La Alcarria Obrera fue la cabecera más antigua de la prensa sindical en la provincia de Guadalajara en el siglo XX. Heredera del decimonónico Boletín de la Asociación Cooperativa de Obreros, comenzó a publicarse en 1906 y lo hizo ininterrumpidamente hasta que, en el año 1911, dejó paso a Juventud Obrera.

El odio de la burguesía y el terror al que fueron sometidas las clases populares provocaron su total destrucción: hoy no queda ni un sólo ejemplar de ese periódico obrero.

En 2007 recuperamos La Alcarria Obrera para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de recuerdo histórico y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores en pos de su emancipación social.

17 de septiembre de 2008

A los obreros chocolateros, de Antonio Arbeig


Envoltorio de chocolates de una fábrica de Brihuega (Archivo La Alcarria Obrera)

En enero de 1870 comenzaron las tareas para organizar a los trabajadores de Brihuega en las filas de la Asociación Internacional de Trabajadores, que culminaron en la primera semana de febrero con la celebración de un mitin. Detrás de la iniciativa estaba Antonio Arbeig, un obrero chocolatero recién llegado, seguramente desde Zaragoza, para trabajar en la fábrica de la familia Pérez Ballesteros. De su mano, un grupo de jóvenes obreros federales, entre los que destacan a Antonio Torres, Manuel Domarco, Antero Baños, Bernardino Martín, Fernández Laguna y Andrés Gómez, formaron las primeras sociedades obreras de resistencia en Brihuega, Guadalajara y Aragosa y propagaron por primera vez los ideales anarquistas en tierras alcarreñas. Aquí ofrecemos un Manifiesto anónimo, que el historiador Luis Enrique Esteban Barahona atribuyó acertadamente a Antonio Arbeig, que fue publicado en La Federación el 19 de septiembre de 1871.

A LOS OBREROS Y OPERARIOS EN LA FABRICACION DE CHOCOLATE
Trabajadores:
Cualquiera al ver el sepulcral silencio que reina en esta hoy numerosa clase de trabajadores, como en otras muchas que constituyen el reinado del trabajo, cualquiera repito, diría que entre capitalistas y obreros existía una completa homogeneidad de intereses y relaciones.
Pero, ¿es así? No por desgracia.
Si ninguno hasta el presente ha osado levantar su voz a sus compañeros de trabajo, no tengo motivos serias de queja, me atrevo a descorrer algún tanto el vela por si tras él se oculta alguna injusticia, y preguntar a todos mis compañeros de trabajo: ¿Creéis que en nuestra trabajo no hay alguna injusticia que quitar, algún abuso que evitar, y un gran fin a que aspirar? Si alguien, contento con su fin particular, cree que no, yo creo que sí. Pera como en este llamamiento me dirijo a la colectividad de mis hermanos, a ellos volveré a preguntar. Si sois operarios que desempeñáis vuestra trabajo a brazo, en piedra, decidme: ¿no habéis nunca reflexionado sobre la decadencia de nuestro oficio, motivada más bien que por las fábricas, por la especulación que tanto fabricante, como maestros y oficiales, se han permitida hacer en varias localidades sobre el trabajo y peculio de los aprendices, a quienes prometen enseñar el oficio en breve tiempo? Y para ganar el jornal, ¿no os impondrán vuestros amos más trabajo que el que corresponda a vuestra tarea? Y el jornal que recibís, ¿es lo suficiente para remunerar vuestro trabajo? Si habéis pensado como yo pero solos y aislados, no habéis encontrado medio para remediarlo.
Vosotros, los operarios en fábricas, ¿no trabajáis más horas que las necesarias? Y en algunas fábricas, ¿nuestros explotadores no habrán introducido ya el sistema de reemplazar con mujeres y niños el trabajo de los hombres? Y en otras, nuestros burgueses ¿no admitirán en sus fábricas a hombres que ignoran por completo el arte, para al leve tiempo, desembarazarse de los ya encanecidos en el oficio? Y tanto los operarios a brazo, como de fábrica ¿no vemos como en la cruda y continua guerra que a nuestra costa se hacen los unos a los otros nuestros explotadores, no vemos como a nosotros y a los brutos nos fuerzan a elaborar clases que debieran prohibirse tan sólo por amor a la humanidad? Examinado esto algún tanto, ¿será nuestra clase, hermanos en el trabajo, la que permanezca indiferente ante el movimiento obrero que en las artes y oficios se opera, y ante nuestra propia dignidad de hombres? ¡Angustia me da pensarlo! Me consta que ya en alguna localidad importante se encuentran asociados los del gremio de operarios en chocolate para socorrerse en enfermedades; pero no es este, hermanos trabajadores, el objeto más importante; lo que importa es, sí, procurar no llegar a estar enfermos por los excesos del trabajo; y ya sabéis cuán propenso a ello es nuestra profesión.
Para evitarlo, pues, algún tanto, y hacer desaparecer gran número de males que afectan a nuestra arte, es para la que principalmente conviene nos asociemos todos los de una localidad; y nos confederemos con los individuos de nuestra profesión, no sólo de la región española, sino los de todo el orbe entero. Conviene que nos asociemos; y que en todas las localidades constituyamos comités de colocación y vigilancia, que tengan el encargo, puestos en relación con el comité central y con los de todas las localidades, no sólo de buscar colocación a los asociados, sino también de enterarse de las cualidades de las patronos y demás concernientes al trabajo, cualquiera que sea el punto que residan. Porque hoy día al llamaros y entregaros al trabajo en un punto extraño a vuestra localidad ¿qué conocimientos podéis proporcionaros de las cualidades del hombre a quien os entregáis? ¿Qué sabéis si este trata de engañaros con mentidas promesas? Vosotros nada sabéis, pero en cambio, él os exigirá la patente de vuestra conducta y trabajo.
Conviene también que nos asociemos, y esto lo más vasto posible, por si en la lucha contra el capital, obligados nos vemos a declararnos en huelga; en cuya caso, podríamos ser socorridos y estaríamos apoyados no sólo por los obreros todos de nuestra profesión regional, sino también por todos los demás trabajadores afiliados a la gran Asociación Internacional de Trabajadores; y contando con todos estos grandes elementos, además de nuestras cajas de resistencia, no cabe duda sería seguro nuestro triunfo contra el capital.
Y por último, debemos asociarnos, conocernos y entendernos, para que cese la lucha que por falta de inteligencia nos hacemos los unos a los otros, con gran detrimento nuestro, y gran provecho y utilidad de nuestros amos.
Todo esto hasta el presente, hermanos obreros, nos hubiera sido de todo punto imposible ponerlo con buen éxito en ejecución, mas desde que para el bien de la humanidad y en especial del trabajador ha aparecido entre nosotros la bandera internacional, es de todo punto fácil nuestra organización, sólo falta querer para poder; ella pondrá por de pronto a nuestra disposición sus locales donde los tenga, para allí discutir y plantear las secciones sus respectivos Reglamentos; ella también pone a nuestra disposición las columnas de sus periódicos para que comunicamos podamos todas nuestras determinaciones y gustos.
Bien sé que en la clase que me honro de pertenecer existen individuos instruidos y por consiguiente adelantados; y estos deben en mi concepto tomar la iniciativa para la formación de secciones, al menos en los grandes centros, como Madrid, Valencia, Valladolid, Barcelona, Zaragoza y otras localidades importantes, en las cuales existen tantos operarios; y de este modo formar en breve tiempo la federación general del oficio de la región española, todos los trabajadores en la elaboración del chocolate.
Por lo que a mi toca, creo por hoy haber cumplido con mi deber al dar la voz de alarma a todos mis hermanos y compañeros de profesión: y no me cansaré de repetirles que urge a toda costa nos asociemos y preparemos si en algo queremos contribuir a la realización de la justicia en la humanidad: y si ansiamos llegue un día en el cual no haya explotadores ni explotados; más parásitos y vejados; sino que todos seamos productores; y que cada cual reciba integro el fruto debido a su trabajo.
A esto debemos aspirar, hermanos trabajadores en las fábricas del chocolate; y para conseguirlo, salgamos de nuestra apatía y dejando al lado la chismografía política, ocupémonos algún tanto de nuestro presente y de nuestro porvenir, consagrando a este objeto algunas horas, algunos instantes si queréis, con el fin de proporcionamos ya de hecho alguna mejora moral y material en tanto que se acerca el día de nuestra completa emancipación; el cual podremos nosotros acelerar o retardar, con nuestra división o nuestra asociación; con nuestra actividad o nuestra indiferencia.
En tanto que el tiempo confirma nuestra resolución, recibir un saludo del último de vuestros hermanos y compañeros de trabajo, que a todos ardientemente os desea Salud, Trabajo y Justicia.
Un obrero.