La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

8 de febrero de 2013

Declaración de principios de Onda Lliure

Uno de los movimientos más interesantes de la Transición, aunque se desarrollase en sus últimos años, fue el fenómeno de las Radios Libres, que importado desde otros países de Europa occidental llegó a España en el año 1979 y se extendió, sobre todo a partir de 1982, por todos los rincones de la Península, aunque con especial incidencia en Madrid, Cataluña y Euskal-Herria. Aunque hubo partidos políticos y corrientes ideológicas que pretendieron monopolizar o disfrutar de una posición de privilegio, como pusimos de manifiesto en una entrada anterior en la que reproducíamos documentación interna del MC, lo cierto es que la pluralidad del movimiento no pudo ser limitada por nadie desde dentro o fuera del movimiento. A pesar de todo, no puede negarse que el anarquismo estaba detrás de algunos de los proyectos más tempranos de Radios Libres, como Radio Klara en Valencia o Radio Luna en Madrid. Ahora recogemos el primer documento público del grupo que puso en pie Onda Lliure de Barcelona en la primavera de 1979, una de las emisoras pioneras de las radios libres en la agitada España de aquellos años, con la nostalgia de una herramienta de contrainformación que muy pronto cayó en el olvido, a pesar de que algunas emisoras, afortunadamente para todos, se mantengan en pie.
Pegatina de Radio Luna, Madrid, 1983 (Archivo La Alcarria Obrera)
 
PROPUESTA PARA UNA RADIO "ONDA LLIURE"
Para empezar hay que decir que esto es una propuesta. Se trata de una serie de elementos surgidos de una discusión colectiva en la cual han utilizado bastantes horas un grupo de gente heterogéneo en su composición, pero homogéneo en un objetivo: DAR LA PALABRA A LA GENTE y dársela a través de una radio libre.
Cuando se habla de "propuesta" quiere decirse que ese grupo de gente está dispuesto a emplear unas cuantas horas más con otra serie de grupos o sectores interesados en lo mismo. Decimos "emplear" horas, no perderlas. Ello significa que consideramos que la puesta en marcha de una emisora de radio libre debe ser abordada YA, desde ahora como una posibilidad real, y que por lo tanto entraña compromiso, responsabilidad, trabajo... y satisfacciones, naturalmente.
Este papel pretende resumir, con todos los inconvenientes que comporta una síntesis, los puntos que consideramos importantes todos los que formamos hasta ahora el colectivo "Onda Libre".
Helos aquí:
Qué pretendemos con una emisora de radio libre.
Entendemos como objetivo prioritario y global de la radio libre el de DAR LA PALABRA A LA GENTE. GENTE con mayúscula. Es decir a todas esas personas que no tienen en su vida la oportunidad de expresarse a través de un medio para comunicarse en su verdadero sentido con los demás.
No partimos de utopías "comunicacionales". Cuando hablamos de GENTE nos referimos a sectores que actualmente están marginados (sean conscientes o no) de un proceso comunicativo que implica también muchas veces los órganos de expresión de partidos políticos e incluso centrales sindicales.
Como no somos masoquistas y apóstoles creemos que una de las pretensiones de la radio es la de divertir a la gente. Recobrando todo lo que de placer, juego, fiesta y por lo tanto subversión contiene la diversión de verdad.
- Consideramos que el término GENTE engloba a todos aquellos sectores no afiliados a siglas concretas (políticas o sindicales) que se denominan genéricamente como "Movimiento" y que se sitúan dentro del marco de cambio total y lucha dentro de la vida cotidiana. No tenemos (vaya por delante) una alergia especial a las siglas, pero contamos con suficientes experiencias en lomos ajenos (léase radios libres europeas) como para saber que una radio portavoz de un sindicato o partido político no entra dentro de lo que pretendemos. Ello no quiere decir que cerremos el micrófono a partidos políticos o centrales sindicales, ni mucho menos. Sólo significa que no queremos ser portavoz de nadie para así poder dar, con toda independencia y autonomía, la palabra a todos (a todos los que la quieran claro).
- Pensamos que la radio libre ha de dar contrainformación en un momento en que una pretendida información democrática silencia hechos importantes.
- También consideramos importante elaborar una radio-provocación, rescatando el término de peligrosas connotaciones policiales o ultras. Queremos provocar la palabra, la respuesta, en la gente a la que se le ha enseñado únicamente a asentir.
- Tampoco queremos hacer (¡los hados nos libren!) una radio "militante" en el sentido ortodoxo del término, es decir, una radio en la cual el emisor se considera en posesión de la verdad y la sirve al sufridísimo receptor. Pretendemos encontrar en las ondas un lugar de encuentro y debate.
- Consideramos también que en su interior no debe existir la división social del trabajo tal como se entiende en cualquier empresa. Es decir, todos tendremos que conocer algo de su funcionamiento técnico, saber leer una noticia o mantener una entrevista... al margen de que haya algunos que lo hagan mejor que otros.
- Cuando nos referimos al término "Movimiento", consideramos que no se trata de una radio para dar a conocer los distintos sectores dentro de sus Movimientos (feministas, gays, objetores de conciencia, ecologistas, etc.), sino una radio en la que participen estos movimientos para dar un sentido global de la vida a los oyentes.
Creemos que de esta forma la radio puede servir tanto para exponer y difundir prácticas autónomas que existen como lugar de encuentro del propio Movimiento (uno de los lugares de encuentro).
- Debe ser una radio desmitificadora (incluso de sí misma) y de crítica constructiva, cariñosa y por lo tanto dura del propio Movimiento. "Nada de ombligos felices", es nuestro lema.
- Hay que dejar bien sentado que, como no queremos utilizar la manipulación de los grandes medios de información, uno de nuestros objetivos es la subjetividad total. Que nadie se llame a engaño.
- Y por último debe de ser una radio que invite a la comunicación al margen de la propia radio, es decir que potencie lugares de encuentro entre los diversos sectores o simplemente entre distintas personas.
Barcelona, Abril 1979

3 de febrero de 2013

Influencia del Cristianismo en el Derecho, de Isidoro Ternero

Isidoro Ternero Garrido fue uno de los más destacados carlistas de Guadalajara en los años centrales del siglo XIX, tanto en su vertiente política como en la agitación insurreccional. Hombre culto, propietario agrícola, empresario harinero, político y abogado, en 1857 leyó en la Universidad de Valladolid el discurso con el que obtuvo el grado de Doctor en Leyes dedicado a la “Influencia del cristianismo en el Derecho Privado de la familia”, en el que intentaba desmentir que la Iglesia Católica fuese un freno reaccionario al avance de los derechos de las mujeres y de los hijos, como se sostenía por las escuelas más avanzadas, sino que, por el contrario, al cristianismo debían unas y otros las mejoras más sustanciales de su situación frente a la postración en la que se encontraban en tiempos pretéritos. Este texto mostraba la importancia de la religión en la biografía de Isidoro Ternero, que si bien fue diputado a Cortes por Guadalajara en 1863 desde las filas carlistas, en los años finales del siglo se pasó a las filas del republicanismo sin renunciar a su fe e intentando hacer una síntesis entre progresismo y religión.
 
Portada de su discurso para obtener el grado de Doctor, Madrid, 1857
 
Excmo. e Ilmo. Sr.:
Las tristes pero elocuentes páginas de la sociedad pagana nos revelan lo que es el hombre abandonado á sus propias fuerzas, lo nada que vale su débil inteligencia sin la luz de la fe, sin ese faro luminoso, sin esa antorcha divina que nos marca la ruta que hemos de seguir en el escabroso camino de nuestra vida y nos ilumina en la lóbrega oscuridad en que se halla sumida nuestra razón; descorriendo el velo que cubre los recónditos misterios de nuestro ser y señalando al mísero mortal el término de su agitada carrera y la nobleza de su condición moral.
La antigüedad pagana, con su religión mitológica y sensual, con un culto grosero y hasta criminal, con el orgullo de sus sofísticos filósofos, con el depravado egoísmo de sus interesados políticos, con la corrupción en fin que nos presenta tanto en las costumbres públicas como privadas, lo mismo en el solio de los Césares que en la cabaña del mas abyecto liberto; tanto en la conducta del mas opulento ciudadano y de la más encumbrada dama, como en la vida del desconocido peregrino, del infame gladiador, y de la vil y miserable meretriz, es un testimonio irrecusable de la degradación, del abatimiento á que puede descender el espíritu humano, cuando no bebe en las puras y cristalinas aguas de la verdad divina, cuando marcha abandonado en medio del espantoso desierto de esta vida sin la fe, sin esa misteriosa columna que nos defiende de las mortíferas armas del error y disipa las densas nubes que ocultan á nuestros ojos el resplandor del sol de la verdad.
La religión natural, la tradición divina, aquellas primeras y puras creencias, que los más antiguos pobladores del universo trasmitían con religioso celo á sus descendientes, pronto fueron alteradas: negros nubarrones vinieron á eclipsar el sol de la verdad, y un bajo sensualismo, la más degradante superstición y una desenfrenada licencia sustituyeron á la primitiva sencillez y á la pureza de costumbres que reinaba en aquellos espíritus, no empañados aun con la fea mancha del error.
Las creencias que ocuparon el lugar de la antigua tradición, nada nos decían de las trascendentales y profundas cuestiones de la divinidad y del hombre: la religión pagana era una doctrina material sensualista, que deificaba la pasiones, ennoblecía los vicios, dejaba la conciencia desmantelada contra sus propias violencias, y jamás podría elevarse al conocimiento del único y supremo ser y del destino moral de la humanidad.
El supersticioso culto de esta religión consistía en rendir homenaje á los más asquerosos vicios; en postrarse ante ídolos, personificación de los mas execrables crímenes; el quemar incienso en el altar de Venus, Júpiter y Baco, y el solemnizar sus fiestas con los abominables misterios de Adonis, Cibeles, Príapo y Flora, ejecutando á la luz del día, y en honor de la divinidad, lo que hoy nos llena de espanto aun practicado en el lugar más recóndito y en las oscuras tinieblas.
Los pequeños restos de verdad que se salvaron de este universal naufragio se acogieron al abrigo de la ciencia, bajo el manto de los filósofos, en el pórtico de los sabios; pero estos mismos filósofos, ciegos ya como la sociedad en que Vivían, contaminados con la corrupción de costumbres que gangrenaba aquel mundo, envejecido ya en el crimen, que ridiculizaban en la práctica lo que tanto preconizaban en teoría, no consiguieron sino sembrar la duda, la incertidumbre, el más completo escepticismo y la impiedad: la filosofía, natural aliada de la religión.se convirtió en su más encarnizado enemigo; los filósofos escalaron el Olimpo, y arrojando á los dioses divinizaron su loco orgullo y su flaca razón.
Horror causa el hojear las páginas históricas de esa sociedad, matizadas con la sangre de innumerables esclavos inmolados al capricho y veleidad de un tiránico señor; con la de tantos gladiadores sacrificados para satisfacer la brutal pasión de un pueblo degradado, que se divierte con el aspecto de un terrible combate, en presenciar las violentas convulsiones del moribundo gladiador, desesperado en medio de la arena, y que no se sacia hasta que ha visto correr la sangre humana á torrentes, ó se concluye el número de víctimas destinadas á tan bárbaro como cruel sacrificio.
Nuestro espíritu se abate, nuestro corazón se siente poseído del más triste dolor, cuando contempla la profunda herida que tenía abierta la sociedad pagana, cuando examina la depravada y bárbara conducta de los Reyes y Emperadores, la vida disoluta de sus sacerdotes y filósofos, el lujo y molicie de sus ciudadanos, la prostitución de sus mujeres y la liviandad de sus más tiernos y delicados jóvenes; y nuestro cristiano pudor se resiente al recordar las torpezas de los que entonces eran dechado de virtud y modelo de la más elevada castidad.
Donde se notaba mas la asquerosa llaga que corroía las entrañas de esta sociedad era en la vida privada de los ciudadanos, en la familia, donde no se encontraba sino disolución, anarquía; donde no existía ninguno de esos lazos que hoy forman el embeleso de los hombres y hacen de la casa paterna la mansión del amor, del respeto y de los más puros y delicados afectos; donde no existía ese amor cristiano que une para siempre el corazón de los esposos, sino la autoridad y poder de un despótico señor; donde la mujer no era la compañera del hombre, sino una esclava, un torpe y vil instrumento de sus sensuales deleites y una hermana de sus propios hijos; donde los hermanos no se hallaban unidos con el dulce y fraternal amor, sino con el lazo de un poder común, de una actividad que traspasaba los límites de lo justo, é iba más allá de lo que reclamara la razón y el buen sentido; finalmente, en esa sociedad doméstica, en cuyo seno se repetían el adulterio, el incesto, la bigamia, el repudio, el divorcio, la prostitución y tantos otros torpes crímenes que nos abstenemos de consignar aquí, porque se resiste á la delicadeza de nuestras costumbres y á nuestro cristiano pudor.
La sociedad era ya un cadáver, estaba envuelta en el sudario de la muerte; era necesaria una fuerza divina que desatase las ligaduras que la oprimían; y ni los sacerdotes con sus mitológicas fábulas, ni los filósofos con sus argucias y sofismas, con sus teorías y sistemas; ni los legisladores con sus severas pero sensualistas disposiciones, pudieron ni aun galvanizar ese cadáver, ni disipar un momento la fetidez que por doquiera despedía; era necesaria la cooperación del mismo Dios para que se obrase el prodigio de esa resurrección moral; era preciso que apareciese el cristianismo, esa luz divina que disipó las densas nubes del error y afianzó bajo más sólidas bases la condición moral y social de la humanidad.
Si el cristianismo abatió la idolatría, y su supersticioso culto, si dio á conocer á los antiguos filósofos la vaguedad é insuficiencia de su doctrina, si reformó las costumbres, si opuso un poderoso dique al torrente devastador del crimen, no pudo menos de ejercer un inmenso influjo en la legislación, en esa legislación que era el reflejo de la depravación á que había llegado el mundo, y en donde se reasumía todo cuanto de malo tenía su deplorable estado, en esa legislación donde la nación absorbía los derechos de los ciudadanos, en donde el individuo sacrificaba gustoso sus más justos y legítimos derechos ante el altar de la patria, en esa legislación sin base, sin principio alguno moral y que autorizaba asquerosos vicios, acciones criminales y contrarias á la justicia y al orden moral.
Ningún asunto más digno, Excmo. Sr., pudiera elegir para este solemne acto que el manifestar la grande, la inmensa influencia que el cristianismo ejerciera sobre el desarrollo del derecho; pero es empresa muy vasta, que exige conocimientos superiores á los escasísimos que me adornan; delicado tino, profundos y extensos conocimientos histórico-jurídicos, y por eso me limitaré á señalar los rasgos de más bulto, los puntos más culminantes, aquellas reformas trascendentales que cambiaron la faz del derecho privado, obraron una revolución social y patentizaron al mundo lo errado que iba en su camino, lo extraviada que había estado la razón de los sabios y de los legisladores al dictar esas disposiciones, que eran el oprobio de la humanidad y la ignominiosa, marca de su degradación. Voy á hablar exclusivamente, Excmo. Sr., de la influencia que el cristianismo ejerciera sobre el derecho privado de la familia, sobre la legislación de esa sociedad doméstica, desnaturalizada con injustas leyes, cuyos derechos estaban vilmente hollados y expuestos al despotismo y crueldad de su tiránico jefe; de la revolución que causó en esa legislación material, egoísta, cuyas miradas no iban más allá de donde alcanzaban sus ojos y que no se atrevía á pisar más espacio que el que tocaban sus pies, y finalmente, de esa legislación llena deformas, pero vacía de sentido, esclava de la letra, pero injusta en el fondo, y nimia observadora de una exagerada ritualidad.
Corramos un velo, Excmo. Sr., sobre la legislación de las repúblicas griegas, de esa tierra clásica de las ciencias y artes, de esos pueblos que hoy se nos presentan como modelo de civilización y cultura: no revelemos los trascendentales defectos de esa legislación que inmortalizara los nombres de Solón y de Licurgo, ni inquietemos á los que ansían por los bellos días de Lacedemonia y Atenas. El celibato, castigado por las leyes con duras é infamantes penas; santificado el rapto, autorizada la promiscuidad, arrojado el hijo deforme y contrahecho al estanque Apótetis, permitidos el adulterio y la poligamia, consagrada la prostitución por la religión y las leyes: ¡he ahí los timbres de esa legislación sensualista y los principales rasgos de lo que era la familia en la culta Grecia, en el país de los sabios, en la tierra de los héroes, en el punto donde la florida imaginación de sus poetas fijara la mansión de los dioses!
No penetremos en la historia del Egipto, donde vemos como honrosa la prostitución, y corriendo la sangre de inocentes niños sobre la tumba de Osiris: no recordemos los sacrificios de Cartago, la llama de las hogueras de los pueblos septentrionales, porque hay un pueblo que ha recogido en herencia todos estos vicios y una historia que los reasume. Este pueblo es Roma.
Ha dicho un célebre escritor, que así como los ríos van á desaguar al mar, arrastrando las inmundicias que han recogido al pasar por en medio de las ciudades y campiñas, y el repugnante tributo que vierten en su seno lo arroja el mar en espuma sobre sus orillas, del mismo modo la corriente de corrupción que arrastraba el mundo desaguó en el océano de la corrupción romana, que lo rechazó mas impetuoso é infecto hasta los límites del imperio.
En la primitiva legislación romana, obra de un jefe de bandidos, se organiza la familia, no bajo la base del amor, no en atención á los vínculos de la sangre, sino que se basa en el lazo civil del poder, en esa potestad, en ese dominio que el padre tenía sobre los hijos, en virtud del cual podía venderlos, matarlos, rescatarlos, traficar con ellos; en ese poder que convertía los hijos en cosas del patrimonio paterno, y trocaba el dulce amor de padre por el duro despotismo de un tiránico señor. El padre es, según las leyes, el juez de sus hijos, el ejecutor de sus inapelables sentencias, el verdugo que descarga la cuchilla sobre el cuello de inocentes víctimas, el que con sus propias manos deposita el fruto de su sensualidad ó de su amor en esos sitios cuyo recuerdo nos estremece, en el Velabro y en la columna Lactaria, funestos sitios en donde todas las noches se acumulaba un montón de niños, que después servían para proveer los lupanares, para derramar su sangre en el Circo, para las supersticiones de los magos y las viles especulaciones de los mendigos.
La mujer, vil instrumento de los sensuales deleites de su esposo, sierva que compartía el tálamo nupcial y el corazón de su marido con otras muchas que aspiraban á él ó le disputaban, no entraba en la familia del modo digno y decoroso que correspondiera á su elevado objeto; entraba por un contrato de compra en donde se discutía, se regateaba el precio, ó por la prescripción, por la posesión de un año sin la interrupción de tres noches, como si se tratase de adquirir la propiedad de la más insignificante de las cosas muebles. La mujer perdía su nombre para tomar el de su marido, como el campo ó el animal de carga toma el nombre del que le compra; fructificaba para su marido; este tenía sobre ella el mas extenso poder, podía venderla, ceder su uso, renunciar su posesión, despedirla, y hasta ejercer sobre este desgraciado y envilecido ser el atroz derecho de vida y muerte; y llevaba su amplia potestad hasta la tumba, nombrando un tutor á su mujer y recordándola así en sus últimos momentos el anatema que una sensual legislación había lanzado sobre las segundas nupcias.
La indisolubilidad del matrimonio, ese elemento constitutivo, esa piedra angular de la sociedad doméstica, recibió un terrible ataque, fue minada en su base por el derecho romano, que autorizó el divorcio y el repudio por las más leves causas, y dio al mundo el escándalo de hacer separar á Carbilio Ruga de su querida esposa, porque el rígido y severo censor no podía permitir un matrimonio infructuoso para la sociedad, no podía consentir la unión con una mujer á quien la Providencia hiciera estéril. El esposo que se había unido obligado por las circunstancias, el que había contraído matrimonio para la satisfacción de una pasión brutal, y se encontraba hastiado de lo que antes fuera objeto de su vehemente anhelo, no tardaba en valerse de las numerosas causas de divorcio establecidas por la ley, para romper esos lazos que ya le eran odiosos, le pesaban demasiado y eran un freno, aunque bien débil, de su libertinaje. Abramos la historia, estudiemos la vida privada de los hombres más eminentes, y nos hallaremos á Sempronio repudiando á su mujer porque fue á los juegos públicos sin su permiso; á Pompeyo, el más casto de los romanos, repudiando á su esposa por captarse la amistad de Sila; á Catón cometiendo las mayores infamias; á Cicerón, el austero cónsul, el grave orador que abrumado de deudas repudió á su esposa Terencia para librarse de sus acreedores, dándoles el dote de su nueva esposa Publilia, á quien después de haberla robado tan bajamente, la repudió por un frívolo é insignificante pretexto.
Si era triste la condición en que la legislación romana colocara á los hijos y á la mujer; si se habían dejado sentir funestos efectos de ese omnímodo poder que el padre tuviera sobre sus hijos, de esa ilimitada potestad que ejerciera sobre su mujer, y de la abyección y abatimiento á que esta se bailara reducida, no siendo sino una hija de familia, una cosa del patrimonio de su marido, y una hermana de sus propios hijos; si el divorcio y el repudio autorizados y aun obligatorios por la ley, habían conmovido los cimientos de la sociedad doméstica, las relaciones de los hermanos en la familia participarían de estos funestos resultados; los lazos fraternales no existirían, ó su unión seria tan débil, que al menor contacto desaparecerían. En la sociedad doméstica, según nos la presenta el Derecho Romano, no hay sino temor, servilismo, dureza; no hay espíritu de familia, no hay amor. ¿Y cómo habían de profesarse cariño los hermanos, cuando no les unía sino un poder común, una misma autoridad? ¿Cómo había de amar la hermana al hermano, si después de la muerte del padre era el propietario de ella y el heredero exclusivo de la familia? Imposible: el derecho desconoció la naturaleza del hombre, y no estudió como debiera los más naturales y patentes sentimientos de su corazón.
No se crea que cuando Roma llegó al emporio de su poder, cuando fue el árbitro del mundo y sus destinos, comprendieron sus legisladores la honda sima que la sociedad doméstica tenia á sus pies; despertaron, es cierto, del letárgico sueño en que se hallaban sumidos, vislumbraron el horroroso precipicio adonde conducía su legislación; pero su vista no alcanzó á penetrar la extensión del mal: quisieron galvanizar la sociedad, ya cadáver, con disposiciones materialistas y análogas al carácter de la época, y solo consiguieron probar una vez más la impotencia del hombre y la ineficacia de sus propios y aislados esfuerzos. Atemorizado Augusto por el libertinaje y la desenfrenada licencia de su pueblo, viendo desde su elevado solio la corriente de corrupción que arrastraba á esa vieja sociedad, trata de detenerla en su curso, quiere oponer un dique á ese torrente devastador, y publica sus célebres leyes Julia y Papia Popea que abren un ancho campo á las pasiones, aumentan el número de crímenes y empeoran la ya bien triste situación de la familia y de la sociedad. Unas leyes que con el objeto de extirpar el celibato permiten las uniones reprobadas por la naturaleza y la moral; que obligan á contraer matrimonio á todos los púberos y hombres aptos para tener hijos; que imponen penas á los célibes y á los esposos infecundos, y otorgan premios á los padres según el número de hijos, no pueden regir sino á una sociedad enteramente degradada, á un pueblo que no tenga base ni freno alguno moral.
Esas leyes que anatematizaron el celibato, que consideraron como crímenes la viudez y la esterilidad, que impusieron una ignominiosa marca á los esposos infecundos, prescriben directamente las dos cosas más destructoras de la sociedad doméstica, el divorcio y el repudio; y á su naturaleza altamente inmoral se agrega la circunstancia de estar promulgadas por Augusto, que había dado al mundo el ejemplo del adulterio y del mas desenfrenado libertinaje, y dadas por dos cónsules, sobre quienes podían recaer las penas de sus mismas disposiciones.
Esas infructuosas tentativas solo sirvieron para agravar el mal; quisieron cicatrizar la llaga, y la extendieron mucho mas; quisieron apartar la sociedad doméstica del horroroso precipicio que tenia á sus pies, y lo que consiguieron fue apresurar su caída; las heladas plantas de la muerte se habían fijado en el seno de la sociedad doméstica, y las violentas convulsiones de su agonía fueron producidas por esas disposiciones, hijas de la procacidad y disolución del siglo de Augusto.
Aparece el cristianismo, y oculto en el fondo de las catacumbas, y en medio de las más sangrientas persecuciones, se extiende cual ráfaga luminosa por la lobreguez é inmenso caos que entonces presentaba el universo; ilumina ese vasto cuadro, reanima á ese ya yerto cadáver, desata sus ligaduras é imprime en su macilento rostro un sello divino, un glorioso timbre que da al individuo y á la sociedad un vivo colorido que hasta entonces desconociera el bajo sensualismo de las más cultas y adelantadas sociedades paganas. Pero cuando hace sentir su inmensa influencia; cuando da á conocer al mundo los resortes de su gran poder; cuando con sus elevadas y puras ideas, con su suave doctrina, con sus morales costumbres trastorna el orden de un mundo habituado y envejecido en el crimen, es cuando ocupa el trono de los Césares, cuando viste la púrpura imperial, cuando el cetro de los Emperadores es cristiano, desde que en el lábaro de los Césares se estampa la gloriosa enseña del cristianismo. Esa influencia que se percibe, que se toca lo mismo en la cámara del poderoso Emperador, que en las legiones del mercenario soldado, que llega á los festines del opulento romano lo mismo que á la humilde habitación del infeliz y aherrojado esclavo, trastorna, como no podía menos, la legislación que regia los destinos de la sociedad doméstica; sus esfuerzos se dirigen á extirpar para siempre esos vicios y crímenes que hacían de la familia una constante escuela de iniquidad y depravación, y eran hijos de una legislación cuyas miradas no podían elevarse más allá de donde alcanzaban sus ojos, ni extender su acción mas allá de donde podía llegar la potestad de sus magistrados y jueces.
El hijo de familia, ese ser desgraciado de la sociedad doméstica, empieza á ser reparado aun antes de que el cristianismo fuese la religión del imperio; los antecesores de Constantino no pueden resistir á la luz, y por mas obstinada que sea su incredulidad ceden á la verdad, se postran ante sus eternos principios, y manchadas sus manos con la sangre humeante de los mártires, acatan la sublimidad de la religión cristiana y adoptan, como empujados por una fuerza interna, sus salvadoras máximas por más que el humo de los sacrificios y la sangre del Circo ofusquen su inteligencia y su razón. Séptimo Severo y Caracalla nos dicen ya que la venta de los hijos, hecha por sus padres en casos urgentes ó por procurarse medios de subsistencia, no irroga perjuicio á su libertad, porque no hay precio alguno que pueda pagarse por un hombre libre, y que tampoco pueden ser dados en prenda, condenando con la deportación al acreedor que los reciba á este título, sabiendo que su condición libre impide semejante transacción. Alejandro Severo establece que los hijos mismos de los esclavos expuestos contra la voluntad de su dueño pueden ser reclamados por él, y Diocleciano pronuncia, al mismo tiempo que los terribles decretos de persecución, una ley emanada sin duda alguna del espíritu del cristianismo, al que profesaba el odio más encarnizado y que ejercía sin embargo sobre él una secreta y bienhechora influencia.
De los labios de este tirano se escapan dulces palabras en favor de los hijos de familia, y nos dice que el padre no puede vender, dar en prenda ni de cualquiera otra manera á sus hijos, y que la ignorancia de la condición libre, alegada por el comprador, no trasfiere la propiedad. Constantino niega al padre el derecho, de vida y muerte sobre sus hijos; asegura su libertad y mitiga el rigor de la exposición, limitándola á los hijos recién nacidos, á los sanguinolentos, según expresión de la ley; y Justiniano, solícito por el bien de los tiernos é inocentes niños, ataca con mano fuerte la odiosa codicia de algunos, que traficaban con la exposición de los hijos de familia, y agravaban su ya triste situación con una dura y penosa esclavitud.
¡Hijos de familia, ved lo que erais! ¡Examinad atentamente lo que hoy sois! No divaguéis en busca de la causa de semejante trasformación; no cerréis los ojos á la luz; abridlos; venid y ved al cristianismo obrando vuestra reparación, sacándoos del lecho de la muerte, desatando las ligaduras que os oprimían, elevando vuestra dignidad, y dándoos el poder y consideración de que os privara la legislación de un pueblo, que fundaba su gobierno en la fuerza y su gloria en la afortunada espada de sus generales. Erais cosas y sois ya personas: el capricho de vuestro padre podía privaros de la existencia, de la libertad y de los bienes: podía arrojaros al Tíber, exponeros á la intemperie y en medio de las inmundicias; pero hoy está asegurada vuestra existencia, vuestra libertad: ocupáis un lugar preferente en el corazón de vuestros padres; y si estos, por un extravío lamentable y bien raro, se separan de los sentimientos naturales, las leyes les marcan su deber, les cortan ese tortuoso camino, y la sociedad misma señala con el dedo á ese padre desnaturalizado. Estos son los triunfos del cristianismo, los trofeos de la gran batalla que se diera contra el mundo pagano: nosotros hemos recogido el botín, hemos colocado sobre nuestras cabezas los laureles de la victoria, y muy justo es que seamos agradecidos y que publiquemos muy alto los beneficios y grandes resultados de esta gran conquista.
La mujer, ese ser, ese miembro de la familia que tan degradado le hemos visto en los que se llaman bellos días del imperio romano, sale de su miserable estado merced al cristianismo; adquiere su primitiva dignidad, y llega á ocupar el elevado puesto que la Providencia le destinara en el seno de la familia. Si el paganismo había quitado á la familia su primitivo carácter de santidad, si consideraba como su único objeto la propagación material de la especie humana, declarando punibles la viudez y la esterilidad, y permitiendo el matrimonio entre los más próximos parientes. Constantino, el primer Emperador cristiano, devuelve al matrimonio su elevado carácter, reconoce su alta misión sobre la tierra, declara que la viudez y la esterilidad no son crímenes, y prohíbe el matrimonio entre aquellas personas á quienes el pudor y la naturaleza impiden semejante unión.
El paganismo, desconociendo, como hemos visto, la noble misión de la mujer y de la esposa, permite el amancebamiento, autoriza los testamentos en favor de la concubina, y quita toda mancha de infamia á los hijos habidos de tan degradante unión; rompe la indisolubilidad del lazo conyugal, permitiendo el divorcio y el repudio, y somete á la mujer á una perpetua tutela que menoscaba su dignidad y rebaja la elevada consideración que debiera tener este importante miembro de la sociedad doméstica: pero el cristianismo ha salvado á la mujer; la legislación cristiana la ha manumitido; la serie de disposiciones que empiezan en Constantino han impedido la adúltera violación del tálamo nupcial por la desgraciada prostituta y la infame manceba; han impreso un sello de ignominia sobre el fruto de estas culpables alianzas; han proscripto el divorcio y el repudio asegurando á la mujer contra la veleidad de su marido, contra el capricho de su esposo, que podía despedirla por levísimos é insignificantes motivos después de haber ajado su hermosura y robándola de su pureza la inestimable prenda; han recordado al marido la promesa de fe y unión que hiciera al pie de los altares, las palabras que en aquel augusto recinto le dirigiera el sagrado ministro dándole, no una esclava, no una sierva, sino una compañera, una fiel ayuda y una constante copartícipe de sus miserias; han dado á la mujer el carácter de madre, han puesto en sus manos y bajo la solicitud de su intenso amor la educación de la familia; han reprimido y condenado el despotismo marital que sobre ellas se ejerciera; han salido de la perpetua tutela á que se hallaban sometidas; pueden ya disponer de sus bienes, adquirir por testamento, ejercer la tutela de sus hijos y nietos, y después de la muerte de estos, recoger sus tristes despojos, heredar su pingüe ó escasa fortuna.
¡Mujer! Si algo eres en la familia y en la sociedad, si tu marido te respeta, si tus hijos te obedecen, si eres objeto de la galantería, lo debes á la influencia de la Religión cristiana. Si las leyes te han dado consideración; si te han elevado del miserable estado de cosa al de persona; si han roto el cetro de hierro que empuñara tu marido; si la hija de familia y la hermana de sus propios hijos ha sido enaltecida con el alto rango de compañera y madre; si hoy no eres despedida de la casa de tu esposo para que otra más afortunada ocupe tu lugar en el tálamo nupcial, lo debes á la Religión del Crucificado que eligió á una mujer por madre y la hizo depositaría de sus mercedes y canal de sus misericordias. Si las leyes te han concedido derechos, si puedes disponer de tus bienes, si puedes hacer testamento, si heredas á tus propios hijos, si eres tutora en su orfandad, ¿á quién lo debes sino á la influencia del cristianismo sobre la legislación, á ese derecho que empieza en Constantino, es perfeccionado por la Iglesia, y hoy es la base de todos los gobiernos y el áncora de salvación de todos los pueblos extraviados?
Finalmente, los hermanos no son ya, según la legislación cristiana, seres que se rechazan, sino que se quieren con un amor entrañable, con esa dulce fraternidad, que emanada de los lazos de la sangre, se fortifica en la vida común; no se temen unos á otros, porque es igual su condición; aunque se ausenten á remotos países, por desgraciada y humilde que sea su situación, por multiplicados matrimonios que contraigan, jamás salen de la familia, nunca se rompe ese fuerte eslabón que une á los diversos miembros de la sociedad doméstica, porque una legislación cristiana no podía fundamentar la familia sobre un despótico poder; antes bien, debiera hacerlo en los lazos de la sangre, en los principios fijos é inalterables de la ley natural.
El sucinto cuadro que acabamos de presentar de las leyes sobre la familia en sus dos grandes épocas, nos revela que se hallaba fuera de su base la sociedad doméstica durante el paganismo, que fluctuaba á merced del desbordamiento que consumía la sociedad, y que hubiera perecido si una contraria fuerza no la diera dirección opuesta; si el cristianismo, librando al hijo del opresor poder de su padre, regularizando el poder marital, ennobleciendo á la mujer, santificando el matrimonio y reanudando el fraternal amor, no la hubiera rehabilitado, no la hubiera sacado del profundo caos en que se hallaba sumergida, y reanimado con el vivificante soplo de su poder.
Mi empresa ha sido vasta, Excmo. Sr., y mi balbuciente lengua no atreve á desplegarse sino para demandar indulgencia á este ilustrado claustro, á la erudición de estos respetables maestros; porque mi corazón y mi conciencia me dicen que no he llenado mi objeto, que he profanado con mi ignorancia este augusto sitio; pero un imperioso deber, no una vana presunción, no una temeraria arrogancia , es el que me ha traído á este lugar, y espero que, juzgándome así, os serviréis dispensar el atrevimiento de este neófito en la ciencia, que hoy os viene á pedir, sin merecerlo, ornéis sus sienes con la insignia propia del magisterio; con el glorioso distintivo de la ciencia. He dicho.
Isidoro Ternero y Garrido, Madrid 20 de Abril de 1857

25 de enero de 2013

¿Qué es el Partido Carlista del País Valencià?

El País Valencià fue, tradicionalmente, una de las áreas de máxima expansión del carlismo. Muy especialmente en el Maestrazgo y en zonas limítrofes de la provincia de Castelló, pero también en los pueblos agrícolas de la provincia de Valencia y, en menor medida, también en Alacant. Durante los años de la Transición, el Partido Carlista valenciano no fue de los más activos ni de los que más y mejor estuvo representado en el ámbito federal, aunque fue, finalmente, uno de los que más tiempo se mantuvieron activos después del desastre de 1982. Por eso ofrecemos el texto de un amplio folleto que fue publicado en el año 1980 en el que se resumen con toda claridad los planteamientos teóricos y, sobre todo, prácticos del Partido Carlista en aquellos agitados y todavía esperanzadores años.
Pegatina del Partido Carlista con motivo de Montejurra, 1978 (Archivo La Alcarria Obrera)
 
NO NOS GUSTA:
UNA SITUACIÓN CAPITALISTA incapaz de superar las crisis que ella misma crea, que funciona a base de parches y remiendos, sin planificar ni construir una base sólida cara a nuestro futuro.
• Que concentra el poder económico en un número reducido de empresas en cada sector (en muchos casos multinacionales que suponen una dependencia económica del extranjero), a costa del hundimiento de otras empresas competidoras y la eliminación de las pequeñas industrias artesanales, llevando a tantos trabajadores al paro, incumpliendo en principio constitucional de garantizar un puesto de trabajo para cada uno de nosotros.
• Que no ofrece una salida a la permanente situación crítica del campo, que desarraiga a la gente de su tierra y le fuerza a emigrar.
• Que gasta sumas enormes en desviarnos hacia el consumo de cosas superfluas, mientras se muestra impotente para mantener los precios estables.
• Que ha hecho inhabitables las ciudades y ha abandonado a los pueblos, incapaz de ofrecer un aceptable nivel de calidad en los servicios públicos, pero muy condescendiente con la especulación del suelo, el caos y fraude en el sector de las empresas inmobiliarias, la privatización de terrenos públicos (montes, playas).
• Que sostiene un sistema sanitario nada económico, de baja calidad, insuficiente y sin control en cuanto al empleo de los fondos públicos de que dispone.
• Que sigue manteniendo un sistema de enseñanza donde no se garantiza ni la libertad, ni la gratuidad, ni la calidad y la participación de los interesados, aunque aparenta defender estos principios.
UNA SITUACIÓN NO DEMOCRÁTICA que bajo la apariencia de una transición pacífica, sin violencias ni ajuste de cuentas, sólo ha pretendido salvar los intereses concretos de los sectores más comprometidos con el régimen anterior, de ahí:
La supervivencia de poderes y autoridades del sistema anterior, bien integrados en éste y que conservan su mentalidad y modos autoritarios.
El mantenimiento de los principios capitalistas de economía de libre mercado, sin la aplicación de algunos conocidos métodos compensatorios, que al menos supondrían la modernización de la estructura económica y la superación de sus contradicciones más graves.
La domesticación de la oposición, llevada continuamente al terreno del "consenso", e inutilizando así la institución más representativa en un sistema democrático, es decir, las Cortes, y, en consecuencia, la eliminación de la información, el control popular y la participación de los ciudadanos.
El retroceso en la lucha sindical y en la unidad de acción de los trabajadores, debido a la dependencia de las centrales sindicales de sus respectivos partidos políticos y al afán hegemónico de algunas de ellas, con una progresiva desafiliación de la clase trabajadora; así como la política del partido del poder (UCD) de crearse un espacio sindical, controlando a la única Central autónoma (USO); debido a este retroceso, los sacrificios en el terreno económico (paro, contención salarial, etc.) no van acompañados de conquistas paralelas en el terreno del control y de la participación.
La falta de información y de apertura de vías de participación ciudadanas en problemas tan fundamentales que de ellos depende, en buena parte, nuestro futuro: las centrales nucleares como un intento de mantener la malversación energética en lugar de planificar un aprovechamiento racional y unas fuentes menos contaminantes, peligrosas y dependientes tecnológicamente, tema sobre el que la población debe definirse y participar en la decisión. Igualmente sobre temas como el ingreso en la OTAN y en la CEE.
UNA SITUACIÓN CENTRALISTA que trata de sobrevivir, respaldada por sectores para quienes el centralismo significa la posibilidad de seguir ejerciendo el poder sin riesgos de control y participación directa del ciudadano, y que con el nombre de "autonomía” pretenden ceder sólo en el terreno de la descentralización administrativa, terreno nada peligroso mientras sigan controlando el poder económico y político, por ello:
La Constitución impide que España se organice en un Estado Federal, único sistema que permite que la libertad de cada pueblo pueda conciliarse con la igualdad y solidaridad de todos ellos.
No se ha permitido a cada pueblo que decidiera, por sí mismo, los plazos y vías de acceso a la autonomía, así como ritmos propios de traspaso de competencias, según su capacidad organizativa; todo ello, coordinado por el Senado, que debería ser la cámara federal, es decir, la representación de las Comunidades Autónomas, tanto para evitar agravios comparativos como para exigir responsabilidades; por el contrario, la Constitución ha convertido los procesos autonómicos en una carrera de obstáculos, competitiva entre los pueblos, dando una imagen de egoísmos nacionales insolidarios.
Además de los obstáculos constitucionales, UCD, desde el poder, está interpretando restrictivamente el articulado constitucional, bloqueando la vía autonómica del 151; ha pactado con el PSOE una Ley sobre modalidades de Referéndum más restrictiva aún, que quiere aplicar con efecto retroactivo, y ha anunciado la elaboración de leyes orgánicas "horizontales” de rango superior a los estatutos de autonomía, claramente limitativas de la capacidad legislativa de las instituciones autonómicas.
Respecto a la autonomía valenciana, se ha fomentado del modo más inmoral el enfrentamiento de nuestro pueblo en torno a nombre, cultura, símbolos y banderas, desviando los esfuerzos y conquistas respecto a una clara decisión autonómica, única vía que nos podía permitir superar como pueblo nuestras propias contradicciones internas, las auténticamente reales.
Por lo que hace a la autonomía municipal, base principal de la libertad y democracia de un pueblo, los Ayuntamientos no sólo siguen dependiendo económicamente de la Administración Central y rigiéndose por una Ley de Régimen Local elaborada y aprobada bajo el sistema anterior, sino que la Ley de Elecciones Municipales, aprobada por los actuales partidos parlamentarios, ha sacrificado la autonomía política municipal a los intereses electorales de estos partidos, colocando a los cargos municipales bajo la directa dependencia de los órganos centrales de dirección de los partidos políticos.

QUEREMOS
UNA SOCIEDAD MEJOR QUE LA ACTUAL porque creemos que es posible, entre todos, buscar y conseguir un modelo de sociedad más justo, más abierto, fraternal y solidario; porque estamos seguros que vale la pena esforzamos un poco cada uno de nosotros y todos a la vez para ir desterrando la mentalidad egoísta, individualista y conformista que nos va dominando día a día; por eso:
Apoyamos una reforma fiscal progresiva y redistributiva, pero también exigimos que antes y paralelamente se desarrolle un proceso de austeridad del gasto público (salvo en lo referente a inversiones rentables y generadoras de empleo) y de reforma de la Administración del Estado; que todas las empresas públicas elaboren sus presupuestos y que sean estos fiscalizados por los órganos correspondientes (Hacienda, Tribunal de Cuentas del Estado), de modo que la contribución de los ciudadanos no sea despilfarrada por falta de control y exigencia de responsabilidad.
Que se adopten medidas correctoras respecto al problema del paro y de la regulación de empleo; entre otras, exigimos: un seguro de desempleo digno y eficaz, pero con un riguroso control del fraude en este sector; medidas contra el pluriempleo, empezando por los diputados al Congreso, senadores, funcionarios públicos de la Administración Central como de los órganos autonómicos y miembros de las corporaciones locales; medidas tendentes a evitar que los procesos autonómicos se conviertan en un doble sistema de administración; supresión de las horas extraordinarias, manteniendo el poder adquisitivo de los salarios; anticipación de la edad de jubilación, pero elevación proporcional de las pensiones que permitan un nivel de vida digno para todos los jubilados.
Que la política de contención salarial y flexibilidad de plantillas, cuyo peso estamos soportando todos los trabajadores, vaya acompañada de una fuerte reivindicación sindical por el acceso de los trabajadores a las fuentes de información de la empresa y por su participación y control sobre la gestión de las mismas, de forma que si el peso de la crisis está siendo soportado mayoritariamente por la clase trabajadora sirva también para abrir brechas en la democratización de la gestión empresarial, con la participación y control de todos los sectores implicados, y cuya subsistencia depende de esa gestión.
Que se institucionalice el diálogo entre la patronal el sector obrero y la Administración pública, en la Cámara económico-social, que garantice la participación y el control de los trabajadores sobre la planificación económica general y sobre las reformas estructurales necesarias para alcanzar un eficiente y competitivo nivel de producción, evitando el mantenimiento de situaciones de privilegio, así como para analizar y proponer las medidas necesarias para superar con el menor coste posible la crisis actual: diálogo abierto, público, institucionalizado, y no buscando soluciones parciales -convenio marco- a través de negociaciones y pactos entre los estados mayores de la patronal y los sindicatos, o entre la patronal y los partidos políticos parlamentarios, como el Estatuto del Trabajador.
UNA SITUACIÓN DEMOCRÁTICA y PARTICIPATIVA porque somos muchos los que nos sentimos desengañados ante la versión de la democracia que están dando las instituciones y los partidos políticos; porque tenemos muy claro que democracia NO ES:
Que el poder autoritario de una persona se haya repartido entre los estados mayores de los grandes partidos parlamentarios; que el pluralismo se interprete como partidismo dogmático, autoritario y demagógico; que el partido político se haya convertido en instrumento de personalismos, medio de ascenso personal y máquina electoral, en lugar de escuela de formación política y vía de participación ciudadana.
Que pretendan luchar por una sociedad que garantice todas las libertades individuales y colectivas, por una sociedad no discriminatoria y participativa, mientras siguen manteniendo unas estructuras cerradas de partido, jerárquicas , autoritarias y clasistas en cuanto que la separación entre dirigentes y base, intelectuales y trabajadores es aún más fuerte y rígida que en la propia sociedad cuyo modelo pretenden combatir; que en los sectores de lucha que consideran marginales (ecologismo, feministas, asociaciones de vecinos, culturales, etc.) resulte más fácil y flexible la participación que en los partidos políticos, que se consideran instrumentos para un cambio global de la sociedad.
Que exijan control y responsabilidad en el manejo de los fondos públicos, mientras ellos mismos se apropian para cubrir sus gastos de parte de esos fondos (que salen de los impuestos que todos pagamos y que sólo se reparten entre los grandes partidos), sin la más mínima muestra de transparencia en sus medios de financiación y gestión; que los medios de comunicación que pagamos entre todos (medios de comunicación del Estado), quede limitado su uso a los partidos parlamentarios, bloqueando informativamente a otras posibles alternativas políticas, según el conocido pero antidemocrático principio del aplastamiento de las minorías por la mayoría; finalmente, ningún partido parlamentario ha sido capaz de plantear que los partidos se autofinancien con las cuotas de sus militantes, sin recurrir a los fondos públicos y que se apliquen normas de austeridad en las campañas electorales, limitando y controlando realmente las sumas gastadas por cada partido.
Que la tendencia autoritaria y totalizadora de los grandes partidos bloquee, en vez de abrir, las vías de participación ciudadana, interviniendo directa o indirectamente en todos los campos de movilización y anulando su autonomía: sindical, municipal, plataformas feministas, etc.; que las asociaciones de vecinos hayan visto obstaculizada su participación, como tales, en las elecciones municipales, y todavía no se les haya permitido abrir vías de control y participación en la gestión de los Ayuntamientos democráticos.
Que la llamada "disciplina de voto" y los cargos de representación puestos a disposición del partido, quizá necesario en el Congreso, por ser la representación de los partidos políticos, se aplique también en el Senado, donde deberían estar representadas las comunidades autónomas, y en los Ayuntamientos, donde están representados los habitantes del municipio, interfiriendo y falseando su representatividad, y negando su autonomía; de esta forma, el "mandato imperativo" que senadores, concejales y alcaldes deben ejercer en nombre de sus comunidades territoriales respectivas, pasa a ser usufructuarlo antidemocráticamente por la dirección de sus respectivos partidos políticos.
Que se practique sistemáticamente una política de pactos y consensos, al margen del pueblo y de las instituciones representativas, inutilizando la función de estas, hasta tal punto que la opinión pública empieza ya a considerar si el coste que suponen resulta verdaderamente rentable.
UN ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS COMO VÍA DE TRANSICIÓN AL ESTADO FEDERAL porque creemos que la libertad de las personas y sus posibilidades de controlar a los cargos públicos y de participar directamente ( y no solo ejerciendo el derecho de voto cada cuatro años), aumentan a medida que se reduce la extensión territorial y las distancias entre electores y candidatos; porque nuestra historia más próxima demuestra que el centralismo, que siempre ha pretendido justificarse como un sistema igualitario (que eliminaba privilegios y discriminaciones entre personas y pueblos), ha traído como resultado los mayores desniveles de renta entre los pueblos (zonas industrializadas/zonas subdesarrolladas) y entre las personas; por ello reivindicamos:
Una plena autonomía para el País Valenciano, que comprenda y signifique:
- un conjunto de instituciones que no puedan sernos quitadas con una simple ley orgánica (Tribunal Superior de Justicia, Asamblea de la Generalitat y Consell Ejecutivo, garantizadas por el artículo 152 de la Constitución para la vía señala con el articulo 151) que garantice la participación directa del Pueblo valenciano en la resolución de sus problemas, que acerquen el poder al Pueblo y que le permitan ejercerlo y controlarlo colectivamente.
una mejor utilización de nuestras fuentes de riqueza, dirigida hacia la satisfacción de nuestras necesidades colectivas; una planificación económica a nivel de país que nos permita disponer de recursos propios para acometer un desarrollo equilibrado de todas las comarcas (superando gradualmente las actuales desigualdades de renta entre las comarcas litorales, con agricultura de regadío y concentración industrial, y las comarcas interiores, con agricultura de secano, bajísimo nivel de renta y continua despoblación)
Supresión de las deformaciones burocráticas del Estado centralista; para ello debe quedar garantizada en el Estatuto la plena autonomía de los municipios valencianos, así como el reconocimiento de la organización político-administrativa comarcal, que permita a los municipios integrantes no solo ofrecer más y mejores servicios públicos, y la capacidad de decidir sobre sus asuntos propios sino que sirva también de control para que la capital del País no reproduzca el modelo burocrático y centralista de los gobiernos madrileños.
Creación de instituciones propias, que permitan la normalización de nuestra lengua y cultura, así como el conocimiento de nuestra historia y los rasgos que definen nuestra personalidad como pueblo.
Un proceso solidario de autonomías a todos los niveles:
- en el interior de cada estado autonómico (tal como hemos indicado en el caso del País Valenciano)
- entre todos los pueblos y regiones de España, de forma que todos nos sintamos responsables de las zonas más deprimidas, depresión que es fruto directo del sistema capitalista y centralista que hemos tenido que soportar durante los dos últimos siglos; por eso, también
- los emigrantes (tanto de emigración como de inmigración exterior del Estado) han de ser los primeros en comprender que la lucha por la autonomía significa luchar contra un sistema que ha concentrado hombres y riquezas en unas zonas, a costa del abandono y miseria de las restantes.
Un Estado Federal, como final del proceso autonómico, que para nosotros debe representar:
-la creación de unos estados fuertes y equiparables, sin desigualdades entre ellos por razones económicas, políticas o históricas.
-el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos, para que, libre y conjuntamente, construyamos un Estado Federal, de abajo a arriba, que sea expresión de la solidaridad de todos; puesto que no creemos hoy en día posible que, desde un planteamiento socialista, puedan defenderse alternativas de independencia en los pueblos más desarrollados del Estado, abandonando a su suerte aquellos otros que han sufrido aún más brutalmente la explotación capitalista en sus hombres y riquezas.

PORQUE PRETENDEMOS
Caminar hacia un modelo de sociedad: socialista, autogestionaria y federal. Buscamos:
-UN SOCIALISMO HUMANO que garantice para todos un nivel de vida digno y que luche desde el principio por eliminar progresivamente las escandalosas diferencias de rentas y salarios existentes en nuestra sociedad, que ofrezca unas posibilidades de desarrollo personal y formación cultural equivalentes, que el trabajo signifique la colaboración personal en una tarea colectiva y la satisfacción de cada uno por lo que ha alcanzado a realizar y no solo la agotadora jornada de cada día para tratar de asegurar la estabilidad económica de la familia y unas posibilidades dignas para los hijos, que no siempre alcanzamos a pesar de nuestro esfuerzo y sin que seamos responsables de ello.
UN SOCIALISMO AUTOGESTIONARIO que no es una fórmula mágica que vaya a resolver todos nuestros problemas, pero sí un modo humano de organizar las relaciones sociales, una extensión progresiva de formas de vida y trabajo comunitarias, solidarias, que nos permitan conocer las causas de nuestros problemas, actuar sobre ellas y superarlas con el esfuerzo de todos; un sistema que permita que la solución de cuestiones que a todos nos afectan, en el presente y en el inmediato futuro, podamos discutirlas y decidirlas entre todos, sin vernos forzados a delegar en un Estado distante e incontrolable -llámese capitalista o comunista-, que decidirá sin nosotros y cuyas consecuencias tendremos que soportar y pagar.
Porque, a fin de cuentas, la única garantía en el futuro de la humanidad es, ya, desde ahora, una decisión colectiva, frente a las perspectivas abiertas ante nosotros por el egoísmo de unas clases dominantes en cuyos cálculos poco importan las vidas de los hombres y de los pueblos.
Por eso, proponemos como modelo a construir entre todos, un socialismo autogestionario basado en:
-LA DEMOCRACIA DEL TRABAJO (autogestión económica), donde el concepto de propiedad de los medios de producción de paso a un concepto de posesión de los mismos, en cuanto instrumentos de trabajo para el desarrollo personal y el servicio a la comunidad; que la organización de la empresa permita la participación, en su gestión, de todos los trabajadores que la integran, y .que su actividad se regule no en función del máximo beneficio individual sino como instrumento para satisfacer, eficientemente, las necesidades y aspiraciones de la sociedad.
- que el Sindicato, que debe ser democrático, de gestión, de participación, único por rama de producción e independiente (del Estado y de los partidos políticos), sea también el medio a través del cual los trabajadores participen y controlen directamente la planificación económica general, la transformación de las estructuras socio-económicas, la mejor utilización de nuestros recursos naturales.
- que en la planificación económica, antes citada, no sólo participen los sindicatos (instrumento de la clase trabajadora), sino también los órganos territoriales correspondientes (instrumentos al servicio de una colectividad o pueblo), donde deben aplicarse las medidas acordadas en el plan, y los partidos políticos (instrumentos de trabajo de las ideologías) que deben garantizar en todo momento que las medidas económicas adoptadas no atenten u obstaculicen los principios de libertad, igualdad, participación y dignidad de la persona.
LA DEMOCRACIA TERRITORIAL (autogestión de los pueblos) porque nuestro modelo es (ya lo hemos dicho) una estructura federal a todos los niveles. El Carlismo es originaria y radicalmente anticentralista. La autogestión territorial expresa el derecho y la capacidad de cada colectividad humana para gestionar sus intereses y fijar sus objetivos. Autónomas en sus propios asuntos, solidarias con otras colectividades para la gestión de intereses comunes, para elaborar proyectos de desarrollo socialistas y comunitarios. Desde el municipio (o federación de barrios, en las ciudades), la solidaridad va articulando, por vía federativa, comarcas, regiones y naciones. La federación intersolidaria enriquece por igual a todas las partes integrantes, al ofrecer mejores posibilidades, más amplias perspectivas y un sentido universal como horizonte del proceso autogestionario.
EL PLURALISMO POLÍTICO DEMOCRÁTICO (autogestión política), porque, para nosotros, un partido político de masas (nunca de cuadros o élite dirigente), que representa los intereses de la clase trabajadora, jamás puede convertirse en simple máquina electoral, eficiente en la recogida de votos y en facilitar el ascenso al poder como fin último y exclusivo; un partido político, en una sociedad democrática, debe representar:
- en el aspecto personal: un instrumento que permita la autoformación y participación de todos sus miembros, que desarrolle la autodisciplina, que encauce la acción individual hacia una acción colectiva de forma que, además de multiplicar su eficacia, amplíe también las perspectivas de una lucha que, de lo contrario, podría quedar limitada a unos objetivos individuales o corporativistas (profesionales); que fomente una comunidad de vivencias, una solidaridad humana en la esperanza de un mundo mejor para todos; que permita percibir, al formar parte de un trabajo libre y colectivo, el profundo sentido social del ser humano, rechazando su reducción a número y estadística en una sociedad masificadora.
- en el aspecto colectivo: un instrumento de participación ciudadana, pero también escuela de formación política; por ello, lo definimos como "colectivo de trabajo ideológico”, y su democratización es tan urgente y necesaria como la de los restantes instrumentos políticos y económicos de la sociedad. Sus objetivos deben ser: forzar a la colectividad hacia una continua superación de sus planteamientos iniciales, desarrollar su capacidad creadora e imaginativa, educar políticamente en la no aceptación de limitaciones definitivas ni horizontes cerrados. Porque, solo en el hombre se encuentra, en definitiva, el profundo sentido del socialismo autogestionario. Por ello rechazamos, ahora y aquí, la toma del poder por procedimientos violentos, dirigida y organizada por una minoría a espaldas del Pueblo. Si buscamos una sociedad democrática, pluralista, socialista y autogestionaria, la lucha política debe ser protagonizada por los hombres y las comunidades, y no suplantada por ningún partido, sindicato, grupo armado o secta de cualquier clase (mártires, inteligentes o iluminados, tanto da).
UNA ALTERNATIVA CULTURAL que proceda de nuestros pueblos, como aportación y enriquecimiento de la cultura mundial; debe ser una cultura de liberación y humanista, del hombre y en función del hombre, procedente de sus raíces, de su originalidad, pero con proyección universal; debe ser una esperanza en el hombre libre, en el hombre nuevo, y por ello debe rechazar con energía todo intento de manipulación y explotación del hombre y del hábitat donde desarrolla su vida y su cultura; debe ser pluralista; abierta a todas las culturas, no excluyente; debe ser una alternativa global, e insertar y potenciar las luchas parciales desarrolladas por los diversos sectores de la sociedad en sus respectivos campos de trabajo
- una alternativa plenamente liberadora: debe desterrar desde su origen la estructura dualista y divisoria de nuestra civilización, que implica, como consecuencia, una sociedad autoritaria y jerarquizada, con unos sectores sociales marginados o en situación de dependencia. Por el contrario, debemos luchar por unas comunidades humanas donde se ofrezcan iguales posibilidades de desarrollo a mujeres, niños, jóvenes y ancianos, y donde no se supediten todos estos sectores al interés del único grupo valorado -la llamada "población activa"- si de verdad reconocemos a todos su condición de seres humanos y no los rebajamos a la consideración de instrumentos de rentabilidad económica.
- un proceso total de cambio: cuya trayectoria quede marcada por la eliminación de estructuras autoritarias, que clasifican a los hombres en dirigentes y dirigidos. Afecta, por tanto, a la escuela, con el autoritarismo de los maestros y la pasividad y dependencia de los alumnos, y con la posterior clasificación de estos con la marca del fracaso o con la marca de la inteligencia privilegiada; afecta a la empresa, donde todo el poder de decisión se concentra en manos de propietarios y, en menor medida, de ejecutivos y técnicos; a las estructuras políticas, donde las élites dirigentes encuentran a su disposición mejores y más perfeccionadas técnicas de control y manipulación; al hábitat humano, donde la separación entre zona rural y zona urbana, entre áreas desarrolladas y subdesarrolladas lejos de disminuir se acrecienta día a día, y donde todo nuestro entorno ecológico está sometido a un acelerado proceso de degradación y agotamiento.
- una visión global: que abarque, pero sin manipular, todos los esfuerzos parciales que en los diversos sectores, y con sus propios instrumentos, tienen como objetivo eliminar aquellas estructuras que obstaculizan los caminos de la libertad.
- un planteamiento pluralista y enriquecedor: que garantice el uso a todos los niveles, en cada una de las nacionalidades, de su propia lengua, exigiendo toda la ayuda necesaria para su normalización. La lengua implica también una visión del mundo, una cultura y una identidad como pueblo, que, en nuestro caso valenciano es originariamente pluralista. Pluralismo y diversidad que no sólo debemos defender frente al centralismo y uniformismo sino que también debido al proceso de imposición desde el poder de un único patrón lingüístico y cultural, debemos de luchar por la recuperación y renovación de las culturas nacionales, de nuestra identidad y por la posibilidad de conseguir para todas las comunidades de España su plena “expresión como pueblo". Pero como somos socialistas y por lo tanto nos sentimos solidarios con todos los pueblos, no podemos tampoco caer en falsos localismos, ni en compartimentos estancos, sino crear, intercambiar y compartir experiencias propias. La solidaridad es fuente de creación, pues amplia las experiencias a compartir y abre nuevos horizontes colectivos.

TE OFRECEMOS
Un partido original, de izquierda no dogmática, con estructuras abiertas y democráticas de gran participación, cuyos rasgos más destacados son:
- En cuanto a estructura interna: de carácter federal, descentralizada a todos los niveles, muy simplificada y con un mínimo de organización (sin interferencias burocráticas); en definitiva, un partido que todavía está construyéndose, donde todos participamos directamente.
- En cuanto a actividad política: abierto a la colaboración con los restantes partidos políticos, con los sindicatos y asociaciones cívicas, respetando su independencia y sin ningún tipo de aspiraciones manipuladoras; una actividad no dogmática, porque no nos consideramos vanguardia ni únicos interpretes de las aspiraciones democráticas de la sociedad; un partido coherente en los planteamientos, porque no pesan sobre nosotros hipotecas o condicionamientos de ningún grupo de presión, nacional o internacional; un partido original, que sintetiza las experiencias validas de diferentes campos ideológicos, y que se mantiene abierto a nuevas investigaciones y aportaciones de sus integrantes, sin apriorismos ni exclusivismos empobrecedores.
- un partido minoritario, extraparlamentario, sin grandes recursos económicos, que formamos un colectivo humano profundamente democrático y respetuoso con todos; un partido que considera como principios fundamentales de su actuación el compromiso y la participación, en el barrio o pueblo, en el lugar de trabajo, en el sindicato o en cualquier otro campo de actividad, y no solo en campañas electorales y en el ejercicio del derecho de voto.
- un partido cuya historia está fuertemente unida a la historia de nuestro pueblo, de nuestro país, y que ha luchado siempre y luchara por reconquistar nuestros derechos como pueblo, el derecho del País Valenciano, del pueblo valenciano a su autogobierno.
- un partido que sigue considerando como alternativa válida para los problemas de nuestra sociedad, la vía del socialismo de autogestión, y que ofrece su colaboración a los restantes colectivos autogestionarios que, en diferentes campos de actuación ciudadana, están abriendo cauces hacia una sociedad de participación y responsabilidad.
Si no has encontrado aún una vía de participación, si la has encontrado pero piensas, como nosotros, que es necesario aunar esfuerzos (sin partidismos ni exclusivismos) para forzar la salida a una situación que a nadie convence.
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Porque un futuro mejor para todos, depende, también de tu esfuerzo.
PARTIDO CARLISTA DEL PAÍS VALENCIÁ