La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

9 de junio de 2010

Lerroux y la Semana Trágica de Barcelona

En julio de 1909 las calles de Barcelona y de algunas localidades próximas se llenaron de incendios y barricadas: fue la Semana Trágica. El pueblo catalán, harto de miseria y sufrimiento, desbordó una huelga general contra el envío de reservistas a la Guerra de Marruecos y provocó un estallido que algunos creen revolucionario, pero que tuvo más de rebelión primitiva que de germen de una nueva sociedad. El papel de Alejandro Lerroux en los sucesos de aquellos días ha sido más que discutido. Ofrecemos el texto completo del folleto Lerroux y su obra, obra anónima pero atribuida a F. de Sorel, militante maurista de Barcelona.
Soldados españoles en el Protectorado de Marruecos (Archivo La Alcarria Obrera)

Prólogo
Al dar al público el presente folleto no nos mueve otro afán que el de mostrar a la faz del mundo pruebas irrebatibles de la conducta siempre interesada, siempre egoísta, siempre hipócrita, de Alejandro Lerroux y García.
Los tristes y deshonrosos acontecimientos perpetrados en esta capital en los últimos días de Julio, ofrecen al personaje en cuestión, motivo suficiente para probarnos sus gallardías revolucionarias, sus arrestos y sus pujos guerreros tantas veces expuestos en el mitin y en el periódico.
El encarcelamiento, el destierro de muchos de sus amigos y súbditos le ofrecían ocasión hermosa para venir aquí sin pérdida de tiempo, a enjugar lágrimas, a fortalecer el ánimo de los caídos, de los vencidos, muchos de los cuales tal vez lucharon impulsados por sus predicaciones revolucionarias e incendiarias.
Pero Lerroux no lo entendió así, al contrario, en lugar de acercarse a prisa y corriendo ante las rejas donde sufrían y sufren aún sus parciales, encontró más cómodo alejarse lejos, muy lejos, hacia donde no pudiera oír ni remotamente los ayes ni las recriminaciones de los que un día creyeron de buena fe en el hombre que ha encontrado en la política (de la que un tiempo abominó) el medio de medrar, de enriquecerse sin exponer otro capital que el capital de barbaridades con el cual ha explotado la buena fe, la ignorancia de los que faltos de una base sólidamente instructiva (por culpa de todos) no encuentran la senda que les conduzca al logro de sus aspiraciones, y por eso se entregan al primer charlatán que les halaga sus ansias de mejoramiento social y sus justas aspiraciones de un equilibrio económico más humano y equitativo que el presente.
Este es el caso de Lerroux y sus masas, estas pobres masas que vilmente alucinadas con promesas jamás cumplidas, se echan a la calle y destruyen, matan y mueren cumpliendo así ciertas predicaciones de su ídolo, de este ídolo que solo tiene, ante la desgracia de sus engañados y alucinados, un gesto de indiferencia, de abandono, de cobardía.
Al fin es lo que se diría para sí este patrón araña, es más preferible pasearse por las riberas del Támesis o por los bulevares de París que no respirar las insanas emanaciones de los calabozos de Atarazanas, Amalia, Montjuich, etc., etc.
Y no se nos venga ahora diciéndonos que ya está aquí, que viene al lado de los suyos como él mismo acaba de decir en Madrid, porque el menos lince podrá contestarle que no es esta la ocasión para un jefe revolucionario y que posee además acta de diputado, para pronunciar semejantes palabras. Era tres meses antes, en plena represión, cuando se encontró en Las Palmas, que debía pronunciarlas y cumplirlas. No ahora que la tempestad ha pasado y un período de benevolencia se inicia.
Era entonces, repetimos, que Lerroux tenía aquí su puesto de honor y no quiso, no le dio la gana ocuparlo; era entonces que su presencia habría fortalecido a muchos de sus parciales, era entonces que había de probarnos su temple de jefe de un partido revolucionario perseguido y su amor y su abnegación para con los caídos del grupo. Es ante el peligro donde se ven las grandes almas y Lerroux nos ha probado que ante el riesgo, ante el peligro es un alma pequeña. Salir ahora cuando las garantías constitucionales se han levantado diciendo que viene al lado de los suyos que sufren en las cárceles, es sencillamente un sarcasmo lanzado al rostro de las pobres víctimas.
Esta conducta nos prueba una vez más que a Lerroux le gusta estar a las maduras pero no a las duras.
Si Maura estuviese en el poder (él mismo lo ha dicho) no habría regresado a España y los suyos, los que están en las cárceles, se quedaban son los consuelos, que ahora anuncia, viene a prodigarles.
Aquí tienes retratado lector, al amigo del obrero, al redentor del proletariado, aquí puedes juzgar el alma misericordiosa de Alejandro Lerroux y García.
Palabras pero no obras
“En España se impone la revolución, cuando ésta llegue que no está lejos (ovación) contad conmigo como general en jefe, para llevaros a la victoria o morir en la vanguardia del ejército revolucionario (Grandísima ovación)”. Palabras pronunciadas por Lerroux en un mitin celebrado en la Fraternidad Republicana de la calle Cortés, hace seis años.
Era así como hablaba D. Alejandro, era así como enardecía a las masas con promesas jamás cumplidas y que bien sabía el que jamás habían de cumplirse; de esto hace seis años y vedlo no ha encontrado aún el momento de revolucionarse ni de llevar a sus súbditos a la lucha en pro de la República. Mucha palabrería, mucha oratoria, muchas promesas, y en la realidad nada.
En tanto miradlo a él, fijaos en el Lerroux de El Progreso de Madrid, en aquel Lerroux que maldecía de la Política y de los políticos, que anatemizaba con duras frases al Ejército, que juraba no aceptar una acta de diputado aun que se la presentasen en bandeja de plata, en aquel Lerroux dispuesto diez años atrás a marcharse a América, se le acude de pronto que la América para él bien puede ser Cataluña, campo de explotación para sus fines reaccionarios y burgueses.
Y aquí viene; no sin antes prepararse por medios miserables su llegada en esta tierra demasiado noble y sufrida.
Historia de una infamia
En diez de Junio escribía Lerroux desde Madrid a su amigo y corresponsal de El Progreso en el Ampurdán D. Juan Toronell lo que sigue: “procura organizar una huelga que meta ruido, yo vendré para agravarla y reducirla después y esto me daría un prestigio más grande que el tan manoseado de Montjuich, y me permitiría entrar en Barcelona y obtener los votos de los obreros”.
Y aquí viene la gran infamia. La huelga surge en el Bajo Ampurdán como por encanto, entre los obreros taponeros, se agria la cuestión, pasan semanas y más semanas, entonces Lerroux va a Gerona, organiza mitins donde se proclama revolucionario y redentor del obrero, mientras tanto los huelguistas agotan sus recursos, no pueden por más tiempo resistir la huelga y… entonces se reduce ésta, quedando en la miseria infinidad de familias, en tanto él, el promovedor de tanta desdicha viene a Barcelona con la aureola de amigo del proletariado, se presenta para diputado, lucha con más tesón que ningún cunero y consigue un acta, una patente de corso como él la llamaba en los tiempos en que maldecía de la política y de los políticos, en aquellos tiempos que decía, con aires de puritano “que jamás aceptaría una acta de diputado aún que se la presentasen en bandeja de plata”.
Ahora dime lector: que calificativo merece el hombre que por sus fines particulares y egoístas, provoca solapadamente, jesuíticamente una huelga, sin aterrarse ante el espectáculo de unos obreros sumidos en la miseria y en la desesperación, bebiendo de emigrar los unos y sucumbiendo a la voracidad burguesa los otros, y todos sin haber conseguido nada en pro de su mejoramiento económico.
¿No es verdad que el calificativo de infame brota espontáneamente de los labios?
Con lo dicho hasta aquí bastaría para probar lo que nos hemos propuesto respecto al sujeto de referencia; pero hay más, mucho más y esto es lo que nos hemos propuesto demostrar con toda claridad.
Lerroux dictador
Una vez ya Lerroux en posesión de su codiciada acta le vemos no solamente rumbear frecuentando los mejores restaurantes asequibles solo a los grandes burgueses, sino también imponer su dictatorial voluntad a su rebaño, y así le vemos en la Junta Municipal Republicana confeccionando candidaturas a su antojo, “tiro las muletas y quiero gobernar”, dijo un día; y en efecto, este quiero y este no quiero, impone su capricho al partido, y al que proteste la excomunión, el dictado de traidor, de reaccionario o si no el palo, la emboscada.
Incitando al atentado
Otro día en vísperas de unas elecciones de diputados provinciales exclama en el Salón de la Serpentina: “mañana seré el gobernador de Barcelona. Id a votar con la papeleta en una mano y el revólver en la otra. Si veis alguna de estas bicicletas de los regionalistas hacedles poca cosa, un palito entre las ruedas y basta”. Bien es verdad que en aquellos tiempos gobernaba en España el partido liberal que toleraba a Lerroux, por odio al despertar autonomista en Cataluña, lo que jamás se ha tolerado a político ninguno, diríase que iban de acuerdo. Del proceso de Montjuich que le había servido para encumbrarse ya no se acordó más.
Provocador y cobarde
Todos sus esfuerzos, todos sus ataques, los reservaba para los catalanistas en cuyo seno se alberga una juventud intelectual, honra de la ciencia y de la literatura, una juventud curtida por aires de la Europa moderna, una juventud que le podría enseñar a Lerroux incluso el abecedario de la Democracia. Para todos sin excepción predicó el odio y el exterminio. Los Brosa, Pompeyo Gener, Corominas, Pedro Suñol, Pous y Pagés, Ignacio Iglesias, Pujulá y Vallés, no se han librado de sus insultos por el mero hecho de dar relieve con sus admirables obras al despertar de Cataluña. A todos, repetimos, atacó, pero eso sí jamás, jamás aceptó discusión pública con ninguno de los catalanistas que le retaron repetidas veces.
Sabía que de aceptar, el ridículo más espantoso le aguardaba, y él, ducho y cobarde, rehuyó como el escarabajo la luz, la noble controversia con aquellos a quienes insultaba vilmente desde la tribunas de sus casinos, salvaguardadas siempre sus espaldas por una turba de fanáticos que nada tienen que envidiar a los súbditos del Sultán de Marruecos.
Pruebas de lo dicho
En lo único que de verdad ha sido revolucionario Lerroux ha sido, como hemos dicho, e n charlar y en insultar a todo mortal que se ha atrevido a criticar su funesta y miserable obra política, pero eso sí, atacar y charlar de lejos, desde una redacción, desde un casino de los suyos, cara a cara jamás, aquí están los ácratas Urales y Herreros, los nacionalistas Danyans, Llangort y Llorens que le retaron, obteniendo todos la más categórica negativa o el más absoluto silencio. Ahora mismo hace poco, en su viaje de recreo a la Argentina, los ácratas de Buenos Aires en vista de las sandeces que por allí expectoraba el revolucionario de frac y brillantes, escribieron para él un cartel donde se le retaba a discusión pública, pero Lerroux se hizo como siempre el sueco.
Más pruebas
En 24 de septiembre de 1905, escribía en La Publicidad el sujeto que nos ocupa, lo siguiente: “detrás de la bandera catalana no hay hombres ni corazones”. El mismo día a las diez de la mañana, dos hombres se presentaban en su domicilio, para probarle que detrás de dicha bandera había y hay hombres con corazón… y algo más.
El valiente Lerroux, en lugar de mantener, cual cuadra a todo ser bien nacido, lo que horas antes había escrito, fue lo suficientemente cobarde para dar toda clase de satisfacciones a los dos caballeros, reconociendo (por miedo seguramente) que en realidad detrás de la bandera catalana hay hombres que además de corazón, poseen algo más de lo que carece Lerroux en ciertas circunstancias. Los ciudadanos que en esta ocasión le visitaron se llaman José Manen y J. Raspall. Si alguien dudara de la veracidad de lo dicho, puede comprobarlo en La Publicidad del 25 del mismo mes y año antes mencionados.
Escurriendo el bulto
Curioso resulta que Lerroux en todos los acontecimientos más o menos graves que han ocurrido en Barcelona durante estos últimos años de su imperio, no se haya encontrado nunca, pero nunca, a pesar de su revolucionarismo y a pesar de haber profetizado algunos de aquellos acontecimientos.
A la salida del banquete de la Victoria organizado por los regionalistas en el Frontón Condal, los partidarios de aquel atropellaron e hirieron gravemente, a traición y por la espalda, a varios que habían asistido al banquete, sin que por parte de éstos hubiera habido la menor provocación. La escena se desarrolló en la Ronda de la Universidad esquina Balmes y ¡qué casualidad! en aquel día Lerroux no estaba en Barcelona.
Ocho días más tarde, el 25 de noviembre, acaecieron en nuestra ciudad sucesos que están en la memoria de todo el mundo. ¡Lerroux no estaba tampoco en esta ciudad! Pero esto no fue obstáculo para que, pocos días después, escribiera su célebre artículo “Alma en los labios” que, aparte de constituir un padrón de ignominia para la Democracia, dijera entre otras barbaridades “que de haber estado en Barcelona el día de actos, no se habría limitado a ir solamente a Le Veu de Catalunya y al Cucut, sino que habría ido a otros muchos sitios para ejecutar en ellos un auto de fe”… pero ya lo hemos dicho más arriba, dio la casualidad que estaba fuera. ¡Dichosas casualidades!
El crimen de Hostafranchs
“Habrá víctimas y los primeros en recibir el bautismo de sangres serán mis antiguos amigos”. A los 15 días de haber Lerroux pronunciado estas palabras en la Casa del Pueblo, se perpetraba en la carretera de Hostafranchs uno de los crímenes más abominables que registrara la historia política de nuestros tiempos, crimen perpetrado contra los Sres. Salmerón, Roca y Roca, Odón de Buen, Corominas, todos “antiguos amigos” del Sr. Lerroux.
Del infame atentado, resultó gravemente herido el Sr. Cambó, quien por casualidad iba en el coche agredido. La profecía había quedado cumplida.
En aquella noche, noche en la que el partido lerrouxista (no decimos republicano) se manchó de odio y de sangre, tampoco viose en nuestra ciudad al Sr. Lerroux.
Y ahora que viene a cuento, se nos ocurre preguntar, para desvanecer de una vez la imbécil patraña fabricada por El Progreso en la que se pretendía dar a entender a sus incautos lectores que el crimen había sido preparado por las propias víctimas. Y la pregunta es como sigue: Si en aquella noche resulta muerto Cambó o Salmerón (que es a lo que se tiraba) proclamados ya candidatos a Cortes por la Junta del Censo, y no permitiendo la ley sustituirles con ningún otro nombre, ¿a quién habría favorecido la vacante que a causa de la muerte de alguno de aquellos señores se hubiera producido? Pues única y exclusivamente al Sr. Lerroux o al Sr. Sol y Ortega. Esto es indiscutible y esto lo explica todo.
Se argüirá que los presuntos autores fueron puestos en libertad por el Tribunal Popular, es cierto, pero también es cierto que en aquel día la democrática institución del Jurado viose que era un peligro para la justicia en ciertos pueblos donde el valor cívico y el espíritu de ciudadanía están a la altura del arroyo.
La confesión como barceloneses es dolorosa, pero es verdad. No quisiéramos ni por asomo que se viera en lo dicho el deseo de que se mandase al fondo de un presidio a aquellos desgraciados que se sentaron en el banquillo, no; que se hubiera fallado en pro de la culpabilidad de algunos de aquellos y al siguiente día se les hubiera indultado. Esta hubiera sido nuestra satisfacción sincera como hombres amantes de la Justicia y de la Democracia y como partidarios fervientes del Jurado.
Se cumple el célebre programa
En el periódico La Rebeldía escribía hace unos tres años Lerroux su revolucionario programa, dedicado a los rebeldes. “Entrad a saco, les decía, no os detengáis ante los sepulcros ni ante los altares, levantad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres. Luchad. Matad. Morid”.
Esto escribía Lerroux incitando a sus parciales a la violación, sin tener en cuenta que la maternidad es santa cuando es hija del amor, pero es un crimen cuando es hija de la violencia. En todos los países civilizados, y sobre todo democráticos, las creencias, los ritos todos son respetados, porque saben que del respeto de las ajenas creencias depende el respeto de las propias. Esta es la verdadera democracia y la verdadera libertad de conciencia, así se honra al libre pensamiento.
“¡No os detengáis antes los sepulcros!” ¡Los sepulcros! Sólo los chacales y los cuervos son los que en la oscuridad de la noche se atreven a saquear, morder y picotear los restos de los que se fueron. Ante el insulto del niño, del viejo y de la mujer débil, todo ser bien nacido se comprime respetando así la niñez, las canas, la debilidad… ¡Y son seres que viven!
Ante los sepulcros donde yacen los cuerpos inanimados de seres queridos, los hombres todos, de todos los países, se descubren en señal de respeto. Para Lerroux los sepulcros han de ser violados, los hombres han reconvertirse en chacales, en fieras…
Programa cumplido
Satisfecho debe estar ya Lerroux.
Su programa se ha cumplido en gran parte tal y como el ordenó. En la Semana Trágica, semana de la cobardía, vio avergonzada Barcelona, la Barcelona honrada, como las turbas enteraban a saco en asilos y en iglesias sin detenerse los rebeldes ni ante los sepulcros ni ante los altares. Se destruían tumbas, se disfrazaba a los esqueletos para que sirvieran de risa a un público cobarde, y luego en macabra procesión se paseaban por nuestras calles para al fin arrojarlas en mitad del arroyo. Decía Lerroux: matad, y mataron; destruid, y destruyeron; entrad a saco, y saquearon; morid, y también murieron…
Para los que lucharon en la calle, convencidos de que defendían un ideal, nuestro respeto. Para los que saquearon, incendiaron y asesinaron cumpliendo así ciertas predicciones de Lerroux, nuestro desprecio de hombres libres y democráticos.
Francia, la republicana Francia, la que escribió con sangre de sus hijos el decálogo de los derechos del hombre, tuvo que menester treinta años de República para al fin separar la Iglesia del Estado y para poner a raya las asociaciones religiosas.
A la conquista de los derechos democráticos no se va hoy, en el siglo actual, por otro camino que el de la cultura, por la persuasión y la fe en los ideales, por la fuerza de la razón. Así lo ha hecho Francia y ha vencido a la reacción.
No se nos oculta que a veces hay momentos en la vida de los pueblos que se impone el sacrificio de una revolución para salvar la libertad, la vida y la dignidad de sus hijos; pero téngase en cuenta que en estos casos supremos, los que la llevan en el pecho no prometen a plazo fijo, como esa alma conservadora, de pico revolucionario, llamada Lerroux.
Lerroux reaccionario. La Ley de Jurisdicciones
Juzgando a Lerroux, a ese hoy rico y aburguesado revolucionario, por sus obras, nos asombra y entristece el ver como aún existe detrás de él un ejército de fanáticos, que nos recuerdan, por lo parecido, a aquellas turbas que lo mismo gritaban a principios del siglo pasado ¡Viva la Libertad! que ¡Vivan las caenas!
Porque vengamos a cuentas: ¿Qué ha hecho de verdad ese hombre por la Libertad? Categóricamente nada, es decir, sí ha hecho, la ha burlado siempre. Vamos a probarlo.
Sin ir más lejos podemos fijarnos en la reaccionaria ley de jurisdicciones, calificada por el gran Costa de una de las vergüenzas más afrentosas para los tiempos modernos. Lerroux era diputado cuando esa ley que llevado a la cárcel y al destierro a infinidad de hombres se discutía en el Parlamento.
Se trataba de un proyecto de ley que arranca del poder civil, del jurado, el derecho a intervenir en ciertos delitos de opinión, se trataba de un ataque a una de las pocas conquistas verdad obtenidas después de enormes sacrificios por los espíritus liberales, pues bien, Lerroux no solamente no la combatió, sino que ni siquiera voto contra ella. El proyecto del gobierno llamado liberal por sarcasmo fue ley sin que él, republicano radical (¿?) abriera la boca para combatirlo. Lerroux se portó como un perfecto ministerial de Moret. Lerroux contribuyó con su silencio asaz elocuente a amordazar la libre emisión del pensamiento.
¡Y este hombre no se sonroja al llevar en sus labios la palabra Libertad! Esto son hechos evidentes, claros, terminantes, no son “falsedades amañadas por la reacción”, tópico que usa siempre el revolucionario de doublé para desvanecer los justos ataques a su política burguesa inquisitorial.
Por este solo hecho, en cualquier país del mundo donde no se haya perdido el sentido común y toda noción de la lógica, Lerroux estaría incapacitado para hablar jamás en nombre de la Democracia. Aquí, en esta tierra, es posible todo, por algo se nos tiene por el país de los viceversas.
En cambio, fijaos en la actitud de los radicales franceses. Conocedores del espíritu militarista, reaccionario y pancista de Lerroux, le han repudiado, le han cerrado las columnas de sus periódicos, y es que allí, como en todas partes (menos aquí), se juzga a los hombres por sus hechos no por sus palabras.
Lerroux y el proletariado
Fácil nos ha sido demostrar con argumentos que nadie nos refutará, porque son irrefutables, que Lerroux festeja y adula a la libertad para luego apuñalarla por la espalda y fácil nos ha de ser también probar que a él se debe en gran parte la desorganización del proletariado barcelonés.
Allá por el año 1901, las sociedades obreras de resistencia poseían una organización no diremos perfecta, pero sí muy respetable. Los obreros catalanes aconsejados noblemente, honradamente por Salas Antón se organizaban para la lucha contra la burguesía, era su preocupación solamente su mejoramiento social y económico.
Era entonces que fue posible una huelga de metalúrgicos que duró meses y meses, lo que éstos pedían era de justicia, la burguesía se resistía y entonces los obreros todos secundando a los metalúrgicos declaran la huelga general.
A Lerroux, el amigo del obrero, el redentor del proletariado, no se le vio en parte alguna durante aquellos días, encontró más revolucionario irse a Madrid a defender las inmoralidades de un gobernador civil que honraba todas las noches el Trianón, mientras el juego, el hampa, la prostitución envilecían la ciudad.
“Asociaos y dejaos de políticas” les decía Salas Antón a los obreros; esto lo repetían desde sus periódicos los socialistas y los ácratas.
En cambio, Lerroux les decía: en la República está la panacea, el maná, el medio, el puente para llegar al fin de vuestras aspiraciones; sin pudor les ofrecía el pavo republicano, la revolución a plazo fijo, simulaba conferencias secretas donde se hablaba a grandes voces de caballos, armas, municiones, sublevaciones, etc. Peroraba en mangas de camisa, con el pañuelito de seda encarnado en el cuello como el “valiente” de “El Santo de la Isidra”.
Sin perjuicio de haberse atiborrado como un Nabab en el Suizo o en otro confortable restaurant, acabado su discursillo en cualquier cafetín de los barrios obreros sacaba de sus bolsillos un panecillo con una tortilla o un par de sardinas, para dar a entender que aún no había cenado, para poder llegar a tiempo a tiempo a redimir oprimidos. Pedía cinco de vino en cualquier taberna, bebía en el mismo vaso que había bebido alguno de sus compañeros, decía hermosos a los pequeñuelos que sus padres llevaban al mitin, levantaba algunos en brazos, tronaba contra las miserias, maldecía a la burguesía, sin descuidarse de señalar como enemigo principal del malestar universal, de la subida del pan, del contagio de la viruela, del frío y del calor al catalanismo, a ese sentimiento de amor a la tierra nativa recóndito en el alma de todos los seres humanos, incluso en la de los ácratas y socialistas a pesar de sus ideales hermosísimos de fraternidad universal.
Representaba tan a maravilla su papel de revolucionario que en realidad hizo adeptos, enardeció a buena parte de las masas proletarias, y éstas, incautas y bonachonas, se dejaron arrastrar hacia las fraternidades, mientras que quedaban solitarias las sociedades de resistencia, baluarte que jamás debiera abandonar el obrero para luchar por su mejoramiento que es de justicia.
Salas Antón, que con desinterés y nobleza había trabajado logrando encarrilar después de muchos esfuerzos al proletariado catalán hacia el único camino de su emancipación de verdad, éste ante el espectáculo vergonzoso, al ver su obra en ruinas, retiróse apesarado y triste de esta tierra para ir a vivir en otra atmósfera más sana y menos pútrida (espiritualmente hablando) que la de aquí.
Los que por azares de la vida hemos tenido ocasión de verle y saludarle en Londres, hemos podido apreciar el concepto que le merece la situación actual del proletariado barcelonés, casi único en el mundo que carece hoy de organización y defensa para su mejoramiento.
¿Y a quién se debe esta desorganización? Pues a Lerroux en primer término, y a la ignorancia del obrero catalán en segundo. Si ante esta afirmación los espíritus miopes titubean, les aconsejamos que lean despacio las siguientes palabras pronunciadas por el mismísimo Lerroux en Buenos Aires: “Los capitalistas, la burguesía catalana debiera estarme agradecida, pues yo logré encauzar al obrero por las vías de una política práctica, apartándole de las violentas luchas sociales, etc.”. Y podía haber añadido: y les conduje a un sitio que yo bauticé con el nombre de Casa del Pueblo, aunque no se parezca en nada con las Casas del Pueblo de Bruselas, París, Madrid ni con ninguna de las que existen en el mundo.
Allí les damos al proletariado, como pan espiritual, representaciones teatrales de género sicalíptico, como por ejemplo “La Gatita Blanca”, “El Arte de ser Bonita”; pocas, poquísimas conferencias de carácter científico, y muchos mítines petroleros. Allí hacemos diputados y concejales a burgueses y ricos propietarios. Allí explotamos una farmacia y un café los más concurrido de la casa; hay una escuela porque la paga el Ayuntamiento con los dineros de todos los barceloneses, organizamos bailes agarraos a tanto la entrada, etc., etc. A ser sincero y franco, así debiera de haber hablado Lerroux a los argentinos.
Si la burguesía barcelonesa fuera agradecida, debiera así mismo nombrar socio honorario del Fomento del Trabajo Nacional a su colaborador Alejandro Lerroux y García.
La obra de Lerroux. La huelga de El Progreso. El proceso Rull. El miedo a los solidarios. El duro pan de la emigración. Presupuesto de cultura
La obra del lerrouxismo es, en fin, un seguido de negaciones, es una obra nefasta para la cultura, para la democracia y para los ideales de emancipación obrera.
A grandes rasgos y para terminar esta primera parte de “Lerroux y su obra” señalaremos solamente los siguientes hechos, que vienen a marcar con el estigma de reaccionario, burgués e inculto el partido que tiene como a jefe a ese hoy enriquecido burgués llamado Lerroux. Enriquecido, sí, lectores, con la lana del pueblo catalán, enriquecido con la buena fe de una masa digna de la mayor consideración. Lerroux llegó aquí enseñando los calzoncillos, sin una peseta, y hoy, sin haberle visto trabajar nunca de ningún oficio ni poseer ninguna carrera, le vemos rico gordoflete, gracias a la bobería de una parte despueblo.
La nefasta Ley de Jurisdicciones puso de relieve el alma tiránica y absolutista del jefe del partido, al mismo tiempo que el alma de esclavo de sus partidarios. El mismo proceso Rull y su fatal desenlace incapacitó para siempre jamás al tal partido para condenar la crueldad que representa la pena de muerte hoy existente y para cuya desaparición trabajamos todos los hombres de alma democrática.
El famoso presupuesto de Cultura, la obra más seria y más provechosa que inició el Ayuntamiento de Barcelona, encontró en el lerrouxismo y en el fanatismo religioso, capitaneado por el Cardenal Casañas en aquella ocasión, su protesta tan incivil y anticultura, que logró hacer fracasar aquella obra que venía a subsanar las deficiencias en materias de enseñanza.
La no menos famosa huelga de El Progreso puso en manifiesto una vez más que para los hombres del lerrouxismo, una cosa es predicar y otra dar trigo, y que si quieren la justicia es para los demás, no para su casa, donde se burla al obrero como el peor y más cínico de los burgueses.
El lerrouxismo, en una palabra, no representa en Cataluña otra cosa que un valladaje para las ideas autonomistas, esencia de toda libertad, las cuales están concentradas en el alma de la inmensa mayoría de hijos de esta tierra, que trabajan, producen y pagan.
Por eso afirmamos que su obra es una obra tiránica, reaccionaria, estatista y regresiva, maquiavélica y vista con gusto por todos los que viven del presupuesto.
Todo eso lo demostraremos, como hemos dicho, en nuestro segundo y último folleto, sobre la obra del lerrouxismo y al mismo tiempo probaremos también que si Lerroux, el revolucionario de doublé, el bravucón en los mítines, el mátalo todo de restaurant, el caudillo de frac y brillantes, no tomó posesión de su cargo de diputado, en la última legislatura, burlando y despreciando la voluntad de sus electores, fue sencillamente por miedo a los diputados solidarios, quienes sin esfuerzo habrían convertido su sillón de diputado en un banquillo de acusado.
Y es que no es igual -¿nos oyes Lerroux?- perorar en mangas de camisa y ante públicos de fanáticos e inconscientes quienes lincharían como buenos demócratas, a quien intentara interrumpirte, que tener que contestar ante quien te acusaría con datos concretos e incontrovertibles.
Fue por esto, lectores, para no hundirse para siempre, para no caer con una postura de clonw, en el abismo de la vergüenza que Alejandro Lerroux no fue, ni habría ido al Congreso con las actuales Cortes.
¡Es tan dulce y apacible vivir en el extranjero, comiendo, como dice Camba, las ostras de la emigración, los espárragos de la emigración, el pan blanco de la emigración, sintiéndose llamar a todas horas ilustre emigrado!

25 de mayo de 2010

Programa electoral de la ORT en 1977

El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones legislativas del postfranquismo. Los que insisten en el carácter modélico de la Transición española se olvidan que a ese proceso electoral no se pudieron presentar los partidos políticos que cuestionaban la monarquía o que defendían la ruptura con el pasado dictatorial; unas elecciones viciadas y sin libertades democráticas para la izquierda radical. A pesar de todas las trabas, algunos grupos políticos presentaron candidatura en algunas circunscripciones, formando agrupaciones de electores y camuflando su nombre bajo distintas denominaciones. Así, la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) impulsó las Candidaturas de Trabajadores, de las que ofrecemos su programa para Madrid.
Pegatina de la Candidatura de Trabajadores de Madrid, 1977 (Archivo La Alcarria Obrera)
 
Programa electoral de la Candidatura de los Trabajadores de Madrid.
I
La Candidatura de los Trabajadores de Madrid representamos a una parte de los hombres y mujeres que en toda España hemos venido luchando por acabar con la dictadura fascista que impuso Franco al servicio de los intereses de los banqueros y de los grandes industriales y terratenientes.
Somos, pues, partidarios de un régimen democrático, en el que los trabajadores podamos defender y reivindicar libremente nuestros derechos sin sufrir por esta causa represión, amenaza y despido y cárcel. Partidarios de una España democrática, abierta al protagonismo político del pueblo.
Por ello y para ello:
1. Exigimos el inmediato reconocimiento de las libertades de reunión, expresión, manifestación y asociación. Defendemos la legalización de la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (el Partido de la clase obrera que defiende los intereses de todo el pueblo) y de los otros partidos democráticos no legalizados por el Gobierno Suárez. Exigimos la Amnistía Total.
2. Reclamamos el derecho de las nacionalidades a sus estatutos de autonomía y a su autodeterminación. Sólo de esta forma se podrá establecer la libre unión de los pueblos, regiones y nacionalidades de España. Defendemos el reconocimiento como lenguas oficiales el catalán, euskera, gallego y castellano.
3. Queremos la separación de la Iglesia y del Estado y defendemos la libertad religiosa. Rechazamos la injerencia de la Jerarquía de la Iglesia Católica dirigida a impedir a los creyentes su participación en el movimiento obrero y popular.
4. Queremos una política exterior basada en la independencia y soberanía nacional y en la coexistencia pacífica. Rechazamos la presencia de las bases militares norteamericanas y los tratados internacionales, que merman nuestra soberanía.
Queremos que España sea mantenida al margen de los bloques militares que encabezan las dos superpotencias EE UU y URSS.
Queremos que se reorganice y democratice el Ejército y que se atiendan los derechos de los soldados.
5. Proponemos la inclusión de los principios y derechos arriba enunciados, en la Constitución que ha de elaborarse; así como la anulación de todas las leyes políticas de la época franquista, cuya única misión era privar de libertad al pueblo.
6. Afirmamos el derecho del pueblo a decidir la forma de Gobierno, a elegir entre Monarquía y República. No aceptamos que se dé por intocable la monarquía que impuso Franco en 1969. Nos pronunciamos por la República Democrática, ya que ésta es el marco mejor para las libertades y los intereses de la clase obrera y de todo el pueblo.
La realización de estas medidas es necesaria para hablar de la existencia de un régimen democrático en España.
II
España ha sido el paraíso para esa minoría que es la oligarquía (banqueros, grandes industriales y terratenientes) enriquecida enormemente a costa de los esfuerzos del pueblo trabajador. Para éste sólo han sido las migajas del desarrollo económico realizado con sus brazos. Los trabajadores quieren que la democracia por la que tanto han luchado traiga una España más justa para todos los explotados y oprimidos por esa ínfima minoría oligárquica, que actúa como dueña de toda España.
La Candidatura de los Trabajadores queremos un Madrid que deje de ser negocio para banqueros, inmobiliarias, intermediarios y burócratas. Un negocio hecho a base de especular con las necesidades más vitales de la creciente población trabajadora madrileña.
Por ello reivindicamos:
7. Para los trabajadores de la ciudad y el campo: un puesto de trabajo, un salario justo y suficiente, un seguro de desempleo al 100 por 100, una jornada laboral de 40 horas, control de la seguridad social e higiene y jubilación a los 60 años (55 en las minas) con el 100 por 100 del salario real, y revisión de acuerdo al aumento del nivel de vida.
8. Para los campesinos: precios justos a sus productos, seguridad social a cargo del Estado, equipamientos colectivos de maquinaria, semillas y asistencia técnica.
9. Para la mujer: plena igualdad ante la ley, aboliendo todas las actuales discriminaciones y estableciendo una igualdad real de oportunidades, derecho al control de su cuerpo.
10. Para la juventud: derecho de voto a los 18 años, participación en todas las esferas de la actividad social, formación cultural y profesional.
11. Para los profesionales y técnicos: contratación y empleo adecuado, oportunidades para ejercer sus funciones y utilizar sus conocimientos al servicio de la mayoría, impulso a su labor investigadora científica, técnica y cultural, que contribuya a librar a España de la dependencia tecnológica frente al extranjero en la que nos ha hundido la oligarquía.
12. Para la pequeña industria y comercio: una política de protección y desarrollo frente a la expoliación de que son objeto por los monopolios y el Estado de la oligarquía.
13. Para la satisfacción de los intereses comunes a todas las capas y sectores populares:
-Protección de la familia y justa ley de divorcio.
-Nacionalización del suelo urbano. Esto posibilitará acabar con la especulación y que en todos los barrios se instalen escuelas, guarderías, mercados y consultorios.
-Garantizar una vivienda digna para todos en sus barrios, cuyos alquileres no excedan del 10 por ciento del salario. Congelación de los Planes parciales y Junta de Compensación. Conservación del Casco Urbano de Madrid y de todos los pueblos.
-Que el transporte público urbano (Metro, EMT, Periféricos e Interurbano) facilite la vida y el trabajo del pueblo en lugar de ser medio de enriquecimiento para unos pocos.
-Sanidad garantizada para todos, creando ambulatorios y servicios asistenciales mejor dotados. Seguro obligatorio para toda la población.
-Enseñanza gratuita y obligatoria hasta los 16 años. Nacionalización progresiva de la misma, haciendo una escuela pública, laica y democrática con la participación de los enseñantes, padres y alumnos en su gestión.
-Municipalización de todos los abastos y creación de una red de mercados municipales que sustituyan las actuales galerías de alimentación y favorezcan el abaratamiento y calidad de los productos. Eliminación de los intermediarios innecesarios.
-Legislación anticontaminante que elimine las industrias nocivas y peligrosas en las zonas próximas a la población. Ampliación y mejora de las zonas verdes de Madrid. Defensa de las reservas ecológicas de Gredos, Guadarrama y Pinares de Balsain.
-Promoción de las actividades culturales de todo el pueblo.
La consolidación de la democracia, una vez ganada, dependerá de la satisfacción de estas reivindicaciones. Ya que el pueblo ha luchado por la democracia la mantendrá con su lucha en tanto ésta le traiga una mayor atención a sus intereses.
III
Una solución popular para que la crisis económica no la paguen los trabajadores
Actualmente la economía española atraviesa una profunda crisis: un millón de parados, quiebra de la pequeña y mediana industria y comercio, subida alarmante de los precios, anarquía de la producción industrial, funcionando, además, sólo al 70 por 100 de su capacidad real, ruina progresiva del campo en relación a sus posibilidades.
Los únicos responsables de esta crisis son la oligarquía y el imperialismo, fundamentalmente el norteamericano, que detentan los principales resortes de la economía; sin embargo, pretenden hacérsela pagar al pueblo.
En medio de la crisis la oligarquía sigue obteniendo grandes beneficios y al mismo tiempo evaden para su seguridad capitales a los bancos extranjeros; por su lado, el imperialismo norteamericano acrecienta su intromisión y saqueo de nuestra riqueza.
El pueblo debe unirse y luchar para evitar que el peso de la crisis caiga sobre sus espaldas y para lograr que la paguen sus causantes. El pueblo debe unirse y luchar contra el poder político del que se sirve la oligarquía y el imperialismo, y para acabar con el absoluto control de éstos poseen de los sectores fundamentales de la economía; acometiendo las transformaciones que ésta requiere para darle una salida popular a la crisis.
Para ello:
14. Proponemos una política de nacionalizaciones: en primer lugar de la Banca, medida imprescindible para abaratar el crédito a los pequeños y medianos empresarios y campesinos, y para conseguir que el dinero de todos no lo manejen un puñado de banqueros para su enriquecimiento personal; nacionalización de las grandes industrias y monopolios comerciales que ejercen un papel decisivo en el funcionamiento de la economía del país, para que se dejen de orientarse en función del exclusivo interés de la oligarquía y del imperialismo extranjero.
Esta política de nacionalizaciones se hará con el completo respeto a los pequeños y medianos accionistas. Al mismo tiempo se la nacionalización se implantará el control democrático de los trabajadores.
15. Exigimos la inmediata Reforma Fiscal que grave, fuerte y crecientemente las grandes propiedades y rentas y que alivie la pesada carga de impuestos que hoy soportan los trabajadores y pequeños empresarios y campesinos.
16. Queremos una Reforma Agraria que, de acuerdo al principio “la tierra para el que la trabaja”, permita el acceso a la propiedad a los jornaleros, arrendatarios y aparceros, expropiando las grandes propiedades latifundistas, generalmente mal explotadas. Promovemos la modernización del sector agrario, y el fin de una política de importaciones que perjudica a la agricultura y al desarrollo del conjunto de la economía. Exigimos la eliminación del control de los intermediarios monopolistas sobre la comercialización y transformación de los productos agrarios.
17. Exigimos el control de las actividades en España del capitalismo imperialista extranjero: reivindicamos la revisión de toda la legislación actual realizada por los Gobiernos de Franco y la Monarquía.
La Constitución que ha de elaborarse para ser democrática debe permitir la realización de las medidas aquí señaladas, que van en la línea de impulsar la transformación económica que España necesita para su progreso, librándola de la dominación oligárquica e imperialista.
IV
Te pedimos un voto y también un brazo para que juntos hagamos verdad este programa
La experiencia dice que nada se consigue sin lucha. La clase obrera y las demás clases populares deben unirse para conquistar todas las reivindicaciones arriba expuestas y para realizar las transformaciones políticas y económicas que implica. La sociedad actual ya está madura para ello, son plenamente justas y realizables y su conquista depende de la unidad y de la lucha del pueblo trabajador, encabezada por la clase obrera.
A la lucha electoral se presentan aislados partidos y organizaciones que deberían haberse unido para librar con éxito esta batalla y para derrotar a las llamadas “Unión de Centro Democrático” y Alianza Popular”, ya que ambas defienden los intereses de la oligarquía y del imperialismo.
Sin embargo, la unidad en un auténtico Frente Popular sigue siendo y será cada vez más necesario para conquistar y consolidar la democracia y para unir la lucha diaria de todo el pueblo por sus reivindicaciones.
Por ello:
18. Nos declaramos partidarios de la formación de un auténtico Frente Popular en el que se incluyan todos los partidos, asociaciones, sindicatos y hombres y mujeres dispuestos a combatir unidos por la conquista de los objetivos populares y por la defensa de sus intereses.
Nos declaramos también partidarios de la unidad sindical de los trabajadores.
Llamamos a todo el pueblo a que apoye por todos los medios que estime conveniente nuestra candidatura, puesta en pie por el único afán de defender sus ideas e intereses.
También os pedimos vuestro voto con la confianza de que será un paso en la conquista de este programa.
Candidatura de los Trabajadores de Madrid.
El voto útil para el pueblo.

23 de mayo de 2010

Isabel Muñoz Caravaca y la masonería

Nicolás Díaz Pérez escribió varios artículos bajo el título común de "Datos para escribir la Historia de la Orden de los Caballeros Francmasones en España", que fueron publicados en la madrileña Revista de España. En uno de ellos, que se puede leer en su número de marzo de 1891, insertaba una carta de Isabel Muñoz Caravaca en respuesta a una pregunta del autor sobre una casa, propiedad de ésta, en la que pudo tener su taller la primera logia de la capital de España. La respuesta de Isabel Muñoz Caravaca muestra su carácter inquieto y erudito y es prueba de esa facilidad que tenía para convertir un asunto menor en un tratado científico; en 1890 y antes de enviudar de Ambrosio Moya de la Torre, ya se traslucía todo su potencial intelectual, que a la menor oportunidad se evidenciaba más allá del discreto ámbito doméstico, como se pudo en evidencia muy pocos años después, al hacerse cargo de la Escuela de Niñas de Atienza. Además, nos ofrece pistas sobre la ideología progresista y la desahogada economía de su padre y, justo es decirlo, también da cuenta del derroche que ella y su marido hicieron de sus respectivas herencias, según decía la tradición familiar.
Vista de Atienza (Archivo La Alcarria Obrera)
 
Madrid, 14 de Diciembre de 1890.
Ilmo. Sr. D. Nicolás Díaz y Pérez.
Muy señor mío y de mi mayor distinción: He recibido con gran retraso su muy grata del día 6; me encontraba en el campo y hasta hoy no he regresado a Madrid.
Me pide usted unos datos que apenas puedo darle; pero con buena intención no hay montaña tan inaccesible que no pueda subirse siquiera hasta la mitad. Poco sé de "Duendes"; nada sabía de francmasones; pero tengo sin igual complacencia en ocuparme de este asunto. Diré a usted lo que creo saber y si es útil, desde luego me felicito, y si no, no será por lo menos completamente estéril que hablemos del asunto, pues mejor sabe usted que yo cuánto alumbran las más pequeñas luces en las investigaciones históricas, con lo cual me tomo la licencia de distraer sin remordimientos su atención.
La casa calle de la Princesa (ó del duque de Liria, como entonces se llamaba) núm. 6, fue adquirida por mi padre de la venta de los bienes del patrimonio real, cuando el célebre Rasgo de doña Isabel de Borbón. Los títulos de propiedad de la misma, que siempre poseí, fue la escritura de compra-venta, otorgada ante el notario D. Claudio Sanz y Basea, en Agosto de 1865, los pagarés firmados por mi padre al otorgamiento del contrato y recogidos a los vencimientos de los plazos, y... aquí paz y después gloría; el patrimonio se reservó (si los tenía) los antiguos títulos; la finca fue enajenada en virtud de una ley hecha para el caso; no hubo cuentas que dar a los nuevos poseedores y el vendedor no era un contratante cualquiera que debía darlas. Por consiguiente, anterior a la fecha de la escritura, no sé nada; carencia de datos; oscuridad total; silencio completo; esa realidad brusca que de tal modo desespera a los investigadores.
La primera pregunta que surge después de esto es la siguiente: ¿Desde cuándo y por qué género de adquisición pertenecía la finca al Patrimonio?
Debía ser la posesión antigua, los moradores que nosotros hallamos en la casa éranlo también en su mayor parte, siempre fueron inquilinos del Patrimonio y sus antecesores inquilinos del Patrimonio igualmente. Era aquella casa, y ha seguido siéndolo hasta su demolición, como propiedad de sus habitantes; se casaba la hija de uno de ella, y se la acomodaba en un cuarto de la misma; y allí había padres e hijos, nietos y abuelos, tíos y sobrinos, amoríos entre la vecinita A y el hijo del vecino B, se cuidaban en sus dolencias, se consolaban en sus aflicciones, se cuidaban mutuamente la habitación y los alimentos en las forzosas ausencias del trabajo, se tiraban del moño cuando tenían sus razones para ello, y aquella vida casi en común era antigua, era inmemorial. La casa, pues, venía siendo constantemente del mismo dueño, pues que la sociedad que cobijaba no conoció uno anterior. Aquella sociedad debía contar algunas generaciones, pero ¿cuántas? Esa es la cuestión.
Todos sabían del Duende; a todos oí hablar de él en las visitas que hice con mi padre en la toma de posesión del inmueble, pero sabían poco y sabían por tradición: nadie le había conocido.
Se aceptaban allí dos cosas con autoridad de cosa juzgada: la antigua presencia del Duende y la existencia actual de un tesoro. ¡Un tesoro! Siempre creí en él, solo que las comadres, nuestras nuevas inquilinas, le creían compuesto de doblones y yo le creí siempre compuesto de recuerdos, y con la triste evidencia de que se perdían sin conocerlos; y así, cuando un contratista de derribos hizo caer los viejos muros, me consta que más de una y más de dos de las desahuciadas vecinas venían rondando alrededor de la valla: yo había buscado antes que ellas.
Había buscado el origen de la casa. Tengo un plano (mejor un borrador) hecho por mí misma de lo que fue la casa. Era una antigua vivienda de inmensos salones, atestiguados por la moldura que decoraba sus techos, divididos después por los administradores del Patrimonio sin duda, y aun por mi mismo padre, para convertirla en cuartos pequeños; aquellas señales no dejaban lugar a la más leve duda, como su escalera grande, espaciosa, toda de piedra; su piso principal, su construcción, en fin y su mal gusto denunciaban que se hizo aquella casa en el siglo XVII, cuando vino aquí la corte y Madrid dejó de ser un lugar de cuatro chozas. Adquirí el convencimiento de que no se hizo para casa de vecindad como yo la conocí; sirvió para albergar grandezas de aquellas que se contentaban con muros cubiertos de yeso y embaldosado de ladrillos, pero al fin grandezas: cada época tiene las suyas.
Dije antes que los vecinos a quienes yo hablé no conocieron personalmente al Duende: le conocieron de oídas, y este es un detalle importantísimo para usted, como voy a demostrarle. Susurrábase que por tradición sabían que el Duende era una asociación de “monederos falsos”, y esto es para usted también otro detalle de importancia. Allí sin duda se tomaba a los francmasones por monederos. ¿Por qué no? ¿Es cosa imposible? La sociedad secreta, fuera de la ley, toleraría inevitablemente que así se la calumniase, porque no se podía defender. Que no conocían el Duende mis primitivos inquilinos es importante, lo repito. Yo conocí la casa en 1865; de esta época a la de 1853 sólo van doce años; allí tenía yo inquilinos de 1840 y “no conocieron personalmente al Duende”. Aún me parece próxima la fecha de 1817, y creo, como usted, que los francmasones pudieron reunirse allí (pasando por monederos falsos, como decían las comadres) mucho antes de 1809.
La casa se llamó del Duende en nuestros días; tenía cierta fama y no hay escritos antiguos (dentro de la antigüedad del repetido inmueble) que mencionen la casa con esa denominación; yo los he buscado. Luego la denominación es moderna; el Duende no había nacido en el siglo XVII, cuando se alzaron aquellos muros que ya no existen, y ellos solos supieron la parte de verdad en que se fundaron las antiguas narraciones.
La casa tenía un sótano con galerías de varias dimensiones, y allí pudo esconderse ¡sabe Dios quién! Parecía predestinada aquella mansión: yo misma he conocido unas sombras que se escondieron en el referido sótano huyendo de la muerte: eran quince ó veinte hombres vestidos de soldados, y entre ellos uno con las insignias de teniente general, escapados del cuartel de San Gil el 22 de Junio de 1866. Y al fin, siendo propiedad mía heredada de mi padre, porque tenía una fachada en mal estado de conservación y nuestro Ayuntamiento no tenía plano de alineaciones y no quería darme líneas para una nueva fachada, me obligó a derribarla el año 1883.
Antes de entregarla a la piqueta levanté un plano de ella (como antes dije); penetré en una tienda y me llamaron la atención dos pilastras de piedra embebidas en una traviesa; mandé hacer un boquete, y penetrando por él llegué a un local, en aquel tiempo carbonería, pero que había sido una capilla expresamente construida al efecto. Si en vez de historia escribiese usted una novela, yo le aconsejaría que colocase allí el lugar secreto donde la Logia se reunía; pero esto no lo sabemos y no lo podemos afirmar y yo soy escrupulosa hasta el extremo cuando de verdad histórica se trata. He dicho eso porque aquel lugar era de sombras, de tinieblas, de recogimiento religioso o a propósito para morada de los duendes. Sentí tener que abandonarla, pero cada tiempo, cada época tiene sus exigencias, y había llegado la hora de que la casa del Duende pagase todas las que debía, y las pagó en efecto.
He hablado mucho y he dicho muy poco. Eso es lo que sé y eso es lo que sospecho. ¿Quiere usted que tratemos de investigar en los archivos de Palacio? Estoy dispuesta a ayudarle en todo.
Y ahora perdóneme usted el dolor de cabeza que le habré causado; y tengo el gusto de repetirme su muy afectísima segura servidora, que besa su mano.
Isabel Muñoz Caravaca.

Añade Nicolás Díaz Pérez: "La carta anterior es un documento curioso que no hemos querido despreciar al tratar de uno de los edificios que tantos recuerdos reúne para la historia de la Francmasonería española".

16 de mayo de 2010

Las Juventudes de Izquierda Comunista

Los grupos y partidos políticos de la extrema izquierda de los años 60 y 70 del siglo pasado se nutrieron, muy principalmente, de jóvenes trabajadores y, sobre todo, estudiantes. La oleada revolucionaria de 1968 puso en evidencia que la juventud era un sujeto político que rompía la vieja dinámica de clases sociales y asumía un descarado protagonismo en la agitación revolucionaria de aquellos años convulsos. Las distintas corrientes de la izquierda radical, algunas sin recambio generacional desde hacía años, se vieron impulsadas de nuevo por la actividad de miles de jóvenes que nutrieron sus filas. La Organización de Izquierda Comunista, grupo marxista heterodoxo de influencia consejista, organizó en 1977 su rama juvenil, las Juventudes de Izquierda Comunista, que se presentaron en público con este folleto, ¿Qué son las JIC?, que ahora reproducimos.
Pegatina de las Juventudes de Izquierda Comunista (Archivo La Alcarria Obrera)
 
¿Qué son las Juventudes de Izquierda Comunista?
¿En qué momento aparecen las JIC?
Ciertamente es reciente nuestra aparición. Es breve nuestra existencia pero hondas nuestras raíces, igualmente somos poco conocidos en el momento actual, pero ese espacio que ocupamos, el de la Izquierda Comunista, arranca de la primera experiencia donde la Revolución Socialista demostró su esencia real y no el calificativo bastardo de Utopía.
En efecto, muchos de los que leáis por primera vez este librillo político desconozcáis por completo lo que las JIC proponen, defienden y proyectan construir porque también es cierto que la revolución en España nos ha alumbrado con excesivo retraso.
Las JIC hemos aparecido no por aumentar en una más las múltiples siglas que hoy componen el espectro político en el Estado Español sino por hacer nuestra esa ley del desarrollo de la historia que afirma que el “proletariado y las capas populares construyen las vanguardias que les son necesarias para continuar avanzando en su lucha por la Revolución”.
-Las JIC aparecemos en un momento de inexistencia de alternativa política para la Juventud.
-En un momento de debilidad y reflujo de la Juventud.
-En un momento de estancamiento y retroceso de la actividad política y social del joven.
-En un momento donde las vanguardias históricas (con más tradición, se entiende) han abandonado, al igual que los partidos que las han construido, la coherencia política, la teoría marxista y la práctica revolucionaria.
-En un momento donde es vital por el futuro de la organización, la lucha y el desarrollo de un potente movimiento juvenil, una alternativa clara, visible, real y revolucionaria.
¿Qué diferencia a las JIC de la historia pasada y del resto de Organizaciones Juveniles?
Nos diferencia:
1º Una línea de actuación que trata de construir en la juventud una identidad social que señala las vías de lucha y alternativas de transformación a la situación de opresión política y explotación.
2º Una intervención entre la juventud que no se limita a calcar las propuestas que los partidos han venido haciendo y que las diferentes vanguardias juveniles que dependían de ellos han encajado como fuera entre la juventud, sino un método que partiendo de las necesidades, contradicciones e intereses de la juventud nos ha permitido elaborar un proyecto político juvenil con claros puntos de conexión con los objetivos revolucionarios de los trabajadores.
3º Un programa revolucionario actual y estratégico, o sea, de objetivos que sí configuran lo que ha de ser la lucha de la juventud por el socialismo.
4º Una voluntad de construir una juventud revolucionaria, y no sumisa y rendida a los intereses de los capitalistas en su fase actual de democracia-burguesa.
5º Una Organización en la que predomina la democracia interna; que se niega al burocratismo; en la que igualmente predomina el debate y la elaboración colectiva y el centralismo democrático como instrumento de construcción de una moral unas estructuras fuertemente comprometidas con la causa revolucionaria. Un no rotundo al estalinismo opresor y que arranca la creatividad e impone el dominio de la jerarquía individual al colectivo.
Nos diferencia así mismo:
6º Nuestra negativa a utilizar esquemas fáciles y preconcebidos en el análisis de la situación de la juventud, y por eso permanentemente mantenemos un estudio y una profundización del comportamiento, las prácticas y la lucha de juventud para poder realmente asumir el momento que vivimos y por tanto la dirección política que hoy exige la debilidad de la juventud.
Las JIC, por último, somos un Frente de lucha más en las múltiples tareas revolucionarias que hoy tiene planteado el proletariado y una escuela de aprendizaje de los mejores dirigentes juveniles y obreros con unos caracteres inconfundiblemente comunistas.
Un Programa Revolucionario para construir una Juventud Comunista
Las JIC luchamos:
-Por la construcción de una sociedad socialista que acabe con la existencia de la explotación capitalista sobre las capas más humildes e instaure la dictadura del proletariado con una forma de Estado basada en los Consejos Obreros como formas de poder popular.
-Por la construcción de la unidad de todos los explotados de la Clase Obrera y el Pueblo Trabajador en un solo Bloque Anticapitalista y Revolucionario, que bajo la dirección del proletariado unifique los objetivos revolucionarios y ponga en marcha a las capas y clases explotadas hacia la Revolución Socialista.
Las JIC defendemos:
-La Autoorganización de los trabajadores basada en las Asambleas y en la democracia directa.
-Contra todo intento de división de la clase, la Unidad Obrera en Asambleas, consejos de fábrica, Asambleas de delegados, Coordinadores de delegados, es decir, toda forma de democracia real y de autoorganización.
-La lucha política de la Clase Obrera y el Pueblo Trabajador caminando hacia la Huelga General que abra un espacio revolucionario y permita a los trabajadores acabar con la máquina del Estado burgués y levantar el Estado Proletario.
Las JIC y su programa de lucha juvenil
Defendemos:
La democracia directa y la Autoorganización de la Juventud contra todo intento de burocratismo y de sustitución del protagonismo de los jóvenes.
La juventud ha de platearse una lucha permanente por acabar con la explotación, marginación y discriminación de la que es objeto en la sociedad capitalista, y por tanto su lucha será desde hoy por ampliar el margen de libertades políticas totales para el joven y conquistar permanentemente el conjunto de reivindicaciones políticas, económicas y sociales que hoy el capitalismo reprime y niega.
De reivindicaciones políticas:
-Por la mayoría de edad a los 16 años.
-Por las libertades máximas de expresión, reunión y manifestación.
-Por la amnistía total.
-Por la legalización de las Asociaciones Juveniles, las organizaciones políticas juveniles y de todos los partidos obreros.
-Por el castigo a los criminales de la juventud y de todo el pueblo trabajador.
-Por la disolución de los cuerpos represivos.
-Por la desaparición de los reformatorios de menores y los tribunales tutelares.
-Amnistía para todos los presos juveniles hoy en los reformatorios.
-Por la desaparición de la OJE.
-Por la devolución de los patrimonios, albergues, fondos materiales, campamentos, etc. a los representantes legítimos de la juventud.
-Por un servicio militar reducido al tiempo de instrucción y en el lugar de residencia.
-Por la desaparición del servicio social.
-Por las máximas libertades en el ejército.
De reivindicaciones sociales:
-Por la desaparición de la patria potestad a partir de los 14 años.
-Por la penalización de los castigos físicos a la juventud.
-Por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.
-Por el matrimonio civil y el derecho al divorcio.
-Contra el autoritarismo de la familia, en la escuela, en la fábrica, en el ejército.
De reivindicaciones materiales:
-Por una enseñanza gratuita, estatal y obligatoria hasta los 18 años, combinados con el derecho al trabajo del joven.
-Por unos salarios dignos y suficientes para el joven.
-Contra el paro juvenil. Un joven, un puesto de trabajo.
-Por la igualdad de horario y salarios del joven trabajador.
-Por la instalación de centros deportivos en cada barrio, campamentos de invierno y verano, en base a fondos estatales y en manos de los jóvenes.
-Por la instalación de centros culturales, locales, bibliotecas, con medios y subvención estatal para la Juventud.
-Por la existencia de “Casas de la Juventud”, regidas por los jóvenes, y con fondos del Estado para su mantenimiento, para la residencia en ellas de jóvenes que por su propia voluntad o por cualquier otro motivo carecían de lugar donde vivir.
Contra todo tipo de represión:
-Política, ¡Abajo la represión!
-Cultural, ¡No a la censura burguesa!
-Social, ¡Abajo las cárceles de jóvenes!
-Sexual, ¡Por una sexualidad libre!
-Laboral, ¡No a la discriminación por razones de edad o sexo!
La Unidad de la Juventud: ese objetivo actual
Este programa, este planteamiento político de lucha y de intervención revolucionaria, esta organización comunista que es parte de la juventud y que ha surgido de sus luchas y con sus más cualificados y mejores luchadores, desde hoy sostiene un proyecto inmediato y a la vez permanente que todos los jóvenes habremos de conquistar.
Este objetivo no es otro que el de conquistar:
-Nuestra Unidad en la práctica diaria.
-Nuestra Unidad en un programa tras el cual consigamos que la juventud cobre el carácter revolucionario que la historia precisa del joven.
-Nuestra Unidad en unas formas de organización que sean presididas por la única y democrática vía de construcción de nuestra autoorganización juvenil (la asamblea, la democracia directa, la representatividad política y no burocrática).
-Nuestra Unidad que acabe con las diferencias y las barreras que se alzan entre los jóvenes explotados en diferentes grados y con distintas técnicas capitalistas (estudiantes, aprendices, campesinos).
La lucha por la Unidad de la juventud empieza hoy tras un solo objetivo: El Socialismo, con los métodos que únicamente garantizan las conquistas antes, durante y después de las luchas: la movilización, la acción, la práctica política constante y con el único programa que recoge las reivindicaciones sociales y políticas y económicas de los jóvenes a la vez que incorpora y proyecta nuestra lucha como sector explotado a la lucha general de la Clase Obrera y el Pueblo Trabajador.
La unidad es hoy la posición política de quien entiende que somos carnada fácil para la burguesía si continuamos dispersos y ausentes de la lucha por nuestras reivindicaciones y faltos de la conciencia política capaz de dibujarnos el espacio real político que los jóvenes hemos de ocupar para acabar con esta explotación y opresión que no se verá resuelta en ninguna pacífica democracia burguesa sino en el Estado Socialista de los Trabajadores, cuando la explotación se haya reducido a cenizas.
Juventudes de Izquierda Comunista