La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

16 de diciembre de 2011

Mundo obrero y no-violencia

Portada del folleto, Málaga, 1978 (Archivo La Alcarria Obrera)

El recurso a la violencia por segmentos más o menos numerosos del movimiento obrero ha sido repetidamente señalado por las clases dominantes como si estuviese incluido en el ADN del auténtico sindicalismo. Sin embargo, este análisis simplista oculta la violencia del Estado y de las clases propietarias y, sobre todo, olvida que el movimiento obrero es de naturaleza pacífica y que generalmente sólo recurre a la violencia cuando se le cierran todas las puertas del diálogo. Además, no se habla de otras corrientes de la izquierda que optaban por las estrategias pacifistas, como los anarquistas tolstoyanos. Presentamos un documento elaborado en 1978 por el Grupo de Acción No-violenta de Málaga, cuyos militantes estaban estrechamente vinculados con la izquierda radical y, al mismo tiempo, a sectores del catolicismo más progresista de su tiempo; lo reproducimos íntegramente.

INTRODUCCION
En un principio la no-violencia se nos presenta con una perspectiva negativa: la definimos entonces como la condena y el rechazo de la violencia. A nadie le gusta la violencia, pero ésta se nos plantea como una necesidad para combatir las injusticias en un mundo lleno de violencias y violento en sus mismas estructuras. De esta forma nos parece entonces que renunciar a la violencia supondría renunciar a la acción, a la lucha, y resignarse finalmente a aceptar el desorden establecido.
Por esto el mundo obrero no le ha prestado todavía la atención suficiente. En efecto, frecuentemente la no-violencia no se percibe más que a través de equívocos, de malentendidos y de confusiones que no nos presentan de ellas más que caricaturas. El fin de éstas páginas es el de aportar un poco de claridad en el debate, con la perspectiva de llegar a establecer un provechoso diálogo.
LA VIOLENCIA DEL DESORDEN ESTABLECIDO
Ante todo conviene definir qué entendemos por violencia. Podemos dar una definición general que sirva para todas las violencias: violencia e s aquello que supone un atentado a la libertad y dignidad humana; la violencia es aquella que conduce a la destrucción de la personalidad del otro. Pero eso es muy general y demasiado abstracto. Nos hace falta algo más preciso y más concreto.
De hecho no nos encontramos con la violencia, sino con distintas violencias que se nos presentan con distintos rostros.
La primera violencia que necesitamos identificar es la violencia de las estructuras y situaciones de injusticia. Es la injusticia del desorden establecido, madre de todas las demás. Es la violencia de las estructuras sociales, la violencia de los ricos y los poderosos contra los desposeídos de poder y propiedad.
No solamente la de naturaleza militar, sino también la de carácter económico, cultural y político., Es esta violencia la que debemos ante todo denunciar y combatir porque es la que provoca y explica todas las demás. Es de destacar que, en este punto, la tradición del movimiento obrero y la de la no-violencia están completamente de acuerdo. Así todas las grandes figuras de la no-violencia se levantaron ante todo contra la violencia del desorden establecido: para Gandhi la violencia era ante todo la injusticia hecha a los indios por el colonialismo inglés. Para Martin Luther King, la opresión sufrida por los negros estadounidenses debido al racismo blanco. Para Danilo Dolci, es la miseria impuesta a los pobres de Sicilia por el sistema económico capitalista en Italia. Para Helder Cámara, la opresión que pesa sobre los campesinos del Brasil bajo la dictadura militar de los capitalistas. Para César Chávez, es la injusticia sufrida por los braceros chicanos bajo el capitalismo yanqui.
Desde el momento en que la violencia está ante todo en las situaciones de injusticia sufridas por los oprimidos la no-violencia debe definirse corno un combate que pretende hacer justicia a los oprimidos. Así pues, al contrario de lo que la palabra no-violencia podría dar a entender a primera impresión, la no-violencia no supone que vivimos en un mundo sin conflictos, sin tensiones y sin enfrentamientos. Cierto que la no-violencia pretende corno fin, una sociedad pacificada, una sociedad realmente libre y socialista, para ello proponemos unos medios, unos métodos de acción que son métodos de lucha.
Es muy importante distinguir entre conflicto, lucha, fuerza y violencia. Tenemos la mala costumbre de emplear estas palabras indistintamente confundiendo sus significados, metiendo una por otra y embrollando las discusiones: así resulta imposible entenderse.
Muchas veces se dice que "la violencia es necesaria”, cuando en realidad lo que se quiere decir es que para resolver una situación conflictiva es necesaria la lucha, etc. ya que no está nada claro que el recurso a la violencia propiamente dicha sea necesario para el triunfo de la lucha.
Esto se debe a que la no-violencia es entendida por mucha gente como negación de conflictos y rechazo del combate, por lo que aparece como algo desmovilizador. De hecho, la no-violencia no predica ni la paz social, ni la colaboración de clases ni el reformismo. No acepta, sino que contesta y rechaza los discursos de los medios bien-pensantes sobre la necesidad del respeto del orden establecido y la posibilidad de resolver las diferencias que surgen entre unos y otros, acudiendo solamente al diálogo, en el marco de las instituciones y los cauces legales: por su propia lógica, la no-violencia preconiza la lucha de clases como único medio de avanzar hacia una sociedad más justa; la no-violencia no pretende aquello de que “todos somos hermanos y que basta con tener buena voluntad para superar los antagonismo que separan a las clases sociales”.
LA ESTRATEGIA DE LA ACCION NO -VIOLENT A
Conviene ahora precisar cuál es la estrategia de la acción no-violenta, en qué principios se basa y qué métodos propone. El principio esencial de la acción no-violenta es el principio de no colaboración. Este principio se basa en el siguiente análisis: la fuerza de las injusticias en una sociedad viene sobre todo de que éstas se benefician de la complicidad de la mayor parte de los miembros de dicha sociedad. Frente a la injusticia, incluso si se trata de una injusticia en la que nosotros mismos somos las víctimas, nuestra mayor tentación es callarnos, resignarnos y, finalmente, convertirnos en cómplices, aceptando cooperar con ella. La acción no-violenta consiste en llegar a romper esta cooperación de la mayoría silenciosa, organizando acciones de ruptura que puedan recibir el apoyo de un gran número de gente, acabando así con la fuente de poder del adversario.
Se trata de negarse, siempre que sea posible, a toda colaboración con las estructuras, las leyes, los regímenes y los sistemas que engendran y mantienen la injusticia con el fin de paralizarlos y colocarlos fuera de combate.
Poniendo en práctica el análisis que hizo Gandhi, es decir, negándose a colaborar con aquellos millares de ingleses que les imponían su dominación, los millones de indios consiguieron la independencia.
LA HUELGA
Incluidas las huelgas que se desarrollan en un clima de violencia (a pesar de que generalmente las violencias sean marginales en relación con la huelga propiamente dicha), la huelga es esencialmente una acción de no-cooperación. La huelga es la organización de la no-cooperación de los trabajadores con el poder de los propietarios de los medios de producción. El poder y la riqueza de estos últimos no existen, en parte, sino por la cooperación de los obreros. Si esta cooperación se acaba, los propietarios de los medios de producción pierden el control de la situación y se ven obligados a ceder ante la presión social que pesa sobre ellos.
Todo esto es lo que constatamos en las luchas huelguísticas. Sería ridículo, y fuera de nuestro propósito, intentar recuperar las huelgas obreras al seno de la no-violencia. La clase obrera no ha necesitado nunca de unos padres no-violentos, ni violentos, que le dijeran cómo debía plantear la lucha. Al contrario, son las enseñanzas que se pueden sacar de la lucha obrera la que se convierte en maestra que facilitará la victoria.
EL BOICOT
El boicot es igualmente un método tipo de acción no-violenta. El boicot es la organización de la no-cooperación de los consumidores contra el poder de los productores.
Este método de lucha es, desgraciadamente, muy poco conocido y poco utilizado en Europa. Por el contrario, en la lucha por los derechos civiles, los negros norteamericanos lo utilizaron muy a menudo: boicot por los clientes negros a las tiendas, supermercados o almacenes que se negaran a emplear negros; boicot de los autobuses donde se aplicaba la segregación...
Las experiencias de boicot demuestran bien claramente que la acción no-violenta es una demostración de fuerza que intenta ejercer una verdadera presión sobre el adversario.
Es necesario rechazar toda presentación de la no-violencia que diera a entender que la liberación de la clase oprimida ha de pasar por la convicción de la clase privilegiada. No se puede convencer a los capitalistas, por ejemplo, de que renuncien a la explotación, fuente de sus privilegios; es preciso obligarlos a ello. La conversión solo puede darse entre personas; entre clases antagónicas sólo es posible una lucha, La que terminará con la desaparición de las mismas.
LA ACCION DE LOS BRACEROS CHICANOS. CESAR CHAVEZ.
En Florida (EE.UU.) donde los jornaleros agrícolas se encontraban sufriendo un estado de explotación extrema, privados de todos los derechos sindicales y sociales, César Chávez, nacido en este medio del peonaje agrícola, emprendió una tarea de organizar la lucha de los jornaleros y esto lo hizo proponiendo métodos de acción no-violenta: huelgas pacíficas, boicot de las uvas de los terratenientes más explotadores (este boicot se generalizó a todos los EE.UU. y también a otros países), etc. Luego de cinco años de lucha, gracias al apoyo de la opinión pública y del poderoso sindicato que crearon los jornaleros para llevar adelante su lucha, los terratenientes tuvieron que ceder y aceptaron las exigencias de los trabajadores. La acción de los braceros chicanos, desgraciadamente poco conocida en Europa, ilustra perfectamente la eficacia de los métodos de lucha no-violentos. Los resultados obtenidos y la determinación de los trabajadores agrícolas que tomaron conciencia en el curso de la lucha de su valor como hombres, garantizaron el éxito final.
Si se pregunta a César Chávez por qué ha elegido la no-violencia responde: "Porque soy un hombre extremadamente práctico. Es una locura intentar arriesgarlo todo a una sola jugada. Nosotros somos no-violentos porque queremos salvar nuestras almas, somos no-violentos porque queremos obtener la justicia social para los obreros".
El boicot puede ser igualmente un arma particularmente eficaz para manifestar una solidaridad activa con otros pueblos oprimidos. Así en Holanda, un comité de de acción de solidaridad con Angola lanzó en 1972 el boicot del café que venía de esta colonia portuguesa. Se explicó a la opinión pública cómo el hecho de consumir café angoleño era una forma de colaborar con la política racista y colonialista llevada por Portugal en África. Esta acción tuvo un gran eco entre la población holandesa y pronto no pudo venderse en el mercado holandés ni un grano del café procedente de Angola. El colonialismo portugués acababa de perder una batalla.
Es evidente que para emprender con éxito una tal campaña de boicot el apoyo activo del movimiento obrero es absolutamente necesario.
LA DESOBEDIENCIA CIVIL
De las formas no-violentas de no colaboración, la más fuerte es la desobediencia civil generalizada.
Las leyes son sólo papel mojado si nadie las obedece. Lo que origina la injusticia no son las leyes injustas sino la obediencia a esas leyes. Por tanto, la desobediencia civil aparece corno el arma más eficaz contra la legalidad burguesa que trata de mantener el desorden establecido. Según la doctrina oficial de los Estados, cada ciudadano ejerce el poder. Una vez que el ciudadano ha votado ya, entonces debe obedecer las leyes aprobadas por la mayoría. Es esto lo que priva al pueblo, a pesar de todo "soberano", de toda posibilidad de control efectivo sobre aquellos que ejercen el poder, es decir, todo lo contrario a las exigencias de la democracia. Así pues, no conviene actuar solamente por las vías legales, cuando esto sea posible para que el poder cambie de política o para provocar un cambio de poder. Es necesario ejercer el propio poder de ciudadano, rechazando, por un acto de desobediencia civil, toda colaboración con las leyes injustas decididas por el Estado.
En el camino hacia la verdadera democracia, la torna del poder para el pueblo supone dar un rodeo demasiado peligroso, en el que puede acabar por perderse uno. La no-violencia pretende evitar ese rodeo. En su intención revolucionaria no tiene por objetivo el de la torna del poder para el pueblo, sino más directamente la torna del poder por el pueblo. No es un Estado fuerte el que realiza la verdadera democracia sino los ciudadanos libres y responsables. En esta perspectiva Bernanos tenía razón cuando decía "hacen falta muchos rebeldes para hacer un pueblo libre". Esto coincide muy particularmente con la perspectiva de un socialismo de autogestión donde la primera y última palabra la debe tener siempre la base.
Una de las formas posibles de desobediencia civil es la negación colectiva a pagar los impuestos. En Francia algunos grupos han organizado ya una campaña de negativa a pagar una parte de los impuestos (la que hubiera sido dedicada a gastos militares) y redistribuirla por su cuenta, enviándosela a los campesinos de Larzac. Pero no basta con el rechazo de la colaboración con la injusticia; conviene organizar también un programa constructivo que se esfuerce en realizar la justicia.
En una campaña de acción no-violenta el programa constructivo consiste en organizar paralelamente a las instituciones y estructuras alternativas que permiten aportar una solución constructiva a todos los problemas planteados.
La función confesada por el ejército es la de defender el territorio nacional, pero la función inconfesada, y sin embargo cada vez más evidente, es la de defender un determinado sistema social y político y prepararse para intervenir contra el "enemigo interior". Así, el secretario de Estado de la Defensa Nacional francés, no dudó en declarar: "La Defensa Nacional del Territorio (DOT) está organizada para evitar que se repitan acontecimientos como los que conmovieron a Francia en Mayo de 1968". En cuanto al general Beauvellet, multiplica declaraciones inequívocamente claras: "Hay que considerar como la amenaza más inmediatamente peligrosa todo lo que ponga en peligre la cohesión del país". Así, la militarización creciente de nuestra sociedad se muestra como una amenaza constante contra la libertad.
Por tanto, todo combate por una verdadera sociedad libre, debe incluir en sus perspectivas la lucha contra el militarismo. La búsqueda de la autogestión nos obliga a poner en marcha desde ahora el proceso de desaparición del ejército.
LA VENTA DE ARMAS AL EXTRANJERO
Una de las consecuencias más graves de la política militar y que concierne directamente a los trabajadores, es la venta de armas al extranjero. Con este sucio negocio, aumenta el peligro de conflictos armados por todo el mundo. Por desgracia es demasiado evidente que estas armas provienen de los países ricos, incluida España.
En el caso concreto de España, que vende armas a Mauritania y Marruecos, acepta graves complicidades ya que estos regímenes pisotean el principio mismo de la libertad e independencia. Esto nos hace directamente cómplices de la opresión que pesa sobre los pueblos de esos países, y especialmente sobre los trabajadores.
Para justificar este tráfico de armas, el Ministro del Ejército francés no duda en invocar la defensa de los intereses de los "obreros franceses": "Nunca he tenido la intención -precisó- de detener nuestros esfuerzos de exportación de armamento; no tengo ningún derecho a dejar sin trabajo a obreros en nombre de un principio moral que ningún estado piensa respetar'". Así pues, el ministro tiene clara conciencia de que dedicándose al tráfico de armas viola lo que él mismo llama "principio moral", pero cree poder justificar su propia inmoralidad por la inmoralidad de los demás. Pero esta afirmación del ministro, plantea una grave cuestión a los obreros.
Sería particularmente grave, sería desesperante que los sindicatos reclamaran el pleno empleo para los obreros a costa del sacrificio deliberado de la libertad de los obreros oprimidos por los regímenes a los que vendemos armas ¿No debería la solidaridad internacional, y más concretamente aquí el internacionalismo proletario, movilizar a todos los trabajadores para detener este tráfico de armas? Sin esta movilización los trabajadores podemos esperar poner fin a este negocio sangriento.
FRENTE A LA REPRESIÓN
Toda acción de impugnación de desorden establecido habrá de hacer frente a la represión que lanzará el poder constituido. Y aquí, en contra de ciertas impresiones que prevalecen a veces, los métodos de lucha no-violentos ofrecen mayores garantías a las minorías que luchan por el reconocimiento de sus derechos. Si los oprimidos se sitúan en el terreno de la violencia, se colocan ellos mismos en una posición de inferioridad. Pues la capacidad de violencia de los opresores será siempre desmesuradamente mayor que la de los oprimidos.
Es muy significativo a este respecto, considerar la acción de los negros estadounidenses. Durante años, Martin Luther King supo movilizar a miles de negros en un combate no-violento contra las injusticias de la América blanca y, si bien todo no ha podido resolverse, el balance de este combate es altamente positivo. Los Panteras Negras, que fueron presentados como continuadores de M.L.King, y que estaban persuadidos de la superioridad de la violencia ("criticaremos lo injusto con las armas"), fracasaron y fueron inutilizados para proseguir su acción, mediante la represión. Sus responsables reconocen hoy el fracaso total de la lucha armada. Desgraciadamente esto parece ser cierto en todas las situaciones. Incluido Chile. Basta considerar un poco más de cerca la situación para comprender que es ilusorio pretender que no había más solución que la de armar al pueblo" para poner en jaque a la junta militar. Todos los observadores han mostrado que los partidarios de Allende no podían esperar nada de un enfrentamiento armado que era "en las condiciones actuales de la técnica militar, no sólo desesperado,' sino suicida" (Regis Debray)
LA VIOLENCIA ES UNA TRAMPA
Esta imposibilidad de recurrir a la violencia para obtener justicia es más clara todavía en una situación como la de Francia. Si utilizan la violencia, atraerán la atención pública no sobre la injusticia que quieren combatir sino sobre la violencia que cometan. Ahora bien, toda acción para ser eficaz, necesita la adhesión de la población, y es un hecho comprobado que la violencia desacredita a sus autores ante la opinión pública, Las necesidades de la población exigen a los que se comprometen en una acción que se atenga a la no- violencia. Esto ha sido demostrado de una manera particularmente clara tanto por los campesinos de Larzac como por los trabajadores de LIP (ambos en Francia). Así Charles Piaget, militante obrero de la LIP declaraba en agosto del 73: "la relación de fuerza sólo nos será favorable si nuestra acción prosigue en la unidad, la tranquilidad y la no-violencia" (declaraciones a citadas a la vez por "Le Croix" y "Le Monde").
Por la acción violenta ofrecemos a nuestros adversarios, es decir, al poder establecido, los argumentos que necesita para justificar su propia violencia. Frente a la violencia callejera es muy fácil para un gobierno sacar todos los medios de represión que quiera, y hacerlo contando con el apoyo de la mayor parte de la población, que está convencida de que "los terroristas deben pagarla". A este respecto es muy significativa la ley antiterrorista elaborada por el gobierno francés en 1970. El entonces ministro de justicia defendía así esa ley ante el parlamento: "este proyecto de ley, acerca de la cual he leído una y otra vez que estaba dirigido contra los estudiantes, contra los obreros, contra los huelguistas, contra los sindicatos, contra las libertades públicas e individuales, no es en realidad nada de todo eso. Es un proyecto de ley contra la violencia".
Así todos los gobiernos hacen lo mismo, se condena todo uso de la violencia declarando que ésta es el mal absoluto, destructor del "orden" y de la "libertad", y se extiende esta condena a todos los que recurren a la acción violenta, cualquiera que sean sus motivaciones y sus objetivos, salvo que sean policías, y entonces la cosa ya está clara.
El mejor método de denunciar la hipocresía de semejantes procedimientos es precisamente atenerse a los métodos de la acción no-violenta. La violencia aparece, en efecto, como una trampa; es el mejor medio de hacernos recuperar por el sistema que combatimos, ya sea el capitalismo o el socialismo de estado, es decir, precisamente el sistema de la violencia.
LA ACCIÓN NO-VIOLENTA ES UN DESAFÍO
Ciertamente, un movimiento obrero debe contar con la represión que los poderes establecidos no dejarán de ejercer sobre él en el momento en que lo juzguen necesario. Sin embargo, con tal de que las causas defendidas sean justas, la represión que golpea a un movimiento no-violento carece realmente de justificación (lo que no impide que triunfe si puede). Aquí ya no es la oposición la que ha de justificar su violencia al ser condenada a una oposición defensiva, especialmente incómoda, sino que es el gobierno el que ha de justificar la violencia a la que recurre para destruir la acción de sus oponentes.
Se cambian las tornas y esto es esencial en la estrategia de la acción no-violenta. En realidad, la represión que castiga a un movimiento no-violento corre el riesgo de beneficiarle, al darle toda la publicidad que necesita y al poner en evidencia a los ojos de la opinión pública, los verdaderos datos del conflicto. En este sentido la acción no-violenta comporta un desafío a la represión. De ésta resulta que la fuerza de un movimiento rio-violento está directamente relacionada con su capacidad para resistir a la represión del adversario. Importa pues, no desafiar al gobierno antes de que el movimiento sea lo bastante fuerte para no ser destrozado por la represión, es decir, antes de haber desarrollado una toma de conciencia suficiente entre los trabajadores.
Las posibilidades ofrecidas por la acción no-violenta parecen pues permitir a las víctimas de las injusticias de nuestra sociedad (en particular a la clase obrera oprimida por el sistema capitalista) luchar con eficacia por el reconocimiento de sus derechos, Pero, ¿aporta la no-violencia alternativas a los problemas planteados por el ejército y la llamada "defensa nacional"?
Una vez más no hemos simplificado el problema sino que hemos tratado sólo de plantearlo, con todas las dificultades que entraña. Lo peor sería negarse a planteársela tomando como pretexto estas dificultades.
HACIA UNA DEFENSA POPULAR NO-ARMADA
En lo que respecta al problema global planteado por el ejército, la no-violencia nos lleva a estudiar las posibilidades de una defensa popular no-armada basada esencialmente en la determinación de la población de negar toda colaboración a un posible agresor. El poder de un ocupante es, en efecto, función del grado de colaboración que es capaz de suscitar en el seno de la población invadida. Si le resulta imposible contar con el apoyo del pueblo, que le opone una resistencia no-violenta, negándose a obedecer sus órdenes, entonces toda ocupación se hace prácticamente imposible. La preparación de esta resistencia popular no-violenta está encaminada a disuadir a un posible agresor. Además, y este punto nos parece esencial, el hecho de promover una defensa popular, ha de favorecer naturalmente el desarrollo de la libertad. Así como el ejército es un instrumento en las manos de los poderosos para disuadir y desbaratar las revueltas de las clases desfavorecidas, la organización de una resistencia popular no-violenta, por el contrario, proporciona a los ciudadanos medios para combatir las injusticias sociales. Al mismo tiempo que quedan capacitados para defenderse de una agresión exterior.
Además, así como la preparación militar tiende a desarrollar en cada ciudadano los reflejos de obediencia y disciplina que lo condicionan para una sumisión total al Estado, la puesta en práctica de una estrategia de resistencia no-violenta desarrolla, por el contrario, el sentido de responsabilidad y las iniciativas personales. Por su propia lógica la no-violencia es un fermento de cambio social y dinamismo revolucionario. En este sentido es irrecuperable por los poderes establecidos.
He aquí, brevemente, demasiado brevemente expuestos, algunos de los principios básicos de la no-violencia. Queremos suscitar un diálogo, no llevar un mensaje. Los que estamos comprometidos en la acción no-violenta necesitamos al máximo este diálogo, en el que sabemos que tenemos mucho que aprender. Estas páginas más que aportar respuestas, quieren plantear problemas. Por esto tenemos esperanza de que este diálogo será posible y que nos permitirá a unos y otros avanzar juntos hacia verdaderas respuestas a nuestros verdaderos problemas.