La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

31 de diciembre de 2013

Circular de Juan Jiménez Cuenca en 1856

Firmas en una de las primeras actas de la Diputación Provincial

Por el Gobierno Civil de la provincia de Guadalajara se han sucedido a lo largo de dos siglos alrededor de dos centenares de delegados del poder ejecutivo. Entre todos ellos, algunos merecen ser recordados con gratitud, otros sólo infundieron terror y la mayoría apenas hizo nada digno de ser tenido en cuenta en su breve paso por tierras alcarreñas. Es por eso, que hoy queremos rescatar una circular emitida en 1856, poco después de la caída del gobierno progresista del general Francisco Serrano, por el gobernador civil de entonces, Juan Jiménez Cuenca, en la que realiza un diagnóstico muy acertado sobre la realidad provincial y sobre las dificultades que lastraban el progreso de Guadalajara; un análisis, además, tan breve como certero. Lamentablemente, más de ciento cincuenta años después, el panorama no ha cambiado y los guadalajareños no han aprendido que la unión hace la fuerza, perdidas sus autoridades en localismos absurdos mientras critican la secesión de otros.

Circular del gobernador civil Juan Jiménez Cuenca
He creído conveniente tomar la iniciativa en el asunto á que, sé refiere la siguiente comunicación que he dirigido á la Diputación Provincial: La cifra de cuatrocientos sesenta y ocho Ayuntamientos que hay existentes en esta provincia, no ha podido menos de llamar mi atención pues es imposible que los servicios públicos marchen con regularidad, ni que la administración esté bien montada con tanta multiplicidad de pequeños y por fuerza insignificantes centros.
Prescindo de los mayores trabajos que para toda clase de negocios tienen que afluir por fuerza a las dependencias generales de la provincia con este sistema, y del embarazo que esto produce para que la administración tenga el curso rápido que su naturaleza de activa exige. Mas no es posible dejar de estimar en toda su importancia la necesidad capital de que la administración sea buena, recta, ilustrada y económica, cual los pueblos tienen derecho a exigir de la solicitud del Gobierno de S.M. y de sus delegados en las provincias. Y esto sin embargo no es fácil conseguirlo, cuando como sucede en este país, la generalidad de los municipios son pequeños, en extremo pobres y sin medios por consecuencia de atender a sus necesidades.
Conozco que la división en todos los ramos facilita por punto general los servicios, y produce adelantos, prosperidad y progresos, pero la extrema subdivisión solo trae en pos de sí pobreza, abandono, y a veces hasta inmoralidad y embrutecimiento. No es posible una buena administración local donde el Secretario de Ayuntamiento, alma de estas corporaciones, solo tiene doscientos reales de sueldo. La actitud de un funcionario dé esta índole tiene que ser escasísima, sus conocimientos ningunos, sus trabajos detestables, estando además su moralidad muy expuesta.
Con presupuestos de mil reales, ni puede aspirarse á mejoras dé ninguna clase, ni en tener escuelas, ni aun siquiera facultativos que asistan al vecindario en sus enfermedades, como creo sucede por desgracia en muchos Ayuntamientos de esta provincia. Y cuajado por falta de recursos las atenciones más apremiantes de un pueblo están desatendidas; es un absurdo sostener solo por un capricho o una vanidad Ayuntamientos que no tienen condiciones de vida, antes por el contrario, conviene suprimirlos y así puede y debe hacerse según lo dispuesto en el artículo 27 de la ley municipal vigente.
En su virtud, y considerando que aglomeradas varias poblaciones para formar un Ayuntamiento los servicios públicos podrán llenarse con más economía y decorosamente, he creído oportuno dirigirme a V.E. para que tenga la bondad de fijar su atención sobre este punto, contando desde luego para la reforma, en sentido de la reducción de Ayuntamientos, con mi concurso y acuerdo. Dios guarde a V.E. muchos años.
Guadalajara, 7 de octubre de 1856.
Juan Jiménez Cuenca.
(Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara, 8 de octubre de 1856).