La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

15 de diciembre de 2011

El VIII Congreso del PCOE

Pegatina de la organización juvenil del PCOE, 1980 (Archivo La Alcarria Obrera)

La evolución ideológica del PCE a lo largo de las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo no se hizo sin traumas y rupturas. Algunos, pocos, querían ir más deprisa, como Fernando Claudín y Jorge Semprún; otros, más numerosos, rechazaban el nuevo carácter organizativo e ideológico del Partido Comunista y se fueron desgajando del partido que dirigían con mano de hierro Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. De todas las escisiones que vivió el PCE en esos años, destaca la que los más ortodoxos, llamados por eso mismo "prosoviéticos", protagonizaron en agosto de 1970 bajo el liderazgo de Enrique Líster, al que luego se sumó el grupo de Eduardo García y Agustín Gómez. Este nuevo partido, que con el tiempo se refundará como PCOE, celebró su primer comicio, el VIII Congreso según su propia terminología para dejar claro su continuismo con el PCE tradicional, en abril de 1971 y en el número de agosto de ese año de su revista Nuestra Bandera se recogieron las líneas programáticas del partido y de los acuerdos de su reciente congreso en el artículo que aquí reproducimos.

TESIS PROGRAMATICAS DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA
Las Tesis programáticas del Partido Comunista de España son la obra colectiva de millares de militantes. Unos han participado directamente en su elaboración, otros han contribuido con su lucha y experiencia. El VIII Congreso recogió finalmente todas las aportaciones de los camaradas y el II Pleno del Comité Central, después de una amplia discusión ha dado a las Tesis una redacción definitiva.
El destacamento marxista-leninista de la clase obrera española tiene, pues, un documento político-ideológico claro y preciso que le servirá de orientación general para su actividad revolucionaria.
Los comunistas han participado en la confección de las Tesis y se han esforzado por recoger la rica experiencia de 50 años de lucha del Partido de nuevo tipo, que nació al calor de la Gran Revolución Socialista de octubre.
Durante esos años, la clase obrera y su vanguardia comunista pasaron por las más variadas pruebas; duros combates políticos contra el reaccionarismo de las clases gobernantes; contra el reformismo socialdemócrata y el anarquismo; enfrentamiento con la monarquía borbónica de Alfonso XIII y la dictadura del General Primo de Rivera; experiencia de la República democrático-burguesa de 1931, breves períodos de actividad legal y parlamentaria; insurrección de octubre de 1934 y represión sangrienta del Gobierno Lerroux-Gil Robles; guerra nacional-revolucionaria del pueblo español (1936-1939) Y participación del PCE en el Gobierno republicano; más de diez años de lucha guerrillera contra el franquismo; participación en los movimientos de resistencia y en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo; trabajo del partido en las más difíciles condiciones de la clandestinidad desde 1939.
Sí, el Partido Comunista de España ha acumulado a lo largo de sus años de historia una considerable experiencia. En esta actividad no todo han sido aciertos, también se han cometido errores. Pero algo hay que sobresale en todos los períodos de la vida del Partido Comunista de España, hasta que Carrillo llegó a su máxima dirección, el heroísmo y la combatividad en la lucha contra los peores enemigos de la clase obrera y del pueblo; la fidelidad a los intereses de los trabajadores; la solidaridad inquebrantable con la Unión Soviética y su gran partido comunista.
Nuestras Tesis programáticas han recogido también la experiencia colectiva de otros partidos comunistas en la lucha por la emancipación de los trabajadores y los avances de la teoría marxista-leninista.
Lejos estamos de pensar que todo está dicho en nuestras Tesis. Ellas son una base de partida para continuar estudiando los múltiples aspectos de la realidad española y para armar política e ideológicamente a la clase obrera en la lucha por la democracia y el socialismo. Tenemos la seguridad de que en esta lucha contaremos con la participación de decenas de miles de trabajadores y de otros combatientes antifranquistas.
Un grupo de revisionistas, encabezado por Santiago Carrillo, provocó una profunda crisis en nuestro Partido al romper con los principios del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario y sembrar en sus filas el anti-sovietismo, el anticomunismo.
La fracción carrillista se proponía colocar el Partido Comunista de España bajo la orientación de la llamada burguesía "evolucionista", que aspira a una España "europeizada" y a la integración de la clase obrera en el sistema del capitalismo monopolista de Estado. En el plano internacional, los planes de la fracción carrillista enlazan también con los de la burguesía cuando afirma que los EE.UU. “han dado la espalda al régimen y se preparan para el postfranquismo", afirmación estrepitosamente desmentida por los acuerdos militares yankis y la visita de Nixon a España.
Con el fin de facilitar la incorporación del partido al tinglado institucional franquista-monárquico, la fracción carrillista abandonó definitivamente el principio fundamental de todo Partido Comunista: el internacionalismo proletario. Los ataques calumniosos contra la Unión Soviética, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria y otros países socialistas, son una constante de ese grupo.
Pero para poder seguir influenciando sobre una parte de los trabajadores españoles, Carrillo y sus adeptos buscan febrilmente entrevistas bilaterales con otros partidos comunistas y obreros y la publicación de comunicados para patentizar su "adscripción al movimiento comunista" y su amistad con los países socialistas. Con ese objeto utilizan la doblez de Dolores Ibárruri que pronuncia, de vez en cuando, dulzonas palabras de amor a la Revolución de Octubre y al primer País del Socialismo y que, al mismo tiempo, participa de hecho en las intrigas y maniobras antisoviéticas de Carrillo.
La fracción revisionista violó los principios ideológicos y de organización del partido leninista, sustituyéndolos por "enfoques" antimarxistas y el centralismo burocrático, por el culto y el autoculto a Carrillo y Dolores Ibárruri y la represión política y administrativa contra los comunistas que no se resignaban a que el Partido fuera vaciado de su contenido clasista y revolucionario.
El análisis marxista-leninista de la actividad práctica y de sus especulaciones teóricas demuestran que el carrillismo es hoy una variante del oportunismo y revisionismo moderno, con elementos neotrotskistas; la fracción carrillista desempeña el papel de "quinta columna" en el movimiento comunista internacional.
Los comunistas más conscientes y combativos se levantaron contra el carrillismo y en defensa del Partido, exigiendo la celebración del VIII Congreso para superar la crisis provocada por los fraccionistas. No había otro camino para preservar la unidad ideológica, política y orgánica del PCE, pues era evidente que en el Congreso de todos los comunistas españoles saldría triunfante el marxismo-leninismo sobre el revisionismo, el internacionalismo proletario sobre el nacionalismo y el chovinismo, la amistad fraterna con la URSS y todos los países socialistas sobre el antisovietismo, el antisocialismo y anticomunismo.
Pero la fracción carrillista, convencida de que iba a ser derrotada en un Congreso de todo el Partido, se opuso rotundamente a su convocatoria, En vista de eso, a los militantes y organizaciones fieles al marxismo-leninismo no les quedaba otra opción que preparar las condiciones para celebrar el VIII Congreso, a despecho del grupo carrillista, que se hundía más y más en la charca del oprobio.
Al obrar así, millares de comunistas y muchas organizaciones del interior y del exilio, cumpliendo con su deber de revolucionarios, se esforzaron por recuperar la vanguardia marxista-leninista de la clase obrera, el Partido Comunista.
El VIII Congreso ha representado la victoria del socialismo científico sobre el reformismo carrillista y la firme decisión de dirigir a la clase obrera por el camino de la transformación revolucionaria de la sociedad española.
Por consiguiente, el VIII Congreso del Partido Comunista de España puede ser justamente considerado como un acontecimiento histórico, que ha dado una línea política y una estrategia revolucionaria a todos los comunistas españoles, incluso aquéllos que todavía no han roto con la fracción carrillista.
El estudio y la aplicación de las Tesis programáticas del Partido Comunista de España son una tarea de extraordinaria importancia, sin teoría revolucionaria no hay ni puede haber movimiento revolucionario. Pertrechados con estas Tesis programáticas, los comunistas y la clase obrera podrán luchar con optimismo revolucionario y confianza en la victoria de la democracia y del socialismo en España.