La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

4 de enero de 2013

El Congreso de la Internacional de Basilea en 1869

Sucesos revolucionarios de Barcelona, otoño de 1869, La Ilustración de Madrid, 27 de abril de 1870

La historiografía oficial ha mostrado a la Primera Internacional como resultado de la iniciativa y dirección de Marx y Engels y ha reducido la presencia de los anarquistas a una operación de infiltración ajena a los obreros internacionalistas de la primera hora, al mismo tiempo que ha minusvalorado, cuando no ha silenciado, la presencia de otras corrientes ideológicas entre los fundadores y defensores de la Internacional obrera. Sin embargo, como casi siempre, la realidad es más compleja que las interesadas simplificaciones de la historiografía marxista. Recogemos aquí el último capítulo del libro La Internacional de los Trabajadores (desde su fundación hasta el Congreso de Basilea) del anarquista James Guillaume, que conoció los hechos de primera mano por participar tan activa como decididamente en los conflictos sociales de su tiempo. Reproducimos la traducción que se publicó en una edición que salió en La Habana en octubre de 1946, homenaje a los anarquistas cubanos que continuaron la lucha de los trabajadores por su emancipación de toda tiranía.

V.- GRANDES PROGRESOS DE LA INTERNACIONAL. CUARTO CONCRESO. BASILEA (SEPTIEMBRE 1869)
Los miembros de la segunda Comisión de París que entraron a cumplir condena en la prisión de Saint-Pélagie el 15 de Julio de 1868, salieron de ella el 15 de Octubre. Uno de ellos, Malon, poco tiempo después dio un viaje a Suiza y durante este viaje ingresó como miembro de una sociedad secreta fundada en 1864 por Bakounine y algunos amigos, sociedad llamada Fraternidad Internacional, de la que formaban parte en Francia, Elías y Elíseo Reclus, Arístides Rey y Alfredo Naquet.
Esta participación de Malon en esta sociedad secreta duró poco tiempo, pues la asociación se disolvió en Febrero de 1869 de resultas de un conflicto entre algunos de sus miembros. Una nueva organización secreta fue fundada inmediatamente por los primeros fundadores de la sociedad disuelta, Bakounine, Fanelli y
Friscia; los hermanos Reclus no formaron parte de ella, ni Perron, Joubovsky y Mroczkowsky, que habían pertenecido a la Fraternidad, pero en cambio James Guillaume, Schwitzguébel, Varlin, Keller, Robin, Palix, Sentiñón y Farga Pellicer fueron miembros durante el año 1869.
El hogar de propaganda creado en París en 1865 en la calle de Gravilliers ya no existía, pero el trabajo de difusión de las ideas, por un lado, y el de la organización obrera, por otro, no cesaba e iba en aumento. En el seno de sociedades de resistencia, organizadores como Varlin, Theisz, Pindy, Camelinat, Murat, utilizaban la mayor parte de su silenciosa actividad y la propaganda de las ideas se hacía ahora en las reuniones públicas con un éxito que asombraba hasta a los mismos iniciadores. Varlin, Combault, Bourdon y Malon aceptaron colaborar en un periódico semanal que se fundó en Ginebra en 1868, L'Egalité, órgano de la federación de las secciones suizo-francesas de la Internacional. Bakounine, Perrón, J. Guillaume, fueron los principales redactores y también colaboraron en él De Paepe, Eccarius, Becker y más adelante, Robin. En una de las primeras correspondencias enviadas al periódico desde París, Combault hablaba del movimiento de las reuniones públicas y repitiendo la frase dicha en una de esas reuniones, declaraba que "la Asociación Internacional de Trabajadores nunca había funcionado tan bien en Francia, como después de su disolución".
Entre otras pruebas de su decir citaba el hecho de que habiendo estallado en Basilea una huelga en Noviembre de 1868, había bastado que un miembro de la Internacional, Heligon, hubiera hablado de la huelga en una reunión pública, para que todos los oradores tuviesen a honor narrar los sucesos de Basilea en todas las reuniones, lo que originaba colectas y suscripciones a favor de los huelguistas. "La disolución del Bureau de París, agregaba Combault, ha tenido por resultado, al dispersar un grupo de afiliados regulares compuesto de algunos centenares de miembros, el que se hayan adherido en principios
y de hecho, aunque Irregularmente, todo lo que piensa y obra entre la población trabajadora de París".
Como la osadía de los oradores iba en aumento, el Gobierno se intranquilizó, y se intentaron procesos contra algunos de los más violentos. En la misma correspondencia de que hemos hablado, Combault escribía: "Las persecuciones se multiplican, las condenas cada vez son más fuertes; tres y seis meses de prisión es la pena ordinaria que se aplica a los oradores. Nuestro amigo Briosne, uno de los oradores más capaz y más estimado, acaba de ser condenado a un año".
En otra correspondencia de París en el mismo periódico (número del 3 de Abril), probablemente escrita por Varlin, leemos: "Los ocho meses seguidos de discusiones en las reuniones públicas han hecho ver que la mayoría de los obreros reformadores es comunista. La palabra comunismo levanta tanto odio en el campo de los conservadores como en las vísperas de las jornadas de Junio. Bonapartistas, Orleanistas, clericales y liberales se unen para protestar con indignación... La gran mayoría de los oradores de las reuniones públicas, son reducidos a prisión sobre todo los que proclaman el comunismo".
En 1869 debía verificarse la renovación del Cuerpo legislativo y París se preparaba para las elecciones. No es nuestro intento trazar aquí la historia de la lucha electoral. Es sabido que, en Noviembre de 1868 el proceso intentado contra algunos periódicos que habían abierto una suscripción para elevar un monumento al representante Baudin, hizo que el nombre del Gambetta saliera de la obscuridad, y la opinión lo designó en seguida como el candidato por excelencia de las reivindicaciones democráticas; a su lado Rochefort, Emilio Ollivier y el viejo Raspali, fueron los candidatos favoritos del pueblo. En una correspondencia enviada a L'Egalité de Ginebra, Varlin explicaba la actitud que tomaron los socialistas parisienses en la lucha electoral, de este modo: "El partido socialista no ha presentado candidato en las elecciones generales, pero los oradores socialistas han comprometido a los candidatos radicales a que defiendan los intereses del pueblo". "Las elecciones se verificaron los días 23 y 24 de Mayo; noventa y dos opositores al Imperio fueron elegidos: Gambetta, en París y en Marsella, Bancel, en París y Lyon, y Rochefort fracasó".
En la clase obrera las reivindicaciones se expresaban por medio de huelgas, las de Ginebra (Marzo-Abril). Lausana (Mayo) y las de Bélgica (Abril), tuvieron gran resonancia en toda la nación francesa. En Junio los mineros de Saint-Etienne, de Rive-de-Gier y de Firminy se declararon en huelga; el día 17 hubo una colisión sangrienta entre la tropa y la multitud exasperada que dio lugar a un buen número de muertos y heridos.
Esta matanza impresionó profundamente a la opinión y avivó los odios contra el Gobierno imperial. En Julio las obreras de la industria de la seda de Lyon también se declararon en huelga en número de 8.000; su enérgica actitud y los socorros que le llegaron de todas partes, obligaron a capitular a los patronos.
El Congreso general de la Internacional debía verificarse en Basilea en el mes de Septiembre. Las sentencias de los tribunales no habían disuelto más que el Bureau de París; las secciones de provincias, por una falta de lógica que demuestra la incoherencia de los magistrados bonapartistas, no habían sido perseguidas, y, además, el derecho de ser individualmente miembros de la Internacional no había sido negado a los que se afiliaban directamente en Londres, o por medio de un corresponsal del Consejo general residente en París.
La sociedad de encuadernadores y encuadernadoras de Paris se había constituido públicamente en sección de la Internacional y no había sido perseguida. En Mayo de 1869, un manifiesto firmado por su presidente Varlin, compromete a las otras sociedades obreras de París a ser representadas en el Congreso de Basilea.
Además, varias sociedades obreras parisienses deseaban constituirse en un grupo de sindicatos, en una cámara federal de las sociedades obreras. Al efecto se elaboró un proyecto; este proyecto lleva la fecha del 3i de Marzo de 1869 y está firmado por Drouchon, mecánico, Solideau, impresor; y Theisz, cincelador. Presentado el proyecto de 3 de Marzo en una reunión de delegados de los diversos grupos corporativos, fue aprobado. Una segunda reunión tuvo lugar el 20 de Mayo, pero después de esta fecha la autoridad prohibió toda reunión, Los delegados de treinta sociedades obreras dirigieron al prefecto de policía, el 16 de Julio, una carta pidiendo explicaciones; el prefecto no respondió y entonces, el 23 de Julio, escribieron al Ministro del Interior, lo que tampoco tuvo resultado, En vista de esto, hacia fines del mes de Agosto las sociedades obreras lanzaron un manifiesto enérgico. Este manifiesto decía: "Vivir bajo esta tutela es indigno de nosotros. No podemos sufrir por más tiempo esta situación, así es que, convencidos que nadie puede limitar el círculo de nuestros estudios y de nuestra acción, nosotros, delegados de las sociedades obreras de París pedimos, como un derecho primordial, inalienable, el derecho de reunión y de asociación sin restricción alguna, y nos declaramos resueltos a proseguir por todos los medios a nuestro alcance, la discusión del proyecto de los estatutos de nuestra federación".
El Congreso de Basilea se celebro desde el domingo 5 de Septiembre de 1869 hasta el domingo 12 del mismo mes y año. Doce sociedades obreras de París fueron representadas que fueron las siguientes: la sección de los obreros encuadernadores: delegado, Varlin, encuadernador; los obreros en bronce: delegado, Landrin; la Sociedad de resistencia de la joyería: delegado, Durand, joyero; la Sociedad de resistencia de los hojalateros: delegado, Roussel, hojalatero; la Cámara sindical de los marmolistas: delegado, Flahaut; la Cámara sindical de los mecánicos: delegado, Murat; la Cámara sindical de los carpinteros: delegado, Pindy; la sociedad de resistencia de los impresores litógrafos: delegado, Franquin; la Cámara sindical de los torneros en metal: delegado, J.A. Langlois; la Cámara sindical y profesional de los zapateros: delegado, Dereure; la Asociación “Libertad de los carpinteros”: delegado, Fruneau; y los obreros marmolistas: delegado, Tartaret. Además, Mollin fue como delegado del círculo parisién de los proletarios positivistas y Chemalé de los afiliados parisienses de la Internacional.
Las provincias enviaron trece delegados: Dosbourg, Aubry, Creusot, Piéton, Borseau, Outhier, Richard, Palix, Bakounine, Monier, Foureau, Tolain y Boudet. De Alemania, llegaron siete delegados, entre ellos Rittinghausen y W. Liebknecht, a los que hay que agregar Becker, Goegg, Janasch, Greulich y Hess. Bélgica estuvo representada por Brismée, Hins, De Paepe, Bastin y Robin; la Suiza francesa envió once delegados, entre ellos Heng, Brosset, J. Guillaume, Schwitzguebel y Fritz Robert; la Suiza alemana envió también once y Austria, dos (Neumayer y Overwinder); de Italia fue un solo enviado, Caporusso; de España, dos: el tipógrafo Farga Pellicer y el médico Sentiñón, y los Estados Unidos mandaron a Cameron, delegado de la National Labour Union. El Consejo General de Londres estuvo representado por seis de sus miembros: Applegarth, Lucraft, Cowell Stepny, Eccarius, Lessner y Jung, que presidió el Congreso.
Sobre la cuestión de la propiedad territorial, el Congreso aprobó por 54 votos contra 4 que “la sociedad tiene el derecho de abolir la propiedad individual del suelo, que debe pertenecer a la comunidad”. Cinco delegados de París, Varlin, Flahaut, Franquin, Dereure y Tartaret, votaron que sí, y cuatro que no, siendo estos Tolain, Pindy, Chemalé y Fruneau; los otros seis delegados se abstuvieron de votar.
Sobre la abolición de la herencia, treinta y dos votos se pronunciaron de conformidad con la proposición de la Comisión, que decía: "el derecho de herencia debe ser completa y radicalmente abolido", Dos delegados de París, Varlin y Dereure votaron sí, siete votaron no (Tartaret, Tolain. Pindy, Chemalé, Frúmeau, Murat y Langlois), los seis restantes se abstuvieron, Solamente 19 votos obtuvo la proposición del Consejo General redactada por Marx. Esta proposición contenía simplemente la indicación de medidas transitorias como la extensión del impuesto sobre sucesiones y limitación del derecho de testar. Todos los delegados de París votaron en contra de esta proposición con excepción de cuatro, que se abstuvieron
La cuestión de la herencia había sido incluida en la orden del día del Congreso a petición del Comité federal de Ginebra, y Marx había visto en esto el resultado de una intriga de Bakounine. El 27 de Julio de 1869 Marx dice a Engels: "Este ruso, está claro, quiere convertirse en el dictador del movimiento europeo. Que ande con cuidado que si no será excomulgado oficialmente". Y Engels responde: "El gordo Bakounine está detrás de todo, esto es evidente. Si este maldito ruso piensa realmente, con sus intrigas, ponerse a la cabeza del movimiento obrero, debemos evitar que pueda hacer daño". En la Comumication confidentieile (Confidentielle Mittheilung) del 29 Marzo de 1870 Marx dice que si el Consejo general consintió en incluir la cuestión de la herencia en la orden del día del Congreso "se hizo para poder asestar a Bakounine un golpe decisivo". Habiendo recaído el golpe contra Marx (puesto que su contra-proposición no obtuvo más que diez y nueve votos), se comprende su furia. Después del voto, Eccarius que estaba en el secreto dejó escapar esta exclamación: "Marx quedará muy descontento". Esta frase ha sido conservada por Bakounine que la oyó personalmente.
Los delegados de Zurich, Bürkly y Greulich, habían propuesto la inscripción en el programa del Congreso de una cuestión que no figuraba en él; la de la legislación directa por el pueblo, y hasta quisieron colocarla a la cabeza de la orden del día. Estos delegados estuvieron apoyados por los alemanes Goegg, Rittinghausen, Liebknecht y combatidos por Robín, Schwitzguébel, Bakounine, Fritz Robert, Hins, Murat, Dereure. El Congreso decidió que la cuestión se discutiría después que se agotara la orden del día, si había tiempo (que no lo hubo).
El debate sobre las sociedades de resistencia fue lo que mejor puso de relieve la concepción federalista y anti-estatista de la mayor parte de los obreros francés, suizo-romandos, belgas, españoles, italianos, en frente de la cual se levantaba la idea estatista de los socialistas-demócratas alemanes, suizos e ingleses.
Sin embargo, sin detenerse a deliberar sobre teorías relativas a la sociedad futura, los delegados comprobaron, en la resolución votada, que el Congreso con unanimidad reconocía la necesidad de las sociedades de resistencia, así como la de su federación
y la utilidad de crear entre ellos un lazo entre las naciones por medio del Consejo General de la Internacional. El Congreso de Basilea hizo comprender a la Europa que la Internacional no era una simple sociedad de estudios limitada a discutir académicamente cuestiones de vaga filantropía, sino que era la organización de combate por la cual el proletariado iba a marchar a su emancipación. Fribourg en el libro que escribió en 1871 en el que ha querido justificar su defección y la de una parte de sus amigos, ha pretendido que después del Congreso de Basilea "era evidente para todos que Karl Marx, el comunista alemán, Bakounine, el bárbaro ruso, y Blanqui, el autoritario, formaban el triunvirato omnipotente, resultando que la Internacional de los fundadores franceses estaba muerta y bien muerta". Pero esto no era así: la Internacional parisién había tenido otros fundadores que no fueron hombres como Tolain y Fribourg, los cuales eran extraños al verdadero socialismo; ella podía citar otros militantes como Varlin, Pindy, Langevin, Avrial, Landrin, Theisz, Delacour, Duval y los obreros de París iban a mostrar al mundo al año siguiente su completa capacidad.
El Congreso decidió a propuesta de los delegados parisienses que el próximo Congreso de la Internacional se verificaría en París el primer lunes del mes de Septiembre de 1870. Este acuerdo se tomó a la unanimidad y era como una especie de desafío a Napoleón III. El primer lunes del mes de Septiembre era el día 5: la República había sido proclamada la víspera.

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