La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

5 de abril de 2012

Manifiesto republicano de Utrera

Manifiesto municipal de la candidatura republicana de Utrera (Archivo La alcarria Obrera)

La proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, ha oscurecido la larga travesía del desierto que los republicanos vivieron desde sus fugaces éxitos políticos en los años del cambio de siglo. Hoy traemos a La Alcarria Obrera el manifiesto que la candidatura republicana presentó en las elecciones municipales de febrero de 1920 en la localidad andaluza de Utrera. En el tercer distrito utrerano la lista republicana estaba formada por Luis Berruti Ruiz, obrero ferroviario, y por Julio González Tirado, labrador, que fue alcalde de esa ciudad en abril de 1931 y que pagó con su vida la defensa de sus ideas en 1936. Al evidente interés por las palabras de un personaje como Julio González Tirado, se une el incentivo de conocer manifiestos políticos municipales, que por su carácter localista son menos conocidos y, en la mayoría de los casos, se han perdido.

Aunque milito en un partido político cuyo ideario tiende a la transformación del estado social presente, y como consecuencia a la desaparición de aquellas instituciones que hacen a los pueblos y a los hombres esclavos en todos los aspectos de la vida humana, y para que esta transformación se verifique, siempre he creído en la preferencia de otros procedimientos he aquí que me veo obligado por infinidad de circunstancias de índole local, ideológico y de disciplina a presentarme candidato a concejal en las próximas elecciones municipales por este distrito en unión de mi querido compañero de candidatura obrero ferroviario, trabajador, inteligente, honrado, D. Luis Berruti Ruiz.
Es costumbre en luchas electorales, pedir y conquistar votos, adular a los electores, tratándoles hipócritamente como hermanos por los aspirantes de actas; comprometer a votar, comprar las conciencias y someter las voluntades faltas de energías y de espíritu rebelde y ofrecer lo creado y lo no creado durante el periodo electoral pero mi carácter, mi modo de ser, mi temperamento no se adapta a esas operaciones generalmente propias de la ambición bastarda y el deseo de satisfacer una vanidad ridícula.
No, yo no soy partidario de esos procedimientos. Hay que respetar la conciencia de los ciudadanos y nadie debe procurar penetrar en el sagrado de su recinto y de sus dictados.
Quien haga lo contrario engendra el odio, la ignorancia, la tiranía, la prostitución, el vicio, porque con ello se opone a la corriente serena y evolutiva de la transformación social, cuya actitud trae como consecuencia las revueltas y las revoluciones justificadas de los oprimidos y que desgraciadamente pocas veces son bien encauzadas.
El objeto de este manifiesto es dar a conocer a los electores de este distrito mi decisión de ir a la próxima lucha electoral
¿Mi programa?, ¿mis propósitos? Voy a repetirlo publicando un articulo insertado en las columnas de Utrera Nueva en 1916 titulado “Ideal Utrerano”.
Dice aquel artículo:
“Cuando el pensamiento me lleva a meditar sobre la suerte y designios de esta noble ciudad, siento impulsos y sentimientos quijotescos y románticos…
Discurramos hoy sobre su porvenir y hagamos algunas consideraciones, siquiera sea de meramente de su personalidad moral y material que al parecer adolecen de incurables defectos, pero que entrando a analizar sus infinitas manifestaciones, se ve que está dotada de virtudes dignas de mayor encomio.
Esta ciudad de alma grande y de espíritu creador, es susceptible y capaz de realizar inmensas transformaciones en su vida social, progresiva y reivindicadora. Es verdad que sufre algunas graves enfermedades morales. La indolencia, el escepticismo y el abandono de muchos de los más importantes derechos cívicos. Y por ser así ha consentido que sus destinos hayan venido siendo dirigidos por personas que ni les asistía el derecho a la dirección ni sabían poner en su obra el sacrificio exigido de propios sentimientos políticos en aras de la prosperidad de todos los elementos e intereses de la población. Y este estado de cosas ha traído como consecuencia lógica que todas las manifestaciones de la localidad, unas más y otras menos, hayan venido sufriendo reveses en su vida material y su decaimiento y debilidad moral y espiritual, las cuales desorientan y apagan la fe de regeneración, tanto en las colectividades como en los individuos.
Pero todo eso se podrá conceptuar de ese modo; pero jamás se puede con tal motivo, decir que este es un pueblo irredento. Su espíritu hace constantes manifestaciones, en muchos aspectos de la vida social, que da a conocer sus grandes virtudes, capaces de realizar su mayor fortalecimiento material y espiritual. Lo que ha faltado en este pueblo son espíritus cívicos y hombres amantes de la justicia, capaces de dirigir, orientar y encauzar todas sus buenas condiciones y cualidades, con lo cual hubiese llegado a tener su absoluto y verdadero concepto, el que merece por sus infinitas circunstancias a cual más favorables a su vida municipal y social.
¿Para qué más pruebas que vengan a corroborar y confirmar mis asertos sobre la vida general de este pueblo, que las manifestaciones tan considerables de su vida comercial, industrial y agrícola; sus distintas y numerosas comunicaciones y relaciones con infinidad de pueblos y mercados, centros de enseñanza, asociaciones económicas y sociales, que a pesar de su decaimiento y desorganización casi todas debidas al poco espíritu y educación social, dan señales de vida? Además, su posición geográfica y el aumento de población, etc., etc. Y como consecuencia de todo eso, su producción agrícola de cereales, ganadería, aceite de oliva, etc., son considerables, y asimismo sus numerosas e importantes fábricas, constantemente funcionando y cuyas operaciones respectivas son extraordinariamente importantes. ¿Todo eso no significa que este es un pueblo activo, trabajador, inteligente y de condiciones admirables?
Ahora bien; toda esa vida tan vigorosa y útil, en su desarrollo y funcionamiento ha venido tropezando con muchísimas dificultades y obstáculos por parte de la administración pública Municipal. (Ya se hablará del actual Ayuntamiento, de sus gestiones preliminares y sus propósitos), cuyos organismos y servicios han venido funcionando de una manera injusta y equivocadamente, contra los intereses materiales y morales de directores y dirigidos; pero es muy posible que todos estos errores fatídicos y deficiencias administrativas municipales se corrijan, deben de corregirse lo más pronto posible de un modo ordenado y justo.
Está claro que para todo eso se necesita una orientación, un plan o programa local, que muy bien pudiéramos denominar “el ideal utrerano” consistente en el fortalecimiento de la conciencia colectiva municipal, despertando el patriotismo de este orden. Defensa, reconstitución, pavimentación, alcantarillado y conservación de las calles, vigilancia perfectamente organizada y retribuida, tanto la del campo como la de la población, higiene, saneamiento, ornato y embellecimiento de la ciudad; fuentes y abrevaderos públicos con agua abundante y corriente (permanentes a ser posible); luz pública, toda la que se pueda; plantación de árboles cuanto más mejor; beneficencia, pero beneficencia de verdad y para los que realmente esté indicada; instrucción popular, paseos y jardines bien arreglados y espléndidos. Todo esto bien ordenado, cuidado y dirigido.
Verdadera justicia y equidad en los impuestos y recargos municipales; disminución del exceso de empleomanía, perjudicial a los intereses generales del pueblo. En fin, lo que se llama una verdadera administración municipal, moralizadora y digna de aplauso.
Llevar al convencimiento del pueblo, por la persuasión y la conveniencia, bajo todo aspecto de la vida social, de que desaparezcan casi todos aquellos lugares donde el alcoholismo y la prostitución toman caracteres exagerados y repugnantes, contrarios a la salud y la moral y asimismo los numerosos casinitos o tertulias donde solo se pasa el tiempo murmurando y haciendo chistes picarescos.
Y en el lugar de todo esto, crear verdaderas asociaciones con fines prácticos y positivos, cada cual con su objetivo peculiar y en perfecta armonía con todos aquellos puntos comunes a sus intereses colectivos e individuales. Esto es, los elementos trabajadores jornaleros, organizarse por gremios y éstos a su vez unirse por estrechos vínculos de federación y solidaridad, fundar, crear o construir una verdadera casa social, con amplios salones destinados a solaz, a escuelas y conferencias instructivas de ciencia económica y sociales, etc., y para deliberar y discutir con serenidad y razonamiento la defensa de sus intereses generales como trabajadores y como ciudadanos.
De la misma manera, consistiendo y predominando en este pueblo la vida agrícola, nada más lógico y racional, qua crear un Centro, Cámara o cualquiera otra asociación de carácter eminentemente agrícola, cuya organización y objetivo fuesen tendentes al fomento y el desarrollo de todas las manifestaciones naturales y relacionadas con la agronomía y a la defensa económica y social de todos sus intereses, y por este orden, el comercio y la industria fortaleciendo y propagando su organización actual, procurando así conseguir y llenar sus verdaderos fines, cuya afirmación será la garantía de su personalidad social, material y moral. Asimismo, crear toda clase de entidades de cultura encaminadas a ilustrar al pueblo en todas aquellas creencias que más se adapten y convengan a los intereses inherentes de la localidad y demás conocimientos favorables a la personalidad humana.
Y por último, cuando el espíritu y la conciencia del pueblo, esté fortalecido y orientado perfectamente en esos casos, entonces, será el momento oportuno de esperar a conseguir otras reivindicaciones de carácter de vida local, consistente en fórmulas y doctrinas económicas, sociales y políticas afectas a su vida íntima colectiva municipal e individual.
¡Admirable! ¡Es un bello ideal! Pero para recorrer todo ese camino me objetarán, se necesitan medios económicos, voluntades de Hércules, sentir, en fin, exaltado amor por el engrandecimiento material y espiritual de la patria chica. Así es en efecto; pero ya he dicho y me ratifico en ello que el espíritu, el alma de esta ciudad está adornada con grandes dotes de virtualidad indiscutible para toda clase de transformaciones progresivas y tendentes a su mayor florecimiento en casi todos los órdenes de la vida social y humana.
Basta para la realización de esta obra grandiosa que los organismos de la vida municipal y demás entidades, sean dirigidos y administrados por ciudadanos voluntariosos y con aptitudes (afortunadamente creo que de ellos no carecemos) y de buen sentido moral en sus propósitos. Todos los mencionados elementos y organismos coadyuvan aunados para dichos fines, existiendo entre ellos verdadera armonía en todas aquellas cuestiones de común interés y de beneficio colectivo e individual. De este estado de buen juicio y de resurgimiento, brotarían iniciativas colectivas e individuales cuyas iniciativas, después de pasar por el crisol de la discusión y aceptadas como útiles, entrarían a formar parte con los asuntos de la vida social y local. Y así se llegaría a despertar el ingenio y el estímulo colectivo e individual de este pueblo, procurando por todos los medios que estuvieran a su alcance hacerse digno del noble y elevado titulo de buen utrerano, cuyos actos y obras jamás olvidarían las generaciones futuras y al mismo tiempo, honrarían la memoria de todos aquellos patrio tas que en el pasado se esforzaron y sacrificaron por consagrar sus amores a la glorificación perpetua de esta su ciudad querida”.
Estas son las orientaciones o pro grama que se debiera desarrollar en esta ciudad, programa que está en la conciencia de todos los buenos utrerenses, prescindiendo de toda clase de egoísmos y pasiones, que solo producen venganzas y odios propios de cafres y de almas ruines, pues los ciudadanos que ejercen cargos públicos o representaciones colectivas, deben de estar inspirados en la razón y la justicia, sin distinción de sus creencias religiosas políticas y sociales. Para él no debe haber enemigos ni amigos en la distribución de la equidad, sino ciudadanos que luchan en la vida, dignamente con arreglo a sus facultades y necesidades.
Bien poco he hecho como representado en pro de esta ciudad. Sobre lo expuesto y si llegara a ser representante a nada me comprometo, pues mis facultades son muy limitadas para ello, pero comprendo que esa es la labor que se debe emprender en todo Municipio que quiera elevar sus intereses espirituales, morales y materiales.
Solo ofrezco mi voluntad decidida y mi amor sincero a la ciudad.
¡Utreranosl Votad a quien queráis y después allá con la responsabilidad de vuestros actos si son malos y si son buenos, que vuestras familias y la sociedad os lo premie con los honores del respeto y la consideración.
Vuestro y de la causa de la Ciudad.
Julio González Tirado.
Utrera, 3 de febrero de 1920.