La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

12 de agosto de 2008

Leandro Fernández de Moratín en Pastrana

Leandro Fernández de Moratín, óleo de Luis Parety Alcázar (Biblioteca Cervantes Virtual)

Es de sobra conocida la estrecha relación de Leandro Fernández de Moratín con la ciudad de Pastrana, en donde su familia tuvo una casa que visitó con cierta frecuencia. Otros muchos personajes de ese atormentado siglo XIX también vivieron, a veces contra su voluntad, o tuvieron relación con tierras alcarreñas: Gaspar Melchor de Jovellanos en Jadraque, Víctor Hugo, José de Espronceda y Leopoldo Alas Clarín en Guadalajara, Pío Baroja y Tendilla... En el caso de Leandro Fernández de Moratín, residió durante algún tiempo en su casa de Pastrana y aquí escribió algunas de sus obras, y basta recordar que la más famosa, El sí de las niñas, transcurre en medio de un viaje entre Guadalajara y Madrid. Reproducimos una de las cartas escritas en Pastrana, en la que da cuenta de algunas anécdotas de la vida cotidiana en el pueblo.

Carta a Doña Francisca Muñoz. (Pastrana, verano de 1808)
Amiga y señora doña Pacita: Yo llevo ya ocho baños de a veinte minutos con agua fría como Dios la crió, con lo cual, hasta ahora me va muy bien.
Por el día estoy encerrado, exceptuando una horilla que paso en la huerta por la mañana, de siete a ocho; pero antes de anochecer nos vamos a aquellas eras altas que hay antes de la Cruz de Miranda, y hacemos tertulia Beteta, el boticario, el señor corregidor y algún clérigo, y estamos viendo aventar y cerner el trigo, que los hacen a la luz de la luna, mediante un vientecillo que corre, tan agradable y tan fresco que me hace acordar muchísimo del calor y la calma sofocante que se experimenta en Madrid por las noches de este bendito mes, que si yo pudiera quitarle del calendario, lo haría de bonísima gana.
El pregonero anda ahora de esquina en esquina, y con voz envinada y ronca dice: “Qualsiquiá persona – que tuviese niño – o niña – que la quiá – vacurnar - acuda esta tarde – a las cinco – en ca – del señor Alcalde – mayor”.
Me alegraré de que a ustedes les sienten bien los baños. Supongo que serán en agua fría, porque si no, saldrán ustedes cocidas como los cangrejos.
Un día de estos hubo ayuntamiento, y todos los señores de justicia convinieron en que no hay en todo el lugar casa tan fresca como la del Sr. D. Leandro.
Memorias a su padre de usted y a su madre, que me parece se ha mejorado mucho en la forma de la letra, y es de creer que si prosigue, adelante mucho; y tal vez D. Josef y yo la daremos a copiar algunas cosas.
Agur, y mandar.
Leandro Fernández de Moratín