20 al 30 por 100 PNB; la persecución eficaz y radical del fraude fiscal; la restructuración del sistema impositivo, aumentando los impuestos directos sobre los indirectos; el estudio de una tasa al valor añadido de tipo europeo; la creación de un impuesto sobre el patrimonio.
4. La agricultura ha jugado un papel bien conocido en el desarrollo capitalista de la época franquista. Se ha producido la concurrencia de altos precios de los productos agrícolas en los mercados con un progresivo empobrecimiento de las empresas medianas y familiares que, de hecho, se han proletarizado. Los excedentes -o detracciones- del campo se han invertido en la industria y en los negocios de especulación urbana produciendo en anchas zonas del país una descapitalización que ha originado el abandono y la emigración.
El PSP propone una política de rehabilitación de la agricultura y del medio rural, basada en el apoyo a la pequeña y mediana empresa y en una mejora de las condiciones económicas, sociales y culturales del campo y de las pequeñas villas y aldeas. Es preciso, como pieza esencial de esta reconversión, liberar a los agricultores del capital monopolista, sin por ello someterlos a la tutela coactiva del Estado. La socialización agraria es la meta del socialismo. Pero es compatible con el respeto a la pequeña y mediana explotación agraria, a la vez que se estimula las formas de propiedad cooperativa. Las socializaciones se efectuarán mediante una indemnización cuya cuantía no haga imposible la socialización y solamente cuando lo exija el excesivo poder hegemónico, el equilibrio de la comarca o la necesidad de introducir cultivos. No se inspirarán en el principio de socializar las empresas con pérdida, transmitiendo la misma a los nuevos pequeños propietarios. Se crearán Fondos de Tierra con las socializadas que revertirán a los pequeños y medianos propietarios privados y a las cooperativas.
La cooperativa ha sido desvirtuada bajo el sistema franquista. Se propondrá una Ley de Cooperativas, democráticas y basadas en la representación en base al principio de «un hombre, un voto».
Las multinacionales en España se han centrado, en buena parte, en la comercialización de productos alimenticios, con enormes márgenes de beneficios que paga el agricultor con precios bajos y el consumidor con precios altos. Se planeará una política de precios realistas. El campo está descapitalizado -salvo el sector de la nueva empresa capitalista y a veces, multinacional-. Se orientará el crédito rural hacia la reinversión en las regiones y se atenderá a la financiación agraria con crédito que provenga de otros sectores. Se descentralizará la gestión burocrática agraria. Se crearán Juntas Comarcales Agrarias e Institutos Regionales Agrarios, representativos y de gestión propia de los agricultores. La Seguridad Social Agraria será la general. Respecto al Mercado Común se considera que la política agrícola comunitaria, basada casi exclusivamente en los precios, no ha resuelto los problemas de la agricultura europea.
5. La concentración de los excedentes de capital del campo y de la mano de obra en las ciudades ha creado profundos desequilibrios entre campo-ciudad y entre las regiones, convirtiendo a España casi en una sociedad dual: un sector de sociedad industrial y un estancamiento y deterioro de amplias zonas del país. La municipalización del suelo, el derecho de tanteo en los perímetros urbanos e industriales, en las zonas turísticas a precios estables -protegiendo al pequeño propietario no especulador- la planificación territorial, el control de los créditos bancarios destinados a inmobiliarias y urbanizaciones podrían acabar con el excesivo precio de la vivienda y con el deterioro del medio.
6. El PSP es un partido de trabajadores de todas clases y concede la más alta prioridad a la regulación justa de las relaciones laborales. Exigirá la derogación inmediata de la Ley de Reglamentaciones de 1942, así como de toda la legislación actual en materia de Convenios Colectivos.
Deberá promulgarse una ley corta, clara y precisa. Propugna el derecho de las Centrales Sindicales a pactar en Convenios Colectivos las condiciones de trabajo. Exige la derogación de la actual normativa sobre huelga y la inclusión en la Constitución del derecho a la misma. Propugna la jornada de 40 horas por semana y la cuarta semana de vacaciones pagadas. El actual sistema de fijación de salarios mínimos debe sustituirse por el establecimiento de un salario hora general para todas las actividades, pactado entre las organizaciones patronales y sindicales.
7. La emigración al extranjero es una de las piezas con que el Estado franquista tecnocrático logró contener la reivindicación obrera en los años sesenta, a la vez que obtener divisas. El PSP se propone una política de pleno empleo que haga innecesaria la emigración de nuestros trabajadores a Europa.
Inmediatamente exigirá: al La revisión de todos los Acuerdos de Emigración y Acuerdos Laborales negociados en condiciones de inferioridad; b) la creación de un fondo para el emigrante que se reintegre al país que comprenda una ayuda suficiente para el período de reciclaje y búsqueda de trabajo; e) la inclusión del emigrante en todos los programas de vivienda en España; d) el establecimiento de un sistema de enseñanza para los hijos de los emigrantes en el extranjero, dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia y no del INE; e) la aplicación general del régimen de Seguridad Social Español al emigrante, con independencia de los sistemas del lugar de trabajo; f) la modernización, dotación y prestigio de Consulados en los países de inmigración española; g) la creación de instituciones de los emigrantes que autogestionen sus asuntos y que estén acreditados ante nuestras Embajadas, ante las autoridades locales y ante la Administración española en todos sus niveles; h) el que los emigrantes puedan ejercer sus derechos políticos -entre ellos el sufragio-, con efectividad y sin trabas burocráticas.
De adherirse España a la Comunidad Europea, España debe negociar la modificación de toda cláusula, norma o práctica que discrimine al trabajador no nacional en el país del trabajo. En especial, tratará de que se modifiquen los artículos 117, 118 Y 121 del Tratado de Roma.
 
CAMBIAR AL HOMBRE. FOMENTAR LA SOLIDARIDAD
En la sociedad capitalista el hombre vive separado del resultado de su esfuerzo, de su trabajo. Estamos encadenados en un sistema impersonal. Fuerzas sin rostro -los medios de comunicación, la televisión, las grandes compañías- condicionan nuestras vidas. Pero, no es irremediable. Cabe crear una sociedad productiva, rica en bienes, y mantener la solidaridad humana. Salir de la soledad de este rebaño compuesto de solitarios y de competidores. El PSP ha sido en España un adelantado en la denuncia de estos males modernos, el primero en proponer soluciones.
1. La educación, la enseñanza, en el sistema capitalista está destinada a cualificar a los hombres y mujeres para desempeñar un puesto determinado por el sistema productivo. Es el sistema socioeconómico el que determina qué número de técnicos, de obreros cualificados, de investigadores necesita. Y el sistema educativo los proporciona. Las selectividades, los números clausus, las especializaciones se destinan a este fin. El fin de la educación socialista es distinto. Se trata de liberar al hombre, hacerlo crítico, que acepte las situaciones solamente cuando las aprueba su razón.
El PSP propone una educación total, general, permanente y crítica. Total, pues debe englobar el cultivo de la inteligencia, la sociabilidad, la actividad artística y física. La escuela aislada nada puede. La sociedad es un proceso continuo de educación general, y por ello se propone un tronco de enseñanzas comunes hasta los dieciséis años.
Permanente porque el proceso de educación no termina en la escuela o en la Universidad.
La sociedad industrial exige un reciclaje continuo. Crítica, porque la libertad del hombre reside en su capacidad para analizar, juzgar y elegir. El PSP propone una escuela gratuita, pública, aconfesional, obligatoria y mixta. A pesar del principio de aconfesionalidad de la escuela, el PSP toma buena nota de que la confesión religiosa más extendida en España, y unida a elementos esenciales de nuestra cultura, es la católica. El PSP asume que debido al carácter plural-nacional del Estado, la enseñanza puede ser impartida en las lenguas vernáculas de las nacionalidades, aceptando la cooficialidad de las mismas con el castellano.
2. El Socialismo, para evitar caer en formas burocráticas, exige una renovación cultural. Por otra parte el concepto actual de cultura es elitista y en cierto modo alienador, puesto que la cultura en el capitalismo se convierte en mercancía. El PSP predica una revolución cultural que vuelva al nombre al centro de la vida y que establezca una solidaridad profunda con los otros hombres. Tanto el capitalismo como el socialismo clásico estaban basados en la idea de competencia y triunfo. En una concepción cuantitativa de la felicidad. Sin una revolución cultural, la revolución política resultaría una nueva forma de dominación.
3. La sanidad en España es puramente curativa. Están abandonadas la prevención y la rehabilitación. La cara Seguridad Social actual es ineficaz. Es necesario crear un Servicio Nacional de Salud con cargo a los presupuestos generales del Estado y que cubra a todos los residentes en el país. Durante un dilatado proceso de adaptación subsistirán conjuntamente la medicina privada y la pública.
4. La Seguridad Social no es general, ni en el número de personas que cubre -aún existen quienes no están incluidas en ella-, ni en la intensidad de los servicios que reciben. Su presupuesto para este año asciende a 865.744 millones de pesetas, 82 por 100 de los presupuestos generales del Estado. Es pagada en un 93,6 por 100 por patronos y empleados y solamente en un 3,3 por 100 por el Estado (media en Europa. 20 por 100 de contribuciones estatales, en Suecia 85 por 100). El peso de la Seguridad Social recae sobre los pequeños empresarios y sobre los obreros, quienes no pueden trasladar su carga subiendo los precios. Este sistema produce; a) inflación por este traslado de costes en los precios de los productos; b) paro, al retraerse la oferta de trabajo a causa de las cargas sociales.
Por otra parte, el sistema es caótico y está mal administrado. El PSP propone una Seguridad Social basada en los siguientes principios. 1) General, comprendiendo a toda la población; 2) Costeada en mayor medida por el Estado; 3) Con una escala de tipos de cotización que tenga resultado distributivo; 4) Liberada de funciones que no le son propias (ayuda familiar. etc.); 5) En la que desaparezcan los regímenes especiales; 6 Que cumpla una función económica correcta a escala macroeconómica.
5. La calidad de la vida y la defensa del medio ambiente se han convertido en objetivos sociales y políticos de primer orden porque el incremento del poderío tecnológico del hombre ha creado una nueva situación que hay que atender con urgencia. Debe establecerse: a) un sistema eficaz de conservación de la naturaleza y del equilibrio ecológico; b) un sistema de vigilancia eficaz que penalice -por la vía del impuesto y de las sanciones- a las empresas contaminantes que no recurran a los métodos para evitar la contaminación; c) una planificación urbana destinada a evitar los efectos de la gran urbe, controlada por Comisiones Municipales de Urbanización compuesta por técnicos (sociólogos. Arquitectos, juristas. etc.) y por vecinos, que establezcan las líneas indicativas de la planificación urbana y que vigilen el cumplimiento de las normas.
6. La situación de la mujer en nuestra sociedad es la de quien sufre una doble alienación: la general del trabajador y la que resulta de una discriminación social, profesional y jurídica que deriva de concepciones culturales y de prejuicios muy profundos. Laboral, jurídica y socialmente la mujer está discriminada. No habrá revolución cultural ni social, sin revolución en la situación femenina. Es un mismo combate. El PSP adopta las reivindicaciones femeninas en los campos laborales, jurídicos (patria potestad de los dos cónyuges, divorcio, ley regulando el aborto en evitación de las prácticas clandestinas), social y profesional. La utilización de los mitos y sublimaciones de lo femenino con objeto de aumentar el consumo debe ser denunciada y combatida como una manipulación más del sistema.
7. Durante los años del fascismo se explotó el mito de la juventud; sin embargo, la juventud está discriminada en nuestra sociedad y en nuestro sistema legal. La mayoría civil a los veintiún años es más retrasada que en los otros países de nuestra área: La mayoría electoral a la misma edad entra en contradicción con el hecho de que la mayoría penal y laboral es anterior. El sistema de enseñanza padece de los defectos señalados y sobre todo ello plantea una concepción paternalista y autoritaria de la sociedad. La juventud en esta situación puede caer en la falsa rebeldía retórica y en el radicalismo también retórico. El joven será responsable si no se prolonga arbitrariamente su minoría, cuando el cambio social rápido hace madurar tempranamente a muchos individuos.
8. La sociedad industrial, basada en el principio de la rentabilidad máxima, es poco adaptada para las personas de la tercera edad. La familia preponderante es la compuesta por los padres y los hijos. Poco lugar hay para los abuelos. Sin embargo, el Estado no prevé esta situación y abandona a las personas de edad. Las mismas ciudades carecen de plazas, paseos, lugares de reposo; los barrios de lugares de reunión para los ancianos. Hay que integrar a la persona de edad en una sociedad más humana. El socialismo es solidaridad y esta empieza por quienes han contribuido durante años a la economía general y ahora entran en la edad ingrata. No se trata solamente de mantener el valor de las pensiones -deterioradas por la inflación- y de mejorarlas; sino de encontrar estímulos y horizontes para las personas que han sobrepasado una cierta edad.
 
UNIR A LOS PUEBLOS. MANTENER LA PAZ
1. El régimen franquista mantuvo una política exterior basada en una retórica y en la búsqueda de factores de sustitución. Al no poder estar España donde le correspondía geográfica y culturalmente, se hipertrofiaron otras relaciones. Hoy ha llegado el momento de la verdad, y la verdad es que en la vida internacional nada se regala. Nadie va a sacar a España de sus dilemas. El socialismo es internacionalista; pero la izquierda no es utópica. Decir: «con nosotros o Europa» es una falsedad que no cometerá el Partido Socialista Popular. Europeístas desde la fundación en 1956 en Salamanca de la primera asociación europeísta -penalizada entonces- nos resistimos a que la Comunidad Económica Europea nos sitúe en el lugar que corresponda, no a nuestros intereses, sino de los agricultores o industriales de sus países. Exigimos un verdadero debate nacional sobre los pros y los contras de lo adhesión o lo CEE, que permitirá o cada sector de lo economía nacional exponer sus problemas, buscar apoyos del Estado y que mejorará lo posición negociadora española. Como fin del mismo, exigimos la celebración de un referéndum, como se hizo en Gran Bretaña. Noruega y Dinamarca.
2. El PSP es contrario o la política de bloques. De gobernar, aceptaría las obligaciones contraídas por los Gobiernos anteriores; pero exige la desnuclearización de las bases existentes en España y poner fin, al término de su plazo, a la relación desigual hoy existente con los Estados Unidos.
3. Se opone o que de manera camuflada se vincule a España con la NATO a espaldas del pueblo. Exige, también, un verdadero debate nacional sobre las alianzas.
4. Apoya la reivindicación de Gibraltar. Considera que en el planteamiento diplomático español ha faltado un tratamiento adecuado de la población. Existe una solidaridad de clase entre los trabajadores del Campo de Gibraltar y los de la Plaza.
5. Un país que carece de una zona autónoma de actuaciones se convierte en satélite. Un satélite suele pagar el precio que conviene o su protector. El PSP tiene una política pensada y realista para una zona de autonomía relativa española: el Mediterráneo. Convocó lo I Conferencia de Partidos Socialista del Mediterráneo, celebrada en Noviembre pasado en Barcelona y organiza los II en Malta. Junio de 1977.
6. El PSP se siente unido a lo latinoamericano. Deseo buenos relaciones con todos los países hermanos de América. Pero no puede menos de denunciar las violaciones de los derechos humanos en el cono sur de aquel continente. Los pueblos argentino y chileno son nuestros hermanos. Su sufrimiento es el nuestro.
7. El PSP condena el Acuerdo de Madrid de 14 de Noviembre de 1975 que entregó el Sahara o lo anexión. Saluda la heroica lucha del pueblo saharaui en torno al Frente Polisario.
8. Desea la paz en el Moghreb y hará cuanto pueda para que esta se logre en la justicia.
9. El PSP es muy consciente de la situación de las plazas de Ceuta y Melilla y se siente solidario sin reservas con sus poblaciones.
10. El PSP ha sido uno de los primeros partidos que han estudiado en toda su profundidad los factores internacionales en torno a Canarias. Considera que Canarias es una prioridad absoluta. La españolidad de Canarias se reforzará con la aprobación de un estatuto de autonomía por los canarios, dentro del Estado español.
11. El PSP condena la adquisición de territorios por la fuerza. En este sentido defiende los legítimos derechos inalienables del pueblo palestino. Considera vital el logro de una paz estable en el Próximo Oriente.
12. El franquismo, a fuerza de retórica y de impotencia, llegó a hacer del español un ser sin fe en su destino nacional. Pero España está llamada a jugar un papel importante regionalmente, a ejercer una influencia cultural e ideológica en varias zonas. En especial, junto con Portugal y otros países del sur de Europa, está destinada a encontrar una vía propia y original hacia el socialismo.